Clan "Inmortales"

sábado, 27 de marzo de 2010

†Capítulo 1-Feliz cumpleaños†



Brandom Akerman..el nombre de el ser más bello de la tierra, el nombre de mi
protector, nunca había amado en mi vida algo tan hermoso, tan fiero y a la vez tan dulce. No se podría decir que mi vida había sido un camino de rosas, pero mereció la pena el dolor y tanto esfuerzo. Cuando lo vi por vez primera fue a mis dieciséis años, lo vi en mis sueños. Su rostro y su cuerpo era el color del mármol, sus ojos de un color miel profundo que destelleaban con la luz del sol, y su pelo largo y
oscuro caía suavemente por sus hombros, bien marcados, se apreciaba su esbelta figura… perfecta. Era el año 1900, me dirigía al bosque a recoger plantas silvestres, acompañada de mi hermana pequeña, Amelia. Amy, como yo a veces la llamaba cariñosamente, era una niña muy risueña, y muy atenta en todo, jamás se le escapaba algo nuevo que ocurriera en el pueblo o en las afueras de éste. Tenía ocho años,su cabello era lacio con tirabuzones en las puntas de color castaño claro al igual que sus ojos llenos de vida Era primavera, el bosque tenia un aspecto bellísimo, sus árboles robustos parecían alcanzar el mismísimo cielo, todo cuanto había iluminaba con luz propia. Sus flores de innumerables colores se balanceaban como un coro, con la brisa del cálido viento primaveral.
-¿Se puede saber a qué viene esa sonrisa toda la mañana? -preguntó Amelia
-¿Volviste a soñar con el galán cierto?
Me quedé pensativa unos momentos mientras dejaba en la hierba el cesto de mimbre, luego aprete mi vestido con las manos cerrándolas en un puño y sonreí
- Me sorprendes Amy, me sorprende tu capacidad para adivinar cosas así.-Ella puso los ojos en blanco y sopló
-No lo e adivinado, Liz..no has dejado de hablar en sueños toda la noche.
Entonces Amelia se puso a bailotear al son del viento agarrándose con una mano su vestido, imitando a dos amantes bailarines, sentí como la sangre se acoplaba en mi rostro
-¡Amy! para déjalo ya por favor.
Amelia se aclaró la garganta y se disculpo, en su voz había una nota graciosa. Cogí la cesta y me puse en movimiento hacia un claro con flores de todas las clases, me senté de rodillas dejando la cesta a mi lado y comencé a coger unas cuantas flores de las que me gustaban. Amelia se acercó y se dejo caer aplastando una gran parte de ellas, yo hacia caso omiso a su presencia y seguí con mi tarea.
-¿Para qué son estas flores?- pregunto arrugando la frente
-Para mamá, quiero regalarle algo especial por su cumpleaños, los regalos más bonitos son aquellos que se hacen por la mano del hombre…en este caso..por las manos de una mujer.- le dije con tono cantarin y muy orgullosa de mi misma.
- Ah, estupendo y...¿que vas hacer con todas esas flores? – preguntó
-Shh, ah no, eso no puedo decirlo, eres capaz de ir corriendo y decírselo, es un riesgo que no
voy a correr.
Amelia se quedo con el rostro frustrado y luego torció los labios como si quisiera mostrar una sonrisa. Enseguida se puso de rodillas y me ayudo a seleccionar las flores más bonitas que teníamos a la vista. Unos pasos crujían todas las flores y nos vimos obligadas a levantar la vista casi de inmediato. Una mujer, algo más mayor que yo, se quedó parada frente a nosotras como una estatua. Su pelo largo y negro flotaba en el aire violentamente, sus ojos rasgados no dejaron de mirarme, parecía estar echando puñales por ellos.


