lunes, 23 de abril de 2012
Capítulo 30-Liz;Traición
No logré dormir, el silencio de la noche me inquietaba y me pregunté si mi salvador vendría a verme antes de que el alba ascendiera.
Me incorporé y apoyé la espalda en el cabecero de mi cama resoplando una y otra vez con las manos sudorosas.
El calor que hacía en mi habitación era agobiante, no quería ni imaginar lo que supondría para un vampiro. Puse los pies en el suelo y agradecí que este tuviera una temperatura más o menos agradable, alisé mi camisón con las palmas de las manos y me dirigí hacia la ventana una vez más.
Me escocían los ojos, era una señal de que necesitaba cerrarlos y poder descansar un rato, pero no quería hacerlo sin antes ver el dulce rostro de Brandom.
Llevé las manos detrás de mi cuello e hice movimientos circulares mientras que mis ojos buscaron con desesperación una sombra que pudiera advertirme de su llegada.
Un suspiro se dejó escuchar en el interior de mi habitación y con la cabeza cabizbaja volví sobre mis pasos en dirección a mi cama deshecha.
Un crujido de hojas pude escuchar en el exterior, mis ojos se abrieron y corrí de nuevo hacia la ventana mirando hacia abajo.
Fruncí el ceño y una risa familiar me sobresaltó, miré hacia el frente y ahí estaba el ser más bello de la tierra.
De cuclillas sobre una rama del árbol que había frente a mi ventana, sostenido con una sola mano, clavó sus ojos en los míos y se llevó un dedo a sus labios para que no hiciese ruido.
Asentí con la cabeza una sola vez y mi sonrisa se amplió cuando le invité a pasar dentro del dormitorio.
Dio un salto en el aire hasta quedar en el borde de la ventana, al hacerlo, uno de sus pies impactó contra la fachada a lo que se pudo escuchar ese ruido en toda la casa.
Cerré mis ojos con fuerza mientras que la sonrisa de Brandom se desvaneció cuando notó unos pasos que se acercaban aceleradamente hacia mi habitación.
Me hizo un gesto para que me metiera a toda prisa en la cama, al hacerlo miré hacia la ventana y desapareció.
-¿Liz?.-Se escuchó una voz en el otro lado de la puerta.
Me arropé con las sábanas hasta la cintura, cerré los ojos fingiendo estar dormida intentando controlar mi respiración acelerada.
-¿Liz?.-Volvió a repetir la voz de mi madre.
Abrió la puerta y se acercó para comprobar que todo estaba bien, pasado el susto por ese misterioso golpe volvió acercarse a mi rostro para besar mi frente y darme las buenas noches en un susurro cálido.
Fingí moverme y la sonreí en muestra de agradecimiento, sus pasos volvieron hacia la puerta y la cerró tras ella con sumo cuidado.
Me incorporé rápidamente y corrí hacia la ventana para asomarme. Brandom no se encontraba allí, miré en todas direcciones pero al parecer se había marchado.
Fruncí el ceño y cerré la ventana, entonces, unos brazos fuertes y de piel helada rodearon mi cintura.
Di un brinco y acto seguido un suspiro de alivio. Me dí la vuelta con rapidez y le rodeé la cintura con mis brazos acurrucándome en su pecho.
Los suyos me estrecharon a un más contra su cuerpo perfecto y con una mano hizo que alzara mi rostro para encontrarme con el suyo.
Su sonrisa se amplió mientras que con las yemas de sus dedos dibujaron con suavidad las facciones de mi rostro.
Al pasar los dedos por mis labios sonreí, se acercó para besarlos con ternura y volvió a pasar las yemas de sus dedos por ellos con sumo cuidado.
Mi cálida mano se cerró alrededor de su nuca para atraerlo hasta mí y comenzamos a besarnos con intensidad.
Sus manos, grandes y fuertes tan frías como el hielo acariciaron mis brazos, mi cintura y recorrió toda mi espalda por encima del camisón de seda.
Mi corazón se aceleró de una manera descontrolada, en aquellos besos de intensa pasión, nuestras manos volaron acariciando nuestros cuerpos y revolviéndonos el cabello.
Me tomó en brazos e hizo que mis piernas se cerrasen alrededor de su cintura mientras me daba repetidos besos por mi cuello.
Alcé mi rostro al cielo ofreciéndole mi vida, pero en lugar de ello avanzó hasta mi cama dejándome en ella con delicadeza mientras que él me protegía con su cuerpo.
Abrí mis párpados lentamente y me encontré con su dulce rostro a escasos centímetros del mío.
Éste no dejaba de observar mis labios, acarició mis sienes y volvió a besarlos con suavidad.
-Mi dulce humana.-Dijo.-Necesitaba verte, olerte, tenerte entre mis brazos. -Susurró en la oscuridad.
-¿Por qué has tardado tanto en venir?.-Pregunté tímidamente.-Casi muero de la desesperación.
Siseó llevando un dedo a mis labios para acariciarlos y sonrió.
-No digas eso, antes o después, siempre vendré a verte.-Me prometió.
Sonreí y aparté sus largos cabellos oscuros hacia un lado, acto seguido acaricié el lóbulo de una de sus orejas y su mirada pareció perderse.
-¿Estás bien?.-Pregunté al estudiar su rostro.
Un suspiro frustrado salió de lo más hondo de su garganta y se acomodó a mi lado descansando la cabeza en mi pecho.
-Mi padre ha reclutado un nuevo miembro en la familia.-Anunció.
-Y, ¿eso es malo?.-Pregunté confundida.
-Lo es.-Contestó.
Se incorporó para apoyar la espalda contra el cabecero de la cama y me atrajo hasta su cuerpo dejando que esta vez apoyara mi cabeza en su pecho.
-Era humana, mi padre quería que yo mismo la infectara pero no pude hacerlo.-Dijo endureciendo su mandíbula.-Finalmente él mismo fue quien lo hizo, se puso furioso conmigo.-Recordó con amargura.
-Cuando todo terminó, quise venir a verte pero fui descubierto por mi padre.-Dijo.
Me sobresalté asustada e hizo un gesto para que volviera a mi postura pero no podía tranquilizarme sabiendo que había tenido serios problemas por venir hasta aquí.
-¿Y ahora qué?, ¿qué te dijo?, ¿tuviste problemas con él o con tu familia?.-Le acribillé a preguntas.
Estaba verdaderamente asustada pensando en que pudieran darle un duro castigo por mi culpa, aunque los dos nos amáramos, no podía consentir que estuviera sufriendo doblemente.
-Puedes estar tranquila, no dijo nada sobre ti.-Mencionó con media sonrisa.
Sus ojos volvieron a desviarse por un segundo y obligó a que mi cabeza descansara nuevamente sobre su pecho.
Otro suspiro salió de lo más profundo de su pecho y continuó.
-Si no pude venir antes a verte, es por que me obligaron a presenciar algo horrible, intenté evitarlo te juro que lo intenté Liz.-Dijo estrechando mi cuerpo aún más.
-¿Qué pasó?.-Pregunté, asustada por sus palabras.
-El padre de esta humana estaba gravemente enfermo al igual que su hermana.-Comenzó a decir.-Para evitar que denunciaran su desaparición, mi padre ideó un plan.-Dijo.
-Matarles.-Le ayudé a seguir.
-Si.-Contestó avergonzado.-Incendiaron la casa poco después para evitar que sus cuerpos presentaran signos de violencia una vez fueran descubiertos.
Algo se me escapaba, realmente era horrible lo que acababa de escuchar, habían más opciones para que aquello no llegase a ese extremo. ¿Pero quien era yo para opinar?.
-Si que las había.-Contestó a mis aturdidos pensamientos.-Las expuse, pero nadie quiso escucharlas.
-Lo siento.-Dije.-Lo intentaste, no tienes por qué sentirte culpable.-Añadí abrazando con fuerza su cintura.
-Hay algo más.-Mencionó.
Alcé mi rostro para encontrarme con sus profundos ojos bañados en miel y me pareció ver en ellos una infinita tristeza.
-El verano se acerca,-dijo con un hilo de voz- tenemos que marcharnos de Londres, volveré una vez que la estación calurosa se haya ido.
Cerré mis ojos con fuerza y me acurruqué aún más en su pecho helado.
-¿Dónde iréis?.-Pregunté con la voz temblorosa.
-A otro país donde la temperatura sea más llevadera.-Contestó besando mi cabeza.
Se creó un nudo en mi garganta y no conseguí articular ninguna palabra, por mi mente pasaron muchas cosas, cosas que probablemente ya las había visto en la suya.
Su garganta emitió un sonido, una pequeña risa que hizo que me incorporase quedándome sentada a su lado.
Me rodeó con su brazo para atraerme a su lado y con la mano que le quedaba libre alzó mi barbilla con suavidad.
-Te escribiré todos los días el tiempo que esté fuera.-Sonrió.
-¿Me lo prometes?.-Pregunté con ansiedad.
-Se lo prometo señorita Jenzen.-Juró volviendo a sonreír.
Le respondí torciendo mis labios y acto seguido clavé mis ojos en la ventana.
Dí un suspiro largo y pesado dirigiéndome hacia ella mientras que Brandom borró su sonrisa para poco después fruncir el ceño.
La ventana estaba entreabierta, con el menor ruido posible la abrí del todo con la esperanza de que se levantase un poco de viento.
Observando las ramas del árbol que tenía en frente pude comprobar que no se movieron ni un milímetro, un suspiro frustrado salió de lo más hondo de mi pecho y acto seguido le dí la espalda a la ventana para encontrarme con el rostro de Brandom.
No soplaba ni una pizca de aire, tenía que resultar muy incómodo para él soportar tan altas temperaturas, no era de extrañar que tuvieran que marcharse pronto. Pero para ser sincera, las temperaturas no eran mi única preocupación.
Por si no teníamos pocos problemas y obstáculos a nuestro alrededor, ahora se sumaba también la distancia y con ella el temor de que pudiera olvidarse de mí, o que se comprometiera con una hermosa vampira.
Mi salvador se levantó apresuradamente de la cama y voló hasta mí para rodearme con sus brazos, me meció con suavidad y cerré mis brazos alrededor de su cintura con los ojos cerrados.
-Liz, no pienses así de mí.-Susurro.-Yo jamás dejaré de amarte aunque esté en la otra parte del mundo, tú eres y seguirás siendo mi otra mitad.-Suspiró.
-Te escribiré todos los días, y no habrá ser que pueda ocupar tu lugar.-Prometió.-Yo jamás lo permitiría.
Una sonrisa dibujaron mis labios, alcé mi rostro encontrándome con el suyo y nuestros labios se fundieron en un beso tan dulce como la miel de sus ojos.
-Me encantan tus besos.-Dijo muy cerca de mis labios.-Tienen algo que no puedo dejar de besarlos una y otra vez.-Susurró volviéndolos a besar repetidas veces.
Sus palabras fueron calmando mi inquieto corazón, no dudaba de sus sentimientos por mí. Estaba convencida de que nuestro amor inmortal, iba a ser para siempre.
-¿Acaso lo dudaba señorita Jenzen?.-Preguntó en un susurro.
De mis labios escapó una risa nerviosa y acto seguido cogí sus manos y mis pulgares acariciaron con suavidad la base de las suyas.
-Es difícil hablar para mis adentros con un vampiro frente a mí.-Me ruboricé.
Se liberó una mano para acariciar el calor de mis mejillas y sonrió con dulzura.
-Te quiero Elizabeth, espero que siempre lo tengas en cuenta.-Susurró cerca de mi rostro.
Besó mis labios con sumo cuidado mientras que sus brazos envolvieron mi cuerpo contra el suyo.
-Hay algo más de lo que quería hablarte.-Mencionó.-Para mí no tiene ninguna importancia, pero supongo que deberías saberlo.-Dijo dando un suspiro al terminar su frase.
Alcé mi rostro encontrándome con sus penetrantes ojos y esperé a que su voz volviera a sonar en la penumbra de mi habitación.
-Mi padre tiene planes para mí a los que yo obviamente, me he negado.-Dijo volviendo acariciar mis mejillas.
Un suspiro frustrado salió de lo más hondo de su garganta y pareció costarle buscar las palabras adecuadas.
-Quiere que tome por compañera a la humana que infecto y que ahora está integrada a la familia.-Se le quebró la voz.-Me negué, se enfureció bastante pero me trae sin cuidado, a la que verdaderamente amo es a ti.-Aseguró torciendo su sonrisa.
La sangre huyó de mi rostro y comencé a sentir frío en todo mi cuerpo, no era por la aproximación de Brandom, aquellas palabras cayeron como un jarro de agua helada sobre mí.
Estaba segura de que nuestro amor iba a ser para siempre, pero sin lugar a dudas, esa inmortal tenía ahora más posibilidades que yo.
Jugaba en el mismo mundo que el suyo, ahora era una de ellos y al parecer al resto de la familia le gustaba para él.
Fruncí el ceño cuando sentí que el nudo de mi garganta se fue a vivir a mi estómago, llevé una mano hasta él intentando calmar el dolor y los latidos violentos de mi corazón.
-Elizabeth, no tienes por qué preocuparte, me he negado.-Volvió a prometer.-Aunque caminemos en el mismo mundo, recuerda que mi amor te pertenece desde el mismo instante en que mis ojos te vieron tumbada en esa calle.-Susurró.-No te tortures más, ella no significa nada para mí.
No significaba nada para él. Esas palabras rebotaron en mi cabeza una y otra vez, intenté grabarlas en la mente y en mi corazón.
No había ningún motivo para que esa espina que tenía clavada siguiera dándome punzadas constantes, sin embargo ahí estaba, clavándome el alma de lado a lado y no entendía el porque si mi salvador me había asegurado lo que sentía por mí.
-¿Estás bien?.-Preguntó acariciando suavemente mis cabellos.
Asentí con la cabeza por miedo a que se me quebrase la voz.
