Clan "Inmortales"


domingo, 20 de junio de 2010

Capítulo 13-La Decisión

Entré a mi dormitorio con una toalla descansando en mi cuello era de color blanco y tenía grabado la letra principal de nuestro apellido, cerré la puerta detrás de mí y me dispuse a secar con ella mi melena oscura. Después de que permaneciera bajo la lluvia, me acababa de dar un baño de agua fresca y preparándome para la fiesta que daría mi padre esta noche. No dejaba de pensar en aquella misteriosa joven y en su misteriosa visita, sabía con certeza que no solo había venido a preguntar cosas sobre mi caballo, había algo más en ella que no pude averiguar cosa que me ponía demasiado nervioso, intenté dejar esos pensamientos a un lado para centrarme en la imagen de un ser hermoso, un ser latiente y delicado que me quitaba el sueño, si lo tuviera desde luego.
Pasé la toalla por mi pecho desnudo y quise comprobar algo que nunca sucedería, llevé la mano derecha hasta donde estaría mi corazón, pero no hallé latidos, solo un golpeteo constante y casi insonoro. No había vida en mi cuerpo, pero sin embargo vivía gracias a la sangre humana y animal, sin la sangre, que es indispensable para nosotros, nos deterioraríamos en cuestión de horas solo entonces, podríamos morir. Al beber la sangre de un humano, le arrebatas su fuerza vital y es así como nos hemos ido manteniendo con el paso de los años.
Di un suspiro de frustración y arrojé la toalla sobre mi cama, gotas de agua corrían por mi espalda, caminé hacía el armario de color cerezo y abrí sus puertas de par en par. No me quedé demasiado tiempo pensando en que iba a ponerme, seleccioné un traje gris oscuro, con una camisa blanca que iría debajo de un chaleco abotonado al pecho.
Fui hasta un espejo ovalado sujeto por unas patas de madera para anudar la corbata de color gris que llevaba enroscada a mi cuello, aparentemente parecía humano, así era como me veía Liz…como una mentira. Aparte mis ojos del espejo y dejé de juguetear con el nudo de la corbata, tuve la tentación de golpear aquella imagen que mostraba algo que no era. La garganta me ardía, no había bebido en unas horas y mi sistema inmunitario ya me estaba reclamando que lo hiciera pronto si no quisiera sufrir las consecuencias. Eché una última mirada al espejo ovalado para comprobar mis cabellos, aún estaba mojado y algo alborotado, pasé una de mis manos por ellos y lo dejé tal como estaba.
Salí por la puerta y me topé con mi hermana, en su pálida mano llevaba una copa de cristal con grabados y en su interior un liquido de un color rojo humeante.
-Toma, bebe, no tienes buen aspecto Brandom.-Dijo Mary con media sonrisa.
Al parecer sintió mi necesidad de sangre y acudió en cuanto me vio demacrado.
-Estoy bien Mary, no tienes por que preocuparte tanto.-Le dije mientras estiraba el cuello de mi camisa.
-No me preocuparé a no ser que no te bebas esta copa.-Dijo estirando su mano para que la tomara entre las mías.
Sonreí y ella me devolvió la suya cuando vio que la acercaba a mis labios. Las aletas de mi nariz se hincharon cuando sentí la sangre correr por mi garganta, miré a mi hermana y en sus ojos podía ver que ya estaba más tranquila, pasé la lengua por mis dientes y sonreí ocultándolos.
-Gracias Mary, ya me encuentro mucho mejor.-Le agradecí.
Mi hermana cogió la copa de entre mis manos y torció su sonrisa angelical.
-Voy a prepararme, te veré abajo.-Dijo pasando su fresca mano por mí rostro.
Asentí con la cabeza y le devolví su esplendida sonrisa.
Mis ojos siguieron sus pasos cuando caminó por el largo corredor para ir a su dormitorio, corrí para ponerme a su lado y la tomé por el brazo, Mary me miraba con ojos asustados esperando que le contara lo que estaba ocurriendo.
-Mary, escucha atentamente.-Dije en un susurro.-Tengo que salir, si alguien pregunta por mí les dices que fui a buscar a Estefi, salió de caza sola.-Le dije mientras miraba a mi alrededor.
Mi hermana frunció el ceño y miró por encima de mis hombros para comprobar que no había nadie cerca que nos pudiera escuchar.
-Pero en realidad no vas a buscarla, ¿estoy en lo cierto?.-Dijo muy segura de sus palabras.
Asentí con la cabeza mirando fijamente sus ojos preocupados.
-Tengo que ir a ver a Liz. -Dije.
-No Brandom…que….-Se apresuró a decir.
Siseé por un segundo cuando escuche que alguien bajaba por las escaleras, cogí a mi hermana por el brazo y abrí la puerta de su dormitorio para que no nos sorprendieran hablando de algo que no le iba a gustar a mi padre.
-Escúchame, tú solo tienes que decir que fui a buscar a Estefi, intenta que no entre en tu mente o descubrirá que le has mentido.
Mary me miraba más confusa que antes, pero no había tiempo para explicar el por qué tenía que salir inmediatamente a verla, mi padre tramaba algo y tenía que actuar rápidamente.
Me dirigí a las escaleras y bajé por ellas a toda velocidad, mi padre se encontraba en la entrada hablando alegremente con August el mayordomo, aminoré mi paso y pase las manos por mi chaleco para alisar unas pequeñas arugas que este llevaba.
Mi padre cruzó su mirada con la mía y esbozó una amplia sonrisa, le saludé con la cabeza y me dirigí a la puerta trasera para salir al exterior.
La noche había entrado rápidamente en Londres, la lluvia había cesado y el aire fresco traía el aroma de todas las flores del jardín, fui hasta el cobertizo y la puerta chirrió al abrirla, me pareció que Fenix sonrió en ese momento, acaricié con suavidad el lomo y con la mano que me quedaba libre desaté las riendas con rapidez.
-Tranquilo chico, vamos a dar un paseo.-Dije casi en un susurro.
Tiré de las riendas suavemente al exterior hasta conseguir que Fenix saliera del cobertizo, cerré la puerta y eché una rápida mirada a la puerta trasera de la mansión, quería asegurarme de que nadie me había visto salir. Rodeé la casa con Fenix siguiendo mi paso, al llegar a la verja de la entrada principal dudé por un segundo si lo que estaba haciendo estaría bien o mal, en cualquier caso me daba lo mismo, abrí la verja e hice que Fenix saliera al exterior.
Una vez fuera monté sobre mi caballo oscuro y emprendí al galope por el largo camino de tierra dejando una polvareda detrás de mí, necesitaba ver a Liz, sentía la necesidad de ver su rostro aniñado, sus mejillas sonrojadas cuando la tenía frente a mí, su palpitante corazón latiendo aceleradamente cuando rozaba su cálida piel, su voz acompañada de un aliento suave y fresco como el viento que ahora comenzaba a envolverme.
Otra vez esta sensación cálida dentro de mi pecho, negué con la cabeza y golpee con el talón el lomo de Fenix para que corriera lo más rápido posible, a lo lejos, me pareció divisar una silueta de mujer, no le di demasiada importancia y continué con mi camino sin mirar nada más.
Me quedaba poco tiempo para pensar en que iba a decirle, como me iba a presentar allí, o tal vez corría el riesgo de que no hubiera nadie en casa, en cualquier caso tenia que intentarlo, la decisión que había tomado debía de mantenerla, acabar con todo los lazos que me unían a ella, dos personas de diferentes mundos no podrían acabar bien.
Unas luces se divisaron a lo lejos, significaba que en su interior había alguien a si que no esperé más, crucé la valla de madera y di un salto del caballo con las riendas en la mano, las até a un árbol cercano dentro de la propiedad de los Jenzen y me quedé sin argumentos cuando estaba frente a la casita blanca.
Aspiré profundamente y alise mi chaleco con las palmas de las manos, poco después las cerré en un puño y avancé hacia la entrada principal con el paso tan acelerado como mi respiración. Subí por las escaleras del porche hasta ponerme frente a la puerta. Alcé mi mano derecha para golpear en ella con mis nudillos pero entonces escuche las risas de una niña y no quise interrumpir ese momento. Sentí curiosidad y con sigilo me asomé por una ventana que estaba situada al lado derecho de la puerta principal, las cortinas de color blanco estaban echadas pero se podía ver con claridad el interior de un acogedor salón con los miembros de una familia.
Mis ojos se centraron en aquel ángel de cabellos dorados y sonrisa celestial, jugaba hacer cosquillas a su pequeña hermana y a poner caras raras pero me resultaba igual de hermosa, una mujer de gafas redondeadas llevaba una bandeja de color plateada sobre su mano, la dejó descansar sobre una mesa de madera gastada, y el señor que estaba sentado alegremente en un sofá de color beige observaba a sus dos hijas como se abalanzaron sobre la mesa a beber un vaso de leche caliente con unos bollos de azúcar.
Me pareció algo maravilloso poder observar el comportamiento humano, la vida en familia, sentí un nudo en mi garganta e intente aclarármela, estaba presenciando un acontecimiento que yo nunca podría aspirar y mucho menos a tener.
Me aparté de la ventana y apoyé mi espalda contra la pared, cerré los ojos con fuerza y me llevé el dedo pulgar e índice hasta mis ojos, no tenía el valor suficiente para deshacerme de Liz, había llegado hasta aquí por una razón, pero lo cierto es que después de haberla visto todo lo que había pensado se desvaneció al contemplarla.
Si le hubiera dicho que no querría volver a verla nunca más eso no solucionarían las cosas, seguiría estando en el punto de mira de mi padre, hubiera cometido un error, mi deber era protegerla de mi especie, mi deber era amarla hasta que dejara de existir.

Solté el aire que había tomado antes de echar un último vistazo por aquella ventana, al asomarme lentamente el rostro de Liz me sorprendió, sus labios estaban despegados y su ceño fruncido por la confusión.
Llevé el dedo índice hasta mis labios para que no dijera nada, cosa que entendió, se levantó de su mesa pero negué con la cabeza, en ese momento su padre se levantó del sofá para dirigirse hacia la mesa, me aparté rápidamente de la ventana y unos pasos acelerados avanzaron hacia la puerta, moví mis ojos a toda velocidad a un conjunto de flores que tenían los Jenzen en su pequeño jardín.
Corté por el tallo una hermosa rosa de color rojo intenso y la dejé descansando en el porche justo frente a la puerta.
Segundos después desaparecí en la oscura y fresca noche sin apartar los ojos de la entrada, pude ver como alargó su mano y rescató del suelo aquella rosa, su sonrisa mirando hacia la oscuridad de la noche me dejaba sin aliento, sin duda, esa sonrisa era para mí.
-Te quiero Brandom…-Dijo en un susurro tan bajo que me costó escucharlo.
Nunca había sentido el amor que un humano pudiera llegar a tener por otro ser, me hacia sentir especial, me sentía vivo.
-Yo también te quiero Liz.-Contesté.
Aunque no lo pudiera escuchar, contesté con una sonrisa y el corazón en llamas.
De vuelta a la mansión, me preguntaba si habían notado mi ausencia, intente por todos los medios no crear un vinculo que pudieran penetrar en mis pensamientos, aunque bastaba solo que me mirasen los ojos para comprobar que había vuelto a ver a esa pequeña humana.
Al llegar a la verja de la entrada, bajé de mi caballo oscuro sujetando con una mano las riendas, la primera letra de nuestro apellido se abrió de par en par cuando quité las gruesas cadenas mientras que unos andares femeninos se dirigieron a mi encuentro.
-¿Disfrutaste de tu paseo nocturno querido primo?.-Dijo Estefi con las manos ocultas tras su espalda.
Crucé la verja con Fenix y se ofreció a cerrar mientras clavaba sus ojos de fuego en los míos sin dejar de sonreír.
-Sí, me ha venido muy bien, ¿acabas de llegar?.-Pregunté con interés.
Pestañeó maravillada y sonrió entre dientes.
-¿Estabas preocupado por mí?.-Preguntó jugando con uno de sus mechones rojizos.
Estaría mal si le dijera que no me importaba en absoluto, pero tenía que mentir, me aclaré la garganta y eché un rápido vistazo a los ventanales de la mansión, las luces estaban encendidas y dentro de ella se escuchaba una melodía musical.
-Sí claro, salí a buscarte, ¿no te lo dijeron?.-Pregunté aparentemente preocupado.
Estefi sonrió y cogió las riendas de mi caballo para dirigirse al cobertizo, su vestido de color azul celeste se unió a sus andares y sin mirar hacia atrás soltó una pequeña risita.
-Me lo dijo Mary, después de que yo te viera en el camino.-Dijo alzando su voz.
Mi respiración se agitó, sabía que aquella figura de mujer me resultaba familiar pero hice caso omiso, corrí para ponerme a su lado e intenté no mostrar mi nerviosismo.
-Lo siento, no te vi en ese momento.-Me disculpé.
-Está bien.-Dijo sonriendo.-Ya me ocupo yo de tu caballo, será mejor que entres los invitados están esperando.-Dijo desapareciendo dentro del cobertizo.
Intenté estudiar su mente pero no hallé nada de lo que pudiera preocuparme, al parecer no me siguió, pero tampoco creía que hubiera salido con el fin de buscarla, su mente creía que hubiera ido a ver a Liz, y realmente estaba en lo cierto pero no tenía ninguna intención de preguntármelo.
Dí un suspiro largo y corrí hasta las escaleras de la puerta trasera, la abrí y Dorothy estaba en la cocina con dos personas más de la servidumbre, hablaban en voz baja y cuando me vieron irrumpir en la cocina Dorothy se apresuró a encontrarse conmigo.
-¡Mi niño Brandom!-Gritó al verme.-No puede irse así sin decir nada, ¿ha ocurrido algo?.-Preguntó asustada.
-Tranquila Dorothy todo está bien, solo salí a buscar a mi prima.-Contesté mirando al resto de la servidumbre.
-Hay señor, no puede salir solo por las noches, Margarite salió al pueblo hacer unos recados, y pudo escuchar que las autoridades están por los alrededores intentando dar caza a….-Se llevó una mano a labios para no decir algo que era completamente cierto.
-A él asesino, lo sé Dorothy.-Dije amargamente aflojando el nudo de mi corbata.
Dorothy tomó mis manos y las acarició con cariño.
-Mi niño, usted no es un asesino, solo se alimenta de lo que su cuerpo le permite, al igual que nosotros nos alimentamos de la carne de los animales, seríamos asesinos también pero no lo somos.-Dijo Dorothy acariciando mi pálida mejilla.
-Eso no es así, acabar con la vida humana es un delito castigado con la horca.-Dije pasando una mano por mis cabellos oscuros.-Pero tranquila Dorothy, voy a estar bien, no te preocupes más.-Dije con una sonrisa amarga al final de la frase.
Me miró con preocupación y froté su brazo con cariño, realmente era como una madre para mí, tenía ese amor que solo una madre podría tener por sus hijos, era una lástima que no pudiera decir algo parecido de mi padre.
-Mi niño, le esperan en el salón principal.-Anunció Dorothy con un tono de voz más calmado.
Solté su brazo y le hice un guiño con el ojo a lo que ella respondió con una sonrisa.

