Clan "Inmortales"

sábado, 27 de marzo de 2010

†Capítulo 3-Una tarde especial†

Habíamos terminado de comer, la rodilla iba cada vez mejor según pasaban las horas, me levante de mi asiento y recogí los platos vacios que habían sobre la mesa, mi madre había dado una orden a mi hermana para que lavara lo que habíamos ensuciado mientras ella salía fuera a tender nuestras ropas. Amelia odiaba fregar, cada vez que se lo mandaban comenzaba a patalear en protesta, cosa que nunca funcionaba.
Yo había subido a mi habitación para cambiarme las ropas, me quite el vestido amarillo claro, lo lie con mis manos haciendo una montaña, y camine hasta el lado de la puerta dejándolo caer al suelo. Lo sustituí por un vestido mas viejo, un corsé color azul intenso, y falda anaranjada, hacia una combinación perfecta con mi pelo, castaño anaranjado con reflejos dorados como mi madre.
Mi padre me esperaba en la camioneta e hice esfuerzo para aparentar caminar sin ninguna dificultad.
-¿Seguro que te encuentras bien? -Preguntó cuando di un salto para subirme al asiento,
cerré la puerta de la camioneta y mire a sus ojos castaños.
-Perfectamente papá, vayamos al tajo.
-Mi padre sonrió y arranco el cascado motor, pronto nos vimos en una larga carretera polvorienta
y mis ojos se quedaban maravillados al ver las florecillas que crecían junto a las cunetas.
Llegamos al centro de la ciudad en menos de quince minutos, las campanas del reloj de la torre repiquetearon cuatro veces, mi padre sacó las llaves de sus pantalones y abrió la puerta
de la tienda, al abrirse sonaron campanitas de bienvenida.
Papá me dio un taburete de tres patas puso las manos en mis hombros y me obligo cariñosamente a sentarme.
Pasaron varios minutos y estaba muerta de aburrimiento, quería hacer algo útil, y en lugar de eso, estaba sentada oyendo como mi padre serraba madera.
Al cabo de un rato, volvió con cuatro palos en los brazos, me puso uno de ellos en mi regazo y los otros tres los dejo en el suelo con cuidado.
-Bien Liz, tienes que lijar estas patas, son de dos de las mecedoras, crees
que podrás hacerlo? -Preguntó estudiándome el rostro.
-Podré hacerlo papá. -Conteste con firmeza.
Alargo su mano y me dio un paquete de lijas para usarlas, acomodé en mi regazo la pata de
la mecedora y comencé a lijar cuidadosamente mientras mi padre le daba forma a los cabeceros.
Era un buen tallista, y a la vez tenia conocimientos de carpintero, hacia cualquier cosa con las manos, para mi todo lo que hacia era una obra de arte.
Papá giraba la cabeza en algunos momentos para observarme, le hacía gracia ver como
me concentraba en mi trabajo, tanto, que ni siquiera salió una palabra de
mis labios, solo soplaba aquel polvo que se había acumulado.
Ya había terminado tres patas, cogí la última y la puse encima de mis rodillas para darles una textura suave.
Las campanitas sonaron como una melodía, papá miró hacia la puerta, unos pasos se
iban acercando y tocaron el timbre que estaba encima del mostrador.
Dejó lo que estaba haciendo y se dirigió para atender a los clientes.
-Buenas tardes Joel, que tal Margarite? -Pregunto mi padre muy educadamente.
-Hola Jeremy, tienes lista la estantería que te encargue?.
-Sí, deme un minuto, voy a traérsela.
Papá cruzo el taller guiñándome un ojo y fue hacia la parte trasera de la tienda, sonreí y volví con mi tarea.
Pero fue en ese momento cuando mi atención se desvió, los clientes que entraron
hablaban entre ellos de un tema preocupante, un tema que ya había escuchado antes
pero no recordaba donde.