-Puedes estar segura del amor tan grande que siento por ti, jamás renunciaría al ser que me ha devuelto la vida.-Dijo meciéndome entre sus brazos.
Sonreí aliviada aunque seguí sintiendo esa espina clavada, no quería que ésta venciera sobre nosotros.
No era el momento de sentirme mal, debía de estar feliz el poco tiempo que nos quedaba juntos, guardar recuerdos dulces para cuando partiera de Londres, se acordase de mí.
-Te quiero.-Susurré acurrucada en su pecho tan frío y duro como una roca.
Sonrió y tomó mi rostro con sus pálidas manos para volver a besar con intensidad mis labios temblorosos.
-A propósito,¿cómo está tu hermana?.-Preguntó interesado.
-Bien, es increíble que no tenga pesadillas después de que Near se la llevara a la fuerza.-Contesté abrazándolo fuertemente.
-Tienes una hermanita muy valiente.-Sonrió.
-Por lo visto si.-Sonreí.
Después de varios minutos en silencio, abrazados y escuchando el canto de los grillos en el exterior, había llegado el momento de la separación.
-Tengo que irme, el sol va a ponerse en cualquier momento.-Dijo liberándome de sus anchos brazos.
Me apartó con suavidad de la ventana dejándome a un lado, la abrió muy despacio y acto seguido se subió quedándose en cuclillas en el saliente de ésta.
-¿Volveré a verte?.-Me apresuré a decir antes de que diera un salto perdiéndose en el bosque.
El cálido viento revolvió sus hermosos cabellos negros, torció su sonrisa y su mirada fue recorriendo con lentitud todo mi rostro, me ruboricé y tuve que apartar mi mirada de la suya cuando sus ojos del color de la miel se clavaron en los míos.
-Siempre.-Contestó haciendo un gesto para que me acercase hasta él.
Cuando llegué a la altura de su rostro cerré mis ojos y noté sus fríos labios sobre los míos, los besó con dulzura mientras que una de sus manos acariciaba con suavidad mi mejilla.
Cuando retiró sus labios de los míos, abrí mis ojos con lentitud. Apoyó su frente sobre la mía mientras que sus ojos permanecían cerrados.
-Aunque a veces no me puedas ver, quiero que pienses que es cuando más cerca de ti estoy.-Susurró.
Abrió sus párpados lentamente y dio un salto al vacío, apoyé mis manos en el saliente de la ventana para asomarme por ella y pude divisar la estela que dejaba detrás de sus pasos.
Se detuvo por un momento para darse la vuelta cuando se halló entre los robustos árboles, sus ojos bañados en miel, brillaron con intensidad en la oscuridad de la noche.
Una sonrisa fugaz dibujaron mis labios a la misma vez que los latidos de mi corazón se marcharon con él.
Un suspiro largo y placentero llamado Brandom Akerman se dejó escuchar en mi sombrío dormitorio mientras que mis pasos se dirigieron a la cama. Me dejé caer en ella y abracé la almohada con ganas, quedándome únicamente con su aroma.
Una lágrima corrió por mi sien cuando recordé que el verano se estaba aproximando, mis párpados comenzaron a cerrarse lentamente y por fin dejé que el sueño me venciera.
La mañana se había colado por mi ventana rápidamente, no había dormido suficientes horas pero el calor tampoco me dejaba hacerlo.
Estiré todo mi cuerpo y acto seguido me deshice de las sábanas con rapidez.
La primera imagen que se me había venido a la mente nada más despertar era la de mi padre, ¿se encontraría un poco mejor?. No quise hacerme más preguntas y puse mis pies desnudos en el suelo para dirigirme hacia la puerta.
Una vez cerrada me encontré a mi hermana en el pasillo, soñolienta y frotándose los ojos me dedicó una sonrisa.
-Buenos días Amy.-Sonreí.
Amelia bostezó al mismo tiempo que me dio los buenos días, me resultaba muy gracioso verla recién levantada, siempre sentía la necesidad de besar sus redondeadas mejillas.
-¡Ah, para ya!.-Se quejó.
-Vamos,bajémos a desayunar.-Propuse cogiendo su mano.
Bajemos las escaleras y pude ver a mi padre sentado en la mesa de madera frente a mi madre,al percatarse de nuestra presencia dibujaron una sonrisa en sus labios y mamá se incorporó rápidamente para servirnos el desayuno.
-Buenos días hijas,¿habéis dormido bien?.-Preguntó anudando el pequeño mandil a su cintura.
Asentí con la cabeza y mi hermana imitó mi gesto mientras se frotaba los ojos con el puño.
-¿Cómo te encuentras papá?.-Pregunté sentándome a su lado.
Mi padre desvió la mirada por un segundo y antes de volver su rostro para mirarme suspiró.
Mucho mejor hija, gracias.-Sonrió.-La vida sigue para los demás, hay que aceptarlo con valentía.-Añadió.
Apoyé la cabeza sobre su hombro mientras froté con cariño su espalda, besó la parte de mis sienes y otro suspiro salió de lo más hondo de su pecho.
-Será mejor que os pongáis a desayunar.-Sugirió cuando Amelia se unió a la mesa y mamá trajo una bandeja con nuestros tazones de leche caliente.
Aquella mañana era muy distinta a las demás ,en el exterior había un sol debilitado y caluroso, cosa que me gustaba sentir hacía un tiempo atrás, pero ahora todo era oscuro y sombrío.
La violenta partida del tío Zack, el ambiente familiar y la pronta despedida de Brandom hacía que todo fuera triste y oscuro.
El desayuno transcurrió en silencio, cruzamos miradas entre nosotros pero nadie decía una sola palabra.
-Tenéis que ir a la escuela.-Dijo mi madre rompiendo el silencio minutos después.
-Mamá, cuando termine mis tareas, ¿por la tarde podré ir a casa de Jessica?.-Preguntó mi hermana.
-De ninguna manera.-Me apresuré a contestar.
Mi padre levantó la vista de su habitual periódico y mi madre se dispuso a estudiar mi rostro.
Aquella reacción no era normal en mí, pues ellos eran los que decidían y nos daban el permiso, que yo lo hiciera daba a entender que había algo que no andaba bien y no les había dicho.
-¿Y por qué no voy a poder salir si termino a tiempo mis tareas?.-Preguntó Amelia.
Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad por hablar más de lo que debería. Mis ojos se cruzaron con los de Amelia e intentaba decirle a través de ellos que no dijera nada más o tendría que mentirles y dar un motivo falso.
-Eres mi hermana mayor pero no te da derecho a elegir por mí si mamá y papá están presentes.-Añadió limpiándose las comisuras de los labios con un paño.
Decidí no ponerme en evidencia, Amelia podría contarles que un tipo se la había llevado y que ese detalle no se lo había contado a mis padres.
Era una niña que no tenía ningún tipo de maldad a la hora de hablar, pero como niña que era, podría contarles con naturalidad la situación por la que pasó sin darle importancia.
-Venga Amy, vamos a vestirnos o llegaremos tarde.-Sugerí con la intención de cortar esa incómoda tensión.
-E dejado en vuestros dormitorios vuestras ropas, no tardéis demasiado.-Dijo mamá.
Asentí con la cabeza y me incorporé pasando por al lado de mi padre que seguía ojeando insistentemente su periódico.
Mis ojos se centraron en el titular que leía; London Notice: “Un terrible incendio en un hogar se cobra la vida de un padre y su hija.”
“Al parecer el incendio se produjo por un candelabro situado encima de una mesa de madera. Las dos victimas no pudieron hacer nada por salvar sus vidas dado que tenían una enfermedad y prácticamente les impedía moverse. A primera hora de esta misma mañana se organizó el funeral, la única superviviente de la catástrofe K.H, lloró desconsoladamente por la pérdida de sus familiares.
Dada la gravedad de la situación de la joven, la familia Akerman se acercó hasta el cementerio. Se solidarizó con ella y la acogió en su hogar como un miembro más de la familia.”
Un nudo se creó en mi garganta y me costaba respirar, otra vez esa horrible sensación de que algo estaba frente a mí y no era capaz de verlo.
Con esa sensación, detrás de ella venían muchas más.
Sin duda el señor Akerman lo había planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Si no supiera lo que eran y lo que habían echo la noche anterior, probablemente leyendo esta terrible noticia hubiera pensado que eran unas maravillosas personas por acoger a la única superviviente.
Pero la realidad era muy distinta, mi padre se percató que estaba tras su espalda y se apresuró a cerrar el periódico.
-¿Qué esperas para subir y cambiarte?.-Preguntó.
Forcé una sonrisa y cogí suavemente la mano de Amelia, mi corazón parecía advertirme de algo a cada segundo, pero me resultaba muy difícil de comprenderle.
Aquella noticia me la dio mi salvador de primera mano, sabía que saldría en los periódicos, aquello no era nada nuevo para mí, sin embargo había algo en esa noticia que me angustiaba y torturaba a cada momento.
-¿Qué pasa Liz?.-Pregunto mi hermana al ver que seguía teniendo el ceño fruncido.
Al llegar al descansillo de lo alto de la escalera soltó mi mano y me hizo un gesto con su pequeño dedo para llegar a la altura de su rostro.-¿Estás preocupada por Brandom a que si?.-Susurró muy bajito.
Clavé mis rodillas en el suelo y cogí sus manos entre las mías.
-No, claro que no Amelia, estoy preocupada pero por ti.-Dije.
Mi hermana frunció el ceño y después desvió la mirada hacia otro lado intentando recordar algo, sus ojos volvieron a clavarse en los míos y estos se abrieron al igual que su boca.
-Ah, ¿lo dices por el señor de los ojos rojos?.-Preguntó.
Asentí una sola vez y apreté fuertemente sus pequeñas manos.
-No quiero que vayas sola a ninguna parte, no te va a pasar nada malo, pero por precaución debes estar siempre acompañada.
Mi hermana bailoteó con mis manos y torció su sonrisa.
-Hoy no podré ir, ¿pero me acompañarás tú cuando te lo pida?.-Preguntó.
Sonreí y acaricié sus manos con la yema de mis pulgares.
-Claro que lo haré.-Contesté.-Otra cosa Amy, no cuentes a papá y mamá lo que ocurrió, entiende que están tristes por el tío Zack y no debemos preocuparles con nuestras cosas, ¿entiendes?.
Mi hermana detuvo su bailoteo y las comisuras de sus labios cayeron hacia abajo.
-¿Liz, ese señor quería hacerme daño?.-Preguntó con la voz temblorosa.
La abracé con fuerza y froté su pequeña espalda.
-No, no no Amelia, sólo te había confundido con otra persona nada más, no tienes por que preocuparte.-Dije.-Pero siempre está bien tener un poco de precaución, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.-Sonrió cuando la liberé.
-Venga, ve a tu dormitorio a vestirte.-La ordené.
Un suspiro de preocupación salió del interior de mi pecho, odiaba tener que mentir, odiaba tener que poner un rostro sereno cuando las cosas no iban bien.
Apoyé la mano sobre mi rodilla, me puse en pié para dirigirme a mi dormitorio y alistarme para ir a la escuela.
-Elizabeth, ¿estás lista?.-Preguntó mi madre desde el otro lado de la puerta.
Me apresuré a ponerme los zapatos a juego con un vestido de color marrón anaranjado, fui hasta la puerta y la abrí para encontrarme con mi madre.
-No olvides coger tus libros cariño.- Mencionó.
Me dirigí al escritorio y busqué aquellos que me hacían falta, los oculté bajo el brazo y cerré la puerta detrás de mí.
-¿Amelia está abajo?.-Pregunté mirando la puerta de su dormitorio.
-Tu hermana ya está en la camioneta de papá.-Contestó mientras bajamos juntas los peldaños de la escalera al piso inferior.
-¿Cómo?, ¿papá nos llevará a la escuela?.-Pregunté.
Mi madre abrió la puerta principal y el sol parecía darme la bienvenida cegándome con sus rayos, tuve que poner la palma de mi mano en ellos para poder ver.
-Tu padre tiene que llevar un encargo y quiere dejaros antes en la escuela.-Contestó.
-Creí que se tomaría unos días.-Dije con la mirada clavada en el rostro de mi padre que se encontraba en el interior de la camioneta con mi hermana.
Mi madre suspiró y acto seguido pasó una mano por mi espalda e hizo que me volviera a dirigir a ella para darme un beso en la mejilla.
-No te preocupes, tu padre está bien.-Mencionó.-Es mejor que siga haciendo vida normal, es mejor para todos.
-Si.-Me limité a decir.
Envidiaba a mi padre, aunque sabía que en lo más profundo de su ser no se encontraba bien, actuó e intentó transmitirnos que todo iba bien al igual que también lo hacia mi madre.
No quise hacer más preguntas e intenté reaccionar como lo haría cualquier hija que supiera que la están protegiendo de la situación, sonreír y seguir adelante.
Era algo muy difícil de hacer, pues sabía mucho más de lo que ellos pudieran llegar a imaginar, sin embargo, no quise que su esfuerzo de intentar sobrellevar la situación fuera en vano.
-Que tengas un buen día mamá.-Sonreí a la vez que mis brazos se cerraron alrededor de su cuerpo.
Me dirigí a la camioneta y una vez me senté en el asiento delantero con mi padre éste me dedicó una sonrisa a la que contesté igualmente, acto seguido miré hacia atrás y Amelia hizo un gesto de silencio llevándose un dedo a sus pequeños labios rosados.
Alcé mis cejas imitándola y mi padre frunció el ceño cuando nos miró a ambas.
-¿Qué esta ocurriendo aquí?.-Preguntó antes de arrancar.
Mis ojos se cruzaron por un momento con los suyos y mis labios se despegaron sin poder articular ninguna contestación.
Una pícara risita infantil se escuchó en el asiento trasero, Amelia apoyó la espalda en su asiento y sonrió.
-Nada papá, cosas de chicas.-Volvió a sonreír.