miércoles, 16 de junio de 2010

Capítulo 12-La visita

Carraspeé y sin dejar de mirarle torcí mi sonrisa.
-No sé a lo que te refieres padre, solo discutíamos acaloradamente.-Dije con el fin de que no siguiera preguntando.
Mi padre volvió a su postura liberando mi nuca, encuadré los hombros y alcé mi barbilla sosteniendo aquella mirada penetrante que volvía a tomar sus ojos.
-No intentes disimular conmigo hijo, sabes que lo he intentado todo por entenderte-Dijo volviendo a ocultar sus manos detrás de él.-Pasé por alto tu osadía de salvar aquella humana del accidente, pero no volveré a tolerar otra impertinencia más.-Dijo dándome la espalda para fijar la mirada en uno de los cuadros del largo corredor.-No estás aquí para cambiar el futuro de nadie, y desde luego tampoco para discutir con la familia.
Clavé mis ojos en los zapatos oscuros y se dió la vuelta para estudiarme el rostro con detenimiento.
-Fue casualidad que yo estuviera cerca el día del accidente, algo me impulsó hacerlo, no veo que tenga nada de malo y que sea un motivo para discutir.-Dije lo más calmado posible.-No volví a establecer contacto con ella, ¿porqué no te preguntas quién provocó a que volviera aquí padre?.
-Pregunté frunciendo el ceño.
Mi padre caminó hacia a mí con pasos firmes y el pecho hinchado, en su mirada se podía apreciar un deseo que antes no había visto en él.
-¿Aún no lo entiendes?.-Preguntó dejando ver sus brillantes dientes.-El olor que desprenden, nosotros elegimos al humano, y tú volviste a ponerla a salvo, tus hermanos no te perdonaron que dejaras escapar tan exquisita cena.-Dijo esbozando una sonrisa siniestra.
Apreté mis manos en un puño y pudo ver en mis ojos la agonía que sufriría si perdía lo único que me importaba en este mundo, aún así intenté disimular calmando las facciones de mi rostro.
-Si atacamos también el Londres la gente acabará dándose cuenta, creo que un poco de precaución no nos vendría nada mal.-Dije caminando hacia delante.-Desde que estamos aquí, hemos acabado con doce personas, hay que andarse con cuidado.-Dije aclarándome la garganta segundos después.
Mi padre siguió mis pasos con zancadas largas para ponerse a mi altura, su vista estaba fija en la larga alfombra roja del corredor, me pregunté si estaría prestando atención a lo que le estaba diciendo, cosa que dudé.-Está claro que no podemos acabar con Liz Jenzen ya que su familia sabe que ha venido aquí más de una vez, asociarían su muerte con nosotros.-Mentí.
No podía permitir que la tocaran, sabía perfectamente que su familia no sabía nada de sus escapadas a mi casa, pero no tuve otra opción que mentir con tal de que mi padre renunciara a ella.
Mi padre se detuvo en ese momento mientras que yo seguía avanzando por el corredor, el pulso latía violentamente en mis sienes, podía notar como quería intentar introducirse en mis pensamientos cosa que le permití.
Me costó esfuerzo pensar en otra cosa para que pudiera ver que no le mentía, me detuve escondiendo mis manos en los bolsillos de mis pantalones oscuros y me di la vuelta para encontrarme con su mirada azulada.
-En ese caso, acabaríamos también con su familia.-Dijo alzando su barbilla.-Pero lo que quiero de esa joven no es su muerte.
Fruncí el ceño y me permitió ver lo que quería en realidad.
-¿Una de nosotros?.-Pregunté con una expresión de disgusto.
Mi padre esbozó una sonrisa dejando ver sus dientes y me hizo una señal con la cabeza para proseguir con nuestro paseo por el largo corredor.-¿Porqué, y para qué?.-Volví a preguntar.
La aletas de mi nariz se hincharon y tuve que hacer un esfuerzo para controlar mi respiración agitada, lo que pude ver en su mente me disgustaba.
-Hijo, seré franco contigo.-Dijo.-Quiero que sea uno de los nuestros para ti, considéralo un regalo. Es obvio que sientes algo por esa joven.-Añadió con una sonrisa sarcástica.
-Yo no siento nada padre.-Mentí.
-En ese caso, deshazte de ella pronto.-Dijo con el fin de dar por zanjado el tema.
Una de nosotros o matarla, ninguna opción me valía, pero Liz ya sabía demasiado había visto demasiado. Definitivamente este lugar no era seguro para ella y más aún sabiendo lo que mi padre pretendía, debía de hablar con ella para que no volviera aquí nunca más, ¿pero cómo?, ¿qué iba a decirle?.Aún no sabía cómo, pero no podía dejar que pasara más tiempo, tenía que actuar rápido y con los medios que hiciera falta para ponerla a salvo.
-Hemos llegado.-Anunció mi padre.

Intenté borrar los pensamientos que se colapsaban en mi mente con el fin de que mi padre no pudiera penetrar en ellos.
Al abrir la puerta de la bodega, esta chirrió de tal manera que hizo daño a mis oídos sensibles, una fina corriente de olor a sangre me envolvió, pues aquí era donde la almacenábamos, mi padre torció su sonrisa y me invitó a ir delante.
Bajé por las escaleras de madera gastada que crujía a cada paso, mi respiración era acelerada, el dulce aroma que desprendía la bodega hacia que mi corazón latiera con furia, pero no tan intensamente como cuando me encontraba cerca de Liz, o cuando tan solo pensaba en ella, el sentimiento de amor hacia aquella frágil humana era mucho más fuerte que la sed ardiente.
La pequeñas ventanas estaban tapiadas con tablas de madera impidiendo que nada entrara en la bodega, ya fuera algún rayo de luz o el viejo polvo que empezaba a acumularse en los rincones de esta.
La estancia estaba llena de estanterías con recipientes de cristal y barro donde en su interior, habian litros y litros de sangre.
La bodega era la parte más fría y húmeda de la mansión, lo cual hacia que la sangre se mantuviera siempre fresca y lista para servir a unos devoradores chupasangres como nosotros.
Mi padre caminó hacia una de las estanterías, husmeó el aire y su dedo índice rozaba los recipientes intentando seleccionar uno que fuera de su agrado.
-¿Qué te parece si utilizamos esta para la fiesta de esta noche?.-Preguntó con los ojos cerrados sin dejar de husmear el recipiente.
Fruncí el ceño a la vez que mi olfato estudiaba cuidadosamente el aroma seleccionado e intentaba averiguar a qué se refería exactamente.-Me parece una buena elección padre.-Contesté.
Aspiré profundamente y sus ojos se clavaron en mí con una sonrisa satisfecha.
-¿Qué hay que celebrar?.-Pregunté mientras caminé hacia uno de los estantes observando la multitud de recipientes de barro que tenía justo enfrente de mí.
-Celebraremos lo orgulloso que está un padre de su hijo, y como tal que eres, quiero darte lo mejor, ofrecerte lo mejor…-Dijo ocultando sus manos tras la espalda con una amplia sonrisa.
Me sentí un miserable al oírle decir tales palabras, no merecía que me tratase tan bien, y él no merecía que le traicionase, pero por otra parte, tampoco podía traicionar a mi corazón, si es que se le puede llamar así a un depredador que devora la vida humana.
Caminó hacia a mí con pasos cortos pero firmes, su sonrisa estaba torcida hacia un lado y mientras iba avanzando podía verme reflejado en sus ojos azulados. –Deberías ponerte elegante esta noche, tengo preparada una sorpresa para ti.-Dijo.
Asentí con la cabeza manteniendo una postura firme y pasó por mi lado aspirando de nuevo el aire de la bodega.
-Hijo, creo que alguien viene a verte.-Anunció en el descansillo de la escalera.-Tienes razón, cuantas visitas en un solo día.-Dijo con una sonrisa sarcástica desapareciendo de la puerta de la bodega.
Fruncí el ceño y mis manos se cerraron en un puño, miré hacia las escaleras y me apresuré a subir por ellas, al cerrar la puerta detrás de mí no podía divisar a mi padre.
Un tintineo de campanas se escucharon en toda la mansión, me asomé por la delicada barandilla de madera, y vi a Dorothy que se apresuraba abrir la gran puerta.
Caminé por aquella esponjosa alfombra roja mientras que mi mano acariciaba la barandilla, mis pasos eran aún más acelerados, el olor que sentí era extraño, provenía de alguien que no era vampiro, era un olor humano.
No quise imaginar que Liz pudiera estar al otro lado de la puerta, aunque era inevitable que ese terrible pensamiento paseara por mi cabeza.
Bajé por las escaleras nerviosamente, parecía como si mis pies no tocaran los peldaños, al llegar al descansillo de esta, me apresuré bajar por las escalera central que estaba justo en frente de la inmensa puerta principal.
Fue entonces cuando aminoré el paso ocultando mis manos dentro de los bolsillos del pantalón, Dorothy echó una mirada hacia atrás encontrándose con mis ojos, en los suyos, podía apreciarse unas arrugas bien marcadas, me resultaba fascinante ver como los humanos envejecían con el paso de los años, en realidad me daba cierta envidia.
Dorothy, era una sirvienta de unos cincuenta y cinco años que había servido a mi familia desde que era prácticamente una niña, yo no tenía recuerdos de ella hasta bien entrado mis diez años de edad, era curioso, pero me resultaba imposible recordar a nadie, ni siquiera a mi madre, pero lo más curioso de todo era que a mi hermana, Mary, le ocurría exactamente lo mismo.
Dorothy era un encanto de mujer, para mí había sido como la madre que nunca tuve , y para nada sentía la necesidad de beber su sangre, al contrario, era como un vampiro más en la familia aunque en realidad fuese una simple humana.
El resto de la servidumbre también lo era, era una delicada selección que mi padre hizo cuando los contrato, le juraron lealtad y sobre todo, guardar el secreto de nuestra naturaleza.
A cambio, solo pedían un hogar donde guarecerse, ya que eran campesinos reclutados por mi propio padre y estos no tenían absolutamente nada, no es muy común que los humanos vivan en el mismo techo que los vampiros, pero mi padre sabía que teniendo humanos en la mansión trabajando para él nunca levantaría sospechas.
-Adelante Dorothy, abre la puerta.-Dije cuando llegué hasta ella.
En su cara había una expresión de preocupación, y pude leer con claridad lo que significaba, aguanté mi respiración y Dorothy asintió con la cabeza apartándose hacia el lado derecho de la puerta mientras que sus manos estaban nerviosamente entrelazadas.


En ese momento me encontré cara a cara con una joven de pelo negro y laceo, su piel era de color moreno que nada tenía que ver con el color de piel de un campesino, y sus ojos rasgados de color castaño me miraban tímidamente.
-Buenas tardes señorita, ¿a qué se debe su visita?.-Pregunté intentando ver su rostro.
La joven parpadeó y se encontró con mis ojos esperando una respuesta.
-Me…soy Karisma…pasaba por aquí y he visto que…-Dijo la muchacha con apenas un hilo de voz.
Estudié con rapidez el cielo azulado y se había tornado a un gris oscuro cosa que me alegré enormemente, no me apetecía que entrara a la mansión, sería demasiado peligroso.
Fruncí el ceño y Dorothy desvió su mirada para encontrarse con la mía, carraspeé y salí por la gran puerta principal con el fin de que aquella muchacha me siguiera, bajé por las escaleras para dirigirme hacía la fuente del sauce llorón, liberé mis manos del interior de los bolsillos de mi pantalón oscuro para cruzarme de brazos, esperaba que me dijera algo más pero parecía muy tímida cosa que no me gustaba nada.
Su mente era tan cerrada que no me permitió que penetrase en ella y ver sus verdaderas intenciones o para que se había acercado hasta aquí, un escalofrío recorrió mi nuca mientras esperaba que Karisma articulase alguna palabra.
El viento azotó su larga melena y se llevó unos mechones detrás de su oreja, cruzó su mirada con la mía y sonrió tímidamente.-Lo…lo siento.-Comenzó a decir.-Lamento mi intrusión a su casa, pero le he visto en el festival y…he podido comprobar que tiene un caballo realmente hermoso.-Dijo controlando su respiración. -¿Es un pura sangre?.- Preguntó mirándome directamente a los ojos.
Torcí mi sonrisa y volví a ocultar mis manos en los bolsillos.
-Así es, lo encontré hace unos años en un cobertizo abandonado, Fenix es un caballo extraordinario.-Contesté torciendo mi sonrisa al recordarlo.
Lo que no le había mencionado, es que fuimos de caza esa noche y arrasamos con toda vida animal que había en aquel cobertizo, pero cuando vi a Fenix supe que sería un buen compañero.
Fruncí el ceño y miré el rostro de aquella joven que me miraba con timidez, sabía que ocultaba algo mas pero me resultaba imposible verlo, desde que llegué a Londres nunca la había visto y desde luego tampoco la vi en aquel festival.
Un recuerdo hizo que algo dentro de mí se retorciera, ese recuerdo era la conversación que habia mantenido con Liz en el festival, estaba tan concentrado únicamente en ella que olvidé que hubiera más personas allí.
-¿Puedo verlo?-Preguntó una voz rompiendo mi recuerdo.
-No creo que sea una buena idea…-chasqueé los dedos intentando recordar el nombre que me había dado momentos antes.
-Karisma.-Se apresuró a decir ampliando su sonrisa.
-¡Karisma!.-Grité uniéndome a sus risas.
Me detuve y mire por encima de sus hombros hacía en ventanal, mi padre me observaba con una sonrisa torcida e hizo un gesto con su cabeza, parecía que esta vez no le incomodaba que mantuviera una conversación con una humana, se alejó del ventanal y bajé la vista para encontrarme con aquellos ojos rasgados que me miraban chispeantes.
-En serio, no creo que sea una buena idea, tengo que prepararme para una celebración, quizá en otro momento. Lo siento.-Me disculpe.
Karisma negó con la cabeza y sonrió.
-Oh, no te disculpes, en otro momento.-Dijo sonriendo.-Por cierto, ¿cómo se llama?.-Preguntó frotándose los brazos por el frio de la tarde.
-Brandom, y por favor tutéame, no me hagas sentir mayor.-Contesté sonriendo.
Karisma se ruborizó y bajó la mirada hacia su largo vestido, pasó una mano por él para eliminar el sudor y la alargó en mi dirección con la cabeza cabizbaja.
-Ha sido un placer Brandom, hasta pronto-Dijo estrechando mi mano afablemente.
-El placer ha sido mío Karisma, August, acompañe a la señorita hasta la verja.-Dije sonriendo.
El mayordomo que estaba los pies de la escalera de la puerta principal, se apresuró a bajar en cuanto yo se lo había ordenado, su bigote largo y estirado sonrió a la joven e hizo un gesto con su mano para que le siguiera.
Respiré profundamente mientras que mis ojos siguieron a la humana y August dirigirse hacia la verja, un sonido sordo e incomodo captaron mis oídos, fruncí el ceño y miré el cielo encapotado, las nubes se movían aceleradamente y un relámpago ilumino la mansión que pasados unos segundos se volvió a escuchar el estruendo.
Sonreí para mis adentros cuando sentí unas gotas cayendo por mi cara, para mí sentir el frio del aire y la lluvia rozando mi piel me resultaba tonificante.
Me quedé allí, inmóvil, husmeando el aire esperando que la tormenta estallase de un momento a otro, fue entonces cuando las gotas de agua se transformaron en el diluvio que estaba esperando, alcé mi rostro hacia el cielo oscuro y dejé que el agua calara todo mi cuerpo.

