Clan "Inmortales"

miércoles, 26 de octubre de 2011

Capítulo 28-Renacer



Aquellas palabras me habían dejado atónito, ¿cómo podía ser posible que no recordara nada de su antigua vida humana?.
Me acerqué a Karisma con pasos cautelosos y ésta se limpió con rapidez las comisuras de sus labios y acto seguido pasó las manos por su largo vestido color azul oscuro.
-Eso también es normal.-Mentí sin dejar de fruncir el ceño.
-¿Entonces porqué puedo ver en tu mente que me estás mintiendo?.-Preguntó tímidamente.
No supe que contestar, pero sus palabras me recordaron entrar esta vez en la suya y curiosamente, no hallé ningún recuerdo.
Ningún pensamiento, su mente estaba completamente vacía, ni si quiera existía el amor que en su estado humano decía sentir por mí.
-Aprendes con rapidez.-Dije.
-Gracias.-Contestó torciendo su sonrisa.
-Será mejor que mi padre te conteste a tu pregunta, él fue tu creador y él es el que debe de ocuparse de ti.-Dije ocultando mis manos en los bolsillos del pantalón cuando me dispuse a salir por la puerta.
-Brandom, espera.-Dijo poniéndose en pié.-Gracias por recordarme que estoy enamorada de ti.
Mis pasos se detuvieron y cerré mis párpados con fuerza, había dejado mi mente abierta y aquello le había hecho recordar que me amaba, entonces, ¿sólo podían recordar si alguien les hacía ver cómo eran y lo que sentían anteriormente a esta vida?.
-No sabes lo que dices Karisma, ni si quiera me conoces.-Dije intentando arreglar aquel error.
Asintió lentamente con la cabeza y sus ojos rasgados me miraron de arriba abajo maravillada.
-No importa si te conozco o no, tenemos toda una eternidad para hacerlo.-Dijo cuando sus ojos se clavaron en mis labios.-Lo que si sé, es que te amo.-Susurró mirándome fijamente.
-No es posible, los vampiros, no amamos.-Mentí con el fin de que se decepcionase de mí.
-Eso no es cierto, estás enamorado de Liz, puedo verlo dentro de ti.-Dijo avanzando hacia mí.

Una de sus pálidas manos quiso acariciar mi rostro pero la detuve al vuelo.
Sus rasgados ojos tan negros como el abismo se entrecerraron cuando sintió mi incomodidad por aquél acercamiento,frunció el ceño y su mandíbula se endureció.
Acto seguido dio un paso hacia atrás y sus labios se estiraron mostrando una sonrisa.
-No me importa que así sea, conseguirás amarme algún día.-Dijo muy segura de sí misma.
Otro suspiro pesado salió de mi interior y salí de la sala con rapidez dejando a Karisma atrás, no me siguió,cosa que agradecí pues fui en busca de mi padre a toda velocidad.
Se encontraba en el exterior,tomando el aire fresco de la noche acompañado de Near,Estefi y su esposo.
Crucé el jardín dejando a un lado la fuente del sauce,al percatarse de mi presencia,éstos dejaron de susurrar y me recibieron con una amplia sonrisa.
-¿Ya despertó?.-Preguntó mi padre dándose la vuelta para encontrarse con mi rostro.
-Así es,será mejor que vaya y le respondas a unas cuantas preguntas.-Contesté.-Preguntas que yo soy incapaz de responder.-Añadí.
Mi padre frunció el ceño y acto seguido cruzó su azulada mirada con la de Estefi y su esposo.
Near,que no dejaba de mirarme,no borró en ningún momento aquella sonrisa que tanto me incomodaba.
-¿Y ahora padre, qué será lo siguiente que harás?.-Pregunté interrumpiendo aquél silencio.
Éste se giró para encontrarse conmigo llevándose la copa a los labios,su sonrisa se torció hacia un lado y acto seguido dio un último sorbo hasta vaciarla completamente.
-Dejadnos.-Ordenó a los demás.
Antes de que mi hermano mayor pudiera preguntarle si podía estar presente mi padre levantó un dedo sin apartar sus ojos de los míos.
-También tú Near.-Contestó.
Miré por encima del hombro de mi padre hasta encontrarme con la mirada fiera de mi hermano, sus manos se cerraron en un puño y las aletas de su nariz se hincharon volviendo aparecer su mal humor antes de desaparecer de nuestra vista.
-No sé que voy hacer con tu hermano mayor.-Dijo negando con la cabeza mientras avanzó hasta el banco de piedra para dejar descansar aquella copa de cristal.
-Lo que si sé es lo que voy hacer de ti querido hijo.-Añadió volviendo sus pasos hacia mí.
-¿Convertirme en el esposo de tu nueva mascota?.-Dije con cierto aire de sarcasmo.
Éste sonrió y una de sus pálidas y heladas manos la dejó descansar en mi hombro, mi rostro se giró volviendo a llamar mi atención aquél anillo que llevaba en su dedo anular.
Fruncí el ceño apartando la mirada de éste y acto seguido me encontré con la de mi padre, su mano se cerró alrededor de mi hombro e inhaló el aire antes de darme la espalda.
-Karisma no es ninguna mascota hijo, ella te adora y está dispuesta a demostrártelo.-Comenzó a decir.-No seas tan desagradecido y aprovecha esta oportunidad que te ofrezco.
Fruncí el ceño y escondí las manos en el interior de mis pantalones tomando una gran cantidad de aire antes de responder aquellas palabras que no tenían ningún sentido para mí.
-Padre intento entenderte pero no lo consigo.-Contesté.
Sus pálidas manos las escondió tras su espalda donde podía verlas, jugueteaba con su sello y aquella perla color sangre brillaba en la oscuridad de la noche.
-Quiero hacer de ti un hijo ejemplar, un vampiro que podrá sucederme en el caso de que algo me pasara.-Dijo volviendo a girarse.
-¿Y por ello tengo que tomar por compañera a la señorita Halley?.-Pregunté volviendo al tema que realmente me inquietaba.
-Sabes que no podrías sobrellevarlo todo, teniendo a una esposa a tu lado te resultará más fácil ocuparte de lo que durante siglos hemos estado ocultando.-Contestó.
Negué con la cabeza y acto seguido clavé mis ojos en los suyos.
-Tú lo has estado haciendo sin la ayuda de madre.-Dije.
Su pecho se hinchó y sus ojos se desviaron hacia la nada.
-Tienes razón, pero no es eso lo que intento decirte.-Dijo.-Todo vampiro necesitamos algo que nos motive a seguir luchando por nuestra existencia, a crecer.
Mi motivo era tu madre, y cuando ella desapareció ese motivo pasó a ser el de mis hijos, quiero crear un mundo en el que los humanos, pasen a ser sólo un recuerdo de vampiros.-Dijo con la mirada aún perdida.
-¿Por qué padre?.-Pregunté negando con la cabeza cuando la imagen de Liz apareció por mi mente.-¿Por qué les odias?, no todos los humanos son como tu crees.

Su intensa mirada se clavó en mis ojos exigiendo una disculpa por haber osado a decir tales palabras, pero no tenia ninguna intención de hacerlo ,pues era lo que pensaba.
El silencio reinó en aquella oscura noche, unas nubes comenzaron a cerrarse en el cielo ocultando completamente las estrellas, husmeé el aire y éste me aviso de que una tormenta estaba próxima.
Hice caso omiso y me centré más en aquél incómodo silencio esperando que mi padre se le ocurriese decir algo que mereciera la pena escuchar.
-¿Es por madre verdad?.-Rompí el silencio.
Sus hombros se encuadraron y se dirigió a la fuente del sauce llorón para bordearla volviendo a encontrarse con mi rostro que lo observaba con detenimiento.
-Brandom, ya deberias saber que no me gusta hablar de estas cosas, pero si quiero que entiendas el por qué me preocupa que te relaciones con humanos.-Dijo ocultando sus manos nuevamente tras su espalda.
-Mi querida Anette…-Comenzó a decir con la mirada perdida.-Una noche, tu madre salió sola de caza.
En Londres no se hablaba de otra cosa, unos asesinatos que para nada teníamos que ver con ellos, se trataba de un nuevo clan que se estaba extendiendo por todos los países del mundo, un nuevo clan de vampiros recién nacidos.-Dijo sentándose en uno de los bancos de piedra.
Pequeñas gotas de agua comenzaron a impactar contra el suelo, el golpeteo era constante y una brisa fresca comenzó a revolver mis cabellos ocultando mi rostro.
Guardé en mi mente palabra por palabra e intenté entender el por qué de tanto odio por los humanos, hasta ahora no tenía sentido, pero poco a poco iba tomando forma.
-Esa noche estuve especialmente cansado y no pude acompañarla, llevaba varios días sin beber por todo el asunto de los rumores y estuve gravemente enfermo.-Dijo llevando una de sus manos a la frente, cómo si volviera a vivir aquél estado de enfermedad.
-Después de tanto insistir, la dejé ir, y aquellos humanos cazadores con antorchas en las manos salieron al bosque en busca del monstruo.-Dijo ocultando esta vez su rostro.
-Jamás volví a verla, sólo deseo que allá donde se encuentre esté bien y pueda volver a verla, hasta entonces he mantenido y sigo fiel a su recuerdo.-Dijo descubriéndose el rostro sin mirarme.
Aquellos detalles jamás lo había escuchado en los labios de mi padre, hasta donde yo sabía, mi madre había desaparecido hacía años e intuía que tuvieron que ver los humanos con su desaparición.
No estaba del todo seguro de que se encontrase bien, si la habían dado caza, probablemente ya estaría muerta.
Un nudo en el pecho se me creó de tal manera que no había manera de deshacerlo, aquella historia era horrible, pero aún así, mis sentimientos por mi querida humana permanecían intactos.
Mi padre se levantó de su asiento y pasó una mano por mi nuca, descansó su frente sobre la mía mientras que sus ojos azulados brillaron de una manera especial.
-Hijo mío, eres mi orgullo, mi sangre, fruto del amor que tu madre y yo tuvimos,´sé que harás lo correcto.-Susurró.-Si no quieres hacerla tu esposa, aceptaré tu decisión, pero al menos permítela conocerte y deja que se gane tu cariño.
Tú mismo dijiste que no infectarías a Elizabeth para hacerla tuya, por otra parte no puedo permitir que la sigas viendo como humana, y de seguir siendo así, tendré que matarla yo mismo.-Dijo con tono amenazante.-Respeta el odio que siento por ellos, respeta la memoria de tu madre, y te prometo que a ella no le pasará nada.-Añadió cerrando sus brazos alrededor de mi espalda golpeándola con suavidad segundos después.
-Los vampiros no amamos a seres de otra raza, sólo a la nuestra, recuérdalo cada vez que sientas esa necesidad.-Dijo presionando mi hombro.
Palabra por palabra, ahora nada estaba difuso, el odio de mi padre era más que comprensible y yo deberia sentir lo mismo, pero me resultaba imposible.
Podía odiar a los humanos, ¿pero a ella?, era incapaz, ¿por qué no podía odiarla?.
La respuesta era más que clara, yo había venido a este mundo sólo para amarla, para protegerla, y eso no podía cambiarlo mi padre, no podía cambiarlo las normas, ni si quiera el recuerdo de mi olvidada madre.
Me sentí un monstruo por traicionar a mi raza, un monstruo ruin y despreciable y diferente a los demás, pero de igual manera me sentiría si optaba por estar en el bando de los míos, de mi propia sangre.
Por más que me pregunté a mi mismo que debía hacer no hallé ninguna respuesta, seguía necesitando tiempo para pensar que hacer, como actuar y que decisión tomar.
Negué con la cabeza e inhalé el aire frío de la noche, escondí todas mis dudas e inquietudes en una puerta del interior de mi mente y cerré con llave impidiendo que mi padre tuviera acceso a ellos.
Mi amor por Liz era demasiado grande, demasiado real y aquél amor sabía que me llevaría a la muerte y al desprecio por todos, por ambas partes, tanto vampiros como humanos, ese riesgo, lo conocía desde el principio.
-¿Te inquieta algo hijo?.-Preguntó buscando mis ojos.
Mis cabellos mojados ocultaron una buena parte de mi rostro y alcé mi mirada para encontrarme con la suya, apreté mis dientes intentando sacar el valor que tanto buscaba en mi interior y encontré aquella motivación que mi padre me había hablado momentos antes.
Negué con la cabeza mientras que una de mis manos se cerraron en un puño.
-Amo a Elizabeth padre, prefiero estar muerto si me impides que vuelva a verla.-Dije con la voz tan dura y fría como el hielo.
Sus labios se estiraron mostrando una sonrisa volviendo a presionar mi hombro con fuerza.
-Te he dicho demasiado esta noche, lo único que necesitas es recapacitar y pensar muy bien todo esto, no te preocupes más, vayamos a ver como está la señorita Halley.-Dijo como si no le importase en absoluto lo que le acababa de decir.
Sabía mi decisión, es más, esta vez se lo había dejado ver a través de mis pensamientos, pero al parecer no le dio la mínima importancia.
Sus pasos se dirigieron a la mansión mientras que me quedé ahí, inmóvil dejando que la lluvia calara todo mi cuerpo.
-¿Por qué no puede recordar nada?.-Pregunté cuando estuvo lo bastante lejos.
Sus pasos se detuvieron por un momento, seguía dándome la espalda y su rostro se giró hacia un lado sin mirarme.
-A todos les ocurre la primera vez.-Dijo.-Vayamos dentro, está lloviendo demasiado.-Añadió.
Le seguí a toda velocidad hasta llegar a su altura y juntos atravesamos la puerta principal de la mansión.
August, el mayordomo, se apresuró a quitarle la chaqueta para poco después dejarla en el perchero de madera.
-Espera aquí.-Me ordenó antes de atravesar la sala en la que se encontraba la señorita Halley.
-No padre, prefiero estar presente.-Dije.-Si no tienes ningún inconveniente por supuesto.-Le desafié.
Quería saber de sus labios todo aquello que desconocía, si iba a ser su sucesor, debería de estar al tanto de ciertos detalles.
Mi padre amplió su sonrisa al leer mis pensamientos e hizo un gesto con su mano para que me adelantase.
Incliné mi cabeza en respuesta a tal detalle por su parte e irrumpí en la sala donde se encontraba Karisma engullendo sangre de una enorme fuente plateada.

