Clan "Inmortales"

sábado, 12 de marzo de 2011

Capítulo 22-Brandom:Sentimientos

Observando a través de los árboles, me sentí impotente de no poder aliviar el dolor de aquella familia, la familia del ser que más amaba en este mundo.
Pero que podía hacer yo, de alguna manera fui el responsable de todo lo que sucedió, tal vez tenía que haber previsto que esto podría ocurrir en cualquier momento, no podía dejar de sentirme responsable de la muerte del tío de Elizabeth.
El dolor de sus ojos hacía que mi cuerpo se encogiera y que me costase respirar, su tristeza me sobrecogía sentí la necesidad de ir y estrecharla entre mis brazos para aliviar de alguna manera su dolor, pero era obvio que los humanos les costaba reponerse tras la perdida de un ser querido.
Me preguntaba si los que son como yo sentimos esa tristeza ante la perdida de alguien a quien una vez amamos, en mi cuerpo pude sentir varias sensaciones cuando Liz renunció a mí, era como si todo se me hubiese venido encima, como si ya nada tuviera sentido para mí.
¿Sería así el dolor de los humanos?, lo desconocía por completo pero me llenaba de curiosidad.
Buscando en mi mente intenté recordar cuando perdí a mi madre, era inútil pues no recordé nada, ni su desaparición ni el dolor que sentí cuando me despedí de ella por última vez, era cómo si nunca hubiese ocurrido, o tal vez sea cierto lo que mi padre decía;”somos fríos, y nos volvemos insensibles ante el dolor”.
Esto hubiese tenido sentido si nunca hubiese conocido a Liz, lo cierto es que aquella frágil e indefensa humana despertó en mí algo que creía muerto, algo que mi padre me hizo creer pero se equivocaba, pues en este cuerpo ya había experimentado el dolor de haberla perdido.
Mis ojos se centraron en aquel ángel de rosadas mejillas y piel tan delicada como la porcelana, apoyé mi cabeza sobre el tronco de un árbol mientras la observaba a lo lejos.
Podía sentir el perfume de su cuerpo envolviéndome, su cálida voz murmuraba entre los presentes, y podía escuchar cada latido de su palpitante corazón.
Mis ojos se dirigieron ahora al medallón que le puse en las manos, me hacía sentir que aún era importante para ella, pues de alguna manera me recordaría.
Me escondí tras aquel árbol apoyando mi espalda contra el tronco de madera, el viento era fresco y movía las copas de los pinos meciéndolos a la vez, suponía que era el momento de dejar a Liz hacer una vida normal, tranquila y feliz, tal y como ella deseaba.
Escondí las manos en el interior de mis pantalones oscuros, inhalé aire y me dirigí a la entrada del cementerio para dejar atrás a mi razón de vivir.
Monté sobre Fénix una vez desaté las riendas y me dirigí a casa a toda prisa, hace unas horas que me había alimentado y estaría activo por dos días, pero la rabia y el dolor hacía que en mi interior se despertase el deseo de beber sangre, pero no animal, si no humana.
Apreté mis afilados dientes con fuerza, e intenté pensar en otra cosa que no fuese matar para obtener sangre, esperé hasta llegar a la mansión y una vez allí dirigirme a la bodega donde mi padre almacenaba sangre humana.
Una figura de mujer caminaba en la parte derecha del camino que llevaba hasta la mansión, tiré de las riendas hacia atrás e intenté recuperar mi respiración acelerada, mi delicado olfato detectó un olor familiar y mis ojos comenzaron a tornarse a oscuro.
La lucha constante que tenía conmigo mismo me estaba torturando, deseé abalanzarme sobre aquél humano y beber hasta la última gota de su sangre caliente, pero fue entonces cuando la reconocí y me dedicó una amplia sonrisa.
-¡Brandom!.-Gritó a la vez que sus pasos se acercaron a mí.
-No sigas.-Le advertí.
-¿Estás bien, te ocurre algo?.-Preguntó aquella muchacha de ojos rasgados.
Inhalé un poco de aire apretando fuertemente los párpados intentando ocultar la oscuridad de mis ojos para después abrirlos lentamente y que volvieran a su color natural.
Asentí con la cabeza pasando una mano por mis cabellos e intenté dirigir mi concentración hacia aquella chica que no cesaba de hacerme preguntas.
-Discúlpeme señorita Halley.-Dije.-No la reconocí.
-Por favor Brandom, ¿por qué no me tuteas?.-Preguntó algo incómoda pero a la misma vez muy tímida.
-Está bien Karisma, ¿qué te a traído de nuevo por mi casa?.-Pregunté intentando averiguar con suficiente antelación su respuesta, cosa que no logré hacer.