Papá regreso con una estantería de tres baldas, unos dibujos de hojas tallados a los lados de ésta y un acabado de barniz perfecto que lo hacia brillar.
-Es increíble Jeremy, muchas gracias, ¿que te debo? -Dijo la mujer muy satisfecha del trabajo. Cuando terminaron de discutir por el precio, el señor bajito guardo su cartera
y miró a mi padre confuso.
-Entonces no te as enterado de esas muertes? Algo pasa en la ciudad y desde hace mucho tiempo.
Deje de lijar para agudizar mas el oído y mi padre hecho una mirada rápida hacia atrás.
Bajo la voz con lo que me costó mucho entender que decía.
-La verdad es que no sabía nada de eso, creí que eran historias que circulaban
por la ciudad para asustar a los críos.
-La última victima tenia el hombro en carne viva, es horrible, horrible.
La señora se llevo la mano en la garganta horrorizada y mi padre volvió a mirar hacia atrás viendo mi rostro horrorizado.
-No se sabe quién lo hizo, o qué le causo la muerte. -Volvió a decir la mujer, mi padre inspiro
y expulso el aire lentamente y apoyo sus manos encima del mostrador inclinándose hacia delante.
-Sea lo que sea, las autoridades ya se harán cargo de todo eso, y espero que lo hagan pronto antes de que vuelva a actuar.
Se volvió a poner derecho y el matrimonio asintió, papá los acompañó hasta la puerta
de la entrada donde volvieron a sonar las alegres campanitas y se despidió de sus clientes con una sonrisa.
Baje la vista hasta la pata de madera para reanudar mi trabajo, los pasos de mi padre se acercaron cerca de mi y se puso en su mesa de trabajo dándome la espalda, parecía que evitaba darme
una explicación, o sólo quería aparentar de que no estaba asustado cuando en realidad si que lo estaba.
-Papá…lo he escuchado todo, no tienes porque fingir que no pasa nada, no me asusta.
Mi padre se dio la vuelta frunciendo el ceño.
-Pero yo si Liz, no se que esta pasando ahí fuera, pero en cualquier caso, quiero que tengáis cuidado.
Bajo la vista hasta sus zapatos gastados y volvió a mirarme a los ojos.
-Papá, no te preocupes por eso, lo tendremos, te lo prometo.
Cogió aire y lo soltó con una sonrisa.
-Bien, volvamos al trabajo.
Le regale una de mis sonrisas despreocupadas y pude percibir en el que todo iría bien.
-¿Estas cansada? -me pregunto después de un largo rato sin hablar, mi tarea era ahora
lijar los tres cabeceros que había echo mi padre.
-En absoluto, estoy perfectamente.
-Bien, ¿que tal si vas a el taller de Harry y le pides que te preste un mazo para mi?
Incliné la cabeza hacia un lado y puse los ojos en blanco.
-Papá, ¿intentas que me vaya para descansar un poco?
-¿Tanto se me a notado? -Pregunto con la boca torcida
-Un…..poquito, casi me lo creo.-Conteste.
-En serio, necesito ese mazo. -Insistió ahora entrecerrando sus ojos esperando que le diera un “si”. -Esta bien, enseguida vuelvo.-Dije con un suspiro largo.
Me levante del taburete y sacudí mi vestido, el polvo me llego a la garganta y a los
pocos segundos al interior de mi nariz.
-¡Achís!.
Mi padre carcajeo y contesto con un “Jesús”.
-No te demores mucho Liz.
Salí por la puerta intentando poder respirar aire limpio, me lleve la palma de mi mano
a la nariz haciendo movimientos circulares para que el picor cesara.
Al cruzar la esquina eche un último vistazo a la calle donde se encontraba la tienda de mi padre, quería asegurarme de que no me seguía para comprobar que aun cojeaba un poco.
Las campanas de la torre del reloj cantaron seis veces, era ya media tarde, las calles estaban llenas de gente mirando los puestos que habían en ambos lados, no pude evitar detenerme en uno, donde habían relojes de bolsillo de color oro y plateado.