Al percatarse de nuestra presencia mostró sus dientes intentando proteger su banquete, hilos de sangre corrían velozmente por su barbilla y ésta se llevó un paño hasta ella para limpiarse rápidamente.
Mi padre alzó su mano para tranquilizarla y caminó hasta ella con pasos cautelosos mientras que yo me quedé inmóvil en el umbral de la puerta.
-Lo siento señor Akerman, no sé como controlar mi ansia, tengo muchísima sed.-Se disculpó limpiando con fuerza su barbilla.
-No te preocupes, pronto comenzarás a controlarlo.-Dijo relajando sus hombros.-Brandom,¿puedes decirle al servicio que traigan a la señorita Halley más sangre por favor?.-Preguntó volviendo su rostro.
Fruncí el ceño y acto seguido dí un suspiro frustrado en el aire.
-No empiece sin mí padre. Enseguida vuelvo.
Salí de aquella sala a toda velocidad siguiendo el olor de Dorothy, la hallé en la cocina, sentada con las manos cruzadas sobre la mesa.
-Dorothy, ¿podrías llevar más sangre a la sala de estar?.-Pregunté mirando hacia atrás cuando los demás miembros del servicio nos dejaron solos.
-Enseguida mi niño.-Contestó con la mirada perdida.
-¿Te encuentras bien?.-Pregunté preocupado.
El ama de llaves se levantó lentamente de su asiento y se dirigió hacia mi mostrando una sonrisa dulce, me acarició el rostro con su cálida mano y acto seguido me dio la espalda para dirigirse a preparar lo que la había ordenado.
Aquella sonrisa bien podría ser una respuesta a mi pregunta pero aún así me daba la sensación de que a Dorothy le ocurría algo más serio.
No quise volver a preguntar, pues mi prioridad ahora era volver cuanto antes a la sala para saber de primera mano aquello que desconocía sobre la conversión de un humano a vampiro.
Volé hasta aquella habitación y me encontré a Karisma sentada cómodamente en el sofá, a su lado se encontraba mi padre hablando con ella, cuando notaron mi presencia la voz de mi padre se detuvo.
Karisma se puso en pié y mostró una amplia sonrisa cuando me vio atravesar el umbral de la puerta, le respondí torciendo la mía hacia un lado y tomé asiento para que la señorita Halley hiciera exactamente lo mismo.
-¿Y bien?.-Comencé a decir y acto seguido me aclaré la garganta.-¿De que estabais hablando padre?.-Pregunté intentando averiguar su respuesta.
Éste sonrió y pasó una de las manos por sus cabellos rubios.
-De nada, estábamos esperando tu llegada,¿verdad señorita Halley?.
-Verdad.-Sonrió nerviosamente.
Mi padre sonrió, acto seguido cruzó sus piernas y entrelazó los dedos de sus manos, me dedicó una rápida mirada para después dedicar su atención a Karisma.
-Bien señorita Halley voy a explicarle y contestar a sus inquietudes.-Comenzó a decir.-Es muy común que al ser un vampiro recién nacido su cuerpo necesite beber para saciar su sed.
Ya no necesitará jamás alimentarse de comida humana, es más si lo intenta,su cuerpo no lo toleraría y podría morir,esto es debido a que ha cambiado su metabolismo y sus células no son las mismas que cuando era una simple humana.-Hizo una pausa para mirarme y acto seguido prosiguió con su brillante explicación.-La sangre tiene varias funciones para el vampiro,la más importante es la del transporte de oxigeno desde el cerebro al resto de nuestro cuerpo. Su cuerpo necesitará sangre humana o animal para poder mantenerse viva y fuerte, siempre recomiendo sangre humana ya que tiene mejores propiedades que la sangre animal.-Dijo con una sonrisa.
-La sangre animal igualmente proporciona fuerza y larga vida al vampiro, no en un mayor nivel en lo que a fuerza se refiere, pero se puede vivir.-Opiné.
Mi padre me fulminó con la mirada e hice un gesto para disculparme. Su voz comenzó a sonar de nuevo en aquella sala y dejé que prosiguiera con su entretenida explicación al nuevo monstruo.
-Probablemente en ocasiones se sentirá muy confusa respecto a los recuerdos, deberá tener presente que si ahora es inmortal es por que en su vida humana no encontró lo que verdaderamente estaba buscando.-Dijo incorporando su cuerpo del sofá.-Que no era dichosa en la antigua vida y que en ésta podrá tener la oportunidad de ser libre y feliz.
Dí un largo suspiro, esta vez de frustración.
Aquellas frías palabras de mi padre rebotaron en mi cabeza como las campanas que se escuchaban a lo lejos en la gran torre del reloj.
Se equivocaba, en esta vida inmortal jamás podría encontrar la felicidad, si aquella joven supiera lo que algunos vampiros darían por tener una vida tan simple y compleja como la de un humano…jamás optarían por tener esta.
Una vida inmortal con leyes crueles, jamás podría ser libre el cien por cien. Escuchando las palabras de mi padre eran como las de un vendedor desesperado, vendiendo un producto con una bonita portada y en su interior sólo se hallaba una gran mentira.
-Ahora recordará lo que en su vida humana me comentó una vez, que no era feliz, que su padre y hermana estaban enfermos y eso le producía desesperación e impotencia.-Dijo mi padre refrescando sus recuerdos humanos.
Karisma cruzó los dedos de sus manos y acto seguido agarró sus vestidos con fuerza cuando aquel recuerdo llenó por completo su mente.
Mi padre sonrió y su pecho se hinchó para tomar una gran cantidad de aire.
-Desesperación porque tenía que estar a su cargo y le impedía hacer muchas cosas en su vida. Impotencia por que más de una vez ha deseado con todas sus fuerzas que desaparecieran, incluso ha llegado a desear sus muertes.-Sonrió.
-¡Basta padre!.-Grité poniéndome en pié.-¡Basta!.
-Brandom, vuelve a sentarte o tendré que pedirte que salgas de aquí.-Dijo con la mirada fija en el rostro de Karisma.
Ésta estuvo sumergida en sus pensamientos con la mirada clavada en su regazo. Aquellos amargos recuerdos volvieron a perturbar su mente.
Caminé por la sala de un lado a otro pasando continuamente la mano por mis húmedos cabellos negros.
Lo que pretendía despertar mi padre en aquella joven era su ira, comprobar si podía ser una fiera asesina, una candidata perfecta para ser mi futura esposa.
La vida de la señorita Halley en su estado humano no parecía haber sido demasiado buena, pero por ello mi padre no debía inculcarle algo tan evidente, tan cruel.
-Debes matarlos Karisma, debes liberar el sufrimiento que te han causado.-Dijo con voz fría.
-¡Padre, esto no es necesario!.-Grité.-Karisma, te necesitaban, estoy seguro de que ellos te lo agradecieron cada segundo de sus vidas. Comencé a decir.-Probablemente perdiste parte de tu vida en cuidarlos pero el tiempo te compensará generosamente. No tienes por que matarlos, déjalos vivir el tiempo que les quede sin ti.
Karisma entró en un estado de shock y su cabeza parecía temblar al igual que sus hombros.
Parecía como si un torrente de recuerdos la azotaran violentamente,segundos después todo quedó reducido a un silencio incómodo.
-¡Brandom!.-Gritó mi padre enfurecido.-¡Sal inmediatamente de aquí!.
-Señor Akerman.-Susurró la joven volviendo a un estado más tranquilo después de un largo silencio.-No es necesario.-Dijo con la mirada en su regazo.
Alzó por un momento la cabeza, su cabello largo y de un negro abismo ocultaba parte de su rostro. Sus ojos se tornaron a un rojo sangre y miraron fijamente a los míos.
-Ahora lo recuerdo todo, todo lo relacionado con mi vida pasada, no es necesario que me recuerden más.-Dijo con un tono de voz diferente.-Debo cerrar puertas y comenzar mi nueva vida.
Fruncí el ceño en intenté entrar en su mente para saber a que se refería con cerrar puertas, mi padre dejó de tener esa fiera mirada para dedicar una amplia sonrisa a la señorita Halley.
-Brandom, lo que daré a mi familia es una muerte rápida para liberarles de su sufrimiento, tu padre tiene razón.
No tiene sentido dejarles vivir si ya no voy a poder ayudarles más.-Dijo poniéndose en pié cuando captó el olor a sangre.
-Definitivamente es un error.-Dije negando con la cabeza.
-Es la mejor decisión.-Añadió mi padre sin borrar su sonrisa.
Unos nudillos tocaron la puerta de madera con suavidad, el olor a sangre provenía desde el otro lado.
Giré el pomo con fuerza y me encontré con el rostro preocupado de Dorothy.
-Señor Akerman, les traigo la sangre.-Anunció.
-Pase Dorothy, deje la fuente sobre la mesa por favor.-Dijo mi padre.
Asintió con la cabeza y le dedicó una rápida mirada a Karisma.

La señorita Halley parecía bailar sus vestidos con las manos muy sonriente cuando cruzó la mirada con el ama de llaves, Dorothy agachó su mirada hacia su mandil y salió por la puerta.
-Señorita Halley, como podrá comprobar en estos momentos, su cuerpo está comenzando a alterarse con la sangre.-Dijo avanzando sus pasos hacia la mesa.-Es importante que tenga en cuenta que su mente tiene que tener más poder que su necesidad, este pensamiento la ayudará a la hora de salir fuera y no levantar sospechas.-Dijo cogiendo el cazo llenándolo de sangre hasta desbordarlo sobre la fuente.
-No es aconsejable salir y atacar a todo aquel que se cruce en nuestro camino por que corremos el riesgo de ser descubiertos.-Dijo sin dejar de mover aquel cazo.
Los ojos de Karisma se tornaron de oscuros a rojos, y viceversa.
-Si sospechas que has sido descubierta extermina a tu descubridor, si esto no puede ser posible huye de la ciudad, y bajo ningún concepto delatarás a la familia, ¿entendido?.
-Si señor Akerman.-Contestó llevando una de sus manos a la garganta.-Pero tengo una duda.-Dijo apartando sus ojos de aquella fuente para mirarme fijamente.
-¿Porqué permite que Brandom siga manteniendo con vida a Elizabeth?.-Preguntó volviendo a cruzar su mirada con la de mi padre.
Éste la desvió por un momento para encontrarse con la mía y dejó de juguetear con el cazo.
Sonrió y su pecho pareció volver a hincharse.
-Intento que algún día se dé cuenta por sí solo que es un tremendo error, pero prometí no hacerla nada si mantenía las distancias, ¿no es cierto hijo mío?.-Dijo torciendo su sonrisa.
Mis ojos se clavaron en los suyos y aguanté su penetrante e inquieta mirada, sabía que aquello volvía a ser una amenaza en toda regla.
-Elizabeth no es un error padre, es lo mejor que me ha podido pasar en esta vida inmortal, y de hecho si hubiera otra, la volvería a buscar.-Dije armándome de valor.
Los ojos de Karisma se abrieron del tal manera que captaron mi atención, en su mirada había un dolor profundo y las comisuras de sus labios cayeron hacia abajo.
Sus pasos avanzaron hasta situarse delante de mí, sus ojos buscaron los míos y cuando se encontraron bajaron lentamente hasta mi pecho.
Se quedaron ahí, observando en silencio.
Su mano voló hasta mi pecho y pude ver como una sonrisa amarga dibujaron sus pálidos labios.
-Envidio aquella mujer que tiene tu amor y protección, espero que algún día no tardes en darte cuenta que yo puedo amarte mucho más de lo que puedas llegar a imaginar.-Susurró.
Mi mano se cerró alrededor de su muñeca y ésta alzó su rostro para encontrarse con el mío.
-Lo siento Karisma no es nada personal, pero nadie está a su altura.-Dije fríamente.
Mantuve un duelo de miradas con mi padre y en su rostro se podía apreciar la decepción que le causaron mis palabras.
Mi mandíbula se endureció al igual que todo mi cuerpo, nada ni nadie podría hacerme cambiar de opinión.
Sabía lo que quería y lo que estaría dispuesto hacer si me ponían obstáculos en el camino, giré el pomo de la puerta violentamente y la cerré detrás de mí sin importarme en absoluto quien dejaba atrás.

sábado, 20 de agosto de 2011

Capítulo 27-Conversión



Una vez que la conversación dio por terminada en la entrada principal de nuestra casa, me dirigí a mi dormitorio para reflexionar sobre las palabras amenazantes de mi padre.
De algo si estuve completamente seguro en todo momento, no renunciar a Elizabeth por nada del mundo.
Sabía y entendía que la estaba poniendo en peligro, pero era perfectamente capaz de protegerla yo solo, sin la ayuda de nadie más y estaba dispuesto hacerlo.
Accedí minutos después ante las palabras de mi padre, no me acercaría de nuevo a un humano excepto que fuera estrictamente necesario, de manera que la necesidad que sentía de estar junto a Elizabeth era todo el tiempo, pero este pequeño detalle no se lo había explicado a mi padre y tampoco le dejé ver mis pensamientos, simplemente acepté su consejo para ganar tiempo.

