Clan "Inmortales"

jueves, 29 de abril de 2010

Capítulo 11-Brandom: Enfrentamiento

-Vaya, vaya pero si te has dignado en aparecer.-Dijo Near levantándose lentamente del sofá cuando me vio aparecer en el salón.
Dio un sorbo a su copa de cristal y pasó la lengua por sus dientes haciéndola chasquear, le fulminé con la mirada y dedicó una media sonrisa mientras pasaba su mano por el cabello revuelto de color rojo fuego.-¿Dónde has ido esta vez?.-Volvió a preguntar mirando a través del amplio ventanal.
-No es asunto tuyo, y si lo fuera, no te lo diría. –Contesté indiferente.
Se giró para encontrarse conmigo y sonoras carcajadas retumbaron en toda la mansión.
-Te equivocas Brandom, es asunto mío, es más, es asunto de todos.-Contestó vaciando su copa.
-No tengo tiempo de escuchar estupideces.-Dije mientras me dirigí hacia la puerta.
-Tener a una humana por amiga si es una estupidez.-Contestó dejando ver sus dientes.
Me detuve en seco para echarle una última mirada, en sus ojos de color rojo sangre despedían furia.-No olvides lo que eres, no vayas en contra de tu naturaleza, los humanos no son amigos, son nuestra fuente de alimentación Brandom.-Dijo dando pasos cautelosos en mi dirección.
Fruncí el ceño y noté como mi garganta se secaba de la terrible sed que estaba empezando a despertar, me la aclaré con rapidez y Near torció su sonrisa cuando se detuvo frente a mí.
-No as bebido en varios días, tienes mal aspecto, ¿por qué no te sirves un trago?.-Preguntó.
Se dirigió a una de las vitrinas donde en su interior, habían unas copas de un cristal muy fino que relucían con el destello de la luces de la sala.
Near, fue caminando hacia una mesa que estaba en el centro observando una fuente de color plateado, cuando se detuvo, con la mano que le quedaba libre, cogió un cazo de metal justo al lado de aquella fuente.
Sin apartar aquella mirada de mis ojos, hundió el cazo en el interior de la fuente llenando segundos después aquella preciosa copa de sangre.
Near volvió a torcer su sonrisa cuando vio mi gesto, la garganta me ardía y casi podía notar en ella el delicioso sabor que la sangre me dejaba. Mi respiración se acelero cuando sentí el cálido aroma, las aletas de mi nariz se hincharon pero luchaba por intentar no respirar.
Mi hermano caminó hacia a mí con aquellos pasos cautelosos, y volvió a sonreír extendiendo la copa de sangre. –Aún está caliente.-Dijo entrecerrando sus ojos.
El delicioso olor era aún más intenso, apreté mis manos en un puño mientras miraba fijamente a Near que no dejaba de sonreír. Un vampiro que lleva varios días sin beber podría resultar demasiado peligroso, pero esto a mi hermano le importaba muy poco, su único deseo era que yo fuera un monstruo como él, y que no renunciara a lo que la naturaleza me había dado, como si eso fuera posible…
Alargué la mano y de un vuelo le arrebaté la copa de su mano pálida llevándola con ansia hasta mis labios, apreté los ojos con fuerza y dejé que la sangre recorriera mi garganta.
-¿No te interesa saber a quién pertenece?.-Preguntó irónicamente.
Retiré la copa de mis labios, aún quedaba sangre en ella, le miré con fiereza cuando me vino a la mente la imagen de Liz, Near, torció su sonrisa entrecerrando los ojos y se retiro unos pasos temiendo mi reacción.
En ese momento estallé la delicada copa de cristal y cientos de cristales rebotaron en el suelo de mármol como gotas de lluvia.
Noté como la sangre caliente recorría mi mano apretada en un puño mis ojos se tiñeron de color oscuro y dejé ver mis dientes ensangrentados mostrando una posición de ataque, Near fue retrocediendo mientras tenía su mirada clavada en mi mano ensangrentada.
Alzó las manos en el aire sonriendo nerviosamente, volé hasta él con los dientes apretados con fuerza y le presioné la garganta mientras que Near luchaba por soltarse de mis garras, las venas de mi cuello de color oscuro se acentuaron cuando utilicé toda mi fuerza contra él, en ese momento mi padre irrumpió en el salón acercándose a nosotros a una velocidad imposible.
-¡Ya basta, Brandom!.-Gritó cuando me agarró por la muñeca.