El taller de Harry estaba a unas tres manzanas, sabía que mi padre quería hacerme desaparecer asique no me di mucha prisa , mi rodilla también agradecería que no hiciese tanto esfuerzo.
Mientras caminaba, de vez en cuando me detenía en los puestos mirando las maravillas que la gente exponía para venderlos.
Cogí entre mis manos un pañuelo de seda color blanco hueso con bordados dorados, sintiendo
la textura con la yema de mis dedos.
Una mano cálida me toco el hombro, gire el rostro hacia atrás y una sonrisa
apareció al instante.
-Hola Liz, ¿qué haces por aquí?.-Pregunto Karisma muy sonriente.-¿Vienes a comprar?.
Sus ojos marrones se dirigieron hacia el pañuelo que sostenía mi mano.
-Oh…no…sólo estaba…mirando.
Me salió una risita nerviosa y deje el pañuelo donde estaba.
-¿Te gusta?.
-Si, es…es muy bonito.
Karisma sonrió llevándose unos mechones de cabello detrás de la oreja.
Se dirigió al señor que estaba al otro lado del puesto y hablaron entre ellos, al cabo de
dos minutos se dio la vuelta y tiro de mi mano para hacerme salir del grupo
de gente que se amontonaba allí.
-Te lo regalo.
Puso el pañuelo blanco de seda sobre mi mano sin dejar de sonreir.
-Gracias Karisma, pero no puedo aceptarlo.
Puso cara de decepción e insistió en que me lo quedara.
-Muchas gracias, es precioso.
-Por eso crei que debería de ser tuyo, los complementos bonitos destacan mas
en personas bonitas, ¿no crees?.
El rubor subió por mis mejillas, Karisma, era la clase de persona capaz de levantar el ánimo
hasta un muerto, era encantadora.
Se ofreció acompañarme hasta el taller de Harry, asique nos pusimos en camino mientras íbamos charlando.
Ese día, Karisma estaba especialmente guapa, su melena negra al viento le daba una belleza exquisita, sus ojos rasgados llevaban una sombra color rojizo que hacia juego con su vestido largo y ceñido hasta la cintura.
Yo no era una persona de hacer amigos todos los días, pero con Karisma fue algo especial, nos entendíamos, y pronto nos contamos todos los secretos que unas chicas adolescentes puede tener.
Tenía dieciocho años, vivía al norte de Londres en una amplia casa con su padre y tres hermanos mas, eran de clase media y tenia un novio en secreto.
A su padre no le gustaba nada la idea, y ella le conto que rompió con el para no hacerle sufrir, pero se seguían viendo…a escondidas.
-Un día te lo presentare.-Dijo agarrándome por el brazo y apoyando su cabeza en mi hombro.
-¿Y tú?, ¿tienes a alguien especial?.
Me quede pensativa por unos momentos y alzo la vista sonriendo.
-Si que lo tienes, e visto esa mirada muchas veces.-Dijo sonriendo entre dientes.
-Bueno esta misma mañana..conocí a alguien que..si, es especial.
Karisma sonrió y pidió detalles dando palmadas y saltitos alegres de emoción.
Le conté lo que me había sucedido cuando me dirigía a la escuela y se quedo con la
boca abierta y los ojos desorbitados cuando llegue a el punto fuerte de la historia.
-Vaya Liz, tuviste mucha suerte de no ser pisoteada por la gente y por el carruaje, me parece emocionante que ese chico te sacara de allí en brazos, y según cómo lo describes debe de ser guapísimo.
Bajo la mirada abajo subiendo un poco mi vestido para comprobar el vendaje de mi rodilla.
-Ahora entiendo porque cojeas.
Sonrió y bajo la cascada de tela hasta mis pies alisando los bajos con la mano.
-¿Y cómo se llama?, dijiste su apellido pero no su nombre.
Oh vaya..tenía toda la razón, con el despiste del incidente ni siquiera se