Tiempo para pensar y tomar grandes decisiones.
Barajé la posibilidad de llevármela lejos, pero aquello no era una idea brillante, Elizabeth aún era una niña y sus padres no me darían su consentimiento.
Tampoco podríamos escaparnos así como así, Liz sufriría a diario al saber que sus padres no sabrían nada de su paradero y aquello probablemente la haría infeliz.
Por otra parte, todo el clan vampiro barrería el país hasta darnos caza por la deshonra, ¿qué podría hacer?.
Estaba claro que hablar con mi padre era prácticamente imposible, y mucho menos hacerle entrar en razón,
Debía pensar en algo, tenía que hacerlo antes de que el asunto se complicase aún más.
-¿Brandom?.-Me interrumpió la inquietante voz de Mary que esperaba al otro lado de la puerta.
Deshice el grueso nudo de mi corbata oscura con mis manos y me apresuré a recibirla.
Al encontrarme con su rostro le dediqué una sonrisa esperando calmar sus inquietantes pensamientos.
-Mary, no va a ocurrir nada, quédate tranquila.-Dije muy calmado.
-¿Cómo puedes pedirme que me calme cuando las cosas no van nada bien?.-Contestó angustiada una vez se halló dentro de mi dormitorio.
-Padre quiere que bajes a la sala de estar, está reunido con Near, Estefi, su esposo y Karisma.-Dijo en un susurro.
Fruncí el ceño encontrándome con los ojos de mi hermana preguntándome que hacía ella en la mansión.
-No lo sé, pero padre quiere que te reúnas con ellos lo antes posible.-Contestó con rapidez.
Su garganta pareció dificultarse en la última frase.
-¿Qué ocurre Mary?.-Me preocupé.
Mi hermana negó con la cabeza y acto seguido estiró sus pálidos labios para dibujar una sonrisa.
-No es nada.-Contestó.-Es sólo que a mi no se me permite asistir, y francamente no entiendo el porqué si yo también pertenezco a esta familia.-Dijo encogiéndose de hombros.
Una sonrisa apareció fugazmente por mis labios y acto seguido froté su brazo con cariño.
-Tal vez sea por que siempre estás de mi parte y padre sabe lo mucho que te incomodan nuestras discusiones familiares.-Contesté volviendo a sonreír.
-Muy considerado de su parte, lo que no entiendo es por qué Karisma si tiene que estar ahí abajo.-Dijo muy molesta.
Un suspiro pesado salió de mi interior sin previo aviso, algo volvió a inquietarme y no estaba completamente seguro de lo que podría ser, pero tendría mucho que ver con aquella humana que estaba reunida con mi familia en esos momentos, Karisma Halley.

-Ah, mi querido hijo a querido honrarnos con su agradable presencia.-Anunció mi padre cuando atravesé el umbral de la puerta.
Estefi y su esposo ocupaban el sofá de color verde oscuro y parecía que estaban susurrando entre ellos sin apartar los ojos de mi rostro.
No le dí importancia, acto seguido pasé por delante de Near que estaba cómodamente sentado en una silla de madera con las piernas cruzadas y sosteniendo una copa de de cristal en su mano.
Sus ojos ensangrentados se clavaron en los míos y dibujó una sonrisa en sus labios, era un signo claro de que comenzaba a volver a provocarme.
Hice caso omiso a su presencia y me dirigí a saludar a la señorita Halley que curiosamente ese día estuvo de lo más nerviosa, y no era de extrañar, sabía lo que éramos y aún así no parecía importarle estar rodeada de vampiros.

Al tomar su mano para besarla ésta temblaba y una risa nerviosa se escuchó en la sala de estar, intenté leer sus pensamientos cuando estuve lo bastante cerca de ella, pero me resultaba imposible, parecía estar cerca de un vampiro más al juzgar por aquella mente cerrada.
Mi padre hizo un gesto con su mano para que tomara asiento junto a Karisma y obedecí esperando saber de que se trataba aquella misteriosa reunión.
Mis ojos se desviaron para mirar con detenimiento a Karisma y ésta apartó la mirada tan pronto se percató de mi intención.
Sus cabellos negros estaban recogidos, mis ojos bajaron hasta su cuello desnudo, por un segundo vi latir su vena con fuerza y tuve que mirar hacia otro lado evitando atacarla allí mismo.
-Brandom, probablemente te preguntarás que hace aquí la señorita Halley.-Comenzó a decir mi padre mientras sus pasos se dirigieron hacia el mueble donde se hallaban todas las copas de cristal fino.
Cogió una entre sus manos y acto seguido fue hacia la mesa donde se encontraba un cuenco plateado lleno de sangre.
-Exacto.-Contesté.
Rellenó con sangre su copa de cristal y tomó un trago largo, mis ojos volvieron a observar el rostro de aquella joven intentado ver alguna muestra de repulsión, pero su rostro era de lo más inexpresivo, era como si aquello lo hubiese visto a lo largo de su vida y no le sorprendía en absoluto.
-Cómo ya sabrás, la señorita Halley sabe lo que somos, yo mismo le revelé nuestro secreto, si está presente hoy entre nosotros es por que hoy, ha llegado el momento de que pase de ser una simple mortal a un miembro más en la familia, una de nosotros.-Dijo alzando su copa a la misma vez que los demás.
Me levanté de mi asiento con el ceño fruncido y aquella humana de mente cerrada buscó en mis ojos algo que yo solamente sabía, algo tramaba mi padre y pude entender de que se trataba.
-Brandom, sientate.-Me ordenó mi padre presionando mi hombro con fuerza hasta obligarme a tomar asiento.
Mi respiración se agitó de manera descontrolada, aquello no podía estar ocurriendo, el plan de mi padre era tan obvio, pretendía pasar el virus a Karisma para así convertirla en mi esposa poco después.
Quería apartarme de Elizabeth a toda costa, y que mejor que tomar a una humana, infectarla para convertirla en vampiro,que siguiera todos mis pasos y eliminase toda forma de vida que se me acercase.
-Ahora, nosotros nos retiraremos y quiero que tú, pases a darle la vida eterna que le corresponde.-Dijo dirigiendo sus pasos hacia la puerta.
-No, ¡no le corresponde esto, no puedo infectarla, no quiero convertirla en mi esposa!.-Grité con todas mis fuerzas.
-¡Brandom, Brandom por favor!.-Grito Karisma tomándome la mano con fuerza.-¡Yo no quiero ser humana, mi…novio me abandonó, mi padre y mi hermana están gravemente enfermos estoy prácticamente sola en esta vida, y…-Se detuvo cerrando sus rasgados ojos.-Te quiero desde hace un tiempo, te quiero con locura y no me he atrevido a decírtelo hasta ahora pero, tu padre si conocía mis sentimientos y sólo está intentando que me acerque a ti para que me des una oportunidad.-Dijo con un hilo de voz.
Seguí sin saber cual eran sus intenciones pero no tenían que estar demasiado lejos con todo lo que acababa de decir, me había dejado atónito, jamás me había encontrado en aquella situación y solo deseaba salir de ella y hacerla entrar en razón.
Los demás presentes salieron de la sala cuando mi padre les dio la orden, y él permaneció en la entrada viendo aquél siniestro teatro que había creado.
-Karisma, agradezco tus palabras pero no puedes amarme a mí, es una locura, y la mayor locura que puedes cometer es vivir en inmortalidad, ser un asesino y matar y beber sangre de los tuyos.-Dije tomándola por los brazos.-No te arrebates a ti misma tu vida humana por que a diferencia de lo que piensen los que son como yo, deseamos estar vivos.
-¡Brandom, no vuelvas a repetir eso y hazlo, dale la vida eterna ahora mismo!.-Grití mi padre desde el otro lado con las manos cerradas en un puño.-¡Hazlo de una vez!.-Volvió a gritar.
-Brandom por favor, no enfades a tu padre y hazlo de una vez.-Dijo enseñando parte de su cuello.
Cerré los ojos con fuerza intentando evitar tocarla, mientras que por otra parte mi padre gritaba enfurecido obligándome hacerlo, y en el centro estaba ella, mi hermosa y querida humana.
Aquél pensamiento fue poderoso y me llenó de una fuerza brutal, pues mis ojos se abrieron y se tornaron de color oscuro al encontrarme con la mirada azulada de mi padre.
-¡Ella jamás será tuya!.-Gritó cuando irrumpió en mis pensamientos.
-Karisma tampoco lo será, no voy hacerlo padre, ya no.-Dije entre dientes.
-Tu padre dijo que estás enamorado de una humana, de la hija del tallista, los Jenzen. Pero óyeme bien, sé que puedo hacerte feliz, sé que puedo hacerte olvidarla, sólo tómame y comprobarás que es cierto todo lo que te he dicho.-Dijo muy segura de sus palabras.
Dudé demasiado de sus palabras, pues jamás conseguiría lo que era imposible, nadie me haría olvidarla aún si dejase de existir, nadie podría hacerme feliz si Elizabeth no estuviera a mi lado y nunca más, existiría otro amor como el que ella me había dado.
.-Vete a casa, y no vuelvas por aquí nunca más.-La aconsejé.
-¡Maldita sea, hazlo de una vez!.-Gritó con fuerza.
-¡No padre, esto se acabó!.-Contesté cuando me liberé de las manos de aquella joven y pasé por el lado de mi padre.
-¡Esta bien, yo decido cuando se ha acabado!.-Dijo enfurecido dirigiéndose a Karisma tomándola por la cintura.
Me dí la vuelta con rapidez cuando escuché el sonido que emitió la garganta de mi padre al tomar su sangre.
En ese preciso momento el corazón de Karisma latió con rapidez y sus ojos abiertos me miraron a la misma vez que mostraba una sonrisa forzada, mi padre la dejó caer al suelo y se dio la vuelta para encontrarse conmigo.
Sus labios se estiraron dejando ver sus afilados dientes ensangrentados y acto seguido se limpió con la base de su mano, dio unos pasos en mi dirección y noté su aliento a sangre a centímetros de mi rostro.
-Ahora sí hijo, se ha acabado, quédate con ella cuando se despierte y enséñale todas las maravillas que nuestra especie es capaz de hacer.-Dijo con la respiración entrecortada.
Cerré mis ojos con fuerza por un segundo y cuando los volví abrir había desaparecido de mi vista, sólo estaba aquella joven tirada en la alfombra de la sala de estar con el cuello ensangrentado.
Las venas de esté comenzaron a hincharse y a ponerse oscuras, era evidente que el virus estaba empezando a contaminar su sangre y muy pronto su corazón dejaría de latir.

Su cuerpo comenzó a estirarse dí unos pasos hacia delante para cerrar la puerta detrás de mí y apoyé la espalda contra ella observando aquél estado de dolor que probablemente estaría pasando Karisma.
Su cuerpo comenzó a convulsionar rápidamente, sus gritos eran desgarradores, imaginaba que aquello debería de ser como si te quemaran en una hoguera, dicho por humanos que han optado por ser vampiros, el paso de dejar la vida humana para tomar esta resultaba muy dolorosa, tanto que aún podrías recordar el dolor que suponía la conversión.
Por un segundo, me alegré de haber nacido siendo vampiro, pero por otro, se estaba convirtiendo en una pesadilla, sobre todo el no poder tomar mis propias decisiones y estar obedeciendo las leyes toda una inmortalidad.
El cuerpo de Karisma se doblaba e intentaba liberarse de aquél terrible dolor, seguramente en su interior estaría pensando que aquello no había sido una buena idea y solo deseaba que terminase cuanto antes, hasta que por fin su cuerpo se detuvo y abrió sus rasgados ojos intentado buscar los míos.
En ese momento su corazón dejó de latir, murió contemplando mi rostro horrorizado, y curiosamente volvió a nacer en mi mundo oscuro volviendo a contemplar la misma expresión de horror.
Al nacer, su piel pasó de ser morena a pálida, sus cabellos negros estaban revueltos y pestañeó un par de veces frunciendo el ceño.
Sus ojos rasgados eran muy diferentes ahora, seguían manteniendo su color castaño, excepto por una fina película alrededor de color rojo sangre.
Se llevó las manos hasta ellos mientras rodaba por la alfombra intentando evitar la luz artificial de las lámparas, fui hasta ellas y le dí a la pequeña rueda hasta dejarla en penumbra.
-¿Te encuentras bien?.-Pregunté lo más lejos posible de ella.
Un humano que ha pasado por la conversión resultaba violento en sus primeros meses de vida, no era demasiado prudente estar lo bastante cerca de manera que tenía que ganar su confianza.
Fui hasta la mesa donde se encontraba aquél cuenco plateado para llenar una copa de sangre, Karisma permanecía tumbada dando vueltas por la alfombra observando todo lo que sus ojos de vampiro la regalaban.
-Puedo escuchar a los ratones en el desván y a las hormigas morder las hojas del jardín, ¿puedes oírlo, lo oyes?.-Susurró maravillada.
Me puse en cuclillas y alargué mi mano ofreciéndole aquella jugosa copa de sangre.
-Si, yo también lo oigo.-Contesté.
Sus ojos enloquecieron cuando detecto su olfato el olor a sangre, me arrebató la copa llevándosela a los labios y parte de la sangre se le derramo por la barbilla.
-Lo siento, no se como controlarme.-Se disculpó lamiéndose con fuerza los labios.
-Es algo muy normal, pronto aprenderás a controlarte y por el bien de todos, espero que lo consigas pronto.-Dije.
Sus ojos parecían perderse por toda la sala y cuando se encontraba con los míos volvía a parecer ruborizarse.
-Karisma, mi intención ahora no es provocarte, pero quiero que sepas que jamás podré corresponderte como te mereces, has cometido una locura al querer dejar tu vida humana para tomar esta,pero quiero que sepas que en todo momento tendrás mi amistad y te ayudaré siempre que lo necesites.-Dije poniendome en pié para dirigirme al ventanal.
Después de dos largos minutos me dí la vuelta inquieto por el silencio que reinaba en la sala, Karisma estaba sentada en la misma alfombra y me miraba confusa, como si lo que acababa de decir resultase nuevo para ella.
-¿Ocurre algo Karisma, estas bien?.-Pregunté extrañado.
Asintió una sola vez con la cabeza y volvió a encontrarse con mis ojos.
-¿Qué quieres decir con que he dejado mi vida humana?.-Preguntó con el ceño fruncido.
Mis labios se despegaron por un momento al averiguar que aquella joven no recordaba absolutamente nada de su vida humana, era como si aquel virus hubiese borrado todos sus recuerdos y hubiese vuelto a nacer sin mantener ninguno de ellos.