Near se llevó las manos al cuello intentando recuperar un aliento artificial y comenzó a toser mientras clavaba sus ojos rojizos en mí.-¿Se puede saber qué diablos os a ocurrido?.-Volvió a preguntar frunciendo el ceño con ira.
Near se puso firme y paso sus pálidas manos sobre su traje de color granate mientras que respiraba agitadamente por la boca mirando hacia otro lado nerviosamente.
Lleve la base de mi mano hasta la comisura de mis labios, pasé la lengua por ellos para eliminar la sangre y acto seguido por mis dientes mostrándolos de nuevo de un blanco brillante.
Me dirigí hacia la puerta a toda prisa y escuché una risa ahogada que provenía desde la garganta de mi hermano, me di la vuelta y pude ver que una fina línea dibujaron sus labios oscuros, mi padre aún confuso, clavó sus ojos en los míos y los desvié para mirar nuevamente a Near.
-La próxima vez, serás tú o yo.-Le amenacé señalando con el dedo índice ensangrentado.
Lo llevé hasta mis labios y lo lamí con furia, dediqué una última mirada a mi padre y crucé la puerta para dirigirme escaleras arriba.
-¡Brandom!.-Gritó mi padre desde el salón.

Mientras subía a toda velocidad por las escaleras para dirigirme al baño, una ola de sentimientos se apoderaba de todo mi ser, el más fuerte era el deseo de matar a Near con mis propias manos.
Aunque yo sabía con certeza de que esa sangre no provenía de Liz, me llenaba de ira pensar que podría atacarla cuando a él le pareciera, no por beber su sangre, si no porque sabría que eso me volvería loco y así poder seguir su juego masoquista.
Nunca había experimentado esto antes, el mero hecho de que pudieran hacerla daño, de que puedan tocar un pelo de su hermoso cabello dorado, me hervía la sangre.
Soy lo que soy, un vampiro, un alma inmortal, una especie distinta a la de los humanos, un cazador, un asesino que devora en las sombras, pero lo que menos me esperaba es que fuera también un vampiro extremadamente enamorado.
Obviamente no puedo guardar este sentimiento ante mi familia, porque todos pueden ver en mi interior así como yo a ellos, y Near siempre aprovecha cualquier momento para recordarme lo que soy y atacarme con lo que más me duele.
Para muchos vampiros, jamás han sentido la profunda alegría y la angustia que causa estar enamorado perdidamente de otra persona, para ellos son sólo eso, nuestra esperanza de vida eterna.
Entré en el baño cerrando la puerta detrás de mí, apoyé mi cabeza en ella intentando controlar mi ira, caminé unos pasos hasta el espejo ovalado recubierto por un arco dorado, y cerré mi puño con fuerza estampándolo contra el espejo.
Unos trozos de cristal cayeron sobre el lavabo haciendo que el impactó dañara mis oídos sensibles, retiré el puño y lo examiné con detenimiento, abrí el grifo y dejé que mis manos se refrescaran bajo aquella cascada transparente.
Cuando alcé la vista, me encontré cara a cara con un ser monstruoso, estaba desfigurado y no podía ver su rostro al completo, tenía el pelo oscuro y sus ojos volvieron a tornarse del color de la miel. Aparte mis cabellos y llevé las manos llenas de agua hasta mi rostro intentando refrescarlo, respiré repetidas veces y profundamente para intentar relajarme, cosa que conseguí hacer por momentos.
Salí del baño minutos después para dirigirme a mi habitación, al abrir la puerta, un aroma dulce capto mi olfato agudo, el aroma de Liz aún seguía en mi habitación, cerré la puerta para evitar que se esfumara como el humo de un puro, guardándolo únicamente para mí.
¿Por qué…porqué tenía que ser así?, ¿por qué me tuve que enamorar de una chica humana?, demasiadas preguntas y ningún sabio que contestarlas.
Como alguien me dijo una vez, siglos atrás, las cosas pasan por alguna razón…pero…¿qué razón seria esta?.
Definitivamente estaba hiendo en contra de mis principios, de mi familia, de mi naturaleza asesina, de mí mismo…
Fui bastante cruel con Liz y conmigo mismo, debería de haber roto la relación de amistad, pero, esto que siento en mis adentros me impide hacerlo, como romper con un ser al que amas más que a tu propia existencia, y más aún sabiendo que hay fuera, hay unos depredadores letales.