Parpadeé varias veces al mismo tiempo que mis cejas se arquearon, sin lugar a dudas, mi pequeña hermana parecía tener respuestas para todo y salir airosa de cualquier situación.
-Está bien.-Contestó mi padre con una sonrisa, arrancó el motor y su expresión cambió a mejor.-Siendo así, no he dicho nada.-Volvió a sonreír contagiando la mía.
Durante el camino Amelia iba contándonos sus progresos en la escuela, estaba convencida de que llegaría a ser una estupenda peluquera a su temprana edad.
Me resultaba increíble que tuviera tan claro lo que quería hacer una vez adulta, yo sin embargo y a mis diecisiete años no era capaz de ver lo que realmente quería hacer con mi vida.
Siempre me había gustado la pintura y escribir pequeñas novelas, pero hiciera lo que hiciera quería pensar que Brandom estaría siempre a mi lado.
Un escalofrío recorrió toda mi espalda al pensar en mi hermoso vampiro, no podía imaginar una vida sin poder disfrutarla con él. Estaría muy orgullosa de mí misma si lograba hacer algo que me gustase en un futuro, pero más aún teniendo al gran amor de mi vida disfrutándolo conmigo.
Había otro pequeño gran detalle que tenía bastante presente, que mi salvador no era humano, que era otra especie muy distinta y peligrosa a la nuestra y que por el amor que le tenía, estaba dispuesta a ser lo que él era.
El inconveniente y lo sabia, era que mi salvador no quería que dejase mi condición humana, también mis padres agonizarían en vida mi pérdida.
A mi alrededor tenía personas que amaba y veneraba por encima de todas las cosas, pero era evidente que la elección que tomase iba a dañarlas de alguna manera.
Si Brandom accediera a darme la inmortalidad para compartirla con él, sería la pena y el dolor más grande que pudiera darle a mis padres. Por otro lado si mantenía mi estado humano, tarde o temprano la muerte me separaría de mi salvador, y ese dolor lo llevaría para siempre grabado en su hermosa alma inmortal, impidiéndole por lo tanto, ser feliz nuevamente.
Mis sentimientos se entremezclaron de una manera angustiosa, un nudo se me creó en la garganta y me era imposible tragarlos con facilidad.
Tomé una gran cantidad de aire y me centré en una idea, una muy clara e inevitable. Amaba a Brandom, se trataba de mi felicidad pero no de la desgracia de mis familiares, de manera que tendrían que entender que mi felicidad estaba al lado de un vampiro.
Lógicamente con esas palabras no tranquilizaría a mis padres en absoluto, pero algo se me ocurriría para que vieran todo de una manera diferente y comprensiva.
¿Y el señor Akerman, vería nuestro amor de manera diferente si Brandom me concediera la inmortalidad?.
Aunque mi salvador intentase ocultarlo, sabía que sus problemas llevaban mi nombre, o al menos, parte de ellos. Si pudiera hablar con su padre, si no me viese como una humana y accediera a verme podría intentar tener una conversación con él para así intentar tener un acercamiento amistoso.
Al accionar el freno de la vieja camioneta, ésta se detuvo frente a la puerta de la escuela.
Giré mi rostro y miré por la ventanilla como comenzaron a dividirse el grupo de las chicas y de los chicos, cada uno en su lugar correspondiente para ir a clase.
-Gracias papá.-Dije dándole un beso en la mejilla.-Que tengas un buen día.
Sonrió y Amelia se abalanzó por detrás cerrando sus pequeños brazos alrededor de su cuello dándole repetidos besos en la mejilla.
-Vamos chicas basta ya, a clase.-Sonrió con ganas.
-¿Vienes a recogernos después?.-Preguntó mi hermana.
-No, he de hacer varias cosas, probablemente llegue a casa un poco tarde.-Contestó.-Liz, recoge a tu hermana como siempre y directamente a casa, ¿de acuerdo?.
-Claro papá, no hay problema.-Contesté.
Abrí la puerta a la misma vez que Amelia y nos despedimos de nuevo una vez fuera de la camioneta.
Atravesamos el jardín de la escuela y mi hermana corrió hacia su amiga Jessica que ya estaba esperando a que su grupo entrase en el interior del edificio.
Suspiré y una sonrisa dibujaron mis labios, en ese momento una mano cálida descansó sobre mi hombro, me sobresalté y giré mi rostro rápidamente encontrándome con el rostro preocupado de Sam.
Sus brazos se cerraron alrededor de mi cuerpo y una de sus manos acarició con suavidad mis cabellos.
-Lo siento, lamento lo de tu tío, siento no haber podido asistir a su funeral.-Dijo muy afectado estrechándome aún más entre sus brazos.
-No importa Samuel, gracias por tus condolencias, ya pasó todo.-Dije dándole una palmada a su espalda.
Liberó mi cuerpo encontrándose con mi rostro y el viento cálido revolvió sus cabellos castaños. Sus manos volaron hasta mis brazos y las cerró alrededor, en su rostro la tristeza era clara y profunda.
-¿Por qué no me avisaste para asistir, acaso no somos amigos?.-Preguntó.
-Claro que lo somos Sam, pero entiende que no estaba bien y me olvidé de todo el mundo.-Contesté con un nudo en la garganta.-Ni siquiera avisé a Yuls para que nos acompañase en la despedida de mi tío. Me la encontré por casualidad allí, no sé si te enteraste de que encontraron el cuerpo de Mike Collins…
-No me digas más Elizabeth, entiendo por lo que pasaste y estás pasando, pero no es sólo eso.-Comenzó a decir.
Sus ojos dejaron de mirarme para clavarlos en el suelo y acto seguido tomó aire antes de seguir.
-Últimamente me e dado cuenta y no son imaginaciones mías, de que estás diferente, sonríes diferente y actúas de manera diferente.¿Qué ocurre?.-Preguntó preocupado.
Fruncí el ceño al notarle así, el Sam que yo conocía era divertido y no me acribillaba a preguntas e insinuaciones y mucho menos a echar cosas en cara.
-Samuel perdóname, pero estoy en mi total derecho si no quiero contestarte, no entiendo tu actitud.-Dije seriamente.-Mi tío a muerto, espero que sí entiendas de que cuando ocurren cosas así, todo a tu alrededor desaparece, incluso los mejores amigos.
Sus ojos volvieron a clavarse en los míos e hizo un esfuerzo para recuperar la compostura.
-Empiezo a darme cuenta.-Dijo tristemente.
En mi rostro comenzó aparecer la tristeza que me causaba verle así, intenté dibujar una sonrisa y acto seguido acaricié su brazo con cariño.
-Lo siento Sam, perdóname por no tomarte en cuenta, estoy bastante afectada por todo lo que ha pasado.-Dije con un hilo de voz.
-Esta bien-comenzó a decir-,¿pero puedo preguntarte algo más?.-Frunció el ceño.
-Lo que quieras.
-¿Estás viéndote con alguien?.-Preguntó con ansiedad.
Un nudo se creo en mi garganta y me costaba poder tragar con facilidad aquella pregunta, nadie sabía excepto Yuls, los sentimientos que sentía por el joven Akerman, y que me veía con él.
Una sonrisa nerviosa dibujaron mis labios evitando su penetrante mirada en mi rostro esperando con expectación mi respuesta.
Negué con la cabeza una sola vez, no podía contestar por el peligro que aquello suponía, cuanto menos personas supieran que nosotros nos veíamos mucho mejor, al menos eso sentí en aquél momento.
-Mientes.-Se apresuró a decir.
Mis labios se despegaron y poco a poco mi mirada subió hasta su rostro, su mandíbula se endureció y acto seguido mostró un rostro más sereno y despreocupado.
Ocultó sus manos en el interior de los pantalones color marrón y sonrió.
-¿Por qué iba a mentir?.-Tartamudeé.
-Porque no me miraste al responder-contestó-,tengo que ir a clase, nos vemos después.-Añadió.
No me dio tiempo a responder, tampoco sabía que iba a decir después de aquellas palabras, no era prudente que nadie supiera el amor secreto que mi salvador y yo manteníamos en silencio.
Podría ser peligroso no solo para nosotros, si no para todo aquél que supiera de él, hasta que encontrásemos una solución y fuera aprobado, no era conveniente para nadie que se supiera.
Me quedé ahí plantada mientras observé con cierta tristeza como Samuel iba con la cabeza cabizbaja hacia el edificio donde su grupo comenzó a murmurar y cuestionar nuestra relación amistosa.
Sam sacó una de sus manos del interior de sus pantalones cerrándolas fuertemente en un puño, como intentando controlar su rabia ante los rumores de sus compañeros que tanto le incomodaban.
Al subir los peldaños de piedra poniéndose a la altura de ellos su puño voló y golpeó con fuerza en la cara del que comenzó a reír al pasar por su lado.
Mi rostro horrorizado observó como su compañero cayó fulminado al suelo mientras los demás lo socorrían y apartaban a Samuel a empujones que parecía no haberse quedado del todo satisfecho.
Sam era un joven que destacaba por sus notas brillantes, de familia bien acomodada y su capacidad para no meterse en ningún problema.
Varios maestros y alumnos rodearon la puerta y se llevaron a Sam hacia el interior del edificio mientras que al otro joven lo trasladaron a un carruaje de uno de los tutores para llevarlo inmediatamente a un médico.
Mis manos ocultaron parte de mi rostro y el corazón latía en mi interior de una manera violenta ante lo que acababa de ver, no reconocí a Sam, imaginé que su reacción era algo que siempre tenía dentro de sí, sólo hacia falta un empujón para que estallase y así lo había echo.
Siempre decía que lo mejor era ignorar comentarios insidiosos que hacían sobre nosotros, que no eran capaces de entender una amistad tan pura y limpia como la nuestra.
Personalmente si llegaron a molestarme alguna vez, desde que conocí a Brandom esos comentarios comenzaron a ser mas molestos, pero tenía que reconocer que me preocupaban más por Sam que por mí ya que notaba que a él le afectaban internamente mucho más que a mí.
La campana de la escuela anunciaba que todo alumnado y profesorado entrase en el edificio y así se hizo, subí las escaleras y antes de desaparecer en el interior eché un último vistazo hacia el otro lado comprobando de que nadie salía de él.
-¿Sabéis lo que le ocurrió a Sam?.-Preguntó Ingrid al rostro preocupado de Yuls.
Ésta negó con la cabeza y al clavar sus ojos en mi rostro salió corriendo a mi encuentro.
-¡Liz!-exclamó al verme-,¿cómo te encuentras?.-Preguntó dándome un abrazo con mucho afecto.
-Bien.-Sonreí.-Mucho mejor que la última vez que me viste.
-Me alegro mucho por ti,¿ y los demás cómo están?.-Volvió a preguntar mientras nos sentábamos juntas en nuestro pupitre compartido.
-Creo que bien, mi padre se le ve más afectado pero espero que pueda reponerse pronto.-Contesté cruzando mis manos encima del pupitre de madera.
-Oye vi que hablabas con Sam en los jardines del patio, ¿sabes lo que le ocurrió para que reaccionase así?.
-Lo desconozco Yuls, pero creo que es por los comentarios que desde hace tiempo hay sobre nosotros dos.-Contesté dando un suspiro al aire.-También está molesto por que no le avise para que asistiera al funeral.-Añadí.
Yuls frunció el ceño e hizo que la mirase directamente a los ojos.
-Tú no estabas en condiciones de hacerlo, ni si quiera a mi me avisaste y es totalmente comprensible, cuando ocurre una desgracia familiar te olvidas de todo y de todos.-Dijo en un tono de voz más alto que el anterior.
Otra vez aquél nudo se creo en mi garganta y me costaba articular las palabras, intenté tragarlo otra vez y miré a mi amiga con rostro preocupado.
-Yuls, me preguntó si me veía con alguien.-Susurré cerca de su rostro.
-¡Por Dios que descaro!.-Exclamó.
Siseé y acto seguido miré a mi alrededor, todo el aula nos miraba y Yuls se limitó a sonreír y hacer como si no hubiera dicho nada.
Acto seguido, Yuls dejo sobre mi pupitre sus libros y se llevo una mano a la barbilla acariciándola mientras que sus ojos se clavaron en los mios.
-¿No será que Sam siente algo por ti?.-Preguntó entrecerrando sus ojos.
Mis labios se despegaron y mi sangre se heló por unos instantes.
-No, no no, por favor Yuls ni siquiera lo menciones,-me apresuré a decir-Sam y yo nos conocemos prácticamente desde toda la vida, es imposible.-Sonreí nerviosamente.
-¿Y quién te asegura de que no exista esa posibilidad?,-preguntó-Sam siempre te a tratado de una manera especial, jamás a tenido ese trato con las demás.
-Yuls, basta por favor, no digas más.-Supliqué algo incómoda.
Mi amiga suspiró y acto seguido recogió sus libros dejándolos bajo su brazo.
-Liz, creo que ya sé porque reaccionas así, te molestaría que Sam tuviera esos sentimientos hacia a ti porque estás enamorada de ese magnate de la mansión Akerman.-Dijo.
Yuls estaba en lo cierto, se lo había mencionado una vez, pero me aterraba la idea de que me siguiera preguntando cosas respecto a Brandom.
Cuando le hablé de mi salvador ni siquiera sabía lo que eran, ahora que sabía que eran vampiros no podía contarle nada que tuviera que ver con esa familia, pues también podría poner en peligro su vida al revelárselo.
-Que tontería, creí estarlo pero,-me detuve para pensar con rapidez-pertenecemos a dos mundos totalmente diferentes.-Mentí.
-¿Te refieres a que él es de clase superior?.-Preguntó.
Asentí con la cabeza sin mirar sus ojos y me apresuré abrir uno de los libros para ojearlo intentando esconder mi mentira.
Odiaba tener que mentir, Yuls era mi amiga, siempre nos lo habíamos contado todo, absolutamente todo.