domingo, 10 de julio de 2011

Capítulo 26-Amenaza

Fruncí el ceño cuando aquel latido sonaba una y otra vez detrás de aquella puerta, agudicé mis oídos intentando buscar alguna voz pero no pude escuchar nada más excepto aquél palpitante corazón.
Acaricié la puerta con mis dedos mientras despegaba mi rostro de ésta, no entendía a que había venido mi padre a ese lugar, los vampiros no hacíamos prisioneros, y mucho menos ocultarlos a los demás miembros de la familia.
Cuantas más preguntas me hacía el subconsciente, más me intrigaba el misterio que flotaba a mi alrededor, pero mi curiosidad por averiguar que era lo que estaba ocurriendo podría costarme caro.
Deseaba cruzar aquella puerta y averiguarlo pero lo último que quería era ver a mi padre enfadado por entrometerme en sus asuntos, pues tenía que hablar con él y decirle que me había enamorado de una humana y no era una buena idea enfadarlo antes de la conversación, aunque de todos modos se iba a enfurecer.

Unos pasos se acercaron al otro lado de la puerta, me oculté detrás del muro de piedra que estaba situado en el centro de las escaleras de caracol, bajé unos peldaños y me detuve para poder escuchar de cerca.
-Steven, si quieres un consejo, no vuelvas a ponerte perfume de humanos, es incómodo tener que olerte.-Le sugirió mi padre arrugando su nariz.
Giré mi rostro y aspiré el olor que desprendía mi oscura capa, aquél perfume había sido una mala idea, la suerte era que el vampiro que estaba junto a mi padre se perfumaba, no quería imaginar si me hubiesen descubierto por aquél horrible olor.
Aquél vampiro sonrió y el que custodiaba la puerta la cerró cuando salieron por ella, acto seguido se colgó la llave en el cuello y ocultó sus manos detrás de su espalda volviendo a su posición.
-No vendré hasta pasados unos días, cuidad de que no se haga daño.-Les dijo.
-Descuide señor Akerman.-Contestó el vampiro.
Se dirigieron a la escalera de caracol, bajé a toda velocidad antes de dejar mi olor cerca de ellos y volví aquella habitación polvorienta para salir por la ventana.
El sol se había ocultado por unas nubes grisáceas, me puse la capucha de todos modos y bordeé el castillo con sigilo hasta llegar a mi caballo desatando las riendas con rapidez.
Quería llegar a la mansión antes que él para no causar sospechas, monté sobre fénix y emprendí al galope hacia Londres.
Una polvareda iba dejando detrás de mí mientras que el viento azotaba mi rostro, no era el momento de averiguar lo que mi padre ocultaba en aquélla habitación, tampoco me importaba demasiado, lo que verdaderamente me importaba ahora, era su aprobación de mi amor por mi dulce humana.
Al llegar a la parte trasera de la mansión mi hermana me esperaba inquieta y con los ojos llenos de preguntas.
Se apresuró abrir la verja mientras que la dejé introducirse en mis pensamientos.
-¿Un humano?.-Preguntó mientras sostenía las riendas.
Asentí con la cabeza y descubrí mi rostro al ver que las nubes ocultaban el sol.
-¿Pero para que?.-Preguntó frunciendo el ceño.
-No lo sé, pero eso es algo que tendré que averiguar.-Contesté cerrando la puerta del cobertizo una vez que Fénix se halló en el interior.
-¿Y por que no le preguntas directamente antes que hacer algo que le pondrá furioso?.-Preguntó cuando nos dirigimos al interior de la mansión.
-Por que sabes tan bien como yo que nunca nos va a responder.-Contesté.
-No puede ser que padre esté secuestrando a humanos, no hacemos prisioneros Brandom.-Se inquietó.
-Eso es lo que me preocupa, imagina que ese humano pueda liberarse de su encarcelamiento, sería el fin para nosotros.-Comencé a decir.-Otra cosa es que lo esté reteniendo ahí para infectarle, mencionó que no volvería en unos días, si pasados esos días vuelve y lo infecta no habrá problemas pero si no es así tengo que averiguar para que lo necesita.

Mi hermana pasó la mano por su rostro y en su mirada pude ver su inquietud.
-Brandom,si ese humano está encerrado significa que no ha hecho ningún acuerdo con padre, es obvio que no está hay por su propia voluntad.-Dijo mientras avanzábamos juntos hacia el interior de la mansión.-Nosotros no actuamos así, si quieren servir a nuestro padre es por que ellos mismos piden ser convertidos.-Dijo aclarando su garganta segundos después.
Me detuve a pensar en las palabras de Mary, clavé mis ojos en el suelo antes de subir las escaleras que conducían a la puerta principal de la mansión, mi hermana estudió mi rostro y se detuvo frente a mí observándolo con detenimiento.
-Tal vez ese humano le interese demasiado y éste no quiere ser convertido, puede que esté esperando a que él mismo se lo pida.-Dije entrecerrando mis ojos.
-Eso tampoco puede ser posible, si padre estuviese muy interesado en él acabará convirtiéndolo en inmortal, se lo pida o no.-Dijo en un susurro.-Como dije antes nosotros no actuamos así, al menos eso pensaba, pero viendo que padre tiene sus propios planes sin contar con la familia, me atrevería a pensar que hará lo que quiera con él.
-Tienes razón.-Dije aún con la mirada clavada en el suelo.-Pero entonces, ¿a qué está esperando para infectarle?.-Pregunté a mis pensamientos a los que mi hermana quiso contestar.
-Sólo hay una manera de saberlo.-Contestó haciendo que mis ojos se encontrasen con los suyos.-Preguntándoselo.-Añadió.
Negué con la cabeza y mi hermana dio un suspiro largo y pesado.
-No dirá nada, es inútil preguntarle tal cosa.-Dije subiendo los peldaños de piedra.
Mary agarró con las manos sus vestidos de color verde oscuro y me siguió de cerca.
-¿Entonces que sugieres, seguirle?.-Preguntó con la esperanza de que le dijera que no.
-Es la única manera de poder averiguarlo Mary.-Contesté rotundamente.
-No, esa no es la manera.-Dijo enfadada cuando estuvimos frente a la puerta principal.-¿Por qué no olvidamos este asunto?.-Preguntó angustiada.
En ese momento las puertas de la mansión se abrieron para recibirnos, el mayordomo estaba en el lado derecho y nos saludo inclinando la cabeza.
Miré a mi hermana por un segundo y la contesté a través de mis pensamientos.
-Por que no puedo.-Acto seguido crucé la puerta y en la barandilla de la escalera central se encontraba Near sosteniendo en su mano una copa de sangre.
-¿No me digas que vienes de volver a ver a tu humana?.-Preguntó con una sonrisa en sus labios.
-Has acertado, ¿ha vuelto padre?.-Pregunté intentando no levantar sospechas.
Tomó un trago de su copa hasta vaciarla y acto seguido se lamió los labios.
-No.-Contestó.-¿Y tú Mary, que opinas de que nuestro hermano esté viéndose con nuestro enemigo natural?.-Preguntó avanzando hacia nosotros.
-Los humanos no son nuestros enemigos Near.-Contestó aguantando su penetrante mirada.
Mi hermano esbozó una carcajada que hizo que toda la mansión repitiera la misma.
-¿En serio?.-Preguntó sin dejar de carcajear.-¿Pero que le has dicho querido hermano?.-Preguntó mientras se llevaba la base de la mano a sus labios para contener sus risotadas.
-No me ha dicho nada, es lo que pienso.-Contestó mi hermana por mí.-Para ellos si que somos enemigos ya que nos alimentamos de su sangre.
Near aplaudió las palabras de Mary sin borrar aquella sonrisa que mostraba sus dientes, acto seguido su mirada se clavó en mi rostro y aquella sonrisa se desvaneció.
-Me alegra que tengas un apoyo en esta familia, verdaderamente lo vas a necesitar.-Dijo dándonos la espalda.
-¿Y que apoyo tendrás tú Near?.-Pregunté haciendo que sus pasos se detuvieran en seco.-¿El de nuestro padre?.
Se giró sobre si mismo y su sonrisa se torció hacia un lado.
-Es posible.-Contestó volviendo sus pasos hacia mí.-Cuando sepa por mí que sigues viendo a nuestro enemigo.
Mi hermana se acercó situándose entre Near y yo, sus ojos fieros se clavaron en los míos como aquél que clava un puñal en la carne, no era su mirada lo que me dolía si no las consecuencias que todo este asunto podría traer a mi querida humana.
-No conseguirás que la abandone con tus amenazas Near, no lo haré a no ser que ella misma me lo pida.-Contesté a sus pensamientos.
Su rostro estuvo a escasos metros del mío y ambos aguantamos ese duelo de miradas mientras que mi hermana con sus pensamientos me pedía a gritos no dejarme llevar por la ira.
-Lo hará, y los dos lo sabemos.-Dijo muy seguro de si mismo.-¿Qué humano querría envejecer al lado de un monstruo como nosotros?.-Preguntó con una sarcástica sonrisa.
Mis manos volaron al cuello de su camisa mientras que mi hermana intentaba poner distancia entre nosotros.
-¡Basta!.-Gritó.
-Tienes celos por que una criatura de otra especie me ame aún siendo lo que soy.
No me compares contigo Near, el único monstruo de nuestra familia eres tú.-Dije entre dientes.
-Brandom, por favor.-Suplicó Mary.
-Digas lo que digas no vas a cambiar lo que eres.-Sonrió a escasos metros de mi rostro enfurecido.-Eres un monstruo, como yo.-Dijo muy seguro de sus palabras.
Y tenía razón, lo era, lo había sido siempre y así seguiría eternamente, pero prefería mil veces engañarme a mí mismo que someterme de nuevo a la cruda realidad.
-Soy un monstruo tienes razón, pero no como tú.-Dije aguantando su fiera mirada.
Sus labios se estiraron hasta dibujar una sonrisa torcida, miró por encima de mi hombro encontrándose con los ojos preocupados de Mary y acto seguido buscó los míos de nuevo.
-Ah si se me olvidaba, eres un monstruo con sentimientos humanos, es tan abominable como beber sangre de un cadáver.-Dijo disgustado.
-Basta por favor.-Intervino mi hermana cuando se percató de que mi hermano entró en sus pensamientos y descubrió todo el amor que sentía por Liz.
-Padre se acerca.-Anunció cuando inhaló el aire.