Siempre que intentaba entrar en su mente ésta me la cerraba, era increíble que un humano fuese capaz de controlar sobre sus pensamientos, normalmente eso lo podemos hacer los que son como yo.
-Tu padre me invitó de nuevo.-Contestó muy sonriente.
-Ten cuidado, ¿vale?.-Le advertí.
Tiré de las riendas haciendo que Fénix diera dos pasos cuando Karisma lo detuvo agarrando fuertemente de ellas.
-Espera, ¿qué quieres decir con que tenga cuidado?.-Preguntó frunciendo el ceño sin dejar de mostrar aquella dulce sonrisa.
-Nada, olvídalo.-Contesté devolviéndole aquella sonrisa sin ganas.
Con el talón di un golpe suave en el lomo de Fénix y éste se puso a caminar con pasos cortos.
-¿Te refieres a que sois vampiros?.-Preguntó con un tono de voz tembloroso.
Tiré de nuevo de las riendas y di la vuelta para encontrarme con sus ojos rasgados.
-¿Qué?.-Pregunté.-¿A que te refieres Karisma?.-Volví a preguntar fingiendo no saber de lo que estaba hablando.
-Me refiero a que sé lo que sois.-Comenzó a decir.-Tu padre me lo dijo, y puedes estar seguro de que en mí puedes confiar.-Dijo volviendo a sonreír.
Mi mirada se perdió a lo lejos por encima de la cabeza de Karisma, no entendía lo que pretendía hacer mi padre, tal vez reclutarla para fortalecer las defensas o quizá solamente era un alimento más.
-No sé de lo que me estás hablando.-Insistí.
Karisma se acercó con pasos inseguros y mostró una sonrisa tranquilizadora.
-Brandom, tu padre me confió lo que sois, vampiros, seres inmortales que hasta ahora yo y el resto del mundo desconocía completamente.-Comenzó a decir hasta que se detuvo a una distancia prudencial.-Es cierto que hay leyendas de bebedores de sangre, pero jamás había tenido la oportunidad de ver a uno de cerca, hasta que te conocí.-Dijo acariciando suavemente a Fénix.
-No quiero que nuestra amistad cambie por esto, no tengo ningún miedo y te puedo asegurar que vuestro secreto está a salvo conmigo, sólo permíteme ser tu amiga.-Dijo en un susurro.
-No sabes lo que dices.-Le dije fríamente.
-Tal vez.-Sonrió mirándome tímidamente a los ojos.-Conocerte más a fondo será todo un desafío para mí.-Dijo ensanchando su sonrisa.
-En cambio, yo no sé nada de ti.-Dije sin cambiar mi expresión, dura como el acero.
-Supongo que tenemos tiempo para conocernos mejor.-Contestó retirándose los cabellos con una mano.
-He de irme, a sido un placer volver a verte.-Me despedí.
-El placer a sido mío Brandom, gracias por tu amistad.-Contestó volviendo a sonreír.
Tiré suavemente de las riendas y ordené a Fénix emprender al galope hasta la mansión, por más que me esforzaba entrar en la mente de Karisma más me agotaba, ahora mi prioridad era hablar con mi padre.
Al llegar a la enorme verja ésta se abrió para recibirme el mayordomo que esperaba desde el otro lado.
-August.-Dije bajando de mi caballo para darle las riendas.
-Jóven.-Contestó inclinando la cabeza.-Yo me ocupo.-Dijo inmediatamente.
-August, ¿sabe si el señor se encuentra en la mansión?.-Pregunté arreglando mi atuendo.
-El señor Akerman salió de viaje y mencionó que regresaría a medianoche. –Contestó.-¿Se le ofrece alguna cosa más jóven?.-Preguntó amablemente.
-No, gracias August puede retirarse.-Contesté mirando fijamente la entrada de la casa.
Suponía que mi padre no se encontraba en la mansión, pues su olor no se percibió en varios kilómetros a la redonda, una lástima, tenía tantas cosas que preguntarle…
Antes de que pudiera llegar a las escaleras para encontrarme cara a cara con la puerta, el ama de llaves me recibió con una amplia sonrisa.
-Buenas tardes señor.-Saludó inclinando la cabeza.
-Buenas tardes Dorothy.-Contesté con media sonrisa.
-¿Le preparo un baño señor?.-Preguntó cuando cerró la puerta detrás de mí.
-No Dorothy, muy amable.-Contesté subiendo las escaleras.
Near salió de la sala de estar que estaba situada abajo en la parte de la derecha y su sonrisa burlona me hizo detener en las escaleras.
-¿Puedo saber a dónde te diriges hermano?.-Preguntó dando un sorbo de su copa.
-¿Y yo puedo saber a que se debe esa cara de felicidad?.-Pregunté.
-Por supuesto.-Contestó avanzando para detenerse justo en el centro del recibidor.-Se debe a que por fin terminaste con esa locura de seguir enamorado de una estúpida humana.-Sonrió.-¿Te parece suficiente motivo?.-Dijo terminando de un sorbo su copa ensangrentada.