Su tez era de un moreno claro que brillaba cuando tenia el sol de frente. Se quedo ahí parada mirándonos descaradamente, le hice un gesto a mi hermana para que soltara las flores que tenia en la mano, y Amelia se apresuro a dejarlas sobre la hierba cuidadosamente. El rostro de esta chica se ilumino más y su sonrisa se amplio
-Siento a veros asustado, me llamo Karisma.
La muchacha hizo una reverencia inclinando su cuerpo y a la vez su cabeza. Me levante apoyando una mano en mi rodilla derecha devolviéndole la sonrisa e inclinándome en contestación.
-Encantada Karisma, mi nombre es Liz, y ella es mi hermana pequeña, Amelia.
Mi hermana dio un salto y se apresuro para acompañar mi reverencia. Karisma echo a reír y un nido de pájaros adolescentes emprendió el vuelo al escuchar tan exageradas carcajadas.
-Perdonadme, es que nunca e visto a campesinas con unos gustos tan refinados.
Amelia levanto una ceja con expresión de disgusto.
-Lo…lo siento otra vez..queréis que seamos amigas?- preguntó Karisma con las manos entrelazadas a su espalda.
Mi hermana tomó un trago de aire y me tiro del vestido. Yo no podía de dejar de mirar aquel rostro, realmente parecía agradable.
-Oh, por supuesto.-Le contesté por fin.
Amelia seguía tirando de mi vestido, y se agachó para coger mi cesta que aún estaba en el suelo.
-Vayámonos a casa, es tarde Liz.
Mi hermana tiró de mí y Karisma se despidió con la mano añadiendo
-Podéis venir cuando queráis a por flores prometo no asaltaros de la manera en que lo hice.
Seguí a mi hermana colina abajo preguntándome de donde había salido esa chica, parecía a ver salido de la nada de repente.
-Es odiosa, ¿no crees Liz?, por dios que arrogante, mira que llamarnos campesinas uf! -Dijo Amelia disgustada, estaba que echaba chispas y fuego por los ojos.
-Venga no exageres solo quería disculparse por el susto que nos dio.
-¿Disculparse? ¡Ja!-Contestó llevándome la contraria.
Llegando a casa, mi madre estaba en la entrada del porche tejiendo, sentada en uno de los bancos de madera gastados por el tiempo. Siempre que la veía me impresionaba, su hermosura era inigualable. Su pelo del color castaño con reflejos dorados se movía con el ligero viento. Sus ojos color caramelo se dejaban ver por encima de sus pequeñas gafas redondas, y nos regaló una amplia sonrisa a mi hermana y a mi cuando nos vió aparecer.
-¿Dónde os habíais metido toda la mañana?, le dijisteis a vuestro padre que me ayudaríais más con las tareas del hogar.-Dijo con su voz dulce y calida.
-Mamá, teníamos motivos para ausentarnos, espero que no estés enfadada con nosotras.-La última frase me salió de la garganta bastante apagada.
-¿Enfadada? Venid aquí.-Contesto con una sonrisa tierna en los labios y estirando los brazos. Corrí a su lado y me arrodillé en su regazo al igual que Amelia.
-Te quiero mamá.-Dijo Amy cariñosamente.
-Y yo a vosotras.-Contestó mi madre acariciándonos el cabello.
De pronto la puerta de la entrada de la finca chirrió, y se escucho un estruendo de palos cayéndose en el suelo.
-¿Y a mí quien me quiere?-Preguntó una voz gruesa y alegre.
-¡Papá!-Gritamos mi hermana y yo y salimos a su encuentro abrazándolo.
Mi madre sonreía e hizo un gesto con la cabeza mientras seguía tejiendo. Mi padre me agarró por el mentón y no paraba de decirme lo mayor que me estaba haciendo.
-Papá no soy tan mayor, solo tengo dieciséis años.
-Lo siento Liz, quizás soy yo que ya me veo demasiado viejo.
-Papá….tú no eres viejo.-Le dije, dándole otro fuerte abrazo.
Amelia bajó la vista mirando la montaña de palos que mi padre había dejado caer momentos antes, y empezó a dar vueltas alrededor de él, mirando en los bolsillos de sus pantalones.
-¿Amelia que haces?-preguntó mi padre apartándose un poco de nosotras.
Amy, puso cara de disgusto.
-¡Papá! ¿Hoy no nos as traído nada?
Mi padre echo a reír a la misma vez que mi madre, mientras yo me quedaba con los ojos
en blanco.
-No e tenido tiempo de traeros algún detalle Amy, ¿no os basta con que vuestro padre este de vuelta?.
En realidad era mejor que otro regalo. Mi padre trabajaba muy duro para nosotras, era carpintero y tallista, un pedazo de madera en manos de mi padre se convertía en una obra de arte.
-Chicas, la protagonista hoy es vuestra madre, e traído algo especial para ella.
Papá se dirigió hasta la entrada donde mi madre seguía aún sentada, nosotras le seguimos con pasos alegres y con ojos curiosos. Le besó la frente mientras mi madre cerraba los ojos con una sonrisa, entonces mi padre susurró