Mis manos liberaron el cuello de su camisa, su sonrisa se ensanchó cuando mi hermana pronunció aquellas palabras, había llegado el momento y Near estaba deseando ponerme en evidencia delante de todos para así obtener su momento de gloria.
Sólo pretendía escalar posiciones para estar en lo más alto ante los ojos de mi padre, no le gustaba admitir que al ser el hermano mayor, no era el más apreciado por la familia.
-¿Empiezas tú o prefieres que lo haga yo?.-Preguntó dando unos pasos hacia atrás mientras se arreglaba el atuendo.
-No quiero privarte tu gran momento, puedes hacerlo.-Contesté muy seguro de mis palabras.
Mi padre se acercaba a la puerta principal, su olor era tan evidente como su estado de ánimo, pues percibí que no venía de muy buen humor.
-No le digas nada Near.-Le aconsejé.
Mi hermano mayor estaba tan cerrado en sus ideas que no se percató del estado de ánimo de mi padre.
-¿Y por qué razón iba yo a cambiar de idea?.-Preguntó en tono burlón.
-Near, haz lo que Brandom dice, padre viene muy enfadado es mejor hablar las cosas en otro momento.-Advirtió mi hermana.
-¡No!.-Gritó cerrando sus manos en un puño.-Sólo intentáis que os crea mostrándome imágenes falsas en vuestras enfermizas mentes.-Dijo clavando sus fieros ojos enloquecidos en los míos.
-Creé en lo que quieras, pero cuando vuelva a herir tus sentimientos de nuevo, no digas que nadie te lo advirtió.-Dije dándole la espalda para encontrarme frente a la puerta principal.
Mary se situó a mi lado e intentó pedir disculpas sin abrir sus labios. Sabía que su mente estuvo completamente abierta durante nuestra acalorada discusión.
Era de lo más normal que un vampiro bajase la guardia durante un enfrentamiento familiar, de modo que la dije que no tenía nada de lo que preocuparse.
La puerta principal de la mansión se abrió con fuerza, August,nuestro mayordomo estaba al lado de mi padre y casi parecía estar tenso mientras llevaba su chaqueta en la mano.
-Bienvenido señor.-Dijo una vez se hallaron dentro de la sala principal.
Mis ojos se encontraron con los suyos, su ceño estaba fruncido y nos dedicó una mirada fiera a cada uno de nosotros.
-Padre, tengo que hablarte de un tema muy interesante.-Se apresuró a decir mi hermano.
Mis ojos se cerraron temiendo su reacción, pero los volvi abrir cuando la imagen de Liz pasó por mi mente, ella era la que me daba el valor suficiente para enfrentarme a todo y a todos.
-No tengo tiempo ni me interesa en absoluto lo que vayas a decirme, retiraos de mi vista.-Dijo con un tono de voz frío.
Se aflojó el nudo de su ancha corbata y se dirigió con pasos acelerados hacia la sala de estar.
-Pero padre, esto que tengo que decirte es importante.-Insistió mientras seguia sus pasos.
Mi padre se dio la vuelta cerrando su mano alrededor de su cuello y enseñando sus afilados dientes.
-¡Lo que tú vayas a contarme ya lo sé estúpido!.-Gritó con los ojos inyectados de furia.
Su enloquecida mirada se clavó en mi rostro y un nudo en mi garganta no me permitió explicarle nada en ese momento.
Near había dejado abierta su retorcida mente, mi padre leyó todo aquello que había sido un secreto hasta ahora, sólo que Near mostraba mucho más de lo que era.
-En cuanto a ti Brandom.-Dijo liberando a mi hermano de sus afiladas garras.-¡No volverás a ver a esa humana!.-Gritó con fuerza.
La sonrisa siniestra de Near me desconcertaba, habia conseguido lo que quería, que mi padre me odiase por tratar con humanos,pero no me iba a dar por vencido tan fácilmente.
-Imposible padre, ya es tarde.-Comencé a decir.
Mi hermana me agarró por el brazo cuando notó que mi cuerpo estaba tan tenso y duro como una roca, le preocupaba que hubiese un enfrentamiento que podría acabar en tragedia.
Pero aquello no era necesario, al menos, así lo pensé.
-Me enamoré de una humana y no puedo hacer nada por evitarlo, me alejé de ella pero es inútil, sé que mi destino es permanecer junto a Liz.
-¿Permanecer junto a un humano?.-Preguntó con el ceño fruncido.-No, tu destino no es estar al lado de una especie que quiere exterminar la nuestra.
-Padre, a diferencia de los cazadores humanos, ella jamás nos delataría, tú tienes servicio aquí que nos son fieles, no entiendo por que no querrías ver mi felicidad, y mi felicidad es Elizabeth.-Dije.
Mi padre aspiró aire profundamente cerrando sus ojos, como si quisiera controlar su furia, segundos después los abrió lentamente y su mirada azulada se volvió a centrar en mi rostro dispuesto a escuchar sus palabras.
-¡No quiero a un humano dentro de mi familia!.-Gritó apretando sus puños dirigiendo sus pasos hacia a mí.
Su rostro estuvo a centímetros del mío, aguanté su enfurecida mirada y dejé que descargase toda su ira sobre mí.
-Una cosa es tener servicio humano en nuestra casa, y otra muy distinta es que mi propio hijo se enamore de una humana, ¡es tan repulsivo como beber sangre muerta de animales!.-Volvió a gritar.
-No se pueden ignorar los sentimientos padre.-Dije.
-¿Sentimientos?.-Frunció el ceño.-¿Crees que un vampiro tiene sentimientos?.-Preguntó con media sonrisa.
Estas muy equivocado hijo, lo que te atrae de esa joven es su sangre, no la has probado y solo la deseas, ¡no confundas el deseo con esa repugnante palabra!.-Dijo.

Recordé aquellas palabras que eran muy parecidas a las que tuve con mi hermana aquella vez que la hablé de mis sentimientos por Liz.
No era deseo, no era la necesidad de probar su sangre, bien podría haberlo echo en cualquier momento pero no lo hice, por que lo que despertaba en mi no era el instinto asesino, si no el de amor.
-No sé si los vampiros tenemos sentimientos, pero estás hablando con uno que si los tiene padre, lo puedo sentir aquí dentro y me da lo mismo lo que puedas o quieras hacer conmigo, no puedo dejar de sentir esto en mi interior.-Dije muy seguro de mis palabras.
Un suspiro frustrado salió de los labios de mi padre, sus ojos se encontraron con los de mi hermana, que aún permanecía a mi lado agarrando fuertemente de mi brazo y sus ojos asustados pedían a mi padre que me perdonase.
-No puedes perdonarle padre, lo que ha hecho no tiene nombre, ¿en que lugar quedaremos los vampiros si decides pasar por alto tal abominación?.-Se apresuró a decir mi hermano cuando notó un silencio absoluto en la sala.
El rostro de mi padre se giró para encontrarse con el de Near, su respiración era agitada cuando mi padre clavó sus ojos en los suyos.
-Tampoco puedo pasar por alto que me hayáis desobedecido, fuisteis a cazar a mis espaldas, ¿en que lugar me dejáis a mi desobedeciéndome?,¡contesta Near!.-Gritó con todas sus fuerzas.
Lo había echo, si Near fue capaz de desvelar mi secreto yo también lo acababa de hacer, no por desviar nuestra conversación hacia otro lado, si no porque lo que hicieron en el ferrocarril fue muy imprudente.
-Aquello fue un error lo admito, pero no dejamos ninguna evidencia.-Le tembló la voz mientras se llevo la mano a la garganta.
-¿Estas seguro de tus palabras?.-Preguntó mi padre avanzando hacia el.-¡¿Y que me dices de ella?!.-Gritó con todas sus fuerzas mientras que su dedo apuntaba en mi dirección.
Mi hermano clavó sus ojos en el suelo y una sonrisa dibujaron sus labios cuando sus ojos se encontraron con los míos.
-Tenía toda la intención de matarla padre, pero Brandom se interpuso entre ella y yo.-Comenzó a decir volviendo esta vez sus ojos hacia mi padre.-¿Sabes que tuvo la osadía de acabar con dos de los nuestros?.-Preguntó volviendo a sonreír.
-Imposible.-Dijo mi padre frunciendo el ceño y cerrando las manos en un puño.-No voy a consentir que muera ninguno de los nuestros para que tu puedas ser feliz hijo.-Amenazó.
-Te voy a dar dos opciones, y espero que elijas la correcta.-Comenzó a decir volviendo sus pasos hacia mí.-O la contagias con nuestro virus para vivir en inmortalidad como es debido,o la eliminas tú mismo evitando que se sepa lo que somos.
-Jamás.-Respondí aguantando su penetrante mirada.
Inhalé el aire mientras que mi cuerpo estuvo tan tenso como una roca, ninguna de esas opciones me servía,no podía arrebatar una vida humana más, la de ella no.
Tampoco convertirla en vampiro, era cierto que aquello sería la mejor solución, incluso Elizabeth estaría de acuerdo con la idea,pero no era lo que yo quería para mi dulce humana.
Quería hacerla feliz manteniendo vivo su palpitante corazón humano, recorrer el mundo entero los dos juntos, queriéndonos como nadie jamás lo había hecho, y una vez que la muerte la alcanzase, me reuniría con ella en algún lugar donde poder seguir amándonos eternamente.

lunes, 2 de mayo de 2011

Capítulo 25-Latido

-Brandom, ¿los vampiros no dormís?.-Preguntó aquel ángel de rosadas mejillas.
Cubrí su delicado cuerpo con aquellas sábanas y me recosté a su lado besando su frente con sumo cuidado.
-No, pero nada me gustaría más que soñar al igual que vosotros.-Dije.-Pero que mejor sueño que verte a ti dormir.-Añadí acariciando su rostro.
Sus labios dibujaron una sonrisa y su cuerpo se acercó al mío como si estuviera buscando cobijo, la atraje a un más mientras que sus ojos intentaron permanecer abiertos, pero el sueño la estaba venciendo pues sus párpados comenzaron a cerrarse lentamente.
-Me quedaré aquí hasta que te duermas.-Susurré.
-No puedo creer que estés aquí conmigo.-Dijo hablando hacia mi pecho.
-Yo tampoco puedo creer que me enamorase de una humana y sin embargo, aquí estoy.-Sonreí.
Apoyé la cabeza contra el cabecero de la cama y cerré los ojos por un momento, era cierto que jamás había imaginado estar tan cerca de un humano sin devorar su vida, pero ahí estaba, junto al humano más hermoso de la tierra.
Su cálida respiración me envolvía, me resultaba relajante escuchar aquel ser viviente tumbada sobre mi pecho sin miedo alguno, pues confiaba plenamente en mí.

Su cabeza comenzó a caer a los pocos minutos, inhalé el aire de la madrugada y éste me avisó que el sol iba a ponerse en cualquier momento, me levanté con sigilo y con cuidado la acomodé en la cama cubriendo sus hombros con las sábanas.
Hizo un gesto gracioso cuando frunció el ceño y no pude evitar sonreír, era como si se hubiese quejado por dejarla en aquella cama, mi pecho se hincho cuando tomé una gran cantidad de aire y me dirigí hacia la ventana para salir por ella cuanto antes.
Al abrirla, giré el rostro de nuevo para guardar aquella hermosa imagen en mi mente hasta que volviese a verla, hasta estar a su lado.
Me resultaba hiriente tener que marcharme dejándola sola, pues quería permanecer a su lado las veinticuatro horas que tenía el día, siempre con ella y sólo para ella, pero la realidad era que no podíamos permanecer juntos en ciertas horas del día, bien por mi naturaleza y repelencia al sol, y otra más complicada, mi familia.
Pero aquello no podía durar demasiado, de modo que estaba dispuesto hablar con mi padre para que aprobase que nos amábamos.
No iba a ser tarea fácil pero estaba dispuesto a que me desterrase de Londres si fuese necesario, si no pudiese soportar que su hijo estuviese enamorado de una humana al fin y al cabo, no era algo premeditado pues sucedió sin que estuviese en mis planes futuros.
De vuelta a la mansión, caminaba tranquilo, pensativo y sumergiéndome en mis pensamientos más escondidos, extrañaría mi querido Londres si padre me desterrase de este lugar al que realmente e sentido como mi hogar, pero no me importaba demasiado si Liz estuviese a mi lado.
Pues cualquier lugar fuera de Londres, sería igual de agradable y hogareño si ella estuviese conmigo en todos los momentos.
Una sonrisa fugaz dibujaron mis labios al imaginar a mi querida humana recorriendo juntos los lugares más hermosos de la tierra, veía con claridad sus expresiones, sus ojos asombrados mirando todo aquello que nos rodease.
Escondí mi mano en el bolsillo del pantalón y la que me quedaba libre la llevé hasta mis labios helados, el recuerdo de sus cálidos labios sobre los míos me hizo estremecer, que poderoso resultaba ser el amor, pues consiguió que mi cuerpo temblase al recordarlo.
Un suspiro salió de lo más profundo de mi pecho cuando estuve frente a la parte trasera de la mansión, abrí la verja sin molestarme si haría ruido o no, acto seguido la cerré y una silueta estaba sentada en uno de los bancos de madera que rodeaban la fuente de piedra.
Me aclaré la garganta y fruncí el ceño cuando su olor me dijo de quien se trataba.
-¿Tomando el aire fresco de la madrugada Estefi?.-Pregunté ocultando mis manos en el interior de mis pantalones mientras avanzaba hacia ella.
-¿Y tú?, ¿dando un paseo nocturno con tu saco de sangre?.-Se molestó.
-Sí, pero te agradecería que la llamases por su nombre, Elizabeth.-Contesté cuando me puse frente a ella.
-Está bien.-Dijo cruzándose de brazos.
Su mirada del color del fuego estaba perdida, el ceño lo tenía fruncido y quise averiguar a través de sus pensamientos que era lo que estaba ocultando.
-No te metas.-Me advirtió.-Puedo contártelo si no indagas por tu propia cuenta.-Dijo.
-Lo siento.-Me disculpé.-¿Qué ocurre?.-Pregunté con interés, me senté a su lado y ésta aún tenía la mirada clavada en el suelo.
-Es Atila, últimamente está muy raro, creo que no me ama como antes.-Se le quebró la voz.
-Tal vez sea por que no estás tan pendiente de él como antes.-Opiné.