-¡Eres un desgraciado!.-Grité con rabia.
Bajé las escaleras sin rozar apenas el suelo y me puse a su altura dejando ver mis dientes.
-¡Por favor señores no discutan!.-Suplicó el ama de llaves.
-¡Cállate!.-Grito Near mirándola fijamente a los ojos.-Tú no eres nadie para prohibir nada, ve a ocuparte de otras cosas.-La ordenó.
-¡No la trates así!.-Grité agarrando su camisa con los puños.-No tienes ningún derecho a tratar a los demás como lo haces.-Dije mirando a sus ojos enfurecidos.-Dorothy, por favor déjanos solos.-La ordené sin mirarla.
Cuando el ama de llaves desapareció Near se libró de mis manos con rapidez y acto seguido pasó una mano por sus cabellos rojizos.
-¿Y cómo se supone que tengo que tratar a los demás?.-Preguntó volviendo a sonreír.-¿Con compasión?.-Se burló.-Si hoy no hubieses aparecido en el bosque, hubiera devorado sin compasión a la hermanita de Liz.-Dijo entrecerrando sus ojos.
Me abalancé sobre él y mi mano se cerró alrededor de su cuello con fuerza, me puse lo bastante cerca de su rostro y mis ojos se tornaron de color oscuro.
-No vuelvas a molestarlas, por que de ser así querido hermano, no tendré más remedio que matarte.-Le amenacé.
Sus ojos inyectados en sangre me miraron con fiereza, aún así no desapareció aquella sonrisa sarcástica.
-¿Me estás amenazando?.-Preguntó.
Sonreí con ganas mientras recuperaba la respiración y poco a poco volví a mi posición liberándolo de mis garras.
-Tómatelo así, porque es exactamente lo que e querido transmitirte.-Contesté.
-Si no le he dicho nada a nuestro padre acerca de tus escapadas para ir a verla es por que en el fondo te aprecio.-Dijo arreglando su atuendo.
-A mí no puedes engañarme, si no lo hiciste es porque tienes miedo de que descubra que salisteis de caza sin su consentimiento.-Dije dándole la espalda para dirigirme al piso superior.
Una vez me hallé en el corredor que llevaba a mi dormitorio, pude escuchar el estruendo que causó una copa de cristal al impactar contra el suelo, supuse que había sido Near al descargar su rabia entonces vi a mi hermana salir de su habitación con la respiración agitada.
-Brandom.-Dijo al verme.
Se acercó hasta mí agarrando sus vestidos de color rubí y mostró una expresión de indignación.
-¿Otra vez habéis discutido?.-Preguntó.
-Con nuestro hermano no se puede mantener una conversación civilizada.-Suspiré.
-¿Sabes dónde fue padre?.-Pregunté frunciendo el ceño.-Últimamente sale mucho de viaje.-Dije mirando el rostro de mi hermana.
-Se marchó a Greenwich con Estefi y su esposo.-Contestó cruzándose de brazos.
-Greenwich.-Susurré con el ceño fruncido.-¿Y te dijo para qué?.-Pregunté.
-Últimamente las cosas se han vuelto un tanto delicadas por la ciudad, no podemos cazar hasta que todo se haya tranquilizado un poco.-Comenzó a decir.-Nuestras reservas en la bodega están agotándose y se marcharon con el fin de traer más sangre.-Suspiró con dificultad.
-¿Mary estás bien?.-Pregunté preocupado al ver su rostro.
Asintió con la cabeza mostrando una pequeña sonrisa y acarició mi rostro con suavidad.
-Yo hubiera querido acompañarles pero me encontré un poco débil.-Contestó.-Volverán a medianoche.-Añadió.
-Ve a tu dormitorio.-La ordené.-Te traeré sangre.
-Brandom, no podemos acabar con lo poco que tenemos en la bodega.-Dijo.
-Y yo no consentiré que enfermes Mary, ve a tu dormitorio por favor.-Insistí.
Mi hermana obedeció y se dirigió a su dormitorio donde se recostó de medio lado en la cama.
-Enseguida vuelvo.-Dije.
Cerré la puerta y me dirigí a toda prisa a la bodega, podía percibir el olor que desprendía eso hacía que mi garganta ardiera de sed, al abrir la puerta esta chirrió de tal modo que hizo daño a mis oídos sensibles.
Bajé a toda velocidad por las escaleras y tomé un poco de sangre de uno de los jarros de barro que allí se encontraban, unos pasos crujieron los peldaños de la vieja escalera de madera, me obligó a mirar hacia atrás y allí se encontraba mi querido hermano plantado en el umbral.
-No vengo a pelear.-Dijo poniendo sus manos en alto.
-Entonces si no vienes a eso te voy a pedir que me dejes solo.-Dije duramente.
-Brandom,sé que tu y yo no nos hemos llevado tan bien como quisiéramos, y lo poco bien que nos hemos llevado terminó por destruirlo aquella…-se detuvo para pensarlo mejor.-Aquella humana.