me paso por la mente preguntar cómo se llamaba aquel rostro angelical.
Karisma sonrió y me froto el brazo con cariño.
-No lo sabes, bueno tendrás la oportunidad en otro momento de preguntárselo.
Asentí con la cabeza y sonreí.
-Mira Liz, ese debe de ser el taller que estas buscando.-Dijo señalando con un dedo el cartel viejo con el nombre de Harry el Herrero.
Abrí la puerta y esta chirrió cuando llego al tope de la pared, un señor bajito de pelo color nieve y gafas redondas alzó la vista en cuanto nos escucho entrar.
-Buenas tardes, ¿en qué puedo servirlas señoritas?.
-Buenas tardes Harry, supongo que no me reconoce, vengo de parte de mi padre, Jeremy Jenzen.
Di unos pasos hacia delante y Karisma me siguió, el rostro de aquel señor se quedo pensativo mientras agarraba su mentón con una mano.
-¿Liz? Por dios que mayor te estás haciendo no te vi desde hace meses, tendrás
que disculparme que no te haya conocido, pero supongo que sabrás como funciona la memoria de los viejos.
Harry sacudió sus gruesas manos sobre un mandil sucio que llevaba puesto, y después se rascó la cabeza.
-¿Bien, que se le ofrece a tu padre?
-Esto…me pidió que le dijera si usted le podía prestar un mazo.
El señor bajito junto sus labios y asintió, se dirigió a una estantería enorme mirando hacia arriba, resopló y fue a buscar un taburete para alcanzar la herramienta.
-Aquí tienes Liz, por favor, cualquier cosa más que necesitéis me lo hacéis saber.-Dijo sonriendo mientras se ajustaba las gafas.
-Muchas gracias Harry.
El hombre se adelanto hasta la puerta y la abrió para que cruzáramos por ella.
Me detuve detrás de Karisma en cuanto salí.
-¿Quieres que te acompañe hasta la tienda de tu padre?, te lo pregunto por qué tengo que tomar esa calle para ir a la boutique farmacéutica.
-Claro, así charlamos otro poco.-Conteste sonriendo entre dientes.
El camino de regreso se hizo interesante, tanto como el camino de ida al taller de Harry.
Me conto que necesitaba ir a esa boutique a comprar unos medicamentos para su hermana mayor, tenía una enfermedad rara instalada en sus pulmones, que hacia fatigarla cada vez que caminaba.
La conversación tomo un rumbo diferente cuando ella comenzó hablar sobre
los asesinatos ocurridos en Londres, Karisma sabía lo que yo sabía, lo habíamos oído de personas diferentes, y todas esas personas tenían algo en común, esas muertes eran violentas y horribles.
Ella se estremeció y se abrazo así misma para sacudirse ese pensamiento.
-Si estamos juntas esa cosa no podrá atacarnos.-Dijo con el fin de que pudiera decir alguna cosa para hacerla sentir mejor, aun que su don era ese, hacer que los demás se sientan mejor, y aquí estaba yo plantada ante este dilema si sería capaz de hacerlo o no.
Respire profundamente y ensanche mi sonrisa.
-¡Oh si claro! Le daremos una buena paliza.
Ella me miro sin dejar de caminar y las dos carcajeamos llevándonos la mano al estomago. Karisma empezó a imitar como daría ese puñetazo en la punta de la nariz del atacante, las risas sonaban como eco en las bocacalles donde nos adentrábamos para regresar a la tienda de mi padre.
-Entra, quiero presentarte a mi padre.-Dije abriendo la puerta.
Karisma miro las campanitas de bienvenida y luego bajo la vista hasta mi, la empuje con ambas manos en la espalda haciéndola caminar hacia el mostrador.
-¿Papá? , ya estoy aquí.
Mi padre fue a mi encuentro, tenía un trapo en las manos con el que se limpiaba los dedos, miro a mi amiga y luego se dirigió a mí.
-Hola a las dos,¿ te presto Harry lo que te encargué?.