Mi prima me fulminó con la mirada y acto seguido dibujó una sonrisa siniestra en sus labios.
-Los vampiros somos independientes, podemos sobrevivir el uno sin el otro, no tenemos por qué estar pendientes de nuestra pareja todo el tiempo como hacen algunos.-Dijo mirándome de reojo.
-Por supuesto.-Comencé a decir.-Podemos vivir el uno sin el otro, pero no estás demostrando que eres capaz de hacerlo al juzgar por tu rostro.-Dije aguantando su penetrante mirada hasta que ésta la retiró.
-El sol va a ponerse, será mejor que volvamos dentro.-Sugirió desviando la conversación.
Estefi se equivocaba al igual que mi padre, el amor era algo que para un vampiro no existía pero si que estaba presente, la prueba de ello era que yo lo podía sentir y parecía que los demás también pero renegaban de él, un vampiro preferiría partirse antes que doblarse ante el amor.
Una vez me hallé dentro de la mansión Estefi agarró sus vestidos y se dirigió al piso superior mientras que mis ojos la siguieron hasta que desapareció.
Caminé hasta la sala de estar y me dejé caer en aquél esponjoso sofá de color verde, los primeros rayos de sol intentaron colarse por los amplios ventanales y tuve que volver a levantarme para cubrirlos con las cortinas.
Volví a mi asiento pasando las manos por mis cabellos oscuros y acto seguido un suspiro salió de lo más profundo de mi ser.
Una amplia sonrisa iluminó mi rostro al recordar a mi frágil humana, ¿recordaría la hermosa noche que pasamos juntos?, otro suspiró se dejó escuchar en aquella silenciosa sala, fue largo y placentero pues con tan solo recordar su dulce rostro aquello era un suspiro seguido de otro.
Volví a pasar las manos por mis largos cabellos y descansé mi cabeza sobre el asiento, recordaba con claridad aquellas dulces palabras que ardían como fuego dentro de mi cuerpo, el cálido viento soplando y revolviendo nuestros cabellos, su piel aterciopelada rozando la mía bajo la luz de la luna.
-Ya has vuelto.-Dijo una voz sobresaltándome.-Tranquilo, soy yo.-Dijo mi hermano ampliando su sonrisa.
Me incorporé e hice como si no lo hubiese escuchado.
-Estoy pensando en contarle a padre que volviste a verla.-Dijo mientras caminaba silenciosamente por la sala delante de mí.
Una de mis manos se cerró en un puño intentando controlar mi furia mientras que lo fulminaba con la mirada.
-Si le vas a contar lo que yo haga, recuerda que tú también puedes salir perjudicado.-Le amenacé.
-No hace falta que lo hagas Brandom, yo mismo le contaré mi error pero también sabrá el tuyo.-Sonrió.
-Adelante, pensaba hacerlo de todos modos.-Dije seguro de mi mismo.
-¿En serio?.-Dudó.-Está bien lo avisaré enseguida y digámosle que su querido hijo también actúa por su cuenta.-Añadió desapareciendo por la puerta.
Mi mandíbula se endureció al mismo tiempo que mis párpados se cerraron fuertemente intentando controlar mi fuerza, había llegado el momento de enfrentarme a mi padre y a todo aquello que me impidiese estar con Liz.
Pude escuchar el murmullo de una de las sirvientas contestándole a Near que mi padre acababa de salir de la mansión, abrí los ojos de inmediato y algo se removió dentro de mí.
Me puse en pié para dirigirme al ventanal que tenía justo detrás, a través de él pude ver que el mayordomo sostenía un paraguas sobre la cabeza de mi padre para protegerle del sol y le abría la puerta de un carruaje color oscuro.
El chofer se aseguró de que se había acomodado en el interior y dio la orden a los caballos para que se pusieran en movimiento.
-Padre no está en estos momentos pero tranquilo, no se me olvidará que tenemos pendiente una conversación con él.-Dijo mi hermano irrumpiendo en la sala.
Aparté mi vista del ventanal y crucé la sala con pasos acelerados hasta llegar a su altura.
-A mí tampoco.-Contesté dándole un empujón para que se apartase del umbral de la puerta.
Aceleré mis pasos hasta llegar al perchero de madera que se encontraba al lado de la puerta principal, mi mano se cerró alrededor de una fina tela de color oscuro y tiré de ella con fuerza.
Me di la vuelta cubriendo mi cuerpo con aquella capa anudándola a mi cuello y acto seguido cubrí mi cabeza con la capucha.
Salí a toda velocidad a la parte trasera de la mansión en dirección al cobertizo, necesitaba saber a donde iba a ir mi padre, sus viajes era un tema que me preocupaba desde hacía mucho tiempo, quería cerciorarme de que todo iba bien y dejar claro que sólo eran imaginaciones mías cuando pensaba que nos encontrábamos en peligro.
Desaté las riendas de mi caballo con rapidez y una pálida mano tocó mi hombro con suavidad.
-¿A dónde vas?.-Preguntó mi hermana con el ceño fruncido.
-Necesito que distraigas a Near, voy a seguir a padre.-Dije cuando monté sobre Fénix.
-¿Pero, por que?, padre dijo que iba a ir a la ciudad.
-En cualquier caso quiero averiguar que todo va bien, abre la verja.-La ordené.
Mi hermana hizo caso a lo que la había ordenado y no tardó en abrir la verja trasera, pocos segundos después emprendí al galope siguiendo la polvareda que el carruaje iba dejando en el camino obstaculizando mi visión.
El sol era intenso e insoportable, parecía como si en algún momento los rayos quisieran atravesar la capa y causarme una muerte lenta y dolorosa.
Giré al lado derecho del camino intentando buscar las sombras que los árboles daban con sus ramas y me mantuve ahí hasta que el carruaje tomó una dirección opuesta a la ciudad.
Aquello era una señal muy clara de que mi padre había mentido, no iba a la ciudad como mencionó se dirigía hacia otro lugar, necesitaba saber donde y para que.
No tenía nada que ver con la curiosidad, si no con la protección de toda la familia, me inquietaba que actuase por su cuenta y que fuese visto por los humanos, aunque él sabía en todo momento lo que hacía, no dejaba de preocuparme.
Lo que estaba haciendo era ir en contra de sus normas, unas normas que se habían llevado a cabo desde el nacimiento de los vampiros, la más importante es no cuestionar los actos del miembro más sabio de la familia.
Un escalofrío recorrió mi espalda mientras cabalgaba a toda velocidad por aquél camino de tierra siguiendo el carruaje donde se encontraba mi padre en el interior.
Mantuve una distancia prudencial entre él y yo, pues nuestros olores podrían encontrarse y entonces si que podría meterme en un serio problema.
Aquél carruaje tomó una dirección diferente, se dirigía a Greenwich, un pueblo pequeño a unos treinta kilómetros de Londres, el mismo pueblo donde consiguió la sangre el día anterior.
Algo parecido a un presentimiento se movió en mi pecho, fruncí el ceño intentando averiguar que era lo que me producía aquella extraña sensación cuando me adentré en aquél alegre pueblo donde sus habitantes paseaban por las calles.
Ordené a Fénix a caminar con pasos cortos mientras que el carruaje hacía exactamente lo mismo, la distancia que mantuve esta vez era mayor, pues no quería estar expuesto a que descubriese mi olor.
Mientras paseaba a lomos de mi caballo por las calles de Greenwich, clavé mis ojos en un grupo de niños que jugaban alegremente alrededor de una gran fuente de piedra, uno de ellos se acercó a el caño de agua y con sus pequeñas manos las llenó para acercársela a los labios.
Uno de los niños que corría velozmente alrededor de la fuente para no ser atrapado por los demás tropezó con él y éste cayó hacia un lado evitando no caer en el interior.
-¡Lo siento, tropecé contigo sin querer!.-Gritó al ver aquél niño llorando en el suelo abrazando con fuerza su rodilla ensangrentada.
Aspiré el aire profundamente y detuve mi caballo para observarle, mi nariz se arrugó y contuve la respiración intentando evitar oler su sangre.
Cuando iba a preguntar aquél indefenso niño si se encontraba bien una niña de cabellos largos y rubios se arrodilló ante él.
-No llores hermanito, eres muy fuerte verás como tu herida se curará pronto.-Le sonrió con dulzura.-Venga, volvamos a casa.-Dijo extendiendo su pequeña mano.
Aquél niño se puso en pié con la ayuda de su hermana y su pecho se hinchó como si quisiera impresionarla.
Se limpió las lágrimas con la base de su mano y le devolvió aquella sonrisa.
-Claro que soy el más fuerte, ¿echamos una carrera a ver quien llega antes a casa?.-La desafió.
-¡Si!.-Contestó entusiasmada.-¡El premió será un beso de papá y mamá!.-Gritó poniéndose en posición de salida junto con su malherido hermano.
-¿Preparados, listos…?, ¡ya!.-Gritó.
Acto seguido pasaron velozmente y al mismo tiempo lentamente por mi lado, mis ojos les siguieron hasta que mi rostro se dio la vuelta y los perdí.
-“Estoy seguro que esa pequeña ganará la apuesta.”.-Pensé, acto seguido una sonrisa dibujaron mis labios.
Segundos después fruncí el ceño aclarando mi garganta, pues en mi interior aquel extraño sentimiento volvió a manifestarse en mi interior.
Mis ojos se movieron con rapidez intentando localizar el carruaje oscuro y no lo hallé por unos instantes, miré hacia el frente y allí estaba, avanzando con lentitud por aquella interminable calle de piedra.
Di un golpe con el talón sobre el lomo de Fénix y éste se puso a caminar con pasos largos hasta mantener la distancia, un guante de cuero asomó por la ventana del carruaje y tiré de las riendas dándole la espalda.
Oculté aún más mi rostro con aquella oscura capucha girando mi rostro hacia el carruaje temiendo de que me hubiera descubierto, suspiré aliviado cuando pude comprobar que solo tenía su mano descansando sobre el borde de aquella ventana.
No me quise arriesgar, de manera que bajé de mi caballo sosteniendo fuertemente las riendas, me dirigí hacia uno de los puestos que habían situados en ambos lados de aquella calle sin perder de vista el carruaje.
Me acerqué a uno de ellos donde vendían perfumes para caballeros, la señora que estaba en el otro lado del puesto frunció el ceño mientras intentaba mirar mi rostro oculto por la capucha.
-Disculpe señora.-Dije.
-¿Si, en que puedo ayudarle caballero?.-Preguntó amablemente sin dejar de fruncir el ceño.
-¿Me permite probar este?.-Pregunté tomando un perfume del puesto.
-Lo siento señor, sólo puede olerlo.-Contestó.
Mis ojos volvieron a mirar el carruaje, se encontraba lejos de donde yo estaba, volví a mirar aquella mujer y di un paso hacia delante intentando ocultar mi cuerpo bajo la lona que estaba situada en lo alto de mi cabeza.
Descubrí mi rostro y acto seguido pasé una mano por mis cabellos clavando mis ojos en aquella mujer que me miraba de manera diferente.
-Por favor, sólo quiero probarlo.-Dije.
Mi rostro tuvo que influenciar en aquella señora, pues acto seguido sonrió y un rubor le subió por las mejillas.
-Está bien joven, pero no se lo diga a nadie.-Dijo desviando su mirada tímidamente.
-Gracias.-Sonreí.
Aguanté la respiración y tomé aquél frasco con las manos, apreté un pulsador lleno de aire en dirección a mi cuello y segundos después disparó un líquido fresco y de fuerte olor.
-Delicioso.-Mentí arrugando mi nariz.-De nuevo, gracias madame.
-De nada señor.-Contestó.-Vuelva cuando quiera.-Dijo sonriendo.
Asentí con la cabeza al mismo tiempo que dibujé una sonrisa, subí a mi caballo y oculté mi rostro con la capucha, ordené a Fénix emprender al galope hasta divisar el carruaje, aquel olor a perfume ardía en mi nariz, estaba seguro de que ahora padre no se daría cuenta de que le seguía de cerca.
El carruaje giró a la izquierda, hacia la salida de Greenwich, un camino de tierra conducía colina arriba, a lo lejos pude divisar una enorme casa oscura, pero según me iba acercando era lo más parecido a un castillo abandonado.
Habían torreones en la vieja fachada oscura, sus ventanas eran tan oscuras como el resto del castillo pues los cristales no reflejaban la luz del exterior, era un lugar frío y sombrío.
La puerta principal era arqueada, la fachada oscura era de piedra y pude observar que con el paso del tiempo habían huecos en ella, pues en el suelo habían varias que se habían desprendido.
En lo más alto de aquél siniestro castillo se encontraba un torreón enorme, mucho más grande que los dos laterales, otro escalofrío recorrió mi cuerpo cuando detuve mi caballo y pude ver como el carruaje se detuvo frente aquella puerta arqueada.
Me escondí tras unos árboles cercanos observando al chofer bajar de su asiento, abrió el paraguas dirigiéndose hacia la puerta del carruaje y esperó hasta que mi padre salió.
La puerta principal chirrió al abrirse de par en par, un hombre alto y corpulento apareció en la entrada con las manos escondidas a sus espaldas, recibió a mi padre inclinando la cabeza y ambos entraron en el interior.
El olor de aquél hombre no era humano, era el olor inconfundible de un vampiro.
El chofer se quedó plantado en la puerta principal, con el paraguas en las manos esperando a mi padre.
Un suspiro frustrado salió de lo más hondo de mi pecho, no tenía ni idea de cómo iba a distraerle para poder entrar y averiguar que era lo que estaba ocurriendo, para que había venido a este lugar.
Até las riendas de mi caballo en la rama de aquél frondoso árbol y me dirigí hacia la parte trasera del castillo deseando encontrar alguna puerta trasera que me permitiera acceso al interior.
Corrí velozmente bordeando el castillo con sigilo, la vegetación de alrededor de éste era escasa, era obvio que estaba abandonado por sus habitantes o que les importaba muy poco cuidar sus terrenos.
Me mordí el labio inferior cuando caminé alrededor de la fachada trasera, pues las ramas que estaban esparcidas por el suelo estaban secas y producía un sonido alarmante, apreté mis dientes con fuerza mientras que mis ojos volaban en todas direcciones.
Las ventanas del castillo permanecían cerradas cuando eché un rápido vistazo por encima de mi cabeza, en ellas se podía apreciar el paso del tiempo, las arañas habían comenzado a tejer sus telarañas alrededor de éstas.
Mientras avanzaba con lentitud por aquella fachada me topé con una pequeña puerta de madera, apoyé las palmas de mis manos deseando que estuviese abierta pero no había sido así.
Aquella puerta estaba sellada y era inaccesible.
Una ventana que había situada a la derecha de ésta me llamó la atención, no estaba cerrada del todo, había una pequeña ranura que perfectamente cabían mis dedos.
Me quité los guantes de cuero sujetándolos con mis dientes e introduje todos mis dedos intentando subir aquella pesada ventana sin hacer el menor ruido.
Una vez la ventana completamente subida, volví a ponerme aquellos guantes oscuros y me asomé en el interior para asegurarme de no ser descubierto.
Allí no había nadie, me introduje en el interior de aquella abandonada sala, y me giré para volver a cerrar la ventana.
Cuando me hallé en el interior descubrí mi rostro y un suspiro de alivio se dejó escuchar en aquel lugar.
En ella se podía apreciar que nadie podía vivir ahí, todo estaba cubierto de polvo, las sillas estaban llenas de telarañas al igual que las esquinas de las paredes.
Dejé de prestar atención a todo lo que me rodeaba y me dirigí a una puerta.
El pomo también estaba cubierto de polvo, lo hice girar cuidadosamente y esta abrió a la perfección, unos pasos se escucharon en el otro lado, no cerré la puerta por temor a ser descubierto, de manera que mantuve mi mano aferrada al pomo cerrando fuertemente los ojos esperando a que pasaran de largo.
-¿Ha dado más problemas?.-Preguntó la voz de mi padre.
-Si señor Akerman, se niega a comer.-Dijo la otra voz.-Si sigue en esa situación morirá.
-¡Maldita sea!.-Gritó mi padre enfurecido.
Abrí mis ojos cuando su voz sonaba bastante lejana y abrí la puerta cerrándola detrás de mí.
Sobre mi cabeza había una larga escalera que conducía al piso superior, cuando los pasos cesaron aceleré los míos hacia ella y subí con rapidez para no perderlos de vista.
Las escaleras eran interminables, me detuve por un instante cuando tomaron otra dirección hacia la derecha, esta vez subieron por unas escaleras de caracol hacia el torreón más alto del castillo.
La luz de la antorcha que sostenía el otro vampiro dejaba ver una estela detrás de ellos mientras hablaban sobre alguien que supuestamente tenían ahí arriba.
Un olor diferente captó mi olfato, arrugué la nariz e inhalé profundamente para detectarlo, no lo había olido antes, pero me resultaba familiar.
-Abre la puerta.-Ordenó aquél vampiro a otro que estaba custodiando una puerta de madera forjada.
Cuando estuve lo bastante cerca y eché una rápida mirada, mi padre y los otros dos vampiros desaparecieron en el interior.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos avancé hasta ella, las paredes estaban cubiertas de moho y se arrastraban babosas por las esquinas del suelo.
Dos antorchas la custodiaban y me acerqué con sigilo apoyando mis manos en ella, aquella puerta de madera estaba cerrada por dentro y no había ninguna modo de abrirla o de buscar una manera para entrar al otro lado.
Aún con las palmas de mis manos apoyadas en ella acerqué mi oído para escuchar que estaba ocurriendo en el interior, entonces algo se movió dentro de mí cuando pude escuchar un latido.
El latido de un corazón humano.