No sabía si alguna vez pudiera contarle cuánto amaba a Brandom, pero por el momento no era prudente hacerlo.
-Está bien, es una lástima que por culpa de esas diferencias dos personas no puedan estar juntas, es injusto.-Dijo poniendo su mano sobre mi hombro.
Si.-Me limité a contestar.-Pero bueno, que hay de Jhosep, ¿le has visto?.-Pregunté desviando el tema.
Yuls dio un suspiro en el aire y acto seguido se dio la vuelta para ver donde se encontraba Morgan antes de volver a mirarme.
-Por lo visto ya es un hecho de que están juntos.-Susurró.
-Lo siento, sé lo mucho que te gustaba.-Dije.
-No importa,-sonrió con ganas-no era el adecuado, es lo que siempre me digo.
Sonreí y tomé su mano con cariño, su capacidad de afrontar las cosas era increible, ojalá pudiera decir lo mismo con la misma entereza que Yuls, pero éramos completamente distintas.
Mientras que Yuls pensaba que una puerta se cerraba de golpe, otra pudiera estar entreabierta esperándola en algún lugar, y yo, cuando creía ver esa puerta cerrada no hacía mas que quedarme en ella para ver una pequeña abertura en ella.
Durante las horas de clase, mi mente estaba sumergida en los problemas que tenía a mi alrededor y me impedía prestar atención,
No quería creer que mi salvador fuera a marcharse de Londres por culpa del verano, por momentos lo entendía pero mi corazón no quería aceptarlo.
Por otra parte, algo me inquietaba, algo dentro de mí se removía y me resultaba incómodo.
Era como si una voz me estuviera avisando de algo terrible, algo inesperado y realmente preocupante. De mi interior salieron suspiros seguidos, uno tras otro, las manos comenzaron a sudar y tuve que frotármelas repetidas veces.
Mi mirada se perdió y se dirigió a uno de los ventanales del aula, donde afuera el calor ardía todo el jardín del patio. Estaba incómoda, y no hacía mas que moverme en mi asiento, apoyando la espalda contra el respaldo de la silla de madera, minutos después apoyé los codos sobre mi pupitre clavando mis ojos en aquél libro abierto mientras que la señora Marsh leía un párrafo de éste.
Recordaba una y otra vez las palabras de Brandom, recordaba que aquel nuevo miembro de su familia la querían para que fuera su esposa, su mujer, su compañera.
Negué con la cabeza cerrando fuertemente mis párpados cuando su voz repitió en mi cabeza que me amaba tanto como yo a él.
Quería agarrarme a esas palabras impidiendo que las otras tomaran más fuerza que la de sus sentimientos por mí.
Mas suspiros salieron de lo más profundo de mi pecho, tanto, que la señora Marsh se percató de que no había dejado de hacerlo desde que irrumpió en el aula.
Me dedicó una mirada por encima de sus pequeñas gafas y me dedicó una sonrisa a la que contesté forzosamente.
Imaginaba que hizo aquél gesto de cariño por la muerte del tío Zack, y era más que comprensible que estuviera aún aturdida.
Vaya, el tío Zack, no me había acordado de él hasta ahora, oculté mi rostro con las manos y no hacía más que pensar que era una mala persona por no haberle tenido presente.
-Señorita Jenzen, ¿se encuentra bien, prefiere marcharse a casa?.-Me preguntó una voz.
Alcé mi rostro rápidamente para encontrarme con la señora Marsh y forcé una sonrisa.
-No, no, quiero decir, si, me encuentro bien señora Marsh es solo que, estoy algo inquieta nada más.-Contesté tímidamente mientras que mis compañeras del aula me clavaron todas las miradas sobre mi.
-¿Segura que prefiere quedarse?.-Preguntó una vez más.
-Aha.-Contesté asintiendo con la cabeza.
Cuando todo volvió a la normalidad, intenté por todos los medios prestar atención, cosa que conseguía por momentos.
En la última hora de clase, mis nervios estuvieron a flor de piel, me dispuse a recoger todos mis libros con rapidez cuando sonó la campana y Yuls se percató de la prisa que tenía por irme de alli.
-¿Liz estas bien?.-Preguntó preocupada.
-Si, si e de ir a por Amelia, ya hablaremos Yuls.-Me despedí para cruzar la puerta del aula.
-¡Espera!.-Gritó mi amiga poniéndose a mi altura.
Mis pasos acelerados y esquivando a todo aquel que veía a mi paso la pusieron nerviosa, probablemente no lo estuvo más que yo, y ni si quiera sabía porque me sentía así.
-¿Estás así por Sam, no quieres encontrarte con él?.-Preguntó.
-No, no para nada Yuls, es que creo que no me siento bien y prefiero ir a casa cuanto antes.-Contesté con rapidez mientras salí al exterior para dirigirme al edificio donde mi hermana me esperaba en la entrada.
-¿Quieres que te acompañe?.-Preguntó preocupada.
-Te lo agradezco mucho Yuls, pero no hace falta en serio.-Contesté recuperando el aliento una vez me encontré en la puerta con Amelia.
-Estás algo pálida, me estás preocupando.-Dijo estudiándome el rostro.
Tome una buena cantidad de aire e intenté forzar una sonrisa, Amelia, que estaba junto a Jessica me observó con el ceño fruncido.
-Estoy bien Yuls, mañana nos vemos.-Me despedí dándola un afectuoso abrazo.
Miré su rostro por última vez y esbocé una sonrisa tranquilizadora para ella, a la que me contestó igualmente pero seguía teniendo esa nota de preocupación en su rostro.
-Hasta mañana Jessica.-Se despidió mi hermana de su amiga, acto seguido me cogió la mano y juntas nos dirigimos al exterior de la escuela.
Al cruzar el jardín del patio noté que unos ojos me siguieron hasta la verja de la entrada, giré mi rostro y Sam estaba al otro lado, con las manos escondidas en los bolsillos de sus pantalones.
Al clavar mis ojos en los suyos, éste desvió la mirada hacia otro lado y esperó a que todo el mundo saliera del recinto antes de hacerlo él.
-Mira Liz, papá si que ha venido a recogernos.-Dijo mi hermana señalando con su dedo la vieja camioneta.
-Si, eso parece.-Contesté echando un último vistazo al rostro distraído de Sam.
Me causaba tristeza que Sam se hubiera podido molestar, por otra parte no quería seguir pensando lo que Yuls creía de él, imposible, no quería ni pensarlo.
-¿Papá?.-Dije una vez nos hallamos dentro de la camioneta.-Dijiste que no podrías pasar a recogernos.
Amelia se le acercó por detrás para besar su mejilla y yo hice exactamente lo mismo.
Su rostro estaba perdido, ni si quiera nos había mirado, se limitó a sonreír que a mi parecer, aquella sonrisa era la menos auténtica que habia visto en mi vida.
-¿Papá, ocurre algo?.-Pregunté inquieta.
Arrancó el viejo motor y sus ojos se volvieron para mirarme.
-En casa te lo explico hija.-Contestó posando su mano sobre la mía.
-¿Le pasa algo a mamá?.-Pregunté muy asustada.
-No hija no, tranquila vuestra madre está bien.-Contestó con rapidez.
-¿Entonces que pasa papá?.-Insistió mi hermana.
Mi padre miró hacia atrás y la sonrió.
-Amelia siéntate como es debido, nos vamos a casa.-La ordenó.
El camino de vuelta a casa fue interminable, mi corazón latía de una manera violenta y desesperada, el nudo en mi garganta me asfixiaba, mi padre tomó mi mano con fuerza y de vez en cuando notaba que se detenía para mirarme.
No entendía que podría haber pasado, sentimientos extraños me invadían, quería saber que era lo que estaba ocurriendo pero a la misma vez sentía miedo, un miedo que me helaba la sangre y paralizaba todo mi ser.
Desde que estaba en la escuela lo había sentido, sentía que algo no iba bien y estaba completamente segura que las palabras de mi padre no traerían buenas noticias.
Ya podía verse la casita blanca desde el camino de tierra, el sol iluminaba toda la propiedad, afuera los pájaros canturreaban una melodía triste y emprendían el vuelo de un árbol a otro.
Una vez dentro, mi madre que se encontraba en el porche se acercó hasta la entrada de la barandilla para que mi padre pudiera entrar con la camioneta.
Sus ojos tristes me miraron en algún momento, cruzó sus manos sobre el delantal y al bajar de la camioneta se dirigió a mí para abrazarme y hacerme entrar en la casa, mi padre y Amelia nos seguían de cerca, me hicieron sentar y mi hermana decidió sentarse a mi lado con los ojos muy abiertos para lo que mi padre estaba apunto de decir.
-Bien,-comenzó a decir-Elizabeth, como dije esta mañana cuando os dejé frente a la escuela no iba a poder recogeros porque tenía varias cosas pendientes por hacer.
Asentí con la cabeza y ese nudo de mi garganta fue bajando poco a poco hasta mi estómago.
-No sé por dónde empezar.-Dijo dando un largo suspiro.
-Por favor Jeremy, dile.-Suplicó mi madre.
-Se trata de la familia de Karisma.-Dijo mi padre.
Me puse en pié y noté como un escalofrío me recorrió toda la espalda.
-¿Qué les pasa?.-Tartamudeé.
-Siéntate hija.-Me ordenó mi madre.
Mi padre caminó lentamente de un lado a otro del salón intentando buscar las palabras adecuadas.
-Esta mañana cuando estaba en mi puesto de trabajo llegaron unos clientes a darme las condolencias por la muerte del tío Zack, y mencionaron que otra tragedia había ocurrido anoche en la ciudad.-Dijo frotándose la frente nerviosamente.
-¿Qué tragedia papá?.-Pregunté con la voz ahogada.
-La casa de Karisma,-le costó decir-se incendió por accidente.
-No, no.-Tartamudeé con la mano sobre el pecho controlando mis latidos violentos.
-En el interior se encontraba su padre y hermana, murieron.
-No, no puede ser, no puede ser, no.-Me dije una y otra vez.
Mi cuerpo comenzó a temblar y mi madre se arrodillo a mi lado frotando mis brazos intentando que saliera del estado de shock en el que me encontraba.
-No, Karisma no, no puede ser ella, ella no, dime que no es verdad papá.-Le supliqué mirando hacia la nada.
-Por suerte ella no se encontraba en casa, será mejor que vayas a verla cuando puedas hija.-Dijo mi madre acariciando mis cabellos.
-Ella no, no puede ser ella.-Repetí una y otra vez.
Me puse en pié con la ayuda de mi madre, mi rostro estaba mucho más pálido ahora, sentí que en mi corazón no existían latidos, la sangre huyó de mi rostro desencajado por la noticia y decidí no escuchar más.
Corrí hacia las escaleras para dirigirme a mi dormitorio, mi padre detuvo a mi madre cuando éste vio que quería seguirme cerré la puerta detrás de mi con fuerza mientras que mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad, intentando encajar cada rompecabezas en su lugar.
Mis ojos se cerraron por un momento, al abrirlos ví que debajo de mi almohada se encontraba la esquina de una hoja de papel, fruncí el ceño y corrí hasta ella para ver de que se trataba.
Era una hoja de papel escrita a pluma, mis manos comenzaron a temblar cuando en ella puede ver que era de Brandom:
“Mi querida y hermosa humana;
No puedo describir con palabras el dolor que me causa escribir estas letras,
llegó la hora de marcharnos a otro país más apropiado para nosotros,
sólo quiero que sepas que seguiré escribiéndote tal y como te prometí.
Espérame por favor, recuerda que vaya donde vaya estarás siempre dentro de mí,
y respecto a la señorita Halley no tienes por que preocuparte, jamás cederé en los propósitos de mi padre mi amor.
Te amo, y te amaré por siempre.
Tuyo eternamente ; Brandom.”
Miles de lágrimas inundaron mi rostro, me arrodillé en el suelo mientras que mis manos arrugaron con fuerza aquella nota que me había partido en dos el alma.
Brandom se había marchado, demasiado doloroso, pero lo que me resultaba más doloroso era que a la que yo creía y consideraba una buena amiga para mí, me había traicionado.
Ahora los dos estaban juntos, ignoraba que Karisma tuviera sentimientos por mi salvador, jamás me lo había echo saber ni siquiera notar que así era. Y ahora, sola, destrozada por el dolor, me pregunté por qué me traicionó de esa manera tan cruel, y ahora era una vampira que había acabado con su familia solo por lograr sus planes.
Hasta ahora y yo sin haberlo sabido, había logrado muy bien lo que se propuso en su día cuando nos conocimos, me daba miedo preguntarme si lograría tambien el amor de Brandom con su acercamiento.
viernes, 6 de enero de 2012
Capítulo 29-Ejecución

La lluvia había cesado, me dirigí a toda velocidad a la cocina para salir por la puerta de atrás en dirección al cobertizo.
Dorothy, estaba sentada junto a la chimenea de piedra con las manos sobre su regazo.
Cuando notó mi presencia rápidamente cogió unas tenazas que estaban a su lado en el suelo y comenzó a mover nerviosamente las ascuas.
-¿Qué necesita joven?.-Preguntó sin mirarme.
Carraspeé por un momento y acto seguido fruncí el ceño.
-Nada Dorothy,voy a salir un momento.-Contesté dirigiéndome hacia la puerta trasera.
-No debe hacerlo,el señor Akerman se enfadará si le desobedece.-Dijo.
-Prefiero hacerle enfadar antes que renegar mis sentimientos.-Me apresuré a decir.
Su mirada aún seguía clavada en aquella chimenea, con las tenazas removía la ceniza intentando buscar algunas ascuas y las iba agrupando poco a poco en el centro.
Le dí la espalda por un momento para encontrarme cara a cara con la puerta, aquella puerta la interpretaba como la distancia que había entre Liz y la mía propia.
Dejé salir un suspiro largo y pesado para volver a dirigir la mirada hacia el ama de llaves que seguía sin levantar la vista.