-¿Has venido sólo a decirme eso Near?.-Pregunté extrañado.
-No, ¿tienes alguna idea de quién sucederá a padre cuando él falte?.-Preguntó frunciendo el ceño.
-No tengo la más mínima idea, pero eso jamás ocurrirá.-Contesté.-Padre nunca dejará a cargo de nadie sus tierras, herencias y conocimientos.-Añadí.
Near aspiró llenando por completo sus pulmones y dejó salir el aire lentamente.
-¿Y cómo es que estás tan seguro de ello?.-Preguntó entrecerrando sus ojos.
-Porque ya estamos muertos, ¿recuerdas?, padre nunca faltará.-Dije.-Ahora si me disculpas, tengo que ir a llevar sangre a nuestra hermana.-Me despedí dejándole atrás.
-Te recuerdo que los vampiros también podemos morir.-Se apresuró a decir.
-Cierto, por falta de sangre o decapitándonos y reducirnos a cenizas.-Recordé.-Pero, ¿tú no harías eso para conseguir tus propósitos verdad Near?.-Pregunté con media sonrisa.-¿O sí?.-Dudé intentando averiguar sus pensamientos a los cuales me sentí aliviado al ver que no era tal y como lo dije.
Negó con la cabeza y esbozó una gran sonrisa dejando ver sus dientes.
-Si así fuera, ¿no crees que al ser el hermano mayor llevaría bien su posición?.-Preguntó sonriendo entre dientes.
-Near, se trata de que la especie perdure, no que se destruya con tus fines.-Sonreí.
Mi hermano borró aquella sonrisa y endureció su mandíbula apretando fuertemente sus puños, le volví a dar la espalda y salí de la bodega para dirigirme al dormitorio de Mary.
Una vez en la puerta toqué con mis nudillos y mi hermana me invitó a entrar con un tono de voz apagado.
-Vuestras discusiones me agotan.-Dijo con un hilo de voz.
-Lo siento Mary, ten bebe un poco te sentirás mucho mejor.-Dije ayudándola a incorporarse.
Mi hermana tomó la jarra de barro entre sus pálidas manos y se la acercó hasta sus labios bebiendo con desesperación, su garganta iba tragando aquel sabroso líquido espeso y su cuerpo pareció fortalecerse de inmediato.
Sus ojos se abrieron por un momento y se tornaron de color oscuro mientras la observaba aliviado de ver cómo se iba recuperando.
-Mary si sientes la necesidad de beber, no te prives de hacerlo sólo porque haya poco para todos.-Dije sentándome a su lado.
-Brandom sabes que yo haría cualquier cosa por vosotros, si queda poco, antes de mí están más miembros de mi familia que también lo necesitan.-Contestó limpiando las comisuras de sus labios.
Acto seguido estiró su mano para ofrecerme aquella jarra de barro a la cual me negué aceptar volviéndola a poner en sus frías manos.
-Cuando llegué del funeral, vi que Near estaba bebiendo, él no se detuvo a pensar que tú también necesitabas beber.-Dije.
-¿Porqué Near es tan diferente a nosotros?.-Preguntó apoyando su cabeza en el cabecero de su cama.
-Supongo que tiene una manera de ver las cosas distinta a nosotros.-Contesté acariciando su pálida mano.
-Un momento.-Dijo frunciendo el ceño volviendo a incorporarse para dejar aquella jarra sobre una mesita auxiliar.-¿Qué funeral?.-Preguntó extrañada.
Cuando llegué de Cambidge, intenté por todos los medios ocultar a Mary lo que sucedió en aquél espantoso vagón, cuando Near, Estefi y su esposo acabaron con toda forma de vida e iban a acabar también con Liz.
Me puse en pié para dirigirme al ventanal mientras que mi hermana miraba con ojos confusos buscando todo tipo de respuestas e intentó introducirse en mis pensamientos para buscar alguna explicación a la cual, dejé que entrase en aquellos recuerdos.
Segundos después mi mirada se cruzó con la suya y se llevó las manos al rostro horrorizada.
-No puede ser, ¡lo sabe Brandom!.-Exclamó.
Siseé llevando un dedo a mis labios a lo que respondió asintiendo con la cabeza.
-¿Cómo es posible, que ocurrirá ahora?.-Preguntó levantándose de un brinco.-Se lo dirá a todo el mundo, nos matarán tenemos que irnos de Londres.-Dijo angustiada.
-Cálmate Mary, sabía que no era una buena idea que vieras todo eso.-Dije en voz baja.-Puedes estar tranquila, Liz nunca dirá nada te lo prometo.-La tranquilicé.
-¿Cómo estás tan seguro?.-Volvió a preguntar.-Los demás han matado a su tío Brandom y ella lo sabe, no descansará hasta que los culpables paguen por ello.-Afirmó.
-Mary, confía en mí.-Me apresuré a decir.-Te ruego que no le digas nada a nuestro padre, todo esto podría acabar mucho peor.-Añadí.