-Feliz cumpleaños Clementine._
Mamá le agradeció sus palabras, y mi padre saco desde el interior de su camisa una pequeña cajita de madera, en la que tenia tallada un corazón con unas letras que decía: “Te quiero Clementine”. Mi madre levanto la vista observando nuestros rostros, expectantes por ver que había en el interior de esa cajita. La abrió con cuidado y sus ojos parecieron brillar por un momento, con cuidado saco del interior una cadena de oro muy delicada, la acompañaba un corazón transparente que brillaba con los rayos de sol de múltiples colores. Mi padre hizo señas para que abriera ese corazón, el interior estaba cubierto con oro y tenia unas diminutas letras en las que se podían apreciar las iniciales de mis padres.
A la derecha del corazón había una pequeña fotografía de los dos juntos, realmente ese colgante era la cosa mas bonita que jamás había visto.
-Gracias Jeremy.-Dijo mi madre alzando su cabeza para darle un tierno beso en los labios.
Nos dirigimos al interior de la casa y me apresure a subir las escaleras para entrar en mi dormitorio, dejando la cesta de mimbre encima de mi cama, y sacando las flores que habíamos recogido Amelia y yo.
Fui hasta la ventana para abrirla, dejando que los rayos del sol penetraran iluminando toda la habitación. Poco a poco fui cogiendo pétalos de flores y haciendo pequeñas perforaciones
en el centro.
Pase hilo de color oro entre los pétalos formando una colorida y alegre cadena. Me costó poco hacerla, pero puse mucho cariño en ella porque era para mama. Puede que no fuera una idea muy original pero yo quería hacer algo por mí misma, al fin y al cabo, lo que importa es la intención. Espere hasta la hora de la cena para poder entregarle mi regalo, y acerté, a mamá le encanto.
-Por dios Liz, ¡es un trabajo excelente!
Dijo mi madre muy impresionada, Amelia estaba sentada en la mesa con una mano apoyando su rostro.
-Pero los pétalos se secaran y entonces la cadena se quedara únicamente con el hilo ¿no?
Mi padre la fulminó con la mirada.
-Es un buen trabajo Liz.-Se apresuró a decir mi criticona hermana.
Mamá me abrazo diciéndome cuanto le gustaba, se lo pasó por encima de la cabeza dejándolo caer sobre su cuello junto al gran corazón que mi padre le había regalado.
-Y bien pequeña Amy, ¿tu que le vas a regalar a tu madre?-Dijo papá sonriendo.
-Esto….toma mamá, espero que te guste.
Amelia puso sobre su mano una pulsera con piedrecitas de colores, a mi madre se le volvió a iluminar el rostro y se acerco a ella para darle un buen abrazo.
-La compre ayer en uno de los puestos que había en la plaza.
-De veras, me encanta tesoro, gracias a todos.-Afirmo con una amplia sonrisa.
Nos acomodamos en los asientos acercándonos en la mesa para cenar, Amelia alargo la mano para tomar un poco de pan, y entonces mi padre le dio un palmetazo suave.
-¿Amelia?
-Oh, lo siento papá. Se me olvida que hay que bendecir la mesa antes de comer.
Mi padre hizo un gesto de asentamiento y empezó a pronunciar las oraciones antes de que nos lanzáramos a engullir todo cuanto había en la mesa. Papa fue el primero en sacar conversación durante la velada.
-Esta semana tengo un encargo en el taller, nada mas y nada menso que seis cabeceros, dos mecedoras y tres balancines.
Mamá cogió su servilleta que estaba descansando encima de sus rodillas y se limpio las comisuras de los labios.
-Estupendo Jeremy, ¿quieres que te eche una mano en la tienda?-Pregunto con el fin de que mi padre asintiera.
-No cielo, no importa podre hacerlo, si no estuviera tan convencido de mi mismo te pediría que lo hicieras. Y si necesitara ayuda, bien podría llevarme estas jovencitas y que trabajaran en lugar de darse paseos por el bosque, ya sabéis que no me gusta que vayáis por allí solas, podrían asaltaros.-Dijo con voz seria.
-Papá…-Dije-Yo te ayudare en la tienda, quiero hacerlo. Tienes toda la razón, deberíamos ayudaros mas, y estoy dispuesta hacerlo.
Mi madre tuvo un cruce de miradas con mi padre y el sonrió volviéndome a mirar.
-Esta bien, mañana vendrás conmigo.
-Papá ¿yo puedo ir contigo también?-Pregunto Amelia.
-Tu tienes escuela.-Contesto mi madre por él.
-¿Y que pasa con Liz? Ella también tiene que ir a la escuela.-Dijo Amelia cruzándose de brazos. -Cierto, por las mañanas ira a clase, pero por la tarde, tendrá que ayudarme en la tienda, al menos de momento.