-Dorothy, podría leer su mente pero no quiero hacerlo.-Comencé a decir.-Prefiero que me lo diga usted-Añadí.-¿Qué sucede?.
Mis pasos fueron en su dirección y me puse en cuclillas frente a ella intentando buscar su rostro.
Dibujó una sonrisa en sus labios y pareció desviar su mirada tímidamente.
-Estoy preocupada por usted joven, eso es todo.-Contestó con un hilo de voz.-Y por favor deje de llamarme de usted.-Sonrió.
Le devolví la mía a la misma vez que asentí una sola vez con la cabeza, acto seguido apoyé una de mis manos heladas sobre la que tenía las tenazas hasta que las dejó caer a un lado.
-Sé que hay algo más Dorothy,puede confiar en mí y lo sabe.-Dije.
Sus ojos brillaron de una manera especial, enterró mi mano con las suyas gastadas por el tiempo y se las llevo a los labios para besarlas con cariño.
-Mi niño, estoy enterada de lo que vuestro padre pretende para usted.-Dijo con la voz temblorosa.-Tengo miedo que usted se oponga y tenga serios problemas al igual que la joven que ama.
Otro suspiro largo se dejó escuchar en aquella cocina.Tuve que apartarme unos centímetros de la chimenea, pues no sabía si fueron las palabras de Dorothy, pero mi cuerpo sintió un fuego que abrasó mi piel helada cuando escuché de sus labios el peligro que podía correr mi joven humana.
Negué violentamente con la cabeza para borrar esa imagen que me atormentaba, mi dulce humana tumbada boca abajo sin vida como si de una muñeca de trapo se tratara.
-No es de mi incumbencia, pero no me gusta la señorita Halley, en su mirada hay algo que me inquieta-Dijo su voz liberándome de mi tortura.
-A mi hermana tampoco parece darle muy buena impresión.-Dije endureciendo mi mandíbula.-No puedo leer su mente, ¿sabe lo que eso significa Dorothy?.-Pregunté entrecerrando mis ojos mirando a la nada.
El ama de llaves pareció negar con la cabeza en respuesta.
-Dos cosas, que en su interior oculte una verdad que prefiere no ser descubierta para protegerse así misma o a alguien que ama ,y la más preocupante.-Me detuve para escoger las palabras adecuadas.-Que jamás tuvo un corazón puro.-Contesté frunciendo el ceño y continué:
-Al ser vampiro es más difícil penetrar en su mente, pero en su estado humano…jamás lo conseguí.-Añadí.
El ama de llaves apretó fuertemente su mano sobre la mía y acto seguido torció su sonrisa agravando aún más sus arrugas.
-En cualquier caso tenga cuidado joven, e insisto-dijo en voz baja- no haga enfadar al señor.
-Descuide.-Contesté con una sonrisa.
Su mano voló hasta mi rostro acariciándolo con dulzura mientras que sus ojos estudiaron mis rasgos faciales.
-Dios mío.-Susurró.-Se parece tanto a ella.
Fruncí el ceño y su mano se detuvo al ver mi expresión.
-Me refiero a la señorita Mary joven, el señorito Near y usted son tan distintos que me sorprende el parecido que hay entre usted y su hermana.-Se apresuró a decir poniéndose rápidamente en pié.
Me quedé en cuclillas frente aquella mecedora vacía, mis ojos se clavaron en el fuego de la chimenea y era como si todo mi alrededor cambiase por un momento.
Las paredes eran de color beige y los muebles no eran los mismos,presté más atención a mi entorno sin moverme del sitio y pude ver unas figuras paseando por la cocina a una velocidad muy reducida.
Aquellas figuras borrosas podía interpretarlas como la servidumbre, iban de un lado a otro haciendo su trabajo,unas cocinando un guiso que pude oler a la perfección.
Otras figuras ayudando a las doncellas a anudar los lazos de sus mandiles, y pude escuchar una voz ordenando abrir la puerta trasera para que la luz del sol penetrara en la cocina.
Di la espalda a la mecedora y al abrir aquella puerta el sol iluminó parte de la cocina, me quedé paralizado sin moverme del sitio temiendo que me alcanzara y abrasara mi piel.
Una niña de rostro angelical y cabellos rubios irrumpió en la cocina, su respiración agitada y su corazón latía a toda velocidad, miraba hacia atrás como si estuviera esperando a alguien.
Sus ojos se abrieron y comenzó a correr en mi dirección pero de una manera lenta y reducida,sus cabellos largos y dorados se movían de un lado a otro como si estuviera sumergida en un lago.
Miré por encima de sus pequeños hombros y un niño de cabellos oscuros acababa de cruzar la puerta, fruncí el ceño cuando mis ojos se clavaron en su rodilla ensangrentada.
Aquellos niños ya los había visto antes o creí haberlos visto jugar alrededor de una fuente en Greenwich, hablaron de hacer una carrera para saber quién llegaría antes a casa.
Yo había apostado por la niña, y ahora estaba frente a mí, corriendo lentamente mientras que el niño de cabellos negros la seguía de cerca.
Yo seguía manteniendo mi postura pensando que de un momento a otro aquellas figuras desaparecerían como aquella vez que pasaron cerca de mí, pero no lo hicieron.
La niña estaba a pocos metros de donde yo me encontraba, miró por encima de mi hombro y su sonrisa se ensanchó, sin duda me había visto pero aquella sonrisa esperaba recibir algo.
Pasó por mi lado lentamente mientras veía como su pelo ocultaba su rostro al dedicarme una mirada con una amplia sonrisa. Fruncí el ceño y acto seguido me dí la vuelta rápidamente para encontrarme con una mecedora ocupada por una bellísima dama de azul.
La niña abrazó con fuerza su cintura mientras que la dama acariciaba sus cabellos esperando que el niño herido se acercara también a su regazo extendiendo su mano.
El rostro de aquella mujer que podía interpretarse como la madre de las criaturas no tenía forma, entrecerré mis ojos pero al igual que aquellos niños no lograba ver sus caras con nitidez.
-¡Lo he logrado lo he logrado!,¿has visto hermanito?,¡lo he logrado!.-Gritó la pequeña con entusiasmo.
-Tenías ventaja, me hice daño en la pierna y es por eso por lo que llegaste antes que yo.-Dijo el niño como si perder era lo último que le importase.-Pero soy justo y si has ganado mereces el premio de mamá.-Dijo recuperando el aliento cuando se acercó arrodillarse en el regazo de aquella dama.
-¿De qué premio habláis?.-Preguntó aquella mujer de dulce voz.
-Hicimos una apuesta, quien llegara antes a casa recibiría un premio que consiste en un beso de papá y tuyo, mamá.-Dijo el pequeño.
La dama sonrió a sus hijos, tomó a la pequeña en brazos y el niño que estaba en su regazo comenzó acariciar sus oscuros cabellos con dulzura.

-Seáis el ganador o el perdedor siempre recibiréis nuestro cariño, no deberíais hacer esas apuestas.
El pequeño asintió con la cabeza y la dama se incorporó en la mecedora para ver la rodilla ensangrentada del pequeño.
Le hizo un gesto para que la pusiera sobre su regazo y poder estudiarla.
-¿Te duele mucho hijo?.-Preguntó preocupada.
-Unos niños le empujaron pero yo le dije que se levantase mamá.-Se apresuró a decir la pequeña.
Una sonrisa dibujaron mis labios al recordar aquella escena en la que la niña le daba esa fuerza para levantarse.
-Eso es.-Dijo la dama.-Siempre hay que levantarse y tener fuerza de voluntad para seguir caminando, como lo has hecho tu hoy hijo mío.
-Estoy bien mamá, soy el niño más fuerte del mundo ¿a que sí?.-Dijo apoyando el pié en el suelo.
-Por supuesto, y muy valiente.-Añadió la dama acariciando su rostro.
-¿Podrías limpiarte esa herida?, la sangre me marea.-Dijo la pequeña mirando hacia un lado.-Mamá dile que se lo quite.-Suplicó la niña.
El pequeño humedeció su dedo índice y comenzó a garabatear sobre su herida intentando eliminar la sangre, volvió a llevar el dedo a su boca cuando la dama puso una expresión de horror.
-No,no no, no hagas eso hijo, sólo los animales lamen sus heridas.-Dijo sacando un pañuelo del bolsillo de su falda azulada.
Se apresuró a limpiar su dedo y dejó a un lado a la pequeña para atenderle.-Nosotros somos personas y cómo tales tenemos remedios para ello.-Dijo.
Una figura vestida de negro y con un mandil a su cintura caminaba cerca de los fogones, la dama miró en su dirección por un segundo e intente entrecerrar mis los ojos para intentar poner rostro a esa perfección de mujer.
-Por favor, ¿puede hervir un poco de agua caliente y traerme unas gasas Dorothy?.-Preguntó.
-¿Dorothy?.-Repetí en voz alta poniéndome en pié dando un sobresalto.
-Dorothy.-Repetí con la esperanza de que aún siguiera allí.
Aquellas figuras espectrales desaparecieron en el momento que dije su nombre, ¿qué estaba ocurriendo?.
¿De donde habían salido aquellas figuras, quienes eran y por qué estaban allí?, tampoco sabía por qué no podía ver sus caras por más que me esforzaba.
Y lo más extraño, Dorothy estaba ahí, en mi ensueño, mucho más joven que la Dorothy del presente,profundizando más sobre aquella visión no era de extrañar que el ama de llaves estuviese ahí.
Dorothy había trabajado toda la vida en la mansión desde que era una adolescente, al menos eso era lo que había escuchado siempre. Tal vez sirvió a unos antiguos señores allegados a la familia, puesto que la mansión siempre había pertenecido al aquelarre Akerman.
Me encontré solo en aquella sombría cocina, nada que ver con la que mi mente había estado viendo momentos antes, era mucho más moderna ahora,tal y como la había visto siempre.
Paredes verdes adornadas con candelabros, fogones enormes ventanas selladas impidiendo que el sol penetrase en el interior.
Lo único que permanecía igual en mi ensueño y la realidad era aquella mecedora gastada por el tiempo y que curiosamente aún seguía allí.
Lo sucedido era digno de contar, ¿a padre?, no, demasiado difícil para que pudiera digerirlo con normalidad. Probablemente diría que tantas horas sin beber hacía que tuviera alucinaciones o algo parecido.
O que la sangre animal estuviera afectando mi organismo.
¿Sería posible que los vampiros pudiéramos soñar estando despiertos?, ¿o tal vez esa visión era fruto de algún recuerdo vivido?.
-imposible.-Susurré para mis adentros.
Probablemente llevaba alguna hora sin alimentarme y mi mente estaba comenzando a jugarme una mala pasada.
No tenía la menor idea, pero si que podría hacer algunas preguntas al ama de llaves.
Aquellas preguntas podría dejarlas para otro momento, me dirigí a toda velocidad hacia la puerta trasera para atravesarla con rapidez.
Demasiado tiempo sin ver a Elizabeth me había trastornado, que también cabía esa posibilidad. Necesitaba volver a ver su dulce rostro, besar sus labios y abrazarla hasta fundirme en su calor, dejar atrás mi jaula de oro con sus leyes y sentirme humano una vez más.
-¿Brandom?.-Dijo una voz en la entrada de la puerta del establo.
Cerré mis parpados con fuerza y endurecí mi mandíbula al ser descubierto desatando las riendas de Fénix.
Volví anudarlas en un viejo tronco de madera y encuadré mis hombros antes de encontrarme cara a cara con el rostro enfurecido de mi padre.
-¿Y ahora que?.-Pregunté con un tono frío y despreocupado.
Sus manos escondidas tras su espalda, el mentón hacia arriba y sus ojos azulados clavándose en los míos me hizo darme cuenta una vez más de quién mandaba allí.
Torcí mis labios mostrando una sonrisa entre dientes y le hice saber a través de mi mente que me daba igual lo que pensara o el castigo que pudiera aplicarme.
Le dí la espalda y volví a desatar las riendas de mi caballo a toda velocidad, un solo paso hizo que mi padre quedase en el interior del establo, por un momento sentí que iba a hincarme sus garras en la espalda pero curiosamente se quedó inmóvil hasta que volví a encontrarme con sus ojos.
Aquél duelo de miradas resultó muy intenso, sin mediar ninguna palabra me dio la opción de hacer lo que para él era lo correcto.
-Déjeme pasar padre.-Le dije cuando estuve lo bastante cerca de su rostro.
Sujeté las riendas fuertemente con una mano e hinché mi pecho para impresionarle.
Hizo un gesto con sus labios asintiendo varias veces y dio un paso hacia un lado apartándose de la puerta.
-Hijo, me sorprende tu manera de enfrentarte a mí,sin embargo quiero recordarte quién manda en esta familia.-Dijo mientras cruzé la puerta acompañado de Fénix.
Sus pasos cortos, manteniendo una distancia prudente entre nosotros me siguieron hasta la verja exterior.
El viento de la noche era cálido, demasiado incómodo para mi cuerpo, había llovido y ahora el ambiente era mucho más cargante.
Pero lo que me resultaba realmente más incómodo era a mi padre recordándome a cada momento que era lo mejor para la familia y principalmente para mí.
.¡Basta!.-Grité girando todo mi cuerpo.
Al hacerlo, varios mechones oscuros ocultaron gran parte de mi rostro, dejando ver únicamente mis ojos enfurecidos que comenzaron a tornase de un color negro azabache. -Llevas toda una eternidad recordándomelo.-Dije entre dientes endureciendo aún más mi mandíbula.-¿Dices querer ver realmente mi felicidad?.-Pregunté.
-Así es hijo mío.-Contestó rotundamente.
-Entonces hazte a un lado y déjame que yo me ocupe de ello.-Dije dándole la espalda.
-¡Un vampiro no podrá ser feliz persiguiendo aquello que jamás podrá tener!.