Mi hermana caminó lentamente de un lado a otro del dormitorio con las manos sobre su rostro intentando calmar su respiración agitada.
-Han llegado demasiado lejos, te dije que si seguías viendo a esa humana te traería problemas y no quisiste escucharme.-Dijo negando con la cabeza.
Me acerqué hasta ella y la abracé con fuerza.
-¿Lo sientes Mary?.-Dije cerrando mis ojos.-¿Puedes sentir lo que yo siento?.-Susurré.
Mi hermana cerró sus ojos y sus brazos se cerraron alrededor de mi cintura mientras que su respiración se fue normalizando, en aquel abrazo le pude transmitir todos los sentimientos que guardaba en mi interior por aquella indefensa humana.
-Es hermoso…-Susurró.
Pude notar como percibió el amor que ella sentía por mí al igual que sentimientos tristes cuando decidió dejarme a un lado para ser feliz con su vida humana, una vida que yo anhelaba pero que jamás podría ser posible.
El cuerpo de Mary se estremeció entre mis brazos y su respiración era ahogada, su ceño estaba fruncido y sus parpados fuertemente cerrados impidiendo que algo doloroso asomara tras sus ojos.
-¿Qué es esto que siento, porqué estoy tan triste?.-Preguntó.
-Son sentimientos Mary.-Contesté liberándola de mis brazos.
-He tenido una sensación muy extraña, muy familiar.-Dijo angustiada.-No creo que esto que se hace llamar sentimientos traiga nada bueno Brandom.
-Lo sé.-Contesté de inmediato.-Los fríos no tenemos derecho a sentir.-Añadí dirigiéndome de nuevo al ventanal donde la tarde comenzó a oscurecer el cielo.
-Eso no es del todo cierto.-Dijo acercándose a mi lado.-Sí que sentimos, pero por nosotros mismos Brandom, yo te quiero y esa es la prueba.-Sonrió acariciándome el cabello.
-Y yo a ti hermanita.-Añadí devolviendo aquella dulce sonrisa.-Tengo una duda.-Añadí volviendo a centrar mi mirada hacia el exterior.-¿Porqué padre a decidido ir el mismo en busca de sangre?.-Pregunté sin dejar de mirar nuestro amplio jardín.
-Cómo te dije no fue solo, Estefi y su esposo se marcharon con él.-Contestó.-¿Ocurre algo?.-Preguntó con el ceño fruncido.
-No.-Contesté negando lentamente con la cabeza.-Es sólo que me preocupa que salga tan a menudo de viaje, además tiene contactos que pueden ir en busca de sangre sin que tenga que marcharse, siempre lo ha hecho así.-Dije.
-Entiendo, pero nunca ha dejado de viajar.-Dijo.-¿Qué te preocupa Brandom?.-Preguntó angustiada.
-No lo sé Mary.-Contesté.
Aparté mis ojos de aquél ventanal e intenté mostrar una sonrisa a mi hermana, ni si quiera yo mismo sabía porque sentía en mi interior aquella inquietud tan desagradable cuando mi padre desaparecía de la mansión para hacer uno de sus viajes.
Tal vez fuera por el temor de no volver a verlo, o que alguien lo descubriese y destapara lo que en realidad éramos, unos seres monstruosos, vampiros sin alma ni sentimientos condenados a vivir en una eterna oscuridad, unos devoradores de hombres. El rumor iría de boca en boca hasta extenderse por toda la tierra, con esa leyenda alimentaría las mentes de los escritores para plasmarlas en sus hojas sin saber, que existió un vampiro que quería ser diferente a los demás.
Un ser que quería amar y ser amado, un vampiro que quería ser reconocido por cómo era y no juzgarlo por su naturaleza, un ser que buscaba el perdón de dios por nacer como un monstruo y una vida humana a la que jamás podía aspirar.
-Brandom.-Susurró mi hermana.
Asentí con la cabeza y suspiré pesadamente.
-Lo sé Mary, sé que pensar en voz alta es peligroso.-Dije.
Fruncí el ceño y acto seguido aparté la mirada del exterior para encontrarme con los ojos inquietos de Mary.
-¿Ocurre algo?.-Preguntó.
-¿Sabes si padre invitó a Karisma hoy?.-Pregunté con preocupación.
-Ah, ya estás enterado.-Contestó apartándose del ventanal.-Padre creé que podría ser útil en nuestra familia.-Dijo.
-¿Ahora le interesan los humanos?.-Pregunté con ironía.
-No a todos Brandom.-Contestó volviéndose para encontrarse con mis ojos.-Como ya sabes padre le reveló nuestro secreto pero aún no entiendo porqué.-Dijo acariciando con suavidad su pálida barbilla.
-Ni tú ni nadie le podrá entender jamás.-Contesté.-Su mente está bloqueada todo el tiempo y es imposible saber que trae entre manos, igual pasa con esa joven.-Añadí clavando mis ojos en el suelo.
-¿Tú tampoco puedes saber que hay en su mente?.-Entrecerró sus ojos.
Negué con la cabeza y acto seguido oculté las manos en el interior de mis pantalones oscuros.