jueves, 29 de abril de 2010

Capítulo 11-Brandom: Enfrentamiento

-Vaya, vaya pero si te has dignado en aparecer.-Dijo Near levantándose lentamente del sofá cuando me vio aparecer en el salón.
Dio un sorbo a su copa de cristal y pasó la lengua por sus dientes haciéndola chasquear, le fulminé con la mirada y dedicó una media sonrisa mientras pasaba su mano por el cabello revuelto de color rojo fuego.-¿Dónde has ido esta vez?.-Volvió a preguntar mirando a través del amplio ventanal.
-No es asunto tuyo, y si lo fuera, no te lo diría. –Contesté indiferente.
Se giró para encontrarse conmigo y sonoras carcajadas retumbaron en toda la mansión.
-Te equivocas Brandom, es asunto mío, es más, es asunto de todos.-Contestó vaciando su copa.
-No tengo tiempo de escuchar estupideces.-Dije mientras me dirigí hacia la puerta.
-Tener a una humana por amiga si es una estupidez.-Contestó dejando ver sus dientes.
Me detuve en seco para echarle una última mirada, en sus ojos de color rojo sangre despedían furia.-No olvides lo que eres, no vayas en contra de tu naturaleza, los humanos no son amigos, son nuestra fuente de alimentación Brandom.-Dijo dando pasos cautelosos en mi dirección.
Fruncí el ceño y noté como mi garganta se secaba de la terrible sed que estaba empezando a despertar, me la aclaré con rapidez y Near torció su sonrisa cuando se detuvo frente a mí.
-No as bebido en varios días, tienes mal aspecto, ¿por qué no te sirves un trago?.-Preguntó.
Se dirigió a una de las vitrinas donde en su interior, habían unas copas de un cristal muy fino que relucían con el destello de la luces de la sala.
Near, fue caminando hacia una mesa que estaba en el centro observando una fuente de color plateado, cuando se detuvo, con la mano que le quedaba libre, cogió un cazo de metal justo al lado de aquella fuente.
Sin apartar aquella mirada de mis ojos, hundió el cazo en el interior de la fuente llenando segundos después aquella preciosa copa de sangre.
Near volvió a torcer su sonrisa cuando vio mi gesto, la garganta me ardía y casi podía notar en ella el delicioso sabor que la sangre me dejaba. Mi respiración se acelero cuando sentí el cálido aroma, las aletas de mi nariz se hincharon pero luchaba por intentar no respirar.
Mi hermano caminó hacia a mí con aquellos pasos cautelosos, y volvió a sonreír extendiendo la copa de sangre. –Aún está caliente.-Dijo entrecerrando sus ojos.
El delicioso olor era aún más intenso, apreté mis manos en un puño mientras miraba fijamente a Near que no dejaba de sonreír. Un vampiro que lleva varios días sin beber podría resultar demasiado peligroso, pero esto a mi hermano le importaba muy poco, su único deseo era que yo fuera un monstruo como él, y que no renunciara a lo que la naturaleza me había dado, como si eso fuera posible…
Alargué la mano y de un vuelo le arrebaté la copa de su mano pálida llevándola con ansia hasta mis labios, apreté los ojos con fuerza y dejé que la sangre recorriera mi garganta.
-¿No te interesa saber a quién pertenece?.-Preguntó irónicamente.
Retiré la copa de mis labios, aún quedaba sangre en ella, le miré con fiereza cuando me vino a la mente la imagen de Liz, Near, torció su sonrisa entrecerrando los ojos y se retiro unos pasos temiendo mi reacción.
En ese momento estallé la delicada copa de cristal y cientos de cristales rebotaron en el suelo de mármol como gotas de lluvia.
Noté como la sangre caliente recorría mi mano apretada en un puño mis ojos se tiñeron de color oscuro y dejé ver mis dientes ensangrentados mostrando una posición de ataque, Near fue retrocediendo mientras tenía su mirada clavada en mi mano ensangrentada.
Alzó las manos en el aire sonriendo nerviosamente, volé hasta él con los dientes apretados con fuerza y le presioné la garganta mientras que Near luchaba por soltarse de mis garras, las venas de mi cuello de color oscuro se acentuaron cuando utilicé toda mi fuerza contra él, en ese momento mi padre irrumpió en el salón acercándose a nosotros a una velocidad imposible.
-¡Ya basta, Brandom!.-Gritó cuando me agarró por la muñeca.
Near se llevó las manos al cuello intentando recuperar un aliento artificial y comenzó a toser mientras clavaba sus ojos rojizos en mí.-¿Se puede saber qué diablos os a ocurrido?.-Volvió a preguntar frunciendo el ceño con ira.
Near se puso firme y paso sus pálidas manos sobre su traje de color granate mientras que respiraba agitadamente por la boca mirando hacia otro lado nerviosamente.
Lleve la base de mi mano hasta la comisura de mis labios, pasé la lengua por ellos para eliminar la sangre y acto seguido por mis dientes mostrándolos de nuevo de un blanco brillante.
Me dirigí hacia la puerta a toda prisa y escuché una risa ahogada que provenía desde la garganta de mi hermano, me di la vuelta y pude ver que una fina línea dibujaron sus labios oscuros, mi padre aún confuso, clavó sus ojos en los míos y los desvié para mirar nuevamente a Near.
-La próxima vez, serás tú o yo.-Le amenacé señalando con el dedo índice ensangrentado.
Lo llevé hasta mis labios y lo lamí con furia, dediqué una última mirada a mi padre y crucé la puerta para dirigirme escaleras arriba.
-¡Brandom!.-Gritó mi padre desde el salón.

Mientras subía a toda velocidad por las escaleras para dirigirme al baño, una ola de sentimientos se apoderaba de todo mi ser, el más fuerte era el deseo de matar a Near con mis propias manos.
Aunque yo sabía con certeza de que esa sangre no provenía de Liz, me llenaba de ira pensar que podría atacarla cuando a él le pareciera, no por beber su sangre, si no porque sabría que eso me volvería loco y así poder seguir su juego masoquista.
Nunca había experimentado esto antes, el mero hecho de que pudieran hacerla daño, de que puedan tocar un pelo de su hermoso cabello dorado, me hervía la sangre.
Soy lo que soy, un vampiro, un alma inmortal, una especie distinta a la de los humanos, un cazador, un asesino que devora en las sombras, pero lo que menos me esperaba es que fuera también un vampiro extremadamente enamorado.
Obviamente no puedo guardar este sentimiento ante mi familia, porque todos pueden ver en mi interior así como yo a ellos, y Near siempre aprovecha cualquier momento para recordarme lo que soy y atacarme con lo que más me duele.
Para muchos vampiros, jamás han sentido la profunda alegría y la angustia que causa estar enamorado perdidamente de otra persona, para ellos son sólo eso, nuestra esperanza de vida eterna.
Entré en el baño cerrando la puerta detrás de mí, apoyé mi cabeza en ella intentando controlar mi ira, caminé unos pasos hasta el espejo ovalado recubierto por un arco dorado, y cerré mi puño con fuerza estampándolo contra el espejo.
Unos trozos de cristal cayeron sobre el lavabo haciendo que el impactó dañara mis oídos sensibles, retiré el puño y lo examiné con detenimiento, abrí el grifo y dejé que mis manos se refrescaran bajo aquella cascada transparente.
Cuando alcé la vista, me encontré cara a cara con un ser monstruoso, estaba desfigurado y no podía ver su rostro al completo, tenía el pelo oscuro y sus ojos volvieron a tornarse del color de la miel. Aparte mis cabellos y llevé las manos llenas de agua hasta mi rostro intentando refrescarlo, respiré repetidas veces y profundamente para intentar relajarme, cosa que conseguí hacer por momentos.
Salí del baño minutos después para dirigirme a mi habitación, al abrir la puerta, un aroma dulce capto mi olfato agudo, el aroma de Liz aún seguía en mi habitación, cerré la puerta para evitar que se esfumara como el humo de un puro, guardándolo únicamente para mí.
¿Por qué…porqué tenía que ser así?, ¿por qué me tuve que enamorar de una chica humana?, demasiadas preguntas y ningún sabio que contestarlas.
Como alguien me dijo una vez, siglos atrás, las cosas pasan por alguna razón…pero…¿qué razón seria esta?.
Definitivamente estaba hiendo en contra de mis principios, de mi familia, de mi naturaleza asesina, de mí mismo…
Fui bastante cruel con Liz y conmigo mismo, debería de haber roto la relación de amistad, pero, esto que siento en mis adentros me impide hacerlo, como romper con un ser al que amas más que a tu propia existencia, y más aún sabiendo que hay fuera, hay unos depredadores letales.
No…yo soy uno de ellos, lo más coherente sería no volver a verla, sería demasiado peligroso para ella…pero el interior de Liz tenía toda la razón, sería más doloroso no tenerla cerca de mí sintiendo lo que sentía, y más aún, sabía, debía protegerla de mi propia naturaleza, me sentí capaz de hacerlo, y por ello permaneceré a su lado hasta el fin de su existencia.
Algo dentro de mí se retorció, no quería pensar que eso fuera a pasar alguna vez, ¿una vida sin Liz?, o mejor dicho, ¿una inmortalidad sin aquella joven?, llevé mis puños hasta las sienes intentando sacudir ese horrible pensamiento, no podía imaginar una eternidad sin Liz.
-Cuanto amor y sin amar, que irónico.-Me dije casi en un susurro mientras avanzaba hasta el piano.
Levanté la tapa cuidadosamente y me senté en el taburete, mis dedos rozaron con suavidad las teclas haciéndolas sonar, el sonido era relajante, tomé aire y desabotoné el chaleco oscuro que llevaba puesto para lanzarlo sobre la cama.
Froté las yemas de mis dedos y segundos después los dejé sobre las teclas, empecé a tocar una melodía que ni si quiera había compuesto, era una melodía dulce, bastó con cerrar mis ojos ver la imagen de Liz y mis dedos se movieron automáticamente componiendo la melodía perfecta.
Un torrente de imágenes vino hasta mi mente y en cada una de ellas, el deseo de querer volver a verla, saber que está bien y sentir de nuevo su deseo hacia a mí, eso era lo que realmente me hacía sentir vivo, me hacía sentir humano, me hacía sentir débil ante ella.
Una visión borrosa me hizo dar un respingo del taburete deteniendo aquella dulce melodía, mi subconsciente me mostró lo que yo realmente deseaba, hacerla mía para siempre, o matarla.
Mi respiración se agitó violentamente, otra vez mi instinto estaba dejándose notar, como momentos antes en el salón cuando Near me ofreció aquella apetitosa y jugosa sangre caliente.
No podía engañarme a mí mismo, aunque deseaba hacerlo, no podía soportar una eternidad cuando Liz se hubiera marchado a eso que llaman los humanos, el “paraíso”.
Quería tenerla para mí, fuera de la manera que fuera, viva en inmortalidad, o muerta a manos mías y de nadie más.