Compartir una vida con una mortal no te permitirá serlo jamás, si pasas a darle una vida eterna tal vez lo consigas.-Dijo en diferente tono de voz.-De no ser así, esa felicidad que creías tener desaparecerá cuando la muerte la arrastre a la nada.-Suspiró.-Desde nuestros ancestros, hemos seguido y cumplido las leyes vampíricas. Tomamos a una inmortal como compañera, esposa, protectora y amante, ya sea pura sangre o bien la escogemos para después hacerla inmortal.
Tomó una gran cantidad de aire hasta hinchar su pecho, erguido y rígido como una tabla, sus ojos se entrecerraron antes de seguir.
-Karisma puede reunir todas esas cualidades si le das la oportunidad. ¡Hay que aprender amar lo que será bueno para ti y para la familia!.-Gritó cerrando las manos en un puño.
-Si realmente crees que puedo poner en riesgo a la familia no habrá ningún problema, me iré lejos de Londres.-Dije desenliando las cadenas de la verja sin que me temblase el pulso.
-Tú eres parte de esta familia y como hijo mío que eres me preocupo por ti.-Dijo acercándose.-No voy a consentir que hagas lo que te plazca poniéndote en riesgo y la familia en peligro por ver a esa humana.-Amenazó.
Desenlié las cadenas y las arrojé con furia hacia la fuente del sauce, mis ojos se clavaron en los suyos y apreté fuertemente mis afilados dientes hinchando mi pecho como si fuera a estallar de rabia.
-¡No hables de poner a mi propia familia en riesgo cuando tú actúas también por tu propia cuenta sin consultar a tus hijos nada sobre tus viajes a Greenwich!.-Grité con todas mis fuerzas.
-¿A quién visita tan a menudo en ese viejo castillo abandonado padre?.-Pregunté inhalando y exhalando a toda velocidad.
Si no fuera por que era un poderoso vampiro de cientos de años juraría que el color de su piel se había vuelto más pálida de lo habitual.
Su ceño fruncido me miró confuso y quiso entrar en mis pensamientos a los que gustosamente, le dejé.
-¿Estuviste allí?.-Susurró.-¿¡Cómo te atreviste a seguirme y hacer comparaciones!?.-Preguntó agarrando con fuerza el cuello de mi camisa mientras que mis manos se cerraron alrededor de sus pálidas muñecas.
-¡Soy el maldito Walter Akerman, miembro principal de esta familia, y cómo tal mi papel aquí es protegeros contra todo ser viviente que quiera destruiros.!-Gritó aflojando sus manos.-Al ser el miembro más viejo del aquelarre, tengo determinadas obligaciones y una de ellas es no desvelaros jamás lo que hago o deje de hacer, que yo me ponga en peligro no importa, lo que importa es la familia.-Dijo haciendo una pausa para volver a continuar.-Yo ya he vivido bastante, y el futuro de esta familia sois vosotros.-Dijo liberándo por completo el cuello de mi camisa.- Puede que ahora no lo entiendas hijo, pero ese cargo recaerá algún día sobre tus hombros en el que caso de que me ocurriese algo y sólo entonces entenderás que no hay nada más importante que la familia, más incluso que tu propia felicidad.-Señaló.
Llevé mis manos a las sienes golpeándolas con fuerza al escuchar tales palabras.
Sin duda me estaba torturando constantemente con lo que era mejor para todos, pero no para mí.
Sería muy capaz de irme de Inglaterra, pero era evidente que no quería dejarme marchar solo, y mucho menos acompañado de la humana que tocó todas las fibras de mi ser y me enseñó a ver el mundo con sus hermosos ojos.
Podía estar de acuerdo con mi padre en el odio que sentía hacia ciertos humanos, probablemente le hubieran dado caza a mi olvidada madre tal y como me había contado. Pero por ello no debíamos juzgar a todos, no todos los humanos eran cazadores,no todos tuvieron que ver con la desaparición de mi madre.
No todos debían ser iguales como me había dado cuenta también que no todos los vampiros lo eran, puede que en esencia, pero no en espíritu.
-No puedo creer que sigas pensando después de lo que te conté sobre tu madre, continúes diciendo que son diferentes unos de otros.-Dijo rompiendo el silencio.-¡Ellos condenaron a tu madre!.-Gritó con todas sus ganas.
-Eso no lo sabemos.-Le corregí.-Y Elizabeth no tuvo nada que ver con su desaparición, por eso sigo pensando que no todos son iguales.-Dije apenas con un hilo de voz.
-Puede que sea cierto, pero bien podría estar implicado un antepasado suyo.-Señaló intentando hacerme cambiar de opinión.
Clavé mis ojos en el suelo ocultando mi rostro con las manos y respiré varias veces intentando tranquilizar mi rabia antes de contestar.
-Eso es ridículo.-Dije descubriendo mi rostro para encontrarme con el suyo.-Si así hubiera sido lo sabría y créeme padre, no tuvieron nada que ver.-Dije firmemente.
Agarré con fuerza las riendas de mi caballo para atravesar la verja cuando una mano voló hasta mi hombro haciendo que me detuviera sin poder moverme del sitio.
-Tenemos algo importante que hacer esta noche.-Anunció.
Fruncí el ceño y en ese mismo instante el aire cálido de la noche sopló por detrás haciendo que mis cabellos oscuros volaran a toda velocidad por mi rostro.
Giré la cabeza hacia mi lado izquierdo encontrándome con su pálida mano descansando sobre mi hombro, clavé mis ojos una vez más en su anillo y la piedra preciosa color sangre brilló en la oscuridad de una manera intensa.
Acto seguido busqué sus ojos y esperé que su voz volviera a romper el silencio.
-No puedes marcharte, tenemos que llevar a Karisma a su casa.-Dijo.
Mi ceño se frunció aún más e hizo que todo mi cuerpo se diese la vuelta para estudiar su rostro con detenimiento.
No estaba seguro que fuera a contarme lo que pretendía hacer de manera que me introduje en sus pensamientos para averiguarlo, a lo que no hallé nada.
-No podemos llevar a Karisma a casa, estará su familia allí, no pueden verla así.-Dije con el fin de que me diera la razón.
-Lo sé,-dijo-probablemente vayan a denunciar su desaparición mañana a primera hora y eso nos perjudicaría bastante si la viesen merodeando por aquí.-Dijo ocultando sus manos tras la espalda caminando de un lado a otro pensando en una ideal estrategia.
Mis ojos siguieron con lentitud sus pasos hasta que se detuvieron dándome la espalda.
-La llevaremos para que acabe con su familia.-Dijo lo suficientemente convencido.
-¿Qué?.-Tartamudeé.-No puedes hacer eso padre, no puedes decirla que acabe con sus vidas, es su familia.
-No hay otra manera, su padre y hermana sufren una enfermedad terminal hijo, tarde o temprano morirán de todas maneras.-Recordó.-No podemos ponernos en riesgo si esa familia avisa a las autoridades para que comiencen a buscarla.
-Y si esa familia no estuviera enferma igualmente la incitarías a que terminase con sus vidas, ¿me equivoco?.-Pregunté.
-No te equivocas, como he dicho, no podemos poner en riesgo nuestra familia y hay que terminar con lo que puede resultar un peligro para nosotros.-Dijo irguiendo su pecho cuando se dio la vuelta para encontrarse conmigo.
-No me parece una buena idea.-Protesté.-Cuando encuentren sus cadáveres sabrán que tienen a un familiar desaparecido, ¿Qué harás entonces padre?.Pregunté.-¿Retener a Karisma para siempre en la mansión hasta que olviden su desaparición?.
Mi padre esbozó una gran sonrisa y negó con la cabeza.
-Ya está todo arreglado, cuando encuentren sus cuerpos Karisma no estará desaparecida si no que asistirá al triste funeral de su familia como una humana corriente.-Dijo volviendo sobre sus pasos.-Podrá pasearse por las calles de Londres con total normalidad, siempre y cuando pueda controlar su sed de sangre en estos primeros días. Para ello la acompañaremos hasta que pueda valerse por sí sola.-Sonrió.-En el funeral, ante los ojos de curiosos y afectados por la perdida anunciaré que la gentil y solidaria familia Akerman se hará cargo de la señorita Halley. De esta manera no solo nos quitamos un problema de encima, si no que también la humanidad jamás podrá tener sospechas de nosotros.-Volvió a sonreír.
-Realmente monstruoso.-Dije asqueado de tanta falsedad.-No participaré en tal atroz acto. No puedo fingir algo que no siento.-Dije atravesando por completo la verja que dividía la mansión del exterior.
-Hijo, no quiero recordarte lo mucho que podría sufrir la señorita Jenzen y su familia si montas en ese caballo.-Amenazó.
Agarré las riendas con fuerza y endurecí mi mandíbula antes de dar un puñetazo a la verja y hundir los hierros de ésta.
Por un segundo me dejó ver en su mente el castigo que Liz podría sufrir si osaba a desobedecerle, aquella visión me torturaba y me retorcía de dolor.
Iba de una lado a otro a punto de entrar al borde de la locura, todo cuanto había a mi alrededor lo aplastaba y destruía con una fuerza sobrenatural que intentaba por todos los medios controlar.
Mi furia y gritos no hicieron cambiar de opinión a padre, no tenía ninguna opción, debía acompañarle en su propósito.
Una vez recuperado el aliento pero sin dejar de tener esa mirada fiera me juré a mi mismo no abandonar el amor que sentía por Elizabeth aún si mi vida estuviera en peligro, le oculté que más tarde, iría a buscarla.
Mi padre sonrió y se acercó a mi cuando estuve lo suficientemente calmado, sabía que no iba a enfrentarme a él, era mi padre, mi propia sangre y en eso, tenía ventaja.
-Siempre fuiste tan rebelde…-Mencionó sin borrar su sonrisa.
Cerré mis párpados con fuerza y acto seguido los abrí cuando sentí la presencia de August que mantuvo una distancia prudencial entre nosotros tres.
-Necesitan alguna cosa señor Akerman.-Se ofreció.
-Si August, lleve el caballo al establo y asegúrese de amarrarlo bien.
Poco a poco mi respiración se fue normalizando cada vez más, pude divisar que la puerta de la mansión se abrió y de ella salió Near acompañado del esposo de Estefy y la señorita Halley.
Cuando se reunieron con nosotros en la verja, Near me dedicó una media sonrisa dejando ver sus resplandecientes dientes afilados.
-Nos vamos de cacería hermano.-Anunció frotándose las manos.
Mis ojos enfurecidos se tornaron a oscuro y acto seguido se clavaron en los de Karisma que parecía estar algo inquieta.
-¿Estás segura de lo que vas hacer?.-Pregunté con la esperanza de una negativa, pero en lugar de eso tomó aire y sus ojos rasgados me dejaron ver una decisión firme.
-Si, cuanto antes me libere de mis tormentosos recuerdos humanos antes podré ser libre.-Mencionó.
-Te equivocas si piensas que esto que tienes ahora es libertad.-Dije.
-Vamos.-Irrumpió la voz de mi padre.-Hay que ponerse en marcha.
Uno a uno atravesaron la línea que dividía la mansión del exterior, en donde yo deseaba estar para siempre.
Karisma, Near y Atila corrieron velozmente por el camino de tierra para dirigirse al claro donde una vez allí desviaríamos el camino para llegar a la casa de Karisma.
Mi padre, que estaba situado detrás de mí estuvo esperando que echara a correr para seguir a los demás, dí un suspiro frustrado en el aire y corrí a toda velocidad por el camino hasta llegar a la altura de ellos.
Cuando pasé cerca de Near, este sonrió de una manera diabólica dejando ver sus dientes.
Su pelo rojizo parecía dejar una ráfaga de fuego en el aire, al percatarse de mi presencia corrió velozmente, como si para él todo fuese una competición para proclamarse el mejor de la familia.
Una vez nos hallamos cerca del claro algo dentro de mí se movió, algo que relacionaba con Liz, cruzando el claro a toda velocidad la pude ver en todas partes. Pude escuchar sus risas, su dulce voz, el aroma que aún estaba allí intacto.
Cerré mis párpados con fuerza y millones de sensaciones acariciaron todo mi ser, no podía traicionar a la raza humana por que ahora estaba enamorado de una de ellos.
Tenía que hacer lo imposible para que Karisma cambiara de decisión.
Una vez llegamos a la entrada de la casa, estudié el rostro de Karisma y me puse a su altura tomándola por la mano.
-No es necesario que lo hagas.-La aconsejé.
Sus ojos rasgados mostraron un color rojo sangre y se llevó una de sus pálidas manos a la garganta.
-Estoy segura de lo que quiero, y lo que quiero es liberarles de su tortura, de la mía, y que llegues a tomarme como la compañera que te protegerá y te amará para siempre.-Dijo muy segura de sus palabras.
La mano de mi padre voló hasta mi hombro y me hizo un gesto para que nos adelantáramos hacia la entrada principal.
-Padre, hay que detener esta locura.-Supliqué.-Podrías decir a su familia que nos hacemos cargo de ella, que nos ocuparemos de formarla y convertirla en una señorita de bien y que a ellos no les faltará de nada mientras vivan.-Dije mientras avanzábamos hacia la entrada.
-No lo aceptarían, a estos humanos no se les puede comprar así, quieren a Karisma bajo su techo hasta que mueran, pero ya es demasiado tarde, la señorita Halley es inmortal acabaría con ellos de todos modos.-Susurró.
-Near, abre la puerta.-Ordenó mi padre antes de que yo pudiera decir algo más.
Mi hermano mayor dio una patada a la puerta de la casa que la despedazo en cuanto hizo contacto la madera con su pié.
Atila y Near se desaparecieron en el interior y Karisma fue la siguiente en entrar, detrás de ella mi padre y yo.
Unos gritos se escucharon en la sala principal. Una joven de aspecto demacrado se llevó la mano al estómago y acto seguido se abalanzó sobre Karisma.