domingo, 3 de abril de 2011

Capítulo 24-Nuestro secreto

Una vez fuera de la mansión me encontré frente a la casita blanca de los Jenzen, las luces estaban apagadas y alrededor solo se podía escuchar el canto ensordecedor de los grillos.
La noche me resultaba agradable al poder sentir una ligera brisa sobre mi piel helada, los cielos oscuros estaban cubiertos de estrellas y en mi interior no existía temor alguno al estar frente aquella casa.
Amaba con desesperación a Elizabeth y seguiría amándola aun sin estar juntos, pues hasta hacía muy poco no creía en el destino de mi camino, pero si en el destino del amor, ese destino me llevó hasta ella y permanecería unido a Elizabeth hasta que su corazón dejase de latir.
-No.-Susurré en medio de la noche.
Negué con la cabeza para intentar borrar aquel desagradable pensamiento, no quería aceptar que fuese solo eso, una humana que vivirá un tiempo y que después se marchitará hasta que dejase de respirar.
-¡No!.-Exclamé con los puños apretados.
¿Y si la infectase para que fuese inmortal?, negué con la cabeza apretando aún más mis puños, aquello era una posibilidad muy cruel por mi parte.
Dejaría de ser un alma solitaria a cambio de su vida, una vida que aunque los vampiros lo negásemos, deseábamos tener.
No estaba dispuesto a inmortalizar su alma para que me siguiera en la oscuridad, tampoco convertirla en un monstruo como yo, pero Liz si así fuese, un vampiro, que monstruo más bello pisaría la oscuridad.

Inhalé el fresco aire de la noche mientras rodeé la casa con sigilo como si de un gato se tratase, me detuve justo en su ventana y cerré mi mano en un puño.
Dudé por unos instantes apartando mi mirada, pero la necesidad de verla era mucho más fuerte que mi voluntad.
Mis ojos se encontraron de nuevo con aquella ventana y flexioné las piernas para impulsarme, di un salto y mis manos quedaron aferradas al borde de ésta.
La abrí con suavidad e irrumpí en el interior del dormitorio, una vez dentro pude ver que algo se movía bajo aquella sábana, cerré la ventana muy despacio y con sigilo me acerqué a los pies de la cama.
Liz dormía sobre su lado derecho, sus cabellos dorados cubrían parte de la almohada, estaba encogida y sus hombros estaban descubiertos al igual que uno de sus pies.
Sonreí y me acerqué aún más para sentir su cálida piel, acaricié su pié con suavidad y al ponerse en contacto con mi temperatura lo escondió rápidamente bajo aquella sábana.
Tuve la tentación de marcharme de inmediato pero me agradaba verla dormir, así que preferí no volver a tocarla.
Avancé un poco más y cubrí sus hombros con aquella sabana, parecía tan tranquila durmiendo plácidamente que no pude evitar dibujar una sonrisa en mis labios.
Me hubiera gustado poder dormir a su lado todas las noches, en este caso, verla descansar puesto que nosotros no tenemos el privilegio de dormir, pero que mejor privilegio que velar sus sueños, verla descansar acurrucada a mi pecho.
Un largo suspiro salió de mi interior mientras imaginaba algo imposible, me pregunté que era lo que me había dado aquella humana para sentirme tan lleno de vida, tan feliz.
No hallé ninguna respuesta a mis pensamientos, pero tampoco insistí en buscarla, era tan obvio que hasta me sentí estúpido al interrogarme a mi mismo, ella me había echo sentir amado, querido y no temido, me había echo sentir vivo.
No pude evitar acariciar su rosada mejilla con los nudillos de mis dedos, volvió a estremecerse y sus párpados estuvieron fuertemente apretados.
Me mordí el labio inferior deseando que no despertase pero sus ojos comenzaron abrirse en la oscuridad.
-Brandom.-Susurró.-¿Brandom?.-Preguntó girando su cabeza.
Llevé un dedo hasta mis labios con la intención de que no hablase en voz alta y pestañeó varias veces como si estuviese viendo una alucinación.
-¿Estás aquí?.-Preguntó confusa.
-Siento despertarte, lo siento, vuelve a dormirte.-Dije avanzando hasta la ventana.
-No te vayas.-Susurró.-No podía dormir.-Añadió aclarando su garganta.
-¿En serio?, hace tan solo un momento no lo parecía.-Sonreí.-Sólo quería saber si te encontrabas bien.
-Ahora sí.-Sonrió incorporándose en la cama.
-Siento faltar a mi promesa,-dije-no suelo hacerlo jamás, pero contigo soy diferente en todos los aspectos.-Añadí escondiendo mis manos en el interior de mis bolsillos.
Sus ojos castaños fueron acostumbrándose a la luz de la luna que se colaba por su ventana, pasó una mano por sus cabellos dorados y acto seguido puso sus pies desnudos en el suelo para dirigirse hacia mí.
Su cuerpo estaba cubierto por un camisón de color blanco que le llegaba hasta los pies, se abrazó a si misma mientras avanzaba con pasos cautelosos.
-Yo también siento que soy diferente Brandom, diferente en todos los aspectos desde que nos conocimos.-Dijo en un susurro.-También soy diferente a ti.-Añadió con tristeza en sus ojos.-Si fuera lo que tú eres, ya no habrían impedimentos para nosotros.
Mi mandíbula se endureció cuando estuvo lo bastante cerca de mí y le di la espalda para mirar a través de aquella ventana.
-No habrían impedimentos.-Repetí sus palabras.-Pero eso no es lo que quiero para ti.-Dije apoyando mi frente sobre aquel cristal.
-Quiero que tengas una vida larga y feliz, lo que no quiero que olvides es que siempre te voy amar, siempre estarás en mis pensamientos, y siempre te protegeré aunque no me puedas ver.-Añadí rescatando una lágrima solitaria de su rostro.
Sus ojos buscaron los míos con desesperación y al encontrarnos pude ver reflejados en ellos cuanto amor sentía por ella, sus manos acariciaron mis cabellos y acto seguido las dejó descansando en mis hombros acercándose aún más.
Aquella mirada fue tan íntima, nos dijimos tantas cosas con tan solo mirarnos que no haría falta que ella fuese un vampiro más para saber que había en mi mente en ese momento, pues podía notar y percibir que deseaba besar sus cálidos labios y estrecharla entre mis brazos para que pudiera sentir cuanto la necesitaba.
-No quiero tener una vida larga y feliz si no es contigo.-Susurró cerca de mis labios notando mi respiración acelerada.-No quiero que seas sólo un recuerdo, quiero tenerte, siempre.-Susurró con los ojos cerrados apoyando su frente sobre la mía.
Liberé mi mano del interior de mi bolsillo para dejarla descansar sobre su corazón, al posar mi mano en su pecho sonreí con ganas cerrando mis ojos, pues la sensación de sentir su corazón palpitar en la palma de mi mano hizo que se estremeciera todo mi cuerpo y sintiera toda clase de emociones.
Su cálida mano acariciando mi rostro hizo que mis ojos se abriesen encontrándome con los suyos, mis labios rozaron los suyos con suavidad hasta que por fin se fundieron en el beso intenso que ambos deseábamos.
La estreché entre mis brazos con fuerza pero a la vez con mucha delicadeza, sabía que tenía que controlar el deseo de hacerla mía, de convertirla en alguien como yo.
Mis labios sedientos de los suyos no podían detenerse, deseaba besar cada centímetro de su cuerpo, deseaba devorar con amor y pasión aquel ser que me amaba por como era, y no por lo que era.
Con ella podía ser yo mismo, no tenia que fingir, no tenía que mentir ni ocultarme, con ella y por ella sería cualquier cosa que me pidiese, pues era la dueña de mi alma y de mi existencia.
-Ven conmigo.-Dije recuperando la respiración.
Tomé su cálida mano y abrí la ventana dejando que la brisa fresca de la primavera penetrase en la habitación.
-¿A dónde?.-Susurró dejando escapar una hermosa sonrisa.
-Quiero enseñarte algo.-Contesté devolviendo aquella sonrisa angelical.
-¿El qué?.
-¿Tienes miedo?.-Sonreí.
Negó con la cabeza y acto seguido se mordió nerviosamente el labio inferior mirando hacia la puerta de la habitación.
-Tranquila, todos duermen, prometo traerte de vuelta.-Contesté a sus pensamientos.
La di la espalda y cogí sus manos para aferrarlas a mi cuello.
-No te sueltes, vamos a bajar.-Dije sentado en el borde de la ventana mientras se agarraba con fuerza detrás de mí.
-¿Tiene vértigo señorita Jenzen?.-Pregunté con la intención de que olvidase la puerta de su dormitorio.
-¿Qué si tengo qué?.
Dijo justo cuando salté al vacío sujetando fuertemente sus dos manos, mis pies impactaron con fuerza sobre la tierra levantando una ligera polvareda, miré hacia atrás y su rostro me pareció más blanquecino de lo normal,
-¿Estás bien?.-Pregunté estudiándolo detenidamente.
-No.-Susurró respirando con dificultad.
Carcajeé al ver su impresión y acaricié su rostro con suavidad besando de nuevo sus labios temblorosos.
-Lo siento.-Me disculpé enterrando su cuerpo entre mis brazos.
-Ha sido divertido.-Dijo temblando bajo mis brazos.
Sonreí y la dejé libre para dirigirme de nuevo a la ventana, flexioné mis piernas y de un saltó volví a irrumpir en la habitación.
Abrí las puertas de aquél armario de madera y rebusqué entre sus ropas buscando una bata para el frío o algo parecido.
Me asomé por la ventana y no pude evitar sonreír al ver aquel ángel de cabellos dorados mirando con el ceño fruncido.
-Creía que los vampiros nunca entran a los sitios sin invitación.-Dijo arrancando de nuevo una sonrisa en mis labios.
Di un salto hacia abajo retumbando la tierra bajo mis pies y sus ojos me miraron estupefactos.
-Bueno, excepto en casos como este.-Dije cubriendo sus hombros con una bata de seda color blanco.
-Gracias.-Sonrió.-¿Te importaría subir de nuevo para traerme unas zapatillas?.-Preguntó avergonzada haciendo que mis ojos buscasen sus pies desnudos.
Sonreí con ganas y la tomé en brazos.
-No hará falta porque no vas a caminar, abrázame fuerte.-La aconsejé antes de correr velozmente entre los árboles.
Sus brazos se aferraron con fuerza a mi espalda y el rostro lo ocultó en la parte izquierda de mi cuello evitando el aire que nos azotaba.
Mientras subíamos la pesada montaña, de vez en cuando intenté ver sus ojos pero estos difícilmente podía tenerlos abiertos, sonreí y volé con rapidez para llegar lo antes posible.