Alargue el brazo y le puse sobre la mano el mazo, volví junto a Karisma y mi padre sonrió.
-¿Quien es tu nueva amiga Liz?.-Preguntó.
-Hola señor, me llamo Karisma.
Alzo una mano y mi padre la estrecho con cariño.
-Yo soy Jeremy Jenzen, el padre de Liz.
-Sí, su hija me fue contando por el camino.
Karisma sonrió y se aliso el vestido.
-Bueno, tengo que irme, ha sido un placer señor Jenzen. Ya nos veremos otro día Liz.
Salió por la puerta y nos dedico una última mirada acompañada de una sonrisa perfecta.
-Es encantadora Liz, ¿os conocéis desde hace tiempo? -pregunto volviendo a la mesa de trabajo, yo le seguí para ayudarle.
-No, pero como si lo fuera.
Mi padre sonrió y me hizo un gesto con la cabeza, señal de que me incorporara a mi tarea.
El reloj de la vieja torre de la plaza cantaron ocho veces, el pedido de los Akerman estaba listo, cuando volví del taller de Harry me puse de nuevo manos a la obra adelantando el trabajo, y ya estaba todo terminado ,mi padre me dio un apretón de brazos satisfecho.
-No puedo creer que ya esté todo acabado, impresionante, me has servido de gran ayuda hija.
-Me ha gustado trabajar codo con codo contigo papá,-Sonreí.
-¿Y cuando vienen a recoger todo esto?.Son las ocho de la tarde.-Pregunté.
-En realidad les dije que lo tendría preparado en un par de días, pero gracias a ti pudimos hacerlo en una tarde, estoy muy orgulloso.-Dijo mi padre ensanchando sus finos labios.
Se sentó en mi taburete estirando sus piernas.
-Mañana por la tarde no tengo mucho trabajo por aquí, me acercare a la mansión de los Akerman para que pasen a recogerlo cuando deseen.
-Abrí los ojos y entrelacé mis dedos detrás de mi espalda.
-¿Puedo acompañarte mañana?.-Pregunté realmente nerviosa.
Mi padre levanto la vista viendo mi cara de suplica.
-Por supuesto, deberíamos de irnos a casa ,es tarde y estoy hambriento.-Anunció llevando una de sus manos al estómago.
Sonreí, y en ese momento mi estomago me traicionó, rugió de una manera descomunal, mi padre se volvió para mirarme y carcajeo.
-Parece que ya somos dos los hambrientos, volvamos a casa Liz.
El camino de vuelta se hizo corto, el color del cielo había tomado un color grisáceo, no podía verse el sol, pues ya estaba escondido en su guarida hasta la mañana siguiente.
Había sido un día muy largo y cansado, no podía dejar de recordar lo de esta mañana, mi corazón latió con furia cuando recordé aquel momento en el que me tomaba en sus brazos, esos brazos que parecían de piedra helada, y sus ojos del color de la miel atravesando los míos.
-Ya estamos aquí. -Anuncio mi padre.
Amelia corrió a su encuentro abrazándolo y mi madre sonrió al vernos.
La cena estaba servida en la mesa, mi padre y yo les habíamos contado todo lo que hicimos aquella tarde, Amelia puso cara de pocos amigos cuando conté que me había encontrado con mi amiga Karisma, y que había tenido la amabilidad de regalarme un precioso pañuelo de seda.
Papá comento a mi madre que mañana por la tarde lo iba acompañar hasta la mansión de los Akerman para anunciarles que su pedido estaba hecho.
Mi hermana pequeña puso caras, pero no salió ni una palabra de sus labios, era inútil que se pusiera a lloriquear pues ya había captado que así no conseguiría nada.
En cuanto acabó la cena subí las escaleras y prepare un baño caliente, hice un recogido con mi cabello y acto seguido me metí en el agua.
Deje mis brazos colgando por fuera de la pequeña bañera y cerré los ojos, no me percaté de que aun tenía el vendaje, lo desenlié de mi rodilla y lo escurrí con un puño, segundos después lo dejé caer al suelo y volví a cerrar los ojos relajando todo mi cuerpo.