-Eso me inquieta Mary, con un vampiro es muy difícil pero cabe la posibilidad de conseguirlo.-Dije caminando hacia el otro extremo del dormitorio.
Tarareé con mis dedos la cómoda y clavé los ojos en los de mi hermana.-Pero con un humano, es imposible no lograrlo.-Añadí.
Mary inhaló una buena cantidad de aire y lo dejó salir con lentitud, sus manos estaban entrelazadas y su ceño aún permanecía fruncido permitiéndome ver en su mente lo que pensaba de aquella misteriosa joven.
-Mary, que no podamos ver sus pensamientos no significa que ella sea una mala persona.-Dije sonriendo entre dientes.-Es bastante agradable hablar con ella.-Añadí abriendo la puerta del dormitorio.
-¿Agradable?.-Preguntó alzando una ceja.-No me gusta.-Añadió.
Sonreí entre dientes atravesando la puerta y le dediqué una última mirada.
-Voy a darme un baño, te veré más tarde.-Dije cerrando la puerta detrás de mí.
Mi sonrisa se desvaneció cuando recordé la cara aniñada de Liz, el dolor de su corazón retumbaba dentro de mi cuerpo y me hacía sentir impotente de no poder aliviarlo.
Caminé por encima de aquella esponjosa alfombra roja del corredor para dirigirme a las escaleras.
Bajé por ellas y Dorothy estaba justo abajo esperando que llegara a su altura, una sonrisa dibujaron sus labios dejando ver aquellas simpáticas arrugas que me gustaba tanto ver.
-¿Señor desea alguna cosa?.-Preguntó.
-¿Podría prepararme un baño fresco Dorothy?.
-Por supuesto joven.-Contestó inclinando la cabeza.-Si me permite señor,-dijo cuando se encontró con mis ojos.-¿por qué tiene esa mirada tan triste?.-Preguntó en voz baja.
Bajé los dos últimos escalones, sonreí aquella mujer que era como una madre para mí y pasé un brazo por encima de sus hombros frotando su brazo con cariño.
-A usted no la puedo mentir Dorothy.-Dije.
-Por favor joven, sabe que es cómo si fuese un hijo para mí, no me llame de usted.-Me pidió besando mi mano.
Sonreí con ganas encontrándome con sus enormes ojos color castaño.
-Sólo si no me llama señor.-Contesté volviendo a sonreír.
Caminé junto a Dorothy hasta llegar a una de las salas atravesando la puerta.
Me acomodé en uno de los sofás de color verde apoyando mi cabeza en el respaldo de éste.
Cerré los ojos y al abrirlos Dorothy permanecía cerca de la puerta con las manos entrelazadas esperando una contestación.
-Dorothy, ¿qué se siente al estar enamorado?.-Pregunté volviendo apoyar la cabeza sobre aquél sofá cerrando mis ojos.
-¡Ay joven!.-Exclamó ruborizada.-Hace años que no e sentido ese afecto por nadie.-Dijo.
Abrí los ojos para encontrarme con los suyos y en ellos pude ver un brillo especial.
-Pero cuando era joven, hubo un hombre que despertó en mí esos sentimientos, y me enamoré perdidamente de él.-Añadió llevando su mano al pecho.
-¿Llegaron a contraer matrimonio?.-Pregunté con interés.
Las relaciones de humanos siempre me llenaron de curiosidad, pero desde que conocí a Elizabeth ese deseo de saber más me atraía pues recientemente acababa de descubrir que lo que sentía en mi interior era lo que los humanos llamaban “amor”.
-No joven.-Contestó con la mirada perdida. -Él era un muchacho de buena posición y yo sólo una campesina que lo único que sabía hacer era servir a los demás.-Añadió con cierta tristeza.
-No sólo eres una mujer que lo único que sabía hacer es servir.-Dije buscando sus ojos.
Me puse en pié y me acerqué hasta ella para tomarla por la barbilla.-Eres también la madre que nunca e tenido.-Añadí con una sonrisa cuando sus ojos se encontraron con los míos.
-Gracias mi niño,¿sabe?, le quiero mucho.-Sonrió con lágrimas en los ojos.
Aquellas lágrimas eran las primeras que veía en Dorothy, me parecía fascinante el sentimiento de amor de los humanos, un sentimiento que mi cuerpo notaba también, algo muy similar al de ellos.-Joven, perdone mi indiscreción pero, ¿porqué me lo ha preguntado?, ¿está enamorado?.-Preguntó con interés.
-Lo estoy, siento cosas que jamás había sentido anteriormente por alguien.-Dije con una media sonrisa.
De nuevo me dirigí al sofá mientras que el ama de llaves limpiaba sus lágrimas con un pañuelo blanco.
-¿Y se puede saber quien es la afortunada joven?.-Preguntó.
Apoyé la cabeza sobre el respaldo del sofá y cerré mis ojos de nuevo, el hecho de pensar en ella me trasmitía todo tipo de sentimientos contradictorios, amor, protección, ternura y un deseo voraz sobre su sangre.