Pasé mis brazos para cubrirme la cabeza dando paseos de un lado para otro, eso era lo que mi interior deseaba, solo me estaba engañando a mí mismo, y aunque lo sabía, no quería pensar en ello.
Caminé hacia el ventanal fijando la vista hacia la fuente del sauce llorón, donde estaba mi hermana Mary como de costumbre, al notar mi mirada se giró y sacudió su mano con media sonrisa, a lo que contesté forzosamente.
Unos nudillos tocaron alegremente la puerta, alcé las cejas cuando vi de quien se trataba sin a ver abierto la puerta que nos separaba.
-Pasa Estefi, ¿qué te trae por aquí?.-Pregunté volviendo la vista a la gran verja de la entrada.
Mi prima entornó la puerta y caminó hacia a mí con pasos sensuales, su vestido de color rojo con entonaciones oscuras se unía a sus andares cuando se iba acercando al ventanal, jugueteaba con un mechón rojizo de sus cabellos y una sonrisa asomó por sus labios cuando llegó hasta mí.
-Solo quería verte Brandom, ¿has discutido con Near?.-Preguntó pestañeando coquetamente.
-Veo que no sólo has venido a verme.-Dije sin mirarla.
Me sorprendía la manera en la que Estefi me miraba, no hacía más que hacerme cumplidos e incluso cazar para mí con tal de que le dedicara una sonrisa, me incomodaba la situación ya que estaba casada con Atila, su esposo, y de no estarlo, jamás me llamó la atención su forma de ser.
Mi prima pestañeó varias veces y volvió a sonreír.
-Oh, escuché vuestra acalorada conversación en el salón, y sólo quería saber cómo te encuentras.
-Dijo retorciendo un mechón de sus cabellos en el dedo índice.
-Bien.-Contesté fríamente.-Tal vez Near no se encuentre mejor, deberías ir a verle.-Le sugerí.
Estefi cambió su rostro por completo, de coqueta a furiosa, si no fuera por su tez pálida me atrevería a decir que estaba roja como una gota de sangre, desenredó su mechón y puso las manos en su cintura de manera chulesca.
-Eres un desagradecido, y aparte de eso, engreído.-Dijo con la voz fría como el hielo.
-¿En serio?.-Contesté a su crítica muy indiferente.
-Near tiene razón, ¡esa maldita humana te está echando a perder!.-Gritó.
En un segundo tenía mi mano aferrada con fuerza a su pálido brazo apretándola y mis colmillos se dejaron ver muy de cerca, Estefi tenía sus ojos desorbitados y en ellos se podía ver la fascinación y la lujuria que mi fuerza la hacía sentir.
Poco a poco dejé de fruncir el ceño haciendo que mi rostro volviera a estar sereno, mi mano liberó su delgado brazo y Estefi se acarició maravillada.
-Eso es, ahora sí eres tú…me alegro de que estés bien.-Dijo dando pasos hacia atrás buscando la puerta para salir por ella.-Te traeré esta noche algo bueno para cenar.-Dijo finalmente antes de desaparecer.
Eso era lo que pretendían, que no renunciara a mi naturaleza asesina, era normal y corriente que fuera violento, depende de que situación, en defensa de los humanos no debería enfrentarme a mi familia...
Volví a mirar por el ventanal y Mary ya no se encontraba en la fuente, sonreí mirando hacia la puerta y me dejé caer sobre la cama.
-Brandom, ¿puedo entrar?.-Preguntó Mary desde el otro lado de la puerta.
-Sí, te estaba esperando.-Dije mirando el cajón de la mesita de noche.
-E oído todo, lo que ocurrió con Near y hace pocos segundos con Estefi.-Dijo casi en un susurro.
-Lo sé Mary, estoy harto de que me digan que debo y no debo hacer, me dieron ganas de demostrarle de lo que soy capaz a ese engreído de Near.-Dije llevando mis manos a la cabeza y moviendo mi pierna como si tuviera un tic nervioso.
Mary se acercó hasta la cama donde se dejó caer con suavidad, retiró la cola de su amplio vestido de color verde y me pasó un brazo alrededor del cuello donde comenzó a frotar mi espalda con cariño.
-Te entiendo, dales tiempo, no es muy común que haya vampiros haciendo amistades humanas.
-Dijo Mary con un tono de voz maternal, a pesar de que yo era un año mayor que ella.
-Exacto, tu lo has dicho, no es muy común Mary.-Añadí poniéndome en pié nerviosamente.-¿Qué me está pasando?.-Pregunté casi enfurecido.
Mary puso las manos en su regazo y entrelazó los dedos lentamente mientras me miraba con sus ojos profundos.
-Los humanos lo llaman amor, eso es lo que has sentido desde que la conociste, tal vez te confunda el deseo de su sangre por…
-No.-La interrumpí antes de que dijera algo que me hiciera enfurecer.-La amo Mary, y esto supone ir en contra de lo que soy, esto supone ir en contra de mi familia, de ti, de todo.-Dije sin apenas aliento.-Quiero tenerla para mí, siento que quiero protegerla a cada momento, muero de celos cuando a Near se le cruza por la mente querer matarla, incluso e llegado a pensar que yo mismo quisiera hacerlo antes que nadie.
Mary se aclaró la garganta cuando pude ver en su mente el accidente que sufrió Liz unas horas antes, negó con la cabeza y clavó sus ojos en los míos como pidiendo disculpas por recordarlo inconscientemente.
-Es difícil, pero decidas lo que decidas, yo estaré siempre a tu lado Brandom.-Dijo torciendo su sonrisa angelical.
Asentí con la cabeza y volví a sentarme a su lado, al hacerlo la cama crujió con mi peso y miré a mi hermana forzando una sonrisa.
Miré de nuevo hacia el cajón de la mesita de noche y lo abrí, del interior saqué un pañuelo de color beige manchado de sangre seca, sonreí irónico cuando recordé de nuevo cómo conocí a Liz.
-¿Es…sangre, de donde lo has sacado?.-Preguntó Mary con las pupilas dilatadas.
-Es de Liz, cuando la rescaté del accidente, y yo me fui a buscar a un doctor que la pudiera atender, dejó este pañuelo de seda atado a un banco de forja donde la atendió el doctor.-Dije, sonreí para mis adentros y continué casi en un susurro.-Poco después se la llevaron a su casa, vi que se le había olvidado, y no he podido entregárselo, de todas maneras nunca he querido hacerlo, es la única manera que me permite estar en contacto con ella de alguna forma. –Dije finalmente con un hilo de voz.
-Brandom, ¿Cómo puedes soportar el olor que despide a sangre?, créeme a mí me está costando respirar.-Dijo Mary cubriéndose la nariz y la boca con la palma de su mano blanquecina.
-Ni yo mismo lo sé, tal vez, el amor sea más poderoso que el deseo de beber, ¿no crees?.-Pregunté volviendo a guardar aquel pañuelo de mi joven amada.
Mi hermana recuperó su respiración calmada y frunció el ceño cuando se percató de mi mano, la tomo entre las suyas y la estudio cuidadosamente.
-¿Qué le ha ocurrido a tu mano?.-Preguntó observando mis nudillos más de cerca.
-Golpeé el espejo de la impotencia.-Contesté librándome de sus pálidas manos.
Mary resopló y se puso en píe alisando su largo vestido, clavó sus ojos en los míos y dibujó una línea en sus labios rosados.
-Debes controlarte un poco, todo saldrá bien.-Dijo ampliando su sonrisa.
Hablar con mi hermana me resultaba reconfortante, llenaba mi mente de tranquilidad y eso que no era nada fácil, me levanté de la cama y extendió sus brazos como una madre dando consuelo a su pequeño.-Voy a la biblioteca, si necesitas algo, estaré allí para escucharte cuando lo desees.-Se ofreció amablemente.
-Gracias Mary, hablar contigo me ha ayudado.-Le agradecí desde lo más hondo.
Mi hermana liberó mi espalda ancha y colocó aquellos mechones oscuros de mi cabello que me cubrían el rostro, sonrió, y se dirigió hacia la puerta cerrándola tras ella.
Di un suspiro largo y placentero y eché una mirada al piano que relucía con unos pequeños rayos de sol que se colaban en el dormitorio, fruncí el ceño y caminé hacia las cortinas de color tierra para cubrir el ventanal impidiendo que el sol penetrara.
Sabía perfectamente a qué horas y que días debía evitar la luz natural, un solo rayo en mi delicada piel de hielo podría causar un efecto devastador, sería como el polvo de una vieja carretera.
Sin embargo, los días en los que las nubes eclipsan el sol no debía ser un problema, podría salir perfectamente por las calles de Londres y pasearme a mi antojo, hoy, tocaba uno de esos días soleados que tanto les gusta a los humanos.
De nuevo me dirigí hacia el piano y me deje caer sobre el asiento que estaba situado delante de éste, entrelacé los dedos de las manos intentando recordar como continuar aquella melodía que momentos antes había tocado.
Tomé aire y lo dejé salir lentamente, mis hombros volvieron a relajarse y apoyé los dedos de las manos sobre las teclas que comenzaron a sonar en todo el dormitorio.
Podía escuchar el murmullo de Estefi y Near, hablaban sobre nuestra pequeña discusión y el motivo que la generó, tuve que subir las notas del piano para evitar escuchar la palabra “humana”,cosa que me resultaba imposible de no oír.
Lo que menos me apetecía era tener otro enfrentamiento con Near, probablemente no saldría tan airoso esta vez, cogería su cabeza entre mis manos y la partiría como quien parte una nuez, sonreí para mis adentros maravillado cuando pude contemplar en mi mente esa imagen.
Mis dedos dejaron de acariciar las teclas cuando escuche unos pasos al otro lado de la puerta, volé hasta ella y cogí aire antes de abrirla.
-Hola padre, cuantas visitas a mi dormitorio en un solo día.-Dije abriendo aún más la puerta invitándole a entrar.
Mi padre tenía el rostro duro, en él se apreciaba una línea curvada imitando una sonrisa, y sus ojos azules estaban entrecerrados clavados en los míos.
-Hijo, ven conmigo a la bodega.-Dijo dándome la espalda sin borrar aquella sonrisa.
Me aclaré la garganta y cerré la puerta detrás de mí, me dispuse a seguirle por el largo corredor clavando mis ojos en sus pálidas manos que las tenía detrás de su espalda, esta vez me concentré en su dedo anular, jugueteaba con su sello de oro en la que había una piedra preciosa de un color rojo oscuro.
Me llamaba mucho la atención ese anillo, pues siempre que lo contemplaba me daba la sensación de haberlo visto en otra persona, y no sabía porque, pero me inquietaba.
-¿Brandom, qué os a ocurrido a tu hermano y a ti?.-Preguntó deteniéndose.
Alcé la vista y cuando me encontré con sus ojos entrecerrados apreté mi mandíbula para evitar que viera el origen del enfrentamiento, mi padre alisó su chaqueta oscura con las manos y esbozó una sonrisa.
-¿Qué importa eso?.-Pregunté frunciendo el ceño y cerrando mi mano en un puño.
Su sonrisa de desvaneció como el humo de una vieja pipa y alzó la barbilla a la vez que sus ojos mostraban sombras oscuras tapando ese color azulado, dio un paso hacia delante y lentamente su mano llegó hasta mi nuca acercando mi rostro a el suyo.
-Hijo, si llegaras a traicionarme, seré yo mismo quien acabe contigo.-Dijo con tono amenazador.