Ya estábamos cerca, podía oler las flores y escuchar el relajante sonido del arroyo, aquel rincón de naturaleza apartado de todos era el lugar donde me sentía más cómodo, lejos de la ciudad y de los molestos olores que habitaban en ella.
-Hemos llegado.-Anuncié deteniendo mis pasos con suavidad.-Aquí no pasarás frió, como verás este sitio está custodiado por paredes de piedra y rocas.-Dije haciendo que su rostro mirase aquel bello lugar.
Flores de colores se balanceaban con el viento, en el suelo no había nada de tierra pues todo lo que cubría era césped y trozos de rocas.
A nuestras espaldas se quedó un amplio bosque lleno de árboles, justo en frente y a los lados se encontraban murallas gigantes de piedra donde por debajo pasaba un claro arroyo de agua fría.
Dentro de él se encontraban hojas verdes con flores adornándolo, peces de colores y más rocas en el fondo.
Llevé a Liz a una de las rocas y la senté cuidadosamente para que ella misma observase lo que la rodeaba.
-Es precioso.-Dijo.-Es como un sueño.-Susurró.
-Es real.-Corregí arrodillándome ante ella.-Es tan real cómo esto que siento por ti Elizabeth.
Su mirada bajó hasta su regazo y cruzó nerviosamente los dedos de sus manos.
-También es real el peligro que corro si estoy a tu lado, ¿verdad?.-Preguntó sin mirarme.
Sentí aquellas palabras como puñales dentro de mí, todo lo que estábamos viviendo era real y peligroso al mismo tiempo, sentí rabia e impotencia al recordar esa estúpida ley que los vampiros habían llevado a cabo durante siglos.
Desenredé con suavidad los dedos de sus manos y las besé con sumo cuidado mientras miraba su rostro perdido en su regazo.
-Elizabeth, entiendo lo difícil que tiene que ser para ti estar a mi lado y sentir miedo al mismo tiempo.-Comencé a decir.-Viste hasta donde son capaces de llegar, pero créeme cuando te digo que jamás permitiré que vuelva a ocurrir, independientemente de lo que ocurra entre nosotros dos, jamás permitiré que te hagan daño a ti, o a tu familia.
Sus ojos se encontraron con los míos y pude percibir que confiaba en mí, sabía que jamás la iba a dejar sola a merced de otros vampiros, a merced de mi propia familia.
-Te lo prometo.-Añadí acariciando su cálido rostro.
Se abalanzó sobre mí y me abrazó con fuerza, no era la fuerza de sus brazos la que me arropaba, si no la fuerza de su amor, de su alma era lo que me hacía sentir protegido.
-No quiero perderte, quiero estar contigo siempre, siempre siempre.-Repitió una y otra vez despertando todas las fibras de mi ser.
-Mi dulce humana de mejillas sonrosadas, no lo pidas, porque siempre me has tenido, me tendrás y me seguirás teniendo.-Susurré cerca de su oído mientras acaricié con dulzura sus dorados cabellos.
-¿Brandom?.
-¿Si?.-Contesté.
-Hay muchas preguntas que quiero hacerte pero no sé si debo saber más de lo que ya sé.-Dijo liberándome de sus brazos.
-Si necesitas saberlas, no lo pidas Liz, simplemente hazlas.-Dije sentándome frente a ella.
-Esta bien, por ejemplo, ¿puedes decirme cuantos años tienes en realidad?.-Preguntó con timidez.
Sonreí con ganas y flexioné las piernas dejando que mis brazos descansaran sobre ellas.
-¿De verdad te interesa saber mi edad?.-Pregunté al ver en sus pensamientos que aquella pregunta no era la que quería saber.
Asintió con la cabeza y no pude evitar esbozar una gran sonrisa.
-Ciento dieciséis.-Contesté estudiando la reacción de su rostro.
Sus ojos de color castaño se abrieron a la misma vez que sus labios se fueron despegando.
-Sé que soy bastante mayor para ti.-Dije intentando que reaccionase.
-No, no es eso, es que.-Se detuvo.-Me parece…increíble, no aparentas más edad de la que me dijiste.-Dijo.-¿Por qué os mantenéis intactos a pesar de los años?.-Preguntó.
-Supongo que todo está en los genes, vuestras células humanas son muy diferentes a las nuestras.
Nosotros necesitamos la sangre humana y animal para sobrevivir, nos hace fuertes, nos mantiene jóvenes.-Comencé a decir.-Si nos faltase ese complemento alimentario en nuestro cuerpo, nuestra fuerza vital se debilitaría, envejeceríamos con mayor rapidez y al final acabaríamos muriendo, pues nuestras células necesitan sangre constantemente para seguir fortaleciéndose.-Suspiré.-No somos tan diferentes de los humanos, también necesitáis comer para sobrevivir solo que vuestro alimento no activa esas células y al final acaban envejeciendo al igual que vuestro cuerpo.
-Creía que los vampiros no podían morir, que eran inmortales.-Dijo clavando sus ojos en los míos.
-Y lo somos, sólo hasta que uno quiera dejarse morir.-Añadí.
-No quisiera que te dejases morir así, no podría soportarlo.-Dijo apretando fuertemente una de mis manos.
-Eso no ocurrirá, tengo que cuidar y proteger al ser humano más hermoso de la tierra.-Sonreí aliviando sus pensamientos.
Se levantó de aquella roca para dirigirse al lago, se abrazó así misma mientras observaba el arroyo y cuanto la rodeaba.
Me acerqué a ella por detrás y mis brazos se cerraron alrededor de su cintura, una ligera brisa revolvió sus cabellos rozando mi rostro, inhalé el perfume de su piel y besé con delicadeza su cuello mientras que sus ojos se cerraron y sus cálidas manos acariciaron mi rostro helado.
-Que sientes al besar mi cuello…-Susurró en la oscuridad de nuestro rincón secreto.-¿Sientes miedo de lo que puedas hacer?.-Preguntó inquieta.
Noté su pulso acelerado en el cuello mientras mis labios lo rozaron con suavidad.
-No. Lo único que temo, es lo que pienses de mí.-Susurré cerca de su oído.
-Pienso…-susurró-…que a pesar de lo que eres, tienes un alma hermosa.-Dijo haciendo que mis ojos se cerrasen al escuchar sus palabras.
La abracé aún más fuerte intentando retener ese momento tan especial, donde por una vez en mi larga existencia pude escuchar que alguien me amaba aun siendo un monstruo.
-Cuéntame Brandom, ¿cómo es la vida de un vampiro?.-Preguntó mientras su cabeza descansaba sobre mi pecho.
Un suspiro salió de lo más profundo de mi cuerpo, mis brazos alrededor de su cintura fueron meciendo su cuerpo a la misma vez que aquélla cálida brisa mientras intentaba recordar cómo era mi vida antes de conocerla.
-La vida de un vampiro es vivir en una constante lucha con uno mismo.-Dije.-No podemos cazar por nuestra cuenta, no somos libres como quisiéramos siempre hay que respetar las normas, no podemos mostrarnos ante la luz del sol a no ser que sea muy débil.
Y lo más importante, no debemos mezclarnos y hacer amistades humanas.-Añadí torciendo mi sonrisa.
-¿Por qué no?.-Preguntó frunciendo el ceño.-¿Ésa es una de las normas?.
-Si.-Suspiré.-El motivo de esa ley es por que mi padre dijo que desde nuestros ante pasados, los humanos han querido exterminar mi especie por ser diferentes.-Contesté.-No quiere que tengamos trato con vosotros por que teme que seáis cazadores. Mi padre siempre ha sentido odio hacia ellos, estoy empezando a pensar que su resentimiento se deba a que acabaron con mi madre hace muchos años.
-¿Tú también odiabas a los humanos?.-Preguntó acariciando mi rostro helado.
-Si.-Contesté avergonzado.-Siento mucho ser tan rotundo con mi respuesta pero, quiero que sepas que he sido muy disciplinado hasta que te conocí.-Añadí sonriendo para mis adentros.-Sólo os veía como el alimento vital que necesito para seguir viviendo, de hecho, y quiero pedirte que no te asustes pues creo que tengo que ser sincero contigo, sigo viendo a la humanidad igual.-Dije.-A todos, menos a ti.
-Sé y entiendo que no puedes evitar cambiar lo que eres y yo también tengo algo que decirte Brandom.-Dijo volviéndose para encontrarse con mi rostro.-Cuando te enamoras de alguien, te enamoras de ese ser completamente con sus defectos y virtudes. Y a pesar de lo que acabas de decir, te sigo amando tal y como eres.-Dijo besando mis labios.
Apoyé mi frente sobre la suya y una sonrisa dibujaron mis labios emocionado por tales palabras. Cerré mis ojos apretando fuertemente los párpados mientras que mis manos acariciaron su espalda con suavidad.
-Por ti sería capaz de cambiar, sería lo que tu quisieras que fuese, sería un humano si pudiera cambiar mi naturaleza.-Susurré besando su frente. -Todo este tiempo he vivido engañado, el amor si existe entre dos seres diferentes, los vampiros si que podemos amar.-Añadí acariciando su rostro con mis dedos.
-Jamás pensé que compartiríamos el mismo sentimiento, me angustiaba pensar que no sentías nada por mi.-Dijo acurrucada a mi pecho.
-Te equivocabas, por que desde que naciste algo en mi interior nació a la misma vez, y no floreció hasta que nos conocimos.
La tomé de la mano y nos sentamos en aquél césped verdoso contemplando el arroyo abrazados el uno al otro.
-Brandom, lamento lo de tu madre.-Dijo rompiendo el silencio de la oscura noche.-¿Cuándo murió?.-Preguntó sin mirar mi rostro.
Fruncí el ceño y algo se encogió dentro de mi pecho.
-En realidad no sé donde está, desapareció hace muchos años.-Comencé a decir.-Ni siquiera recuerdo cómo era.
Mi padre jamás me ha hablado de ello, tampoco me atrevido a preguntarle pero creo que los cazadores tuvieron que ver con su desaparición, pues si aún siguiera viva, sé que hubiera regresado de alguna manera.
Sus ojos estudiaron mi rostro y en ellos pude ver un brillo que cegaba los míos.
-No tienes por qué llorar.-Dije acariciando su dulce rostro.
-Es muy triste.-Dijo clavando su mirada en aquél arroyo.
-No, mírame Liz.-Dije frunciendo el ceño.
La tomé por la barbilla y la obligué a mirarme directamente a los ojos.
-No hay que estarlo, vivamos el presente y dejemos el pasado.-Dije al ver su rostro roto por el dolor que estaba sintiendo por mi.
Era fascinante ver sus reacciones, sus sentimientos, sus emociones pero a la misma vez me hacían daño, no podía soportar que sufriera y mucho menos por mí.
-Elizabeth di que me quieres, di que amas.-Supliqué abrazándola con fuerza.
-Si, te amo Brandom, te quiero más que a nada en este mundo.
-¿Lo ves?, eso es lo que me hace tan feliz.-Dije cerrando mis ojos.-No existe la tristeza si tu estás aquí, conmigo.
-Y yo estaré bien solo si tú lo estás.-Respondió acurrucándose a mi pecho.
Sus palabras caían sobre mi cuerpo como un manto arropándome en la oscura noche, era la única persona que podía entender mi dolor, mis sentimientos, era la única persona que me hacía sentir pleno, la única que había despertado el amor en mí.
¿Cómo había permanecido vivo todo este tiempo sin su amor, sin sus caricias, sin sus besos y aquellas palabras que hacían que mi cuerpo temblase?.
Aquello no importaba ahora, lo que verdaderamente importaba era que estábamos juntos, amándonos en silencio hasta que reuniese el valor suficiente de enfrentarme a todo tipo de obstáculos que se nos presentasen en nuestro camino.
Sabía lo que era, sabía el riesgo que Elizabeth corría al decidir permanecer a mi lado, quizá era demasiado egoísta y débil por no renunciar a ella pero no estaba dispuesto a sacrificar su felicidad ni la mía por aquella estúpida ley.
Yo podía cambiar las cosas, debía cambiar las cosas, y me prometí a mi mismo hacerlo.
Ella me daría las fuerzas suficientes para enfrentar todo y a todos, probablemente moriría en el intento pero al menos habré luchado por algo en lo que yo si creía, el amor entre dos especies diferentes.

-Brandom, ¿qué piensas?.-Preguntó alzando su rostro.
Sonreí besando su frente y acto seguido inmortalicé su bello rostro en mi mente.
-Gracias.-Contesté.
-¿Gracias, por que?.-Preguntó.
-Por quererme.-Contesté a la misma vez que se escuchó en la oscuridad el latido de su corazón.
Sus labios dibujaron una sonrisa y rozaron los míos para fundirse en un beso suave y dulce al mismo tiempo, atraje su cuerpo hacia el mío y nuestras manos entrelazadas sellaron aquél amor prohibido bajo la luz de la luna.