-¿Afortunada?, no Dorothy.-Dije con un hilo de voz.-Afortunada será si permanece lejos de mí.-Añadí cerrando fuertemente mis puños sobre los brazos de aquel esponjoso sofá.
-No le entiendo joven,-Dijo confusa.
-No es como yo, es humana.-Me apresuré a decir.
Abrí los ojos para encontrar la mirada de Dorothy y en ellos había cierta preocupación.
-Si, va en contra de las normas pero no puedo evitar amarla.-Dije al ver sus temidos pensamientos.-De todas maneras Dorothy, no quiero que termine con un monstruo como yo.-Añadí.
-Joven, usted no es ningún monstruo.-Dijo con dolor en sus ojos.-A diferencia de su hermano si me permite, usted es diferente.-Añadió dando un paso hacia delante.
Quería ser diferente pero lo cierto era que no podía serlo, había nacido como un monstruo y permanecería así para toda la eternidad, demasiado tiempo incluso para un vampiro.
-Gracias por sus palabras Dorothy.-Le agradecí.
-Joven, ¿la humana que mencionó es de aquí, de Londres?.-Preguntó preocupada por mi respuesta.
-Si, es la hija mayor del artesano.-Contesté sin problema.-Los Jenzen.-Me apresuré a decir.
El ama de llaves clavó sus ojos en el techo intentando recordar ese apellido, acto seguido sus labios se despegaron y sus ojos buscaron rápidamente los míos.
-Si, recuerdo que la señorita Jenzen y su padre estuvieron hablando con el señor acerca de una entrega que tenía que hacerle.-Dijo.-Es una joven muy hermosa.-Añadió con media sonrisa.
Sus palabras hicieron que un suspiro saliese de lo más profundo de mi ser, Dorothy estaba en lo cierto, aquella criatura era el ser más bello que me había cruzado a lo largo de mi existencia.
Pero lo que amaba de Liz no era algo que se pudiera ver ni tocar, no era algo que tuviese sabor ni color, lo que amaba era la belleza de su alma.
-Me apresuraré a prepararle el baño joven.-Dijo inclinando su cabeza para después desaparecer de la sala.
-Gracias Dorothy.-Dije.
El ama de llaves se giró para dedicarme una de sus mejores sonrisas y desapareció ante mis ojos.
La noche comenzó a entrar por los amplios ventanales de la sala en la que me encontraba, en la mansión reinaba un silencio profundo y era extraño pues Near era el que más se hacía oír.
Mis dedos buscaron encima de una mesita situada a mi izquierda la rueda de una lámpara, la giré y la luz de ésta iluminó parte de la estancia.
Me relajé de nuevo en el sofá y mi mente comenzó a crear el recuerdo de mis labios sobre los de Liz, esos labios cálidos que ardieron cuando se pusieron en contacto con los míos.
Otro suspiró salió desde mi interior, un suspiro largo y pesado cuando comencé a sentir la necesidad de ir a verla, saber que se encontraba bien, abrazarla contra mi pecho para sentir su palpitante corazón y besar de nuevo aquellos dulces labios.
El dolor que sentía por la muerte de su tío me torturaba, recordé su mirada perdida en aquél panteón pidiendo una y otra vez disculpas por su muerte cómo si ella fuese culpable.
Yo podía haber evitado aquél desastre si no hubiese quebrantado las normas, y una de ellas era no dejarla vivir después de que supiese lo que en realidad éramos, entonces hubiera seguido siendo un desastre no sólo mataría a la hija de los Jenzen, a los que sufririan igualmente su pérdida si no que con ella, me dejaría morir para reunirnos en algún lugar, un lugar donde mi alma quedase perdonada.
Negué con la cabeza e intenté borrar ese terrible pensamiento, no quería pensar que la hubiera podido perder, por suerte todo había terminado, sacrificando nuestro amor Elizabeth tendría la oportunidad de seguir viviendo y eso era algo que me tranquilizaba aunque no me parecía justo.
De todas maneras éramos especies distintas, el cazador y el cazado, una mala combinación que ante los ojos de mi especie siempre se vio como una abominación.
¿Cómo podía ser abominable el amor entre especies diferentes?, por más que buscaba una respuesta era inútil encontrarla.
Yo seguiría siendo su salvador, seguiría protegiéndola a como diera lugar, seguiría amándola en silencio con desesperación y no me privaría de ver a diario su dulce rostro, pues era lo que había necesitado desde que nuestros caminos se cruzaron.
Lo único que me podía permitir era seguir estando ahí para ella, observándola siempre desde las sombras.