domingo, 25 de abril de 2010

Capítulo 10-Amigos

-¡Liz, no!, ¡no, no tranquila!
Mi primer impulsó fue retroceder a toda velocidad y de pronto sentí un golpe, era como si me hubiese golpeado la cabeza contra la pared que había justo al lado del arco, antes de perder el conocimiento vi que era Brandom el que gritaba como loco para que no retrocediera impidiendo que me golpease, sentí algo frio debajo de mí y mi mente se sumergió en un sueño profundo.
Me vi a mi misma cayendo en un agujero negro intentaba buscar las palpitaciones de mi corazón pero no las encontré, quería recordar lo que había sucedido o que era lo último que había hecho pero tampoco pude acordarme de nada.
En el sueño, mientras seguía cayendo en aquella oscuridad abría y cerraba los ojos intentando poder despertar, no había colores ni había más personas ni si quiera estaba Brandom, sólo yo en aquella oscura noche, ¿significaba que había muerto, en serio ya había llegado mi hora?...¿por qué tan pronto?, ni si quiera tuve la oportunidad de decir a Brandom lo mucho que lo amaba.
Ahora estaba empezando a recordar cosas mientras caía en esa oscura noche que me llevaba
al centro de aquel prado floreado, el claro…
Mary se encontraba mal, sus ojos eran muy raros y me gritaba pidiéndome que me marchara, entonces choqué con algo fuerte y frio, era mi salvador, yo fui tan estúpida que me asusté y retrocedí golpeándome la cabeza con la pared.
Nada hubiera podido salir peor, siempre tenia que ocurrir lo que menos esperaba, solo quería despertar para poder disculparme una vez más, entonces la luz del claro empezó a tomar color, el sol brillaba con mucha fuerza tanto, que me cegaba los ojos, yo estaba acostada boca arriba sin poder moverme, a mi lado estaba Brandom sentado sosteniendo mi mano, podía sentir su piel fría me hablaba pero no podía contestarle, tampoco podía oir que era lo que me estaba diciendo pero si que podía ver su rostro preocupado.
Acercó a mi rostro una margarita de pétalos tan blancos como su piel y me acarició la punta de la nariz mientras que yo intentaba sonreírle sin lograrlo, el desapareció de mi lado lo que me preocupó aun mas, volví a encontrarme sola no podía moverme para ir a buscarle solo podía estar allí mirando unas nubes de color gris que se movían con rapidez.
-¿Por qué has permitido que se quede Mary?, ha sido una imprudencia dejarla aquí.-Dijo Brandom.
Ahora podía escuchar que hablaba con Mary y que les podía oír mas cerca.
-Lo siento, no tenía ni idea de que esto podría ocurrir.-Contestó Mary con un hilo de voz.
-¿Te encuentras mejor?, ¿puedes quedarte un segundo con ella sin que la mates?.-Preguntó Brandom con voz fría.
-No te preocupes, estará bien.-Dijo Mary con su voz de sirena.
Moví mis párpados intentando abrir los ojos, sentí como poco a poco tenia movilidad en mi cuerpo lo cual me alivió bastante, aun sentía su mano fría en la mía e intente moverme un poco mas no quería que el volviera a irse de nuevo.
-Brandom…-Logré decir en un susurro, tan bajo que ni yo misma me escuche.
Me apretó la mano con fuerza mientras que con la otra me acariciaba la mejilla.
-Ha hablado, ve a buscar un médico Brandom.-Dijo Mary dando un suspiro de alivio.
Abrí mis ojos poco a poco intentando buscar aquel rostro hermoso, estaba segura de que si le volviera a ver me encontraría mucho mejor, lo ultimo que quería era que se marchase de nuevo ya me resultaba la espera del dia anterior lo bastante larga como para que se fuera otra vez.
-No…no te vayas.-Dije aun con la voz débil.
Su rostro cobro forma, tenia el ceño fruncido y su mano no dejo la mía ni un momento, sonreí pero él no me devolvió la suya, estaba sentado delante de mí bastante cerca, tenia su melena oscura recogida en una coleta y varios mechones le caían en la cara, sus ojos miel me miraban entrecerrados y sus labios estaban fuertemente apretados como evitando decir algo que no quería decir.
Parpadeé varias veces antes de apartar los ojos de mi salvador para dirigirme a Mary, carraspeé
y la sonreí.
-¿Cómo te encuentras Mary?.-Pregunté muy bajito.
Brandom se echo a reír y Mary le dio un codazo para hacerle callar, intentaba buscar cual era la parte divertida pero mi cabeza no daba para mucho mas en esos momentos.
-Hay que ver Liz, tu fuiste la que perdiste el conocimiento y estas preguntando como esta mi hermana.-Dijo Brandom sonriendo entre dientes enterrando mi mano con las suyas.
Sonreí al ver su sonrisa, siempre me contagiaba cuando lo hacia, Mary dejó de mirar a su hermano para encontrarse conmigo, me acarició el pelo con cariño mientras que torció su sonrisa.
-Estoy bien Liz, siento haberte preocupado, pero la que importa eres tú, ¿cómo te sientes cielo, necesitas algo?.-Preguntó con ansiedad.
Negué con la cabeza y me llevé una mano hasta ella cuando sentí un pinchazo violento.
-Auh…-Me quejé.
-Avisaré a un médico.-Dijo Brandom liberando mi mano dejándola descansar a mi lado.
-No, no, estoy bien Brandom.-Mentí, la cabeza me seguía doliendo pero no quería que se marchara.
Torció su sonrisa sin levantarse del asiento entrelazo los dedos de sus manos apoyando
su perfecta barbilla y los codos los tenia sobre sus piernas, giró el rostro mirando a su hermana, Mary asintió una sola vez y cruzó por una puerta delicada de color cerezo, la cerró tras ella y Brandom se volvió para mirarme aun con la barbilla apoyada en sus manos.
-¿A dónde va?.-Pregunté con el ceño fruncido.
-No tengo la menor idea…-Dijo.
Mientras me estudiaba el rostro me dediqué a mirar a mi alrededor, estaba en una sala diferente, al mirar hacia arriba me encontré con una fina tela transparente de color blanco, alrededor de donde me encontraba acostada también estaba esa tela, giré mis ojos a la izquierda y había un enorme ventanal con forma de arco, a los lados cortinas transparentes de color blanco, pude ver una amplia estantería que cubría media pared llena de libros.
Las paredes estaban adornadas de candelabros dorados y mas cuadros, estos eran hermosos trataban de bosques y de las calles de Londres.
Un color brillante me cegó los ojos, era aun piano oscuro como el de aquella sala en la que estuve con Mary, la tapadera de este estaba abierta y unas cuantas hojas estaban encima de él, supuse que sería notas para tocar.
Miré hacia la parte de mis pies y no me había percatado de que estaba en una cama, miré hacia arriba y pude distinguir un cabecero familiar, uno de los cabeceros que mi padre hizo
en su taller esa tarde.
Fruncí el ceño y mis mejillas delataron mi vergüenza.
-¿Dónde…estoy?.-Pregunte tan bajo que volvi a repetirlo temiendo de que no me
hubiera escuchado.
Brandom torció su sonrisa y desvió la mirada para clavarla en sus zapatos oscuros, negó con la cabeza, y pareció cosa de mi imaginación pero vi cierta timidez en él, alzó sus ojos profundos y un brillo hermoso cruzó por ellos sin dejar de sonreír.
-En mi habitación.-Dijo carraspeando después.
-Oh…-Dije con las mejillas aún coloradas.
Sonrió y a los pocos segundos volvió a desviar su mirada hacia otro lado.
-Odio tener que preguntar esto en estos momentos pero…¿por qué has venido Liz?.-Preguntó.
Aclaré mi garganta e intenté incorporarme lo cual Brandom me impidió que lo hiciera volviéndome a dejar como estaba.
-Lo siento, solo quería comprobar como se encontraba Estefi, yo no quería…-Dije con un hilo
de voz.
-Está bien, no hables más, descansa.-Me interrumpió.
-No,-dije ahora incorporándome sentada sobre la cama- ¿por qué te molesta tanto? ,quiero saber porque, dime la verdad.-Dije intentando sonar lo mas fuerte posible.
-No me fio de mi Liz.-Dijo amargamente.
Se levantó de una preciosa silla de madera con bordes dorados, ocultó sus pálidas manos dentro de los bolsillos de sus pantalones oscuros y se dirigió a la ventana mirando el exterior.-No es algo que tenga que ver contigo.-Añadió.
-¿Es por esa persona especial?.-Pregunté agarrando mi corazón para cuando contestara calmarlo de alguna manera, como si eso se pudiera hacer…
Aspiró aire profundamente y su pecho pareció hincharse cuando hizo ese gesto, giró su cabeza para mirar mi rostro expectante de saber su respuesta.
-Sí…-Contestó tan bajo que me pareció que no hubiera dicho nada.
Tomé aire mientras sentí como mi corazón se iba haciendo pedazos, ahora podía entenderlo, no se fiaba de el mismo temiendo de que ocurriera algo entre nosotros estando enamorado de esa persona especial, yo no quería ser un estorbo solo deseaba su felicidad.
Ahora tenía que ser fuerte, me había confirmado lo que necesitaba saber, puede que antes quisiera decir lo mismo pero no lo veía tan claro como ahora, me incorporé aun mas y me senté en el borde de la cama intentando ponerme en pié.
Brandom estuvo frente a mi en un abrir y cerrar de ojos, impidiendo que me pusiera en pié, era obvio que aun no estaba bien pues me tambaleaba de un lado para otro.
-Debo irme a casa, volví a escaparme y no tengo ganas de escuchar una reprimenda.-Dije intentando luchar con sus brazos evitando mirar la miel de sus ojos.
-Aún no te encuentras bien Liz, recuéstate no seas niña.-Dijo con un tono de voz dulce.
Vencí sus brazos y tomé de una mesita auxiliar el libro que Mary me había prestado, no podía quedarme allí ni un segundo mas, ya había causado bastantes problemas y lo peor de todo era que mis ojos iban a echar lágrimas de un momento a otro.
Brandom no dejaba de mirar cuando avanzaba hasta la puerta de color cerezo, puse mi mano sobre el pomo y me giré torciendo mi sonrisa.-Por favor Liz, no te vayas aún.-Suplicó.
-Siento haberos causado molestias, por otra parte gracias por todo, despide a Mary de mi parte y dile que lo siento. Adiós Brandom.-Dije amargamente.
-Por favor…-Volvió a suplicar con voz temblorosa.
Giré el pomo de la puerta y salí por ella cerrándola detrás de mi, me quedé unos segundos con la espalda apoyada intentando controlar las lágrimas que caían sin cesar por mis mejillas, sentí la tentación de abrir la puerta y darle un abrazo fuerte como despedida final, pero no tenía derecho de hacer algo así.
Llené de aire mis pulmones y agarré mis vestidos dirigiéndome a la puerta principal, según me iba acercando vi a Mary acompañada de un señor que me resultaba muy familiar, era el mismo médico que me atendió cuando me di el golpe en la rodilla.
Mary tenía en ceño fruncido cuando me vio correr apresuradamente hacia la puerta y aquel señor me miraba con ojos confusos.
-Lo siento Mary, adiós.-Me despedí ocultando parte de mi rostro.
-Espera Liz, tiene que verte un médico.-Dijo Mary poniendo su pálida mano sobre mi hombro.
Hice caso omiso y volé hasta la puerta que estaba abierta y sin mirar atrás corrí hacia la verja donde me esperaba un mundo sombrío sin él…
No tenia derecho a sentirme así, mientras corría por aquel camino cada segundo que pasaba me daba cuenta de que todo había sido un error, mi comportamiento estuvo mal había sido sincero conmigo y en lugar de agradecérselo reaccioné como una estúpida.
No, era lo mejor que pude a ver echo, no podíamos seguir viéndonos puesto que eso me haría daño, por otra parte deseaba tener su amistad pero a cambio de que…lo único que conseguiría con eso es hacerme daño solo por el echo de verle y tenerle como un amigo.
Negué con la cabeza y aceleré mi paso aún mas rápido, le prometí a Amelia que la llevaría hoy a ver aquel concurso de caballos así me distraería un poco y con una pizca de suerte olvidaba pronto todo lo que me había sucedido desde que le conocí aunque eso sería matar una parte de mí.
Cuando estaba cerca de casa detuve mi paso acelerado y respire varias veces, un pinchazo violento sentí en el dedo pulgar de mi mano fruncí el ceño por tan horrible dolor y lo estudié con detenimiento, entonces recordé el ataque que había sufrido Mary, recordé unos ojos rojos de un brillante exagerado…¿qué le pudo a ver ocurrido?, eran tantas preguntas las que me estaba planteando ahora que era mejor no pensar en ellas.
No había rastro de sangre, solo quedó una fina grieta atravesada en el dedo, tuve que dejar
de mirar cuando comencé a sentir náuseas, al cruzar el porche Amelia estaba sentada en
las escaleras que llevaban a la puerta principal, jugueteaba con su peonza haciéndola rodar por
la madera desgastada de los peldaños.
Al notar mi presencia la dejó caer y se incorporó con una ancha sonrisa que me parecía que
le llegaba de oreja a oreja, le devolví la mía y en ese momento ví a mi madre asomar la cabeza por la ventana de la cocina mirando a través del cristal.
-Hola Amy, ¿estas lista para irnos a ver ese desfile?.-Pregunté sin dejar de sonreir.
-Llevo esperándote un buen rato, me muero de ganas de ir Liz.-Contestó ansiosa.
Volví a sonreír y subí los peldaños dirigiéndome a la puerta.-¿A dónde vas ahora?.-Preguntó mi hermana con el ceño fruncido.
-Solo voy a decirles a papá y mamá que ya llegué, dejó este libro en mi habitación y nos vamos, ¿de acuerdo?.-Dije al ver como se impacientaba.
Amelia resopló y un tirabuzón voló en el aire cuando hizo aquel gesto, crucé por la puerta anunciando mi llegada y mi madre salió de la cocina con un paño en las manos, mi padre estaba sentado en su sofá con su periódico habitual y le hice un gesto para que viera que tenia el libro en mi poder, asintió torciendo su sonrisa.
-¿Cómo esta la madre de Yuls?, tengo ganas de ir un día a visitarla.-Dijo mi madre.
Aquella pregunta me sonó un tanto sospechosa, era como si mi madre y la madre de Yuls se hubieran encontrado ese día y hubiera preguntado por mi, carraspeé e intente sonar lo mas
creíble posible.
-Supongo que está bien, no la he visto mamá,-dije-me encontré con Yuls de camino a su casa, el libro se lo prestó a Ingrid y tuvimos que ir a su casa a recogerlo, por eso e tardado en volver.-Menti.
Mi madre asintió y escuche como mi padre pasaba la página del periódico, me daba miedo
mirarles a los ojos pues seguramente descubrirían que mentía, lo hacia tan mal…
-Amelia nos a dicho que la llevaras al desfile de caballos, no tardéis mucho en regresar.-Dijo mi padre sin dejar de mirar el periódico.
Asentí torciendo mi sonrisa y subí poco a poco las escaleras que conducían a mi habitación, me detuve en el descansillo de la escalera cuando mi madre se puso hablar con mi padre.
-¿Mañana vas al taller pronto?.-Preguntó.
-Si, los Akerman volvieron a encargarme más muebles, y por lo visto también han ido a la joyería de mi hermano.-Contestó.
A si que los Akerman eran clientes fijos de mi padre y de mi tío Zack, sabía que los Akerman volvieron a encargar más cosas en la tienda de mi padre pero desconocía que también le encargaran cosas a mi tio.
Zack tenia una joyería en el centro de la ciudad, no era gran cosa pero tenia cosas maravillosas, desde relojes de oro de bolsillo hasta finas cadenas doradas, no tenia mucha clientela al igual que mi padre pero si destacaban por su exquisito trabajo.
Mi tio Zack era viudo, no tenía hijos su mujer fallecío cuando yo tenia poco mas de siete años, era mayor que mi padre y la muerte de su mujer parecía haberlo envejecido de la noche a la mañana, tenía el pelo canoso y su bigote le daba un aspecto mucho mas mayor de lo que aparentaba, era un hombre robusto, a mi hermana siempre le hacia reír su panza redondeada era el único rato que le hacía sentir mucho mas joven.
-Eso es estupendo Jeremy.-Dijo mi madre entusiasmada.
Cerré la puerta de la habitación detrás de mi y fui hasta mi escritorio dejando el libro sobre la mesa, di un suspiro ahogado y me lleve la mano al pecho para calmarlo, no podía liberarme de su recuerdo ni siquiera en mi propia casa, me estaba engañando a mi misma no me resultaría tan fácil poder olvidarle y continuar con mi inexistente vida, se me creó un nudo en la garganta y tuve que luchar contra mis lágrimas.
-Liz, tu hermana se está impacientando, marchaos ya.-Dijo mi madre desde el salón.
Aspire aire una vez más controlando mi respiración y me aclaré la garganta, abrí la puerta de la habitación cerrándola después y baje las escaleras a toda prisa, al pasar frente a mi madre sonreí y acto seguido desvié la mirada hacia mi padre que me miraba por encima del periódico.
-No tardéis.-Advirtió levantando el dedo índice.
-Tranquilo papá, volveremos pronto.-Contesté despidiéndome con la mano.
Amelia estaba sentada en uno de los bancos del porche balanceando sus pies en el aire, dio un salto de este cuando me vio aparecer.
-¿Podemos irnos ya?.-Preguntó abriendo sus ojos castaños.
Asentí sonriendo y se puso a charlar y bailotear a mi alrededor mientras íbamos caminando hacia la plaza del pueblo.
Tuve que hacer un esfuerzo por entender lo que estaba hablando por el camino, pero para que engañarme eso era imposible, no podía escuchar los sonidos de mi alrededor solo un silencio vacio que provenía desde lo hondo de mi corazón.