Ésta cerró la mano alrededor de su cuello y la abalanzó en el aire hasta darse contra un mueble viejo en la cabeza.
-¿Karisma?.-Preguntó confusa.-¿Qué has hecho, que has hecho?.-Repitió una y otra vez cuando se llevó la mano a la cabeza.
Al ver la palma de su mano ensangrentada ésta comenzó a temblar, los vampiros que allí nos encontrábamos nos pusimos frenéticos al oler la sangre.
Me mordí con rabia el labio inferior y salí por la puerta principal cerrándola detrás de mí, apoyé la espalda en ella y cubrí mi rostro con las manos.
A los pocos segundos las llevé hasta mis oídos intentando evitar escuchar los gritos desgarradores que provenían de la garganta de su hermana y su padre.
-Basta…-Susurré detrás de aquella puerta.-Basta…-Repetí una y otra vez.
-¡Basta, basta basta!.-Grite ahogado en el dolor que me producía.
Golpeando la puerta con fuerza me dejé caer en el porche de la casa apoyando la cabeza sobre ella, no había participado en aquella monstruosidad, pero me sentía igual de culpable.
Deseaba que todo terminase y que pudiera desaparecer del lugar. Karisma estaba muy equivocada de lo que pudiera gustarme en una inmortal, ahora solo no me gustaba para ser mi compañera, si no que despreciaba con todas mis fuerzas lo que acababa de hacer.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Capítulo 28-Renacer

Aquellas palabras me habían dejado atónito, ¿cómo podía ser posible que no recordara nada de su antigua vida humana?.
Me acerqué a Karisma con pasos cautelosos y ésta se limpió con rapidez las comisuras de sus labios y acto seguido pasó las manos por su largo vestido color azul oscuro.
-Eso también es normal.-Mentí sin dejar de fruncir el ceño.
-¿Entonces porqué puedo ver en tu mente que me estás mintiendo?.-Preguntó tímidamente.
No supe que contestar, pero sus palabras me recordaron entrar esta vez en la suya y curiosamente, no hallé ningún recuerdo.
Ningún pensamiento, su mente estaba completamente vacía, ni si quiera existía el amor que en su estado humano decía sentir por mí.
-Aprendes con rapidez.-Dije.
-Gracias.-Contestó torciendo su sonrisa.
-Será mejor que mi padre te conteste a tu pregunta, él fue tu creador y él es el que debe de ocuparse de ti.-Dije ocultando mis manos en los bolsillos del pantalón cuando me dispuse a salir por la puerta.
-Brandom, espera.-Dijo poniéndose en pié.-Gracias por recordarme que estoy enamorada de ti.
Mis pasos se detuvieron y cerré mis párpados con fuerza, había dejado mi mente abierta y aquello le había hecho recordar que me amaba, entonces, ¿sólo podían recordar si alguien les hacía ver cómo eran y lo que sentían anteriormente a esta vida?.
-No sabes lo que dices Karisma, ni si quiera me conoces.-Dije intentando arreglar aquel error.
Asintió lentamente con la cabeza y sus ojos rasgados me miraron de arriba abajo maravillada.
-No importa si te conozco o no, tenemos toda una eternidad para hacerlo.-Dijo cuando sus ojos se clavaron en mis labios.-Lo que si sé, es que te amo.-Susurró mirándome fijamente.
-No es posible, los vampiros, no amamos.-Mentí con el fin de que se decepcionase de mí.
-Eso no es cierto, estás enamorado de Liz, puedo verlo dentro de ti.-Dijo avanzando hacia mí.
Una de sus pálidas manos quiso acariciar mi rostro pero la detuve al vuelo.
Sus rasgados ojos tan negros como el abismo se entrecerraron cuando sintió mi incomodidad por aquél acercamiento,frunció el ceño y su mandíbula se endureció.
Acto seguido dio un paso hacia atrás y sus labios se estiraron mostrando una sonrisa.
-No me importa que así sea, conseguirás amarme algún día.-Dijo muy segura de sí misma.
Otro suspiro pesado salió de mi interior y salí de la sala con rapidez dejando a Karisma atrás, no me siguió,cosa que agradecí pues fui en busca de mi padre a toda velocidad.
Se encontraba en el exterior,tomando el aire fresco de la noche acompañado de Near,Estefi y su esposo.
Crucé el jardín dejando a un lado la fuente del sauce,al percatarse de mi presencia,éstos dejaron de susurrar y me recibieron con una amplia sonrisa.
-¿Ya despertó?.-Preguntó mi padre dándose la vuelta para encontrarse con mi rostro.
-Así es,será mejor que vaya y le respondas a unas cuantas preguntas.-Contesté.-Preguntas que yo soy incapaz de responder.-Añadí.
Mi padre frunció el ceño y acto seguido cruzó su azulada mirada con la de Estefi y su esposo.
Near,que no dejaba de mirarme,no borró en ningún momento aquella sonrisa que tanto me incomodaba.
-¿Y ahora padre, qué será lo siguiente que harás?.-Pregunté interrumpiendo aquél silencio.
Éste se giró para encontrarse conmigo llevándose la copa a los labios,su sonrisa se torció hacia un lado y acto seguido dio un último sorbo hasta vaciarla completamente.
-Dejadnos.-Ordenó a los demás.
Antes de que mi hermano mayor pudiera preguntarle si podía estar presente mi padre levantó un dedo sin apartar sus ojos de los míos.
-También tú Near.-Contestó.
Miré por encima del hombro de mi padre hasta encontrarme con la mirada fiera de mi hermano, sus manos se cerraron en un puño y las aletas de su nariz se hincharon volviendo aparecer su mal humor antes de desaparecer de nuestra vista.
-No sé que voy hacer con tu hermano mayor.-Dijo negando con la cabeza mientras avanzó hasta el banco de piedra para dejar descansar aquella copa de cristal.
-Lo que si sé es lo que voy hacer de ti querido hijo.-Añadió volviendo sus pasos hacia mí.
-¿Convertirme en el esposo de tu nueva mascota?.-Dije con cierto aire de sarcasmo.
Éste sonrió y una de sus pálidas y heladas manos la dejó descansar en mi hombro, mi rostro se giró volviendo a llamar mi atención aquél anillo que llevaba en su dedo anular.
Fruncí el ceño apartando la mirada de éste y acto seguido me encontré con la de mi padre, su mano se cerró alrededor de mi hombro e inhaló el aire antes de darme la espalda.
-Karisma no es ninguna mascota hijo, ella te adora y está dispuesta a demostrártelo.-Comenzó a decir.-No seas tan desagradecido y aprovecha esta oportunidad que te ofrezco.
Fruncí el ceño y escondí las manos en el interior de mis pantalones tomando una gran cantidad de aire antes de responder aquellas palabras que no tenían ningún sentido para mí.
-Padre intento entenderte pero no lo consigo.-Contesté.
Sus pálidas manos las escondió tras su espalda donde podía verlas, jugueteaba con su sello y aquella perla color sangre brillaba en la oscuridad de la noche.
-Quiero hacer de ti un hijo ejemplar, un vampiro que podrá sucederme en el caso de que algo me pasara.-Dijo volviendo a girarse.
-¿Y por ello tengo que tomar por compañera a la señorita Halley?.-Pregunté volviendo al tema que realmente me inquietaba.
-Sabes que no podrías sobrellevarlo todo, teniendo a una esposa a tu lado te resultará más fácil ocuparte de lo que durante siglos hemos estado ocultando.-Contestó.
Negué con la cabeza y acto seguido clavé mis ojos en los suyos.
-Tú lo has estado haciendo sin la ayuda de madre.-Dije.
Su pecho se hinchó y sus ojos se desviaron hacia la nada.
-Tienes razón, pero no es eso lo que intento decirte.-Dijo.-Todo vampiro necesitamos algo que nos motive a seguir luchando por nuestra existencia, a crecer.
Mi motivo era tu madre, y cuando ella desapareció ese motivo pasó a ser el de mis hijos, quiero crear un mundo en el que los humanos, pasen a ser sólo un recuerdo de vampiros.-Dijo con la mirada aún perdida.
-¿Por qué padre?.-Pregunté negando con la cabeza cuando la imagen de Liz apareció por mi mente.-¿Por qué les odias?, no todos los humanos son como tu crees.
Su intensa mirada se clavó en mis ojos exigiendo una disculpa por haber osado a decir tales palabras, pero no tenia ninguna intención de hacerlo ,pues era lo que pensaba.
El silencio reinó en aquella oscura noche, unas nubes comenzaron a cerrarse en el cielo ocultando completamente las estrellas, husmeé el aire y éste me aviso de que una tormenta estaba próxima.
Hice caso omiso y me centré más en aquél incómodo silencio esperando que mi padre se le ocurriese decir algo que mereciera la pena escuchar.
-¿Es por madre verdad?.-Rompí el silencio.
Sus hombros se encuadraron y se dirigió a la fuente del sauce llorón para bordearla volviendo a encontrarse con mi rostro que lo observaba con detenimiento.
-Brandom, ya deberias saber que no me gusta hablar de estas cosas, pero si quiero que entiendas el por qué me preocupa que te relaciones con humanos.-Dijo ocultando sus manos nuevamente tras su espalda.
-Mi querida Anette…-Comenzó a decir con la mirada perdida.-Una noche, tu madre salió sola de caza.
En Londres no se hablaba de otra cosa, unos asesinatos que para nada teníamos que ver con ellos, se trataba de un nuevo clan que se estaba extendiendo por todos los países del mundo, un nuevo clan de vampiros recién nacidos.-Dijo sentándose en uno de los bancos de piedra.
Pequeñas gotas de agua comenzaron a impactar contra el suelo, el golpeteo era constante y una brisa fresca comenzó a revolver mis cabellos ocultando mi rostro.
Guardé en mi mente palabra por palabra e intenté entender el por qué de tanto odio por los humanos, hasta ahora no tenía sentido, pero poco a poco iba tomando forma.
-Esa noche estuve especialmente cansado y no pude acompañarla, llevaba varios días sin beber por todo el asunto de los rumores y estuve gravemente enfermo.-Dijo llevando una de sus manos a la frente, cómo si volviera a vivir aquél estado de enfermedad.
-Después de tanto insistir, la dejé ir, y aquellos humanos cazadores con antorchas en las manos salieron al bosque en busca del monstruo.-Dijo ocultando esta vez su rostro.
-Jamás volví a verla, sólo deseo que allá donde se encuentre esté bien y pueda volver a verla, hasta entonces he mantenido y sigo fiel a su recuerdo.-Dijo descubriéndose el rostro sin mirarme.
Aquellos detalles jamás lo había escuchado en los labios de mi padre, hasta donde yo sabía, mi madre había desaparecido hacía años e intuía que tuvieron que ver los humanos con su desaparición.
No estaba del todo seguro de que se encontrase bien, si la habían dado caza, probablemente ya estaría muerta.
Un nudo en el pecho se me creó de tal manera que no había manera de deshacerlo, aquella historia era horrible, pero aún así, mis sentimientos por mi querida humana permanecían intactos.
Mi padre se levantó de su asiento y pasó una mano por mi nuca, descansó su frente sobre la mía mientras que sus ojos azulados brillaron de una manera especial.
-Hijo mío, eres mi orgullo, mi sangre, fruto del amor que tu madre y yo tuvimos,´sé que harás lo correcto.-Susurró.-Si no quieres hacerla tu esposa, aceptaré tu decisión, pero al menos permítela conocerte y deja que se gane tu cariño.
Tú mismo dijiste que no infectarías a Elizabeth para hacerla tuya, por otra parte no puedo permitir que la sigas viendo como humana, y de seguir siendo así, tendré que matarla yo mismo.-Dijo con tono amenazante.-Respeta el odio que siento por ellos, respeta la memoria de tu madre, y te prometo que a ella no le pasará nada.-Añadió cerrando sus brazos alrededor de mi espalda golpeándola con suavidad segundos después.
-Los vampiros no amamos a seres de otra raza, sólo a la nuestra, recuérdalo cada vez que sientas esa necesidad.-Dijo presionando mi hombro.
Palabra por palabra, ahora nada estaba difuso, el odio de mi padre era más que comprensible y yo deberia sentir lo mismo, pero me resultaba imposible.
Podía odiar a los humanos, ¿pero a ella?, era incapaz, ¿por qué no podía odiarla?.
La respuesta era más que clara, yo había venido a este mundo sólo para amarla, para protegerla, y eso no podía cambiarlo mi padre, no podía cambiarlo las normas, ni si quiera el recuerdo de mi olvidada madre.
Me sentí un monstruo por traicionar a mi raza, un monstruo ruin y despreciable y diferente a los demás, pero de igual manera me sentiría si optaba por estar en el bando de los míos, de mi propia sangre.
Por más que me pregunté a mi mismo que debía hacer no hallé ninguna respuesta, seguía necesitando tiempo para pensar que hacer, como actuar y que decisión tomar.
Negué con la cabeza e inhalé el aire frío de la noche, escondí todas mis dudas e inquietudes en una puerta del interior de mi mente y cerré con llave impidiendo que mi padre tuviera acceso a ellos.
Mi amor por Liz era demasiado grande, demasiado real y aquél amor sabía que me llevaría a la muerte y al desprecio por todos, por ambas partes, tanto vampiros como humanos, ese riesgo, lo conocía desde el principio.
-¿Te inquieta algo hijo?.-Preguntó buscando mis ojos.
Mis cabellos mojados ocultaron una buena parte de mi rostro y alcé mi mirada para encontrarme con la suya, apreté mis dientes intentando sacar el valor que tanto buscaba en mi interior y encontré aquella motivación que mi padre me había hablado momentos antes.
Negué con la cabeza mientras que una de mis manos se cerraron en un puño.
-Amo a Elizabeth padre, prefiero estar muerto si me impides que vuelva a verla.-Dije con la voz tan dura y fría como el hielo.
Sus labios se estiraron mostrando una sonrisa volviendo a presionar mi hombro con fuerza.