5 comentarios:

  1. Simplemente genial, como siempre! Ay, Dios! Qué ganas de que subas ya el próximo capítulo. Sigue así, encanto!
    Adiós, espero verte pronto por mi blog!

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  2. Que duro tiene que ser el querer a alguien y obligarte a mantenerte lejos de él. Pobrecillo, me da mucha angustia su situación, espero que mejore antes de que las cosas se vuelvan peores.
    Un muy buen capi, me encanta y tengo ganitas de que subas el siguiente ^^
    Besotes preciosa!!

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  3. Vane, no tengo palabras para describir lo bien que lo estas haciendo..... simplemente genial.
    sigue asi, y continua escribiendo.
    Besos.

    P.D.
    El fondo lindo,a tres columnas tambien muy bien, la musica, en fin.... todo excelente.

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  4. Vaya, tu blog si que es interesante y con mucho que leer.

    Me gusto...

    Saludos.

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  5. Voy como los cangrejos hacia atrás jajajaja. me ha encantado, genial, fantastico. emotivo. son fríos...... mmmmmmmmmmm me imagino que seran ........ VAMPIROOOOOOSSSS!!!!!!!

    Lo he adivinado??? jajajajaja.

    Escribes genial, muy bien. pero escribes mucho mejor que yo casi jajajajja.

    Saludis vampi.

    Noooooooooooossss Leeeeeemooooooooos!!!!!

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