No hacía más que pensar en el día de mañana.
¿Nos recibiría él mismo en su misma casa? , no pude evitar volar mi imaginación inventando encuentros diferentes, la sangre se acoplaba en mis mejillas y me sumergí por completo en el agua.
Cuando acabé con mi baño, sustituí la gasa por otra, y yo misma utilicé otra venda para enrollarla en mi rodilla.
Fui a mi habitación y me deje caer sobre la cama, estaba realmente cansada, al poco rato quedé dormida, el último pensamiento que tuve fue del joven Akerman, en sus brazos..
Corría por el bosque, huía de alguien que me perseguía por la oscuridad de la noche, intentaba acelerar mi paso pero era como si mi cuerpo no diera más de sí, la desesperación por sobrevivir me hizo gritar.
Pude ver con mis ojos un cuerpo tirado en medio del camino, le faltaba parte de su hombro y pude comprobar que en su otro brazo se le veía el hueso del codo, era como si alguien hubiera intentado arrancarle las extremidades.
Di un grito ahogado en el aire y en ese momento pude ver una brillante luz al fondo del camino,era un claro iluminado por la luna.
Me quede en el centro observando la imponente luna, parecía estar muy cerca, entonces unos brazos me rodearon la cintura, mi corazón dio un vuelco e intente apartar esas manos que me agarraban con fuerza.
Para mi sorpresa, dejó mi cuerpo libre y me retiré unos metros de él, me daba la espalda y creí reconocer de quien se trataba.
Su melena oscura se revolvió con el viento y vi como le temblaba todo el cuerpo, intente acercarme un poco mas y alargue el brazo para tocar su ancho hombro, entonces se volvió hacia a mi con ojos enloquecidos y sangre por todas partes, en su mano empuñaba un hacha afilado que iba derecho a mi cuello.
Grite con ganas y me desperté de un golpe, estaba empapada en un sudor frio.
Me incorpore y pase las manos por mi rostro intentando calmarme ,mi respiración acelerada se escuchaba en la tranquila noche, había sido horrible.
Las sabanas de mi cama me arropaba hasta la cintura, mire hacia la ventana y me destapé para dirigirme a ella.
Apoye una mano sobre el cristal mirando la oscura noche, las hojas de los árboles se mecían, entonces vi algo parecido a una silueta de persona.
Entrecerré los ojos para esforzar la vista e intentar distinguir, pero cuando mis ojos parpadearon ya no había nada, podría haber sido la sombra de un árbol cercano, o podría haber sido yo que aún estaba dormida.

7 comentarios:

  1. Sé el primero en publicar un comentario, gracias!

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  2. Wow
    Se va poniendo interesante
    Ya quiero ver a Brandom
    jeje (:

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  3. uy uy uy.... mola el final del capítulo XD.. escribes muy bien

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  4. uuuu no veas que enganche me voy al cuatro que van para la mansion y eso no me lo pierdooo ajajajajajjajaj que nerviossss ajajajjaja FLAKA:BESOS

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  5. hoo acabo de descubrir este blog y solo tengo una palabra para describirlo:impresionante, muy bueno tambien me e echo seguidora, esta muy bien sigue escribiendo asi que yo voy a continuar lellendo.

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  6. Menudo final de capítulo, me encanta!!! Un beso!

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  7. Me ha encantado, sobre todo la parte del sueño, voy a por el siguiente.Un beso.
    ATT:NATY

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