-Te he dicho demasiado esta noche, lo único que necesitas es recapacitar y pensar muy bien todo esto, no te preocupes más, vayamos a ver como está la señorita Halley.-Dijo como si no le importase en absoluto lo que le acababa de decir.
Sabía mi decisión, es más, esta vez se lo había dejado ver a través de mis pensamientos, pero al parecer no le dio la mínima importancia.
Sus pasos se dirigieron a la mansión mientras que me quedé ahí, inmóvil dejando que la lluvia calara todo mi cuerpo.
-¿Por qué no puede recordar nada?.-Pregunté cuando estuvo lo bastante lejos.
Sus pasos se detuvieron por un momento, seguía dándome la espalda y su rostro se giró hacia un lado sin mirarme.
-A todos les ocurre la primera vez.-Dijo.-Vayamos dentro, está lloviendo demasiado.-Añadió.
Le seguí a toda velocidad hasta llegar a su altura y juntos atravesamos la puerta principal de la mansión.
August, el mayordomo, se apresuró a quitarle la chaqueta para poco después dejarla en el perchero de madera.
-Espera aquí.-Me ordenó antes de atravesar la sala en la que se encontraba la señorita Halley.
-No padre, prefiero estar presente.-Dije.-Si no tienes ningún inconveniente por supuesto.-Le desafié.
Quería saber de sus labios todo aquello que desconocía, si iba a ser su sucesor, debería de estar al tanto de ciertos detalles.
Mi padre amplió su sonrisa al leer mis pensamientos e hizo un gesto con su mano para que me adelantase.
Incliné mi cabeza en respuesta a tal detalle por su parte e irrumpí en la sala donde se encontraba Karisma engullendo sangre de una enorme fuente plateada.
Al percatarse de nuestra presencia mostró sus dientes intentando proteger su banquete, hilos de sangre corrían velozmente por su barbilla y ésta se llevó un paño hasta ella para limpiarse rápidamente.
Mi padre alzó su mano para tranquilizarla y caminó hasta ella con pasos cautelosos mientras que yo me quedé inmóvil en el umbral de la puerta.
-Lo siento señor Akerman, no sé como controlar mi ansia, tengo muchísima sed.-Se disculpó limpiando con fuerza su barbilla.
-No te preocupes, pronto comenzarás a controlarlo.-Dijo relajando sus hombros.-Brandom,¿puedes decirle al servicio que traigan a la señorita Halley más sangre por favor?.-Preguntó volviendo su rostro.
Fruncí el ceño y acto seguido dí un suspiro frustrado en el aire.
-No empiece sin mí padre. Enseguida vuelvo.
Salí de aquella sala a toda velocidad siguiendo el olor de Dorothy, la hallé en la cocina, sentada con las manos cruzadas sobre la mesa.
-Dorothy, ¿podrías llevar más sangre a la sala de estar?.-Pregunté mirando hacia atrás cuando los demás miembros del servicio nos dejaron solos.
-Enseguida mi niño.-Contestó con la mirada perdida.
-¿Te encuentras bien?.-Pregunté preocupado.
El ama de llaves se levantó lentamente de su asiento y se dirigió hacia mi mostrando una sonrisa dulce, me acarició el rostro con su cálida mano y acto seguido me dio la espalda para dirigirse a preparar lo que la había ordenado.
Aquella sonrisa bien podría ser una respuesta a mi pregunta pero aún así me daba la sensación de que a Dorothy le ocurría algo más serio.
No quise volver a preguntar, pues mi prioridad ahora era volver cuanto antes a la sala para saber de primera mano aquello que desconocía sobre la conversión de un humano a vampiro.
Volé hasta aquella habitación y me encontré a Karisma sentada cómodamente en el sofá, a su lado se encontraba mi padre hablando con ella, cuando notaron mi presencia la voz de mi padre se detuvo.
Karisma se puso en pié y mostró una amplia sonrisa cuando me vio atravesar el umbral de la puerta, le respondí torciendo la mía hacia un lado y tomé asiento para que la señorita Halley hiciera exactamente lo mismo.
-¿Y bien?.-Comencé a decir y acto seguido me aclaré la garganta.-¿De que estabais hablando padre?.-Pregunté intentando averiguar su respuesta.
Éste sonrió y pasó una de las manos por sus cabellos rubios.
-De nada, estábamos esperando tu llegada,¿verdad señorita Halley?.
-Verdad.-Sonrió nerviosamente.
Mi padre sonrió, acto seguido cruzó sus piernas y entrelazó los dedos de sus manos, me dedicó una rápida mirada para después dedicar su atención a Karisma.
-Bien señorita Halley voy a explicarle y contestar a sus inquietudes.-Comenzó a decir.-Es muy común que al ser un vampiro recién nacido su cuerpo necesite beber para saciar su sed.
Ya no necesitará jamás alimentarse de comida humana, es más si lo intenta,su cuerpo no lo toleraría y podría morir,esto es debido a que ha cambiado su metabolismo y sus células no son las mismas que cuando era una simple humana.-Hizo una pausa para mirarme y acto seguido prosiguió con su brillante explicación.-La sangre tiene varias funciones para el vampiro,la más importante es la del transporte de oxigeno desde el cerebro al resto de nuestro cuerpo. Su cuerpo necesitará sangre humana o animal para poder mantenerse viva y fuerte, siempre recomiendo sangre humana ya que tiene mejores propiedades que la sangre animal.-Dijo con una sonrisa.
-La sangre animal igualmente proporciona fuerza y larga vida al vampiro, no en un mayor nivel en lo que a fuerza se refiere, pero se puede vivir.-Opiné.
Mi padre me fulminó con la mirada e hice un gesto para disculparme. Su voz comenzó a sonar de nuevo en aquella sala y dejé que prosiguiera con su entretenida explicación al nuevo monstruo.
-Probablemente en ocasiones se sentirá muy confusa respecto a los recuerdos, deberá tener presente que si ahora es inmortal es por que en su vida humana no encontró lo que verdaderamente estaba buscando.-Dijo incorporando su cuerpo del sofá.-Que no era dichosa en la antigua vida y que en ésta podrá tener la oportunidad de ser libre y feliz.
Dí un largo suspiro, esta vez de frustración.
Aquellas frías palabras de mi padre rebotaron en mi cabeza como las campanas que se escuchaban a lo lejos en la gran torre del reloj.
Se equivocaba, en esta vida inmortal jamás podría encontrar la felicidad, si aquella joven supiera lo que algunos vampiros darían por tener una vida tan simple y compleja como la de un humano…jamás optarían por tener esta.
Una vida inmortal con leyes crueles, jamás podría ser libre el cien por cien. Escuchando las palabras de mi padre eran como las de un vendedor desesperado, vendiendo un producto con una bonita portada y en su interior sólo se hallaba una gran mentira.
-Ahora recordará lo que en su vida humana me comentó una vez, que no era feliz, que su padre y hermana estaban enfermos y eso le producía desesperación e impotencia.-Dijo mi padre refrescando sus recuerdos humanos.
Karisma cruzó los dedos de sus manos y acto seguido agarró sus vestidos con fuerza cuando aquel recuerdo llenó por completo su mente.
Mi padre sonrió y su pecho se hinchó para tomar una gran cantidad de aire.
-Desesperación porque tenía que estar a su cargo y le impedía hacer muchas cosas en su vida. Impotencia por que más de una vez ha deseado con todas sus fuerzas que desaparecieran, incluso ha llegado a desear sus muertes.-Sonrió.
-¡Basta padre!.-Grité poniéndome en pié.-¡Basta!.
-Brandom, vuelve a sentarte o tendré que pedirte que salgas de aquí.-Dijo con la mirada fija en el rostro de Karisma.
Ésta estuvo sumergida en sus pensamientos con la mirada clavada en su regazo. Aquellos amargos recuerdos volvieron a perturbar su mente.
Caminé por la sala de un lado a otro pasando continuamente la mano por mis húmedos cabellos negros.
Lo que pretendía despertar mi padre en aquella joven era su ira, comprobar si podía ser una fiera asesina, una candidata perfecta para ser mi futura esposa.
La vida de la señorita Halley en su estado humano no parecía haber sido demasiado buena, pero por ello mi padre no debía inculcarle algo tan evidente, tan cruel.
-Debes matarlos Karisma, debes liberar el sufrimiento que te han causado.-Dijo con voz fría.
-¡Padre, esto no es necesario!.-Grité.-Karisma, te necesitaban, estoy seguro de que ellos te lo agradecieron cada segundo de sus vidas. Comencé a decir.-Probablemente perdiste parte de tu vida en cuidarlos pero el tiempo te compensará generosamente. No tienes por que matarlos, déjalos vivir el tiempo que les quede sin ti.
Karisma entró en un estado de shock y su cabeza parecía temblar al igual que sus hombros.
Parecía como si un torrente de recuerdos la azotaran violentamente,segundos después todo quedó reducido a un silencio incómodo.
-¡Brandom!.-Gritó mi padre enfurecido.-¡Sal inmediatamente de aquí!.
-Señor Akerman.-Susurró la joven volviendo a un estado más tranquilo después de un largo silencio.-No es necesario.-Dijo con la mirada en su regazo.
Alzó por un momento la cabeza, su cabello largo y de un negro abismo ocultaba parte de su rostro. Sus ojos se tornaron a un rojo sangre y miraron fijamente a los míos.
-Ahora lo recuerdo todo, todo lo relacionado con mi vida pasada, no es necesario que me recuerden más.-Dijo con un tono de voz diferente.-Debo cerrar puertas y comenzar mi nueva vida.
Fruncí el ceño en intenté entrar en su mente para saber a que se refería con cerrar puertas, mi padre dejó de tener esa fiera mirada para dedicar una amplia sonrisa a la señorita Halley.
-Brandom, lo que daré a mi familia es una muerte rápida para liberarles de su sufrimiento, tu padre tiene razón.
No tiene sentido dejarles vivir si ya no voy a poder ayudarles más.-Dijo poniéndose en pié cuando captó el olor a sangre.
-Definitivamente es un error.-Dije negando con la cabeza.
-Es la mejor decisión.-Añadió mi padre sin borrar su sonrisa.
Unos nudillos tocaron la puerta de madera con suavidad, el olor a sangre provenía desde el otro lado.
Giré el pomo con fuerza y me encontré con el rostro preocupado de Dorothy.
-Señor Akerman, les traigo la sangre.-Anunció.
-Pase Dorothy, deje la fuente sobre la mesa por favor.-Dijo mi padre.
Asintió con la cabeza y le dedicó una rápida mirada a Karisma.
La señorita Halley parecía bailar sus vestidos con las manos muy sonriente cuando cruzó la mirada con el ama de llaves, Dorothy agachó su mirada hacia su mandil y salió por la puerta.
-Señorita Halley, como podrá comprobar en estos momentos, su cuerpo está comenzando a alterarse con la sangre.-Dijo avanzando sus pasos hacia la mesa.-Es importante que tenga en cuenta que su mente tiene que tener más poder que su necesidad, este pensamiento la ayudará a la hora de salir fuera y no levantar sospechas.-Dijo cogiendo el cazo llenándolo de sangre hasta desbordarlo sobre la fuente.
-No es aconsejable salir y atacar a todo aquel que se cruce en nuestro camino por que corremos el riesgo de ser descubiertos.-Dijo sin dejar de mover aquel cazo.
Los ojos de Karisma se tornaron de oscuros a rojos, y viceversa.
-Si sospechas que has sido descubierta extermina a tu descubridor, si esto no puede ser posible huye de la ciudad, y bajo ningún concepto delatarás a la familia, ¿entendido?.
-Si señor Akerman.-Contestó llevando una de sus manos a la garganta.-Pero tengo una duda.-Dijo apartando sus ojos de aquella fuente para mirarme fijamente.
-¿Porqué permite que Brandom siga manteniendo con vida a Elizabeth?.-Preguntó volviendo a cruzar su mirada con la de mi padre.
Éste la desvió por un momento para encontrarse con la mía y dejó de juguetear con el cazo.
Sonrió y su pecho pareció volver a hincharse.
-Intento que algún día se dé cuenta por sí solo que es un tremendo error, pero prometí no hacerla nada si mantenía las distancias, ¿no es cierto hijo mío?.-Dijo torciendo su sonrisa.
Mis ojos se clavaron en los suyos y aguanté su penetrante e inquieta mirada, sabía que aquello volvía a ser una amenaza en toda regla.
-Elizabeth no es un error padre, es lo mejor que me ha podido pasar en esta vida inmortal, y de hecho si hubiera otra, la volvería a buscar.-Dije armándome de valor.
Los ojos de Karisma se abrieron del tal manera que captaron mi atención, en su mirada había un dolor profundo y las comisuras de sus labios cayeron hacia abajo.
Sus pasos avanzaron hasta situarse delante de mí, sus ojos buscaron los míos y cuando se encontraron bajaron lentamente hasta mi pecho.
Se quedaron ahí, observando en silencio.
Su mano voló hasta mi pecho y pude ver como una sonrisa amarga dibujaron sus pálidos labios.
-Envidio aquella mujer que tiene tu amor y protección, espero que algún día no tardes en darte cuenta que yo puedo amarte mucho más de lo que puedas llegar a imaginar.-Susurró.
Mi mano se cerró alrededor de su muñeca y ésta alzó su rostro para encontrarse con el mío.
-Lo siento Karisma no es nada personal, pero nadie está a su altura.-Dije fríamente.
Mantuve un duelo de miradas con mi padre y en su rostro se podía apreciar la decepción que le causaron mis palabras.
Mi mandíbula se endureció al igual que todo mi cuerpo, nada ni nadie podría hacerme cambiar de opinión.
Sabía lo que quería y lo que estaría dispuesto hacer si me ponían obstáculos en el camino, giré el pomo de la puerta violentamente y la cerré detrás de mí sin importarme en absoluto quien dejaba atrás.
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