-Liz, qué te pasa, ¿no estás contenta de que vayamos a ver el concurso?.-Pregunto Amelia con rostro preocupado.
Parpadeé y me dirigí a mi hermana con una sonrisa torcida.
-Claro que estoy contenta, a ver…¿por qué razón no iba a estarlo?, seguro que lo pasamos genial.
Amelia torció su cabeza para estudiar mi rostro y volví a sonreír falsamente.
-No lo sé, pero estas diferente, ¿te ha regañado papá?.-Preguntó.
Negué con la cabeza y tomé su cálida mano con cariño.
-Mira, ya ha empezado.-Dije señalando con la cabeza la multitud de personas que se agrupaban en la plaza principal de la ciudad.
Amelia comenzó a dar saltos de alegría mientras que yo aferraba su mano con fuerza para no perderla de vista.
Poco a poco intenté abrir paso en la multitud para que pudiéramos ver el espectáculo un poco mas de cerca, resulto un poco difícil pues habían personas que ponían cara de enfado y se quejaban.
-Desde aquí se ve mejor.-Dije sonriendo a mi hermana.
La plaza estaba adornada con banderas de colores y luces que poco brillaban con la luz del día, montaron un escenario enorme donde se podía ver los caballos mas hermosos e inteligentes de la ciudad junto con sus respectivos dueños.
El alcalde de Londres comenzó a dar un discurso de agradecimiento a los participantes y a los espectadores antes de iniciar el concurso, el premio para el ganador era un saco de monedas de oro. La gente de alrededor murmuraba y se lamentaban por no presentar sus caballos a tiempo, el premio era lo que mas interesaba.
El primer participante era un señor de mediana edad, presentó al público a “Veloz”, un caballo de color marrón con unas herraduras preciosas en las patas que brillaban como monedas de plata, según su dueño, destacaba por su energía para correr pero no podía demostrarlo allí mismo.
La gente se miraban unos a otros posiblemente pensando que lo que decía su dueño era falso, a si que dieron pasó al siguiente candidato.
-La siguiente concursante es la señorita Halley, Karisma Halley, con una preciosa hembra llamada Bianca.
Di un salto cuando escuche el nombre de mi amiga en intenté divisar si en realidad se trataba de ella, no sabía nada desde que nos despedimos en la entrada de su casa, con todo lo que había pasado olvide por completo a mi amiga.
-¡Mira Liz, es Karisma!.-Gritó Amelia haciéndome reaccionar.
Sonreí con ganas al verla, llevaba un precioso vestido de color cereza que caía hasta sus pies como una cascada rosácea, su pelo liso lo llevaba suelto dándole un aspecto exquisitamente bello.
Su mano tiraba de las riendas de un caballo de color blanco con pequeñas manchas amarronadas, sonrió al publico mientras se acercaba al alcalde con cierta timidez.
Mi hermana aplaudía al mismo tiempo que la multitud de personas, levanté mi mano para intentar captar la atención de mi amiga pero sus rasgados ojos no parecieron verme, entonces me uní a los sonoros aplausos mientras la observaba.
-¿Podría decirnos, o mostrarnos que tiene de especial Bianca, señorita Halley?.-Preguntó el alcalde con una ancha sonrisa.
Los aplausos cesaron cuando Karisma comenzó hablar con un tono de voz dulce.
-Prefiero mostrar lo que es capaz de hacer.-Contestó mirando al público tímidamente.
-Adelante.-Dijo el alcalde dando unos pasos hacia atrás.
Karisma tomó aire y acarició la frente del animal con suavidad, la gente pareció quedar muda de repente y miraban a mi amiga con ojos expectantes, hizo un gesto con la mano y su caballo se arrodilló al momento, la gente murmuraba asombrada, mi hermana dio un tirón varias veces a mi vestido con cara preocupada.
-¿Qué ocurre Amy?.-Pregunté.
-¿No será el caballo que la tiró el otro día verdad?.-Preguntó preocupada.
Miré por un segundo a mi amiga recordando aquella amarga tarde en el prado e intente sonreír a mi hermana cuando me dirigí a ella.
-No Amelia, el caballo que tiró a Karisma se lo llevo su padre a otro lugar, no tienes por que preocuparte.-Dije intentando tranquilizar su rostro.-¿Te parece Bianca peligrosa?.-Pregunté sonriendo.
Amelia miró de nuevo el espectáculo de mi amiga con su hermoso caballo, torció su cabeza y una sonrisa cruzó por su rostro, volvió a mirarme y negó con la cabeza.
-Tienes razón, parece buena, pero…¡mira Liz, mira como se levanta!.-Grito sorprendida.
Cuando volví la mirada, el caballo de mi amiga estaba a dos patas y el público estallo en aplausos,
la gente gritaba asombrada y satisfecha por el número que Karisma les había dado.
Mi amiga acarició a Bianca con suavidad para tranquilizarla y sujetó con fuerza las riendas, el alcalde camino hacia ella con aplausos y cuando llego hasta ella pidió silencio a los espectadores.
-Realmente es sorprendente, muchas gracias señorita Halley.-Dijo el alcalde despidiendo a Karisma para dar paso al siguiente candidato.
Sonreí con ganas al ver el rostro de mi amiga, tenía mucho mejor aspecto que la última vez que la había visto, eso me aliviaba, por otra parte me sentí culpable por dejarla aquella tarde y olvidarme por completo de ella.
El alcalde tomó en sus manos unas hojas y se aclaró la garganta antes de hablar, la gente seguía murmurando sobre el espectáculo que acababan de ver momentos antes, todo lo que escuchaba eran halagos para mi amiga lo cual me sentí muy orgullosa de ella.
Karisma bajó de aquel escenario tirando de su hermoso caballo con suavidad, con la que le quedaba libre agarraba en un puño sus vestidos de una manera muy elegante, el cálido viento le azotaba su larga melena ocultando una tímida sonrisa que regaló al público.
-Ahora vamos a dar paso a nuestra orquesta.-Anunció el alcalde mientras unos músicos inundaban el escenario colocándose todos en posición horizontal detrás de él.-Les invito a que se queden con nosotros y en breve seguiremos con el concurso, disfruten del festival, muchas gracias.-Dijo.
Me puse de puntillas intentando averiguar dónde se encontraba Karisma pero no pude verla entre tanto gentío como se estaba acumulando allí, multitud de personas y curiosos se acercaban cuando empezaron a sonar los tambores y los instrumentos entonando una música alegre y comenzaban a bailotear de manera exagerada.
De repente noté mi mano vacía y me alarmé, Amelia no estaba a mi lado, giré sobre mi misma pero no pude verla, la llamé repetidas veces y cuando me quise dar cuenta estaba gritando su nombre, tanto, que me hice daño en mis propios oidos.
-¡Aquí estoy Liz!.-Gritó.
Di un suspiro de alivio y de enfado cuando la vi acercarse abriéndose paso entre la gente.
-¡¿Qué demonios te pasa Amelia?!, no vuelvas a irte sin decirme nada, me has asustado tonta.
-Dije con las mejillas encendidas.
Detrás de ella, sobre sus hombros, se veían unas pequeñas manos y su rostro intentaba mirar por el encima de hombro de mi hermana, fruncí el ceño e intenté calmar mi respiración agitada.
-Jo, no me regañes, es que Jessica me dijo que había venido con sus padres y fuimos a verlos.-Se disculpó con la mirada cabizbaja.
-No te enfades con ella Liz, fue por mi culpa.-Dijo Jessica.
-Vale, vale, pero no volváis hacerlo, están ocurriendo cosas malas en la ciudad y siempre hay que dejar saber donde vais. -Dije ahora mas calmada.
El rostro de mi hermana se iluminó y cogió mi mano muy sonriente.
-Sí. Liz, -¿puedo ir con Jessica a los puestos por favor?, te prometo que no me separaré de
ella.-Dijo.
Puse los ojos en blanco y resoplé, aquello que acababa de decirles no había sido muy buena idea y si ahora me negaba estarían más confundidas que antes.
-Está bien, vosotras ganáis, pero no tardéis demasiado, el concurso volverá a empezar en un
rato.-Les advertí.
Amelia y Jessica se marcharon dando saltos de alegría, negué con la cabeza a la vez que dibuje una sonrisa torcida en mis labios.
Me volví a poner de puntillas para poder ver el escenario, debajo de él se encontraba un grupo de gente que bailaba al compás de aquella música pegadiza, solté una risotada a la vez que más personas cuando me percaté de un señor que bailaba tambaleante y le pisó el pié a su acompañante, y está enfureció de tal manera que le dio un empujón y se marchó.
Un delicioso olor a hierbabuena paralizó mis carcajadas, me quedé quieta intentando no acordarme de algo que seria doloroso para mí pero que era irremediable no pensar en ello.
Un soplo de aire frio me recorrió la nuca haciéndome estremecer, negué con la cabeza para sacudir un pensamiento que estaba a punto de aparecer e intenté concentrarme en la gente que bailaba volviendo a sonreír, esta vez para evitar lo inevitable.
-¿Disfrutando del festival?.-Preguntó una dulce voz.
Me mordí el labio a la vez que cerré mis ojos con fuerza intentando que desapareciera aquella voz que realmente no estaba allí, tomé aire y lo dejé salir lentamente mientras abrí mis ojos volviendo a mirar a los bailarines aunque no pude prestarles mucha atención.
La duda se iba apoderando de mí a medida que pasaban los segundos y seguía sintiendo ese frio en mi nuca, agarré mis vestidos con fuerza y me mordí el labio inferior, entonces giré mi rostro violentamente hacia atrás y una sonrisa dibujaron los labios de Brandom.
Mis labios se despegaron, tome una gran cantidad de aire y por alguna razón quería que permanecieran en mis pulmones y no dejarlo salir jamás. Las mariposas de mi estómago volaban de un lado para otro cuando le pude contemplar sin pestañear, era tan hermoso que parecía irreal.
Estaba tan cerca de mí que pude notar su fresca temperatura, tenía sus pálidas manos escondidas en los bolsillos de sus pantalones oscuros que hacia juego con la sedosa camisa, y su pelo de un oscuro brillante se balanceaba al compás del viento.
Tuve que desviar mis ojos cuando encontré los suyos, la miel de sus ojos deslumbraban tanto que si mirase al sol no tendría el mismo efecto cegador, estaba encorvado haciendo que mi rostro y el suyo estuvieran frente a frente haciendo que mis mejillas se encendieran.
-Sí, es….de lo más interesante.-Dije al fin mirando hacia delante.
Brandom se disculpó con un señor que estaba cerca de mí para ponerse a mi lado sin dejar de sonreír.
-Hola.-Dijo dándome un delicado empujón con su hombro.
-Hola.-Contesté con una sonrisa torcida.
Desvié mi mirada de la suya e intenté calmar mi respiración, el corazón me latía violentamente, lo último que había pensado era encontrarme con él entre tanta gente, y no esperaba encontrarle después de lo que había ocurrido en su casa, me sentí fatal por mi comportamiento.
Me estaba engañando, si que quería tenerle cerca de mí, aunque fuese como un amigo más, así que, ¿porqué no actuar como tal?, sería lo mejor.
-¿Tú también has venido a ver el concurso?.-Pregunté interesada.
-No exactamente, he venido para preguntarte como estas.-Contestó volviendo a sonreír.
-Bien, ¿por qué no iba a estarlo?.-Pregunté extrañada.
Me daba miedo que notase que en el fondo no era así, el rostro de Brandom cambió y desvió
su mirada al escenario donde tocaba la orquesta.
-Bueno, porque te diste un buen golpe en la cabeza.-Dijo.
Me lleve la mano hasta ella intentando buscar algo y noté un pequeño bultito, fruncí el ceño
al recordarlo y Brandom carcajeó.-A eso me refería.-Volvió a reír.
-Estoy bien.-Dije devolviendo la sonrisa aquél rostro angelical. -Brandom, quiero disculparme por mi comportamiento, no debí marcharme así, yo…-Se me quebró la voz.
Sus ojos bañados en miel volvieron a encontrarse con los míos y una sonrisa fugaz iluminó su
bello rostro.
-No tienes por que disculparte Liz, entiendo por qué lo hicistes,-dijo apartando su mirada hacia otro lado, -te escapaste de nuevo y no querías que tus padres te echaran una reprimenda, es normal que tuvieras que irte.-Dijo dando un suspiro largo al final.-Lo que no estoy de acuerdo, es que te marcharas sin que antes te viera un médico.
Y tenía toda la razón, me habia comportado como una niña, no se había dado cuenta por qué me fui al juzgar por sus palabras, lo cual agradecí para mis adentros, torcí mi sonrisa y me armé de valor para mirarle.
-Aún así, lo siento, cuando me fui vi a Mary acompañada de un señor.-Dije avergonzada.
-Si, él era el médico que iba a examinarte.-Dijo sin mirarme.
Noté como la sangre huía de mi rostro, se preocupaba por mí, y en lugar de agradecérselo desprecié su hospitalidad inconscientemente.
Brandom se percató de mi arrepentimiento y se giró para estudiarme el rostro, le miré tímidamente cuando me encontré con sus ojos y sonrió.-Por eso estoy yo aquí, para asegurarme de que estás bien, me sentía responsable de lo que te ocurrió.-Dijo volviendo a su posición.
Parpadeé varias veces, esas palabras rebotaban en mi cabeza como gotas de agua sobre la hierba, recordé el ataque violento de Mary y mi reacción cuando vi…
-Brandom, tú no tuvístes la culpa, me asusté un poco cuando vi a Mary tan mal, qué…¿qué la ocurrió?.-Pregunté preocupada al recordarlo todo.
Sacó una de sus manos del interior del bolsillo del pantalón y la cerró en un puño con fuerza, su cuerpo estaba tenso podía ver su pecho hinchado y el ceño fruncido.
Pasado unos segundos su cuerpo se relajó, me daba miedo volver a preguntarle temiendo a su reacción, miré hacia otro lado intentando olvidar aquella pregunta, mostré interés cuando vi a más personas que se animaban a bailar en pareja y noté su mirada fija en mí.
-Mary está bien, sufre…-se detuvo para tomar aire y continuó-…sufre ataques de pánico cuando ve sangre, no es nada.-Dijo torciendo una sonrisa perfecta.
Desvié la mirada para asentir y devolver aquella irresistible sonrisa.
-Es algo de lo más normal, a mi hermana le ocurre lo mismo.-Dije mientras estudiaba el corte de
mi dedo.-Pobre Mary, lo siento de verdad.-Me disculpé ocultando mis manos en mis vestidos.
Le miré tímidamente pero su mirada no se apartaba de la gente que bailaba, su ceño estaba fruncido y el viento revolvió sus cabellos ocultando parte de su rostro hermoso.
-Fue un accidente, no es culpa de nadie Liz.-Dijo.
Cerró sus ojos por un momento y los abrió para encontrarse con los míos dedicándome una sonrisa.-Tengo que irme.-Dijo con el rostro preocupado.
-¿Tan pronto?, ¿no te quedas a ver el concurso?.-Pregunté angustiada.
No quería que se marchase, me angustiaba la idea de que aquello fuera una despedida final, que solo había venido a comprobar que me encontraba bien porque se sentía culpable, el corazón me dolía horriblemente, no sabía cómo reaccionar en ese momento, no sabia como retenerle…
Se giró dándome la espalda y en ese momento mi mano se cerró alrededor de su brazo, se detuvo en ese momento, paralizado, noté como se estremeció y su cuerpo se envaró.
Clavé mis ojos en su espalda y el viento revolvió sus cabellos acariciando mi rostro, mi corazón ya le estaba echando de menos no podía permitir que todo acabara así, no quería perderle.
-Espera por favor.-Dije con un hilo de voz.-Siento todo lo que e causado, me siento mal por mi comportamiento, solo quiero…-me aclaré la garganta y apreté su brazo con fuerza.-No quiero perderte Brandom, ¿podemos ser amigos?...por favor…
Su espalda se iba volviendo borrosa y miré mi mano sujetando con fuerza su brazo, ésta también estaba desapareciendo, la culpa fueron mis ojos inundados en lágrimas.
-No tienes por que llorar Liz, no lo hagas.-Dijo sin mirar hacia atrás.
Liberó una de sus manos de los bolsillos y la volvió a cerrar en un puño con fuerza, relajó su cuerpo y giró su rostro, en él lo acompañó una sonrisa amarga.- Seremos amigos.-Dijo.
Sacó su mano del bolsillo para tomar la mía, se giró poniéndose frente a mí clavando sus ojos en los míos, su rostro mostraba cierta tristeza al contemplar el mío, o tal vez sería el reflejo de mi propia cara y lo podía ver en él.
Apretó con delicadeza mi mano podía notar la suya helada como el hielo, con la que le quedaba libre limpió aquellas lágrimas que paseaban por mi rostro y cuando terminó de hacerlo intentó calmar mis labios temblorosos acariciándolos con los dedos.
Enterró mi cálida mano entre las suyas y sin dejar de mirar mis ojos se la llevo hasta los labios donde la dio un beso, mi corazón de desbocó cuando hizo tal gesto, intenté sonreír y me devolvió aquella sonrisa amarga.
Era como si quisiera que me sintiera mejor, y lo consiguió, en realidad prefería tener su amistad a no tenerle ni verle nunca más. Acarició la base de mi mano con mucha delicadeza y esta vez mostró una sonrisa mas hermosa.-No llores más.-Añadió.
Asentí y sonreí con ganas, liberó mi mano y tomé aire profundamente dejando que saliera después lentamente.-Disfruta del festival, hasta pronto.-Dijo despidiéndose.
Contemplé como se marchaba de mi lado llevando la mano hasta mi corazón, me dolía mucho menos que antes, estaba completamente segura de que tal vez sería duro tenerle como a un amigo y no poder decirle cuanto lo amaba, pero mas doloroso sería no tenerle cerca de mí sintiendo lo que sentía.