Amelia no dijo ni una palabra mas, me miro y saco la lengua en tono burlón. Mi madre cortaba un trozo de carne y antes de llevarlo a la boca lo volvió a dejar sobre su plato,
-¿Quién encarga todo eso? Deben de ser muy ricos, creo recordar que nunca te han pedido mas de dos sillas por hacer en un solo día.
-Lo encargan los Akerman-Contesto mi padre cortando su filete y llevándoselo a la boca.
-¿Los Akerman?-Preguntó Amelia, casi parecía conocerles por el tono de su pregunta.
-Son una amplia familia, se instalaron la semana pasada en Londres, exactamente al sur de la villa. –Uau…Si tienen que ser ricos, ¿están en aquella mansión?-preguntó Amelia con interés, la miré, y cada vez me daba mas la sensación de que los conocía.
-En realidad es la mansión Akerman desde hace siglos, al menos eso es lo que me ha contado uno de sus sirvientes cuando vino a encargarme tan exagerado pedido.
Alargue mi mano para coger mi copa de agua, di un trago largo y momentos después me limpie con la servilleta. Amelia se quedó pensativa, en su rostro había cierta preocupación.
-Oí la semana pasada que al sur de Londres, se cometieron dos asesinatos.
Mi madre dejo de masticar y cruzo la mirada con la de mi padre con ojos desorbitados.
-¿De dónde sacas tu esas historias?
-De ninguna parte mamá, es solo que lo escuche decir a dos hombres.
Mi padre dejó la copa sobre la mesa y se apresuro para quitar su plato vacio.
-Estaba muy buena la cena Clementine, y en cuanto a ti jovencita... eso son habladurías de personas que no tienen otra cosa que hacer. Si hubiera sido cierto, me hubiera enterado de todas formas, y ya ves que no lo es. Querida, ¿tendrías la amabilidad de sacar el delicioso pastel que nos has preparado?
En cuanto mi padre pronunció la palabra “pastel”, a mi hermana pequeña se le olvidaron toda clase de preocupaciones. Las tres nos levantamos de la mesa casi a la misma vez, llevando nuestros platos hacia la pequeña cocina. Mamá sacó cuatro pequeños platitos, y repartió 4 porciones de pastel. Nos volvimos a sentar, y nadie pronuncio palabra mientras saboreábamos y admirábamos las sabrosas dotes culinarias de mama. La oscura y primaveral noche arropo toda la ciudad, nosotros vivíamos un poco apartados del pueblo, teníamos un terreno propio bastante amplio, y nuestra casita blanca brillaba con la luz de la luna en la oscura noche.
Fuera, podía oírse el viento golpeando suavemente en mi ventana, y los arboles que rodeaban la casa se mecían canturreando una melodía de hojas. En mi mente se repetía las palabras absurdas de mi hermana, haciéndome estremecer una y otra vez. En esta ciudad no podría pasar nada malo, y si asi fuera, papa lo sabría, no había nada que temer, no lo había. Tuve que borrar ese pensamiento, y concentrarme en otro mas dulce, mas bello, ¿me encontraría con él esta noche de nuevo?
Una sonrisa ilumino mis labios como una estrella fugaz, ese pensamiento me llenaba de tranquilidad. Suspire profundamente, y pronto me sumergí en un sueño profundo.

8 comentarios:

  1. Sé el primero en publicar un comentario, gracias!

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  2. OMFG! (:
    Realmente me gusto mucho la trama
    Sobre todo el principio cuando habla
    De Brandom! Espero que sigas!!
    Gracias (:

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  3. Gracias, con comentarios komo el tuyo dan ganas de seguir escribiendo, cuenta con ello! Un besito!

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  4. Me gusta, está bastante bien, continua. Si quieres puedes pasarte por mi blog a ver que te parece. Saludos! :)

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  5. está muy bien, me ha gustado mucho.. lo que más me ha gustado ha sido la entrada de aquella extraña mujer disiendoles campesinas... y las descripciones son profesionales, XD.

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  6. me encanto el capitulo sobre todo con ls ternura que habla de su madre y de su hermana es impresionante te pone el besllo de punta ajaja

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  7. Me encanta!! Definitivamente sigo leyendo!
    Un besazo!

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  8. hola!! me ha encantado, seguire leyendote sin dudarlo.ATT:NATY

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