sábado, 10 de abril de 2010

Capítulo 9-Advertencia

Anochecía en la ciudad de Londres, no dejaba de dar vueltas en mi cama pensando en Brandom, en su prima Estefi herida en el bosque, en mi amiga Karisma maltratada por su novio y en los rumores de los asesinatos en la ciudad.
Mi padre tenía por costumbre antes de comer leer un poco el periódico y luego esconderlo debajo de su plato, al retirarlo esa noche cuando terminamos de cenar me lo llevé a mi habitación sólo por echar un vistazo, en él había un articulo que llamó mi atención y me dispuse a leerlo a toda velocidad.

Nueva desaparición en la ciudad de Londres

"Debido a los asesinatos ocurridos recientemente en Londres,debemos comunicar una nueva desaparición, se trata de un estudiante de diecisiete años.
Su nombre es Mike Collins, fue visto por última vez en la avenida Hernan Hills que comunica con el centro de la ciudad.
La familia pide colaboración ciudadana, a continuación adjuntamos una fotografía
del desaparecido para facilitar la búsqueda.
Quien tenga información o creen que le hayan podido ver les rogamos que se pongan en
contacto con el departamento de policía de Londres.”


Otro nudo se me creó en la garganta cuando recordé aquella noticia que había leído momentos antes y tuve que luchar con mi respiración cuando intenté calmarla.
Me tapé hasta la cabeza y me encogí abrazándome a mi misma.
A ese monstruo le daba igual las edades de sus víctimas, sólo quería matar, probablemente el chico que buscan ya esté muerto.
Un escalofrío recorrió mi espalda haciendo vibrar todo mi cuerpo al pensar que mi hermana Amelia
podría estar en ese periódico, pude experimentar un dolor profundo en mi pecho al imaginarlo y la agonía de mis padres por su perdida.
Intenté sacar ese pensamiento horrible sin conseguirlo, me incorporé en la oscuridad y puse mis pies descalzos sobre el frío suelo,fuí de puntillas hasta la puerta y la abrí con suavidad, me detuve en el descansillo de la escalera apoyando mis manos sobre la barandilla y me incliné para ver la parte baja de la casa, no se escuchaba nada mas que los grillos que canturreaban afuera y el tic tac del reloj.
El salón tenía una luz azulada resplandeciente gracias a la luna que se colaba por las ventanas, me incliné un poco más para poder ver la puerta de la habitación de mis padres que estaba cerrada.
Di un respingo cuando el péndulo del reloj avisó de que era medianoche, lo fulminé con la mirada por tan tremendo susto.
Suspiré y crucé el descansillo de la escalera para atravesar el pasillo que conducía a la habitación de mi hermana, mi mano seguía la barandilla de madera mientras que con la otra sostenía en un puño parte de mi blanco camisón.
La puerta de Amelia siempre estaba entreabierta puesto que le daba miedo la oscuridad, mordí mi labio inferior y la abrí un poco más para poder entrar.
Su cama estaba situada en frente, al lado tenía una pequeña mesita auxiliar con un jarrón de cristal lleno de flores silvestres, detrás del cabecero había una amplia ventana adornada con unas cortinas de color blanco con bordados de flores.
En los pies de su cama había un baúl de madera que siempre estaba lleno de juguetes, tuve que esquivarlo para llegar hasta el cabecero donde la luz de la luna de un azul intenso iluminaba prácticamente toda la habitación.
Me puse de rodillas a la altura de la cabeza de mi hermana pequeña y dejé mis brazos descansar sobre el borde de la cama, apoyé mi barbilla en ellos y me limité a mirarla.
Su rostro era inocente, abrazaba con fuerza un viejo peluche de color marrón que se movía con su respiración tranquilizadora, sonreí y le aparté un tirabuzón dejando libre su rostro.
-Nunca te dejaré sola, no permitiré que te pase nada malo.-Dije en un susurro.
Volví a dejar mi barbilla sobre mis brazos y arrodillada a los pies de su cama me quedé dormida.
Pasado un largo rato sentí como la cama se movía, estaba tan cansada que no pude abrir mis ojos para ver si todo iba bien, entonces una mano cálida me sacudió el brazo con suavidad.
-Liz, ¿qué haces en el suelo?.-Preguntó Amelia incorporándose en la cama con ojos soñolientos.
-¿Has tenido una pesadilla?, puedes dormir conmigo si quieres.-Se ofreció.
Levanté mi cabeza y me froté los ojos con una mano, sonreí y me puse en pié para meterme dentro de la cama. Amelia cogió mi mano y sonrió, le devolví la mía y juntas nos quedamos dormidas.
La mañana del Domingo entró por la ventana con un sol cegador, abrí mis ojos con dificultad y lo primero que vi fue la cálida mano de mi hermana sobre la mía, sonreí y con mi otra mano sacudí suavemente su hombro.
-Despierta perezosa, ya ha salido el sol.-Dije con una voz tan baja que ni yo me escuché.
Amelia estiró su pequeño cuerpo sin abrir los ojos y frunció el ceño al notar los rayos de sol a través de la ventana, cogió la manta a tientas y se la llevó hasta la cabeza ocultando también la mía.
-No…es domingo.-Se quejó.
Me incorporé y tire de las mantas hacia la parte de los pies destapándola por completo, Amelia se quejó pataleando encima de la cama con el ceño fruncido mientras que yo carcajeaba.
La puerta que estaba entreabierta, se abrió de repente y mi madre irrumpió en la habitación llevándose la mano al pecho.
-Por dios.-Dijo dando un suspiro de alivio.-Estas aquí, no sabes el susto que me ha dado cuando e ido a tu habitación y no te e encontrado allí.
Amelia se incorporó en la cama y frotó sus parpados quejándose por la luz.
-Tuvo una pesadilla y vino a dormir conmigo.-Dijo mi hermana mirando a mi madre con un ojo cerrado y el otro abierto, luego se dirigió a mi para mirarme.-¿No se supone que tengo que ir yo a la tuya llorando por que e tenido un mal sueño?.
Torcí la cabeza haciendo un mohín y mi madre sonrió.
-Vale chicas, arreglaros y bajad a desayunar.
Asentí con la cabeza y mi hermana se quedo allí sentada sobre la cama intentando acostumbrar sus ojos castaños a la luz, parpadeó un par de veces y saltó de la cama para ir a un armario de color cerezo.
-Cuando te fuiste a acompañar a tu amiga, papá dijo que ayer por la mañana los Akerman ya se llevaron el encargo que le hicieron.-Dijo seleccionando un par de vestidos.
Me senté sobre la cama y cruzé mis pies cuando pronunció aquel apellido, de nuevo estaba distraída pensando en aquel ángel que me hacia suspirar desde que lo conocí, pero también pensaba en todo lo relacionado con él.
Su rechazo continuo me dolía ahora mucho más que el dia anterior y no tenia derecho a sentirme así, me dijo claramente que tenia a alguien especial pero aún así me dolía y eso era injusto, debería de alegrarme por él pues en eso consiste el verdadero amor.
Un pensamiento fugaz atravesó mi mente, un recuerdo sobre Estefi, ¿se encontraría bien?, tal vez sería mejor que lo comprobara acercándome hasta la mansión de los Akerman aunque mi presencia le desagradara a Brandom.
Cualquiera que escuchara mis pensamientos en voz alta diría que pretendía acercarme allí para poder verle de nuevo, y en cierto modo es cierto, pero no era de Brandom de quien se trataba si no de su prima, estaba herida y es algo natural querer preguntar cómo se encuentra.
Me mordí el labio mientras que dudaba, una parte de mi me decía que no lo hiciera, ser rechazaba por Brandom en su casa y delante de su familia ya fue lo bastante doloroso como para repetirlo, pero por otra, tenia que saber cómo se encontraba Estefi, ese hecho era muy humano y por lo tanto no tenía que ser tan malo acercarme hasta allí solo para preguntar.
Alcé la vista y mi hermana parecía seguir hablando pero no pude escuchar nada, estaba sumergida en mis dudas intentando averiguar que debía hacer y solo pude ver sus labios moverse a toda velocidad mientras se ponía un vestido de color verde oscuro.
-¿Liz puedes abrocharme?.-Dijo dejando su pequeña espalda en mi rostro.
Con cuidado fui abrochando aquellos corchetes ajustando el vestido a su espalda, cuando acabé mi hermana se retiró para dar unas vueltas agarrando parte de su vestido verdoso.-¿Cómo estoy?.-Preguntó con una amplia sonrisa.
-Preciosa, como siempre Amy.-Dije aun distraída.
-¿Has escuchado lo que te dije de los Akerman?.-Preguntó al ver mi rostro pensativo.
-Sí, que recogieron el pedido que le encargaron a papá.-Contesté.
-Sí, eso también, me refiero a que le han encargado más cosas.-Dijo poniendo los ojos en blanco. Mi rostro cambió de preocupado a sorprendido.
-Eso es estupendo, significa que les ha gustado el trabajo de papá.-Contesté.
Mi hermana asintió y me cogió de la mano haciéndome levantar de la cama, me puso de espaldas y apoyó sus manos en ella empujándome hacia la puerta.
-Venga arréglate ya Liz.-Añadió con unan sonrisa burlona.
Fui a mi habitación y antes de abrir la puerta respiré profundamente como si estuviera decidiendo si entrar o no hacerlo, en realidad pensaba si debía ir a la mansión o no.
Cuando solté todo el aire de mis pulmones lo vi claro, estaba decidida a volver allí, abrí la puerta y me dirigí al armario para buscar algún vestido que ponerme, buscando entre ellos mis dedos dieron con una tela suave como el pétalo de una margarita, sonreí y liberé la sedosa camisa de Brandom.
Me quedé por unos momentos inmóvil con la camisa entre las manos, mi sonrisa se iba desvaneciendo y una tristeza profunda me iba inundando por dentro, una vez mas la acerqué a mi rostro intentando obtener su dulce olor pero la madera crujió en el descansillo de la escalera en ese mismo momento, me apresuré en dejar la camisa donde estaba y saqué del interior del armario un vestido anaranjado con bordados blancos en las mangas.
-Liz te espero abajo.-Dijo mi hermana detrás de la puerta.
-Bien, no tardaré mucho.-Contesté pasando el vestido por encima de la cabeza.
Cuando acabé de vestirme bajé las escaleras y me incorporé en la mesa frente a mi hermana, mis padres estaban fuera en el porche regando las plantas que adornaban la entrada, aún no sabia que iba a decirles para que me dejaran ir a la mansión, tenia que inventar algo.
Estaba claro que mi padre no me dejaría ir y tampoco a mi madre le haría mucha gracia el echo de irme sola con todo lo que estaba ocurriendo en la ciudad, pero necesitaba saber como se encontraba Estefi.
Tomé mi tazón de leche apresuradamente y acto seguido lo llevé a la cocina, Amelia me miraba con el rostro confuso, normalmente me tomaba mi tiempo para comer lo cual hacia enfadar a mi madre y casi siempre estaba pendiente de que me lo terminaba todo.
-¿Por qué tienes tanta prisa hoy?.-Preguntó.
-Tengo que hacer algo Amelia, espero que no te enfades conmigo porque me ausente un rato.-Dije lo más calmada posible sin levantar sospechas.
-Creí que hoy vendrías conmigo al claro.-Dijo con rostro decepcionado.
Me acerque a ella con media sonrisa y arrastré una silla para ponerme a su lado.
-Te prometo que cuando vuelva iremos juntas, es mas, podríamos ir a la plaza del pueblo para ver el desfile de caballos ¿que te parece?.-Dije con intención de animarla.
-¿Un desfile de caballos?.-Preguntó con el ceño fruncido sin dejar de tener esa expresión triste.
-Todos los años hay un desfile de caballos, se trata de un concurso, quien posea el caballo mas bonito e inteligente es el ganador, merece la pena verlo. ¿Qué me dices?.-Insistí.
Mi hermana se quedó pensativa mirando hacia su tazón de leche y sonrió cuando se cruzó con mis ojos suplicantes.
-Vale, pero no tardes mucho.-Contestó con una sonrisa que contagió la mia.
-Te lo prometo.-Dije levantándome de la silla para ponerla de nuevo en su lugar.
Me dirigí al porche donde mis padres estaban refrescando las macetas llenas de flores de colores, y tome una buena parte de aire antes de expulsarlo lentamente mientras me dirigía hacia ellos.
-Buenos días cariño.-Dijo mi madre muy sonriente.
-Buenos días jovencita, ¿Qué tal has dormido?.-Pregunto mi padre dejando una vieja regadera en el suelo.
-Buenos días,-dije- dormir con Amy es un poco arriesgado por que da patadas en sueños.-Sonreí.
Mi padre levantó una ceja y mi madre sonrió al ver su expresión.
-Tu hija tuvo una pesadilla y durmió con Amelia.-Dijo mi madre.
-Ah, eso lo explica todo.-Añadió mi padre carcajeando.
En realidad no fue ninguna pesadilla, simplemente sentía la necesidad de ver que Amelia se encontraba bien, aunque era un poco vergonzoso que dijeran que tuve un mal sueño y me fui a refugiar a mi hermana.
Tome aire llenando mis pulmones e intente dibujar una sonrisa para unirme a las risas de mi padre, entrelacé los dedos de las manos y me mordí el labio, era el momento de pedir permiso para marcharme.
-Esto…papá, ¿puedo ir a casa de Yuls?.-Pregunté.-El Viernes olvidé pedirle que me prestara un libro de literatura.
Era lo único que se me ocurrió en ese momento, intente sonar lo más creíble posible y creo que funciono porque segundos después mi madre sonrió y le hizo un gesto a mi padre.
-Está bien, no tardes demasiado.-Dijo dando un suspiro.
Me acerqué a mi padre para darle un beso cariñoso en la mejilla y seguidamente a mi madre.
Salí del porche andando tranquilamente y avancé hasta la barandilla de madera, cuando crucé por ella eché una última mirada hacia la casa para comprobar si seguían mirando pero pude ver que seguían entretenidos con su labor.
El sol brillaba con debilidad debido a las nubes que lo ocultaban, eché una mirada al cielo y me pregunté si llovería en algún momento aunque lo dudaba por que el viento era de lo mas agradable…cálido.
Cuando estuve lo suficientemente alejada, eché a correr por el camino polvoriento agarrando mis vestidos con las manos, el corazón latía apresuradamente era como si le gustase lo prohibido y quisiera hacerme notar que era eso lo que le atraía, no me gustaba la idea de mentir a mis padres pero no me quedaba otra opción, de a ver dicho la verdad probablemente no me hubieran dejado marchar pero tampoco tuve el valor de preguntarlo.
Eso no importaba ahora, ya había mentido, y ya estaba dirigiéndome a la mansión, tuve que apartarme del camino para dejar pasar un carruaje de color cerezo con dos caballos oscuros, el señor alto y delgado con un bigote delicadamente cortado me miro por encima del hombro cuando me disculpe con la mirada y eché a correr de nuevo.
Tuve que detenerme en dos ocasiones para poder recuperar el aliento y calmar los latidos violentos de mi corazón ahora aterrado, llegando a la gran verja mis pasos eran inseguros, estando allí me pregunte si no seria un error.
Agarre uno de los barrotes con las respiración entrecortada intentando ver a través de las rejas si había alguien por allí cerca para poder preguntar sobre el estado de Estefi, entonces pude divisar a Mary sentada en la gran fuente de piedra.
Su vestido largo era de color tierra, su melena larga y rubia tenia esta vez un recogido con unos mechones ondulados que le caían ligeramente por la parte de la nuca, en sus manos sostenía algo parecido a un periódico y parecía estar muy entretenida leyendo con el ceño fruncido.
El aire cálido sacudió las hojas del sauce llorón que se encontraba en el centro de la fuente y Mary detuvo su lectura para husmear el aire con su nariz perfecta, de pronto su rostro se dirigió a la verja donde se encontró conmigo y una fina línea dibujaron sus labios carnosos.
Dejó el periódico en la fuente de piedra y se levanto con un movimiento muy señorial, tomó una parte de su vestido con el puño y lo llevo hacia atrás cuando avanzaba hacia la verja con unos pasos muy femeninos.
-Hola Mary, que suerte que te encuentro cerca.-Dije con una sonrisa cuando se acercó lo suficiente para que pudiera oírme.
-Que alegría verte de nuevo Liz, ¿qué te trae por aquí?.-Preguntó con su dulce voz de sirena.
-Me acerqué para preguntar cómo se encuentra Estefi.-Contesté.
Mary se llevo una de sus manos pálidas a la barbilla con gesto pensativo.
-Perdóname Liz, pero no entiendo lo que quieres decir.-Dijo encogiéndose de hombros.
-Ayer vi a Estefi en el bosque, estaba herida y no pude preguntarle en ese momento.-Dije.
No me parecía buena idea decirle que estaba con su hermano y que no fuimos a socorrerla porque el mismo no quiso.
Mary miró la parte baja de su largo vestido y acto seguido se frotó los brazos, pasó la lengua por sus labios para humedecérselos y me miró con la cabeza hincada en el suelo, suspiro y la alzó para mirarme directamente a los ojos.
-Si está bien, tuvo un pequeño incidente pero se encuentra perfectamente, gracias por preguntar Liz.-Dijo con una sonrisa torcida.-¿Quieres pasar y tomarte un té?.-Ofreció entrelazando sus manos blanquecinas.
Parpadeé un par de veces antes de reaccionar y decir algo, era la única Akerman que me había vuelto a invitar después de la noche que su hermano me expulso de allí, tragué saliva y despegue mis labios para poder contestar cuando me vino aquél recuerdo.
-No creo que sea buena idea Mary, a Brandom no le…
-Olvida a mi hermano, además están de viaje, en la mansión estamos la servidumbre y yo.-Me interrumpió.
Abrió la verja con una sola mano y me invitó a entrar con una ancha sonrisa dejando ver sus brillantes dientes, al cruzar por su lado note como inhalaba el aire y lo expulsaba con dificultad.
Un ruido sordo se escucho en el jardín cuando Mary cerró la verja mientras que yo observaba la inmensa vegetación que poseían, era un jardín de ensueño.
-¿Te gusta nuestro jardín?.-Preguntó cuando pasó por mi lado.
-Es increíble, pero os falta la variedad de rosas silvestres.-Dije echando una ojeada rápida.
Cuando volví a mirar los ojos de color miel de Mary noté que su dulce rostro se transformó a uno intranquilo, era como si mi comentario la hubiese ofendido.-Oh, lo…siento es solo que…
-Intenté disculparme.
Su sonrisa se torció y volvió a coger parte de su vestido cuando se puso a caminar.
-Tranquila Liz, eres muy observadora tengo que admitirlo, si no las tenemos es porque…bueno, siempre hay algo que se pasa por alto, ¿no crees?.-Dijo volviendo a sonreír.
Asentí con la cabeza devolviendo aquella esplendida sonrisa y la seguí hasta la entrada principal de la mansión, a la luz del día no me parecía tan retorcida como cuando me escapé aquella noche, tenia un aspecto extraordinario rebosaba un autentico esplendor.
En sus enormes ventanales rebotaba la luz débil del sol haciéndolas brillar y por mucho que me esforzara ver desde fuera que había detrás de ellas era imposible divisar.
-¿Dónde fueron todos?.-Pregunté cuando cruzamos la puerta de la entrada.
Avanzábamos por el largo pasillo de la entrada y la mujer bajita que debía de ser el ama de llaves hizo un inclinamiento de cabeza cuando Mary pasó por su lado, se volvió para mirarme frunciendo el ceño sin borrar aquella sonrisa.
-A visitar a unos familiares.-Dijo sin volver la vista hacia atrás.
-Perdona que te pregunte pero, ¿tú por que no has ido?.-Pregunté avergonzada.
-No me apetecía salir de la ciudad.-Sonrió.
Asentí devolviendo aquella dulce sonrisa mientras me llevaba por el largo pasillo pisando aquella preciosa alfombra de color blanco, no pude evitar mirar la parte trasera de su largo vestido color tierra barriendo la alfombra.
Cruzamos un amplio arco de piedra para entrar en una sala muy acogedora, lo primero que llamó mi atención fue aquel piano de color oscuro, un estremecimiento me sacudió el cuerpo cuando recordé la primera vez que visité la mansión.
El asiento del piano era de terciopelo de un color rojizo que hacia juego con unas amplias cortinas que cubrían los laterales de las ventanas, la tapadera que cubría las teclas estaba cerrada y brillaba todo el piano con una luz cegadora que atravesaban los ventanales, parecía como si nunca lo hubieran usado.
Me volvieron a impresionar los cuadros que habían en la sala eran realmente una maravilla y complementaba con todo lo que había.
Hacia el otro lado había un caballete donde alguien debía de a ver estado pintando algo, solo pude ver unos garabatos de colores y no pude distinguir que era exactamente. Mary me condujo hasta un amplio sofá de color blanco con los reposabrazos de color dorado y me hizo sentar, acto seguido cogió parte de su vestido y con un movimiento señorial se sentó a mi lado sonriendo.
La señora bajita cruzo el arco en ese momento con sus manos puestas en su resplandeciente delantal y sonrió.
-¿Se le ofrece alguna cosa señorita Akerman?.-Preguntó muy educadamente.
-Si Dorothy, trae un té para nuestra invitada.-Dijo inclinando su cabeza.
La señora asintió con la cabeza y cruzo el arco nuevamente para desaparecer de la sala, Mary sonrió al ver como mis ojos se iban de un lado para otro estudiando cada de talle de la estancia.
-Es impresionante, me gustan todos estos cuadros aunque no sepa de quien son.-Dije avergonzada de mi ignorancia.
-Son de Picasso, no es muy conocido pero a mí personalmente me encanta, de hecho cuando quiero desconectar de todo me pongo a pintar.-Dijo llevando una mano a sus labios intentando ocultar su risita.
Parpadeé sorprendida y sonreí.
-¿En serio?.-Pregunté.-¿Pintas cuadros Mary?.
-Sí, es…-desvió la mirada y se volvió para sonreír antes de continuar.-Es una manera de liberar tensiones.
Asentí aunque sin comprender que era exactamente a lo que se refería no quería volver a preguntar para no resultar un poco pesada, no me imaginaba que alguien de la aristocracia tuviera algún tipo de tensión, mas que nada por que lo tenían todo, o a lo mejor estaba confundida y creía que a si era por lo que mi padre decía de ellos.
La señora irrumpió en la sala y Mary tomó aire profundamente intentando sonreir.
-Aquí tiene.-Dijo la mujer dejando una taza de porcelana encima de una delicada mesa de madera.
-Muchas gracias, Dorothy.-Dije sonriendo.
-¿Desean alguna cosa más?.-Preguntó volviendo sus manos a su blanco delantal.
Mary sonrió y negó con la cabeza, la mujer volvió a cruzar el arco desapareciendo por el largo pasillo y miró la taza de té que estaba sobre la mesa echando un humo blanquecino.
-Siento no acompañarte tomándome un té contigo, pero tomé uno antes de que tu aparecieras.
-Dijo disculpándose con una sonrisa torcida.
Di un sorbo y pasé la lengua por los labios para calmar la quemadura que me había producido en ellos, deje la taza sobre la mesa y sonreí.
-No importa Mary, siempre llego tarde.-Dije soltando una risilla nerviosa.
Mary se llevo las manos a los labios para ocultar sus sonoras carcajadas, sabia perfectamente por que hice aquel comentario, la noche que me escape de casa para cenar con su familia y llegué tarde, me uní a sus carcajadas que retumbaban parte de la mansión, pasaron unos segundos y poco apoco nos íbamos tranquilizando.
-Liz eres muy graciosa, jamás había conocido a una persona así.-Dijo aun entre risas.-No me extraña que mi hermano me hable de ti.
En ese momento estaba dando un sorbo a mi té cuando se me fue por el otro lado de la garganta al escuchar tan inesperadas palabras, dejé la taza sobre la mesa y me llevé la mano a la garganta poniéndome colorada, no sabia si era del atragantamiento o de sus palabras pero el caso era que me faltaba la respiración.
Me pareció en ese momento que Mary se puso más pálida de lo que ya estaba y su rostro era preocupado, me daba palmadas en la espalda mientras me miraba con sus ojos color miel.
-¿Liz, te encuentras bien?.-Pregunto varias veces con el rostro preocupado.
Aspiré aire profundamente mientras seguía dándome las palmadas en la espalda e intenté calmarme, la miré con ojos llorosos y poco a poco iba tranquilizando mi respiración.
-Sí, lo siento, ya estoy mejor.-Dije con un hilo de voz.
Mary resopló aliviada y torció su sonrisa.
-Casi te atragantas Liz, vaya susto que me has dado, eso nos pasa por reírnos tanto.-Dijo mientras pasaba las manos por su largo vestido intentando alisar aquellas arrugas invisibles.
Carraspeé y volví mi rostro para mirarla con el ceño fruncido.
-Brandom te…¿habla de mí?. –Pregunté con mis mejillas al rojo vivo.
Mary me devolvió su mirada y una sonrisa dejo ver sus dientes brillantes, se levantó del sofá con su movimiento delicado y caminó hacia el ventanal que estaba justo al lado, me dio la espalda mientras miraba a través del cristal transparente y luego volvió su rostro hacia el mío.
-Sí, lo hace, y te diré algo más Liz, te he mentido.-Dijo volviendo a mirar tras el cristal.
Fruncí el ceño intentado quedarme con aquellas palabras, me gustó la primera parte, la que hablaba con su hermana de mí pero no sabia que era de lo que habían hablado, me daba miedo preguntar pues temía de que fuera algo que no me fuera a gustar.
Por otra parte me preocupaba de lo que dijo, que me había mentido, no podía imaginar que aquella palabra encajara con Mary me parecía bastante sincera.
-¿Qué quieres decir con que me has mentido Mary?.-Pregunté limpiando los párpados que aún estaban humedecidos.
Seguía dándome la espalda y miraba a través del cristal con el ceño fruncido, me pareció en ese momento que estaba viendo algo pues estaba muy tensa.
Se dio la vuelta y entrelazó los dedos de sus manos mientras intentaba aparentar una sonrisa.
-No se marcharon todos, mi hermano Brandom está a punto de llegar a casa.-Dijo.
En ese momento me levante de un brinco y pudo ver en mis ojos la preocupación, si él me encontrara allí se iba a enfadar, aunque recordando en el claro, me dijo que solo bromeaba cuando dijo que no le gustaba que la gente entrara en su casa solo porque querían quedarse.
-Será mejor que me vaya Mary, no le quiero disgustar.-Anuncié apresuradamente.
Recordé lo que les había dicho a mis padres, que iba a casa de Yuls a por un libro de literatura, si no volvía con él podrían descubrir que les había mentido.-¿Podrías prestarme un libro de literatura, te lo devolveré en cuanto pueda?.-Pregunté.
Mary fue hasta una pequeña estantería de madera y pasó su dedo acariciando a toda velocidad todas las tapas, y sacó de entre ellos un libro con la solapa de color marrón, lo abrió y echó un vistazo rápido las paginas, lo cerró y sonrió cuando me lo entregó.
-Puedes quedártelo Liz.-Dijo pasando sus manos por detrás de la cintura.
Pestañeé un par de veces cuando lo abrí y comprobé que se trataba de un libro sobre literatura, me pareció sorprendente aquella velocidad cuando lo buscaba, en los cantos de todos aquellos libros no había ninguna inscripción que dijeran de que se trataba cada uno de ellos.
Al pasar de hoja, la página me corto el pulgar y un pequeño punto de sangre manchó parte de ella,
me llevé el dedo a los labios para limpiar aquella sangre mientras fruncia el ceño intentando calmar el pinchazo.
Un gruñido provino desde la garganta de Mary, dio unos pasos hacia atrás sin quitarme los ojos de encima, sombras oscuras pasaron por sus ojos de color miel, su respiración era entrecortada y las aletas de su nariz se hincharon mientras que con una mano ocultaba su nariz y su boca.
-Maldición, me he cortado.-Dije intentando parar aquella sangre que parecía que no iba a cortarse nunca.-Lo siento Mary he manchado tu libro.-Intenté disculparme mientras que Mary seguía retrocediendo.-¿También te marea la sangre?.-Pregunte cuando vi que aun tenia su mano ocultando su perfecta nariz.
Seguía caminando hacia atrás y tropezó con un mueble que tenia dos candelabros dorados, se llevó una mano al estómago cuando cayeron estampándose contra el suelo, apoyó una mano en aquella mesa y sus uñas estaban arañando la madera, caminé hacia ella pasando la lengua por mis dientes cuando oí el chirrido y Mary me detuvo alzando una mano en el aire sin mirarme.
-No te acerques, vete Liz, vete de aquí ahora mismo, mi hermano esta a punto de llegar.-Advirtió.
Su voz de sirena sonaba ahora muy diferente, muy dura, entendía que quisiera que me fuese de allí, su hermano podría discutir con ella por mi culpa y no estaba dispuesta a que eso ocurriera, pero estaba preocupada por ella, camine con pasos cortos en su dirección, los mechones ondulados de su nuca de mármol le caían sobre la cara, sus parpados estaba fuertemente apretados y su boca abierta entraba y salía el aire.
-No te acerques más Liz, estoy bien vete de aquí por favor.-Dijo intentando mirar hacia otro lado.
-Pero Mary, te encuentras mal, ¿llamo a un medico?.-Pregunté muy preocupada.
Mi mano apretó su hombro con cariño y me aparté cuando giró su rostro para mirarme a los ojos con fiereza, su expresión era fría, sus ojos no eran de color miel, eran de un rojo sangre fruncÍa el ceño y apretaba sus blancos dientes con fuerza.
-¡MARCHATE, VETE DE AQUÍ AHORA MISMO!.-Advirtió con voz amenazante.
Me quedé de piedra al ver aquellos ojos, escalofríos me sacudieron todo el cuerpo, era un hecho de que no se encontraba bien, retrocedí en dirección al arco para salir de la estancia sin dejar de mirarla, Mary no me miraba se limitaba a controlar su respiración con sus manos apoyadas en aquella mesa dejando caer todo su peso, su cuerpo se agitaba y se estremecía con violencia era como si le estuviera dando una especie de ataque.
Seguí retrocediendo sin apartar mis ojos de ella, quería ayudarla pero no me daba la oportunidad de hacerlo, tampoco es que pudiera hacer mucho pero llamar a un medico para que la examinara era la mejor opción.
Me giré para cruzar aquel arco por completo y salir corriendo en busca de ayuda, pero choqué con algo fuerte, duro y frio que me hizo gritar en ese momento.