No…yo soy uno de ellos, lo más coherente sería no volver a verla, sería demasiado peligroso para ella…pero el interior de Liz tenía toda la razón, sería más doloroso no tenerla cerca de mí sintiendo lo que sentía, y más aún, sabía, debía protegerla de mi propia naturaleza, me sentí capaz de hacerlo, y por ello permaneceré a su lado hasta el fin de su existencia.
Algo dentro de mí se retorció, no quería pensar que eso fuera a pasar alguna vez, ¿una vida sin Liz?, o mejor dicho, ¿una inmortalidad sin aquella joven?, llevé mis puños hasta las sienes intentando sacudir ese horrible pensamiento, no podía imaginar una eternidad sin Liz.
-Cuanto amor y sin amar, que irónico.-Me dije casi en un susurro mientras avanzaba hasta el piano.
Levanté la tapa cuidadosamente y me senté en el taburete, mis dedos rozaron con suavidad las teclas haciéndolas sonar, el sonido era relajante, tomé aire y desabotoné el chaleco oscuro que llevaba puesto para lanzarlo sobre la cama.
Froté las yemas de mis dedos y segundos después los dejé sobre las teclas, empecé a tocar una melodía que ni si quiera había compuesto, era una melodía dulce, bastó con cerrar mis ojos ver la imagen de Liz y mis dedos se movieron automáticamente componiendo la melodía perfecta.
Un torrente de imágenes vino hasta mi mente y en cada una de ellas, el deseo de querer volver a verla, saber que está bien y sentir de nuevo su deseo hacia a mí, eso era lo que realmente me hacía sentir vivo, me hacía sentir humano, me hacía sentir débil ante ella.
Una visión borrosa me hizo dar un respingo del taburete deteniendo aquella dulce melodía, mi subconsciente me mostró lo que yo realmente deseaba, hacerla mía para siempre, o matarla.
Mi respiración se agitó violentamente, otra vez mi instinto estaba dejándose notar, como momentos antes en el salón cuando Near me ofreció aquella apetitosa y jugosa sangre caliente.
No podía engañarme a mí mismo, aunque deseaba hacerlo, no podía soportar una eternidad cuando Liz se hubiera marchado a eso que llaman los humanos, el “paraíso”.
Quería tenerla para mí, fuera de la manera que fuera, viva en inmortalidad, o muerta a manos mías y de nadie más.
Pasé mis brazos para cubrirme la cabeza dando paseos de un lado para otro, eso era lo que mi interior deseaba, solo me estaba engañando a mí mismo, y aunque lo sabía, no quería pensar en ello.
Caminé hacia el ventanal fijando la vista hacia la fuente del sauce llorón, donde estaba mi hermana Mary como de costumbre, al notar mi mirada se giró y sacudió su mano con media sonrisa, a lo que contesté forzosamente.
Unos nudillos tocaron alegremente la puerta, alcé las cejas cuando vi de quien se trataba sin a ver abierto la puerta que nos separaba.
-Pasa Estefi, ¿qué te trae por aquí?.-Pregunté volviendo la vista a la gran verja de la entrada.
Mi prima entornó la puerta y caminó hacia a mí con pasos sensuales, su vestido de color rojo con entonaciones oscuras se unía a sus andares cuando se iba acercando al ventanal, jugueteaba con un mechón rojizo de sus cabellos y una sonrisa asomó por sus labios cuando llegó hasta mí.
-Solo quería verte Brandom, ¿has discutido con Near?.-Preguntó pestañeando coquetamente.
-Veo que no sólo has venido a verme.-Dije sin mirarla.
Me sorprendía la manera en la que Estefi me miraba, no hacía más que hacerme cumplidos e incluso cazar para mí con tal de que le dedicara una sonrisa, me incomodaba la situación ya que estaba casada con Atila, su esposo, y de no estarlo, jamás me llamó la atención su forma de ser.
Mi prima pestañeó varias veces y volvió a sonreír.
-Oh, escuché vuestra acalorada conversación en el salón, y sólo quería saber cómo te encuentras.
-Dijo retorciendo un mechón de sus cabellos en el dedo índice.
-Bien.-Contesté fríamente.-Tal vez Near no se encuentre mejor, deberías ir a verle.-Le sugerí.
Estefi cambió su rostro por completo, de coqueta a furiosa, si no fuera por su tez pálida me atrevería a decir que estaba roja como una gota de sangre, desenredó su mechón y puso las manos en su cintura de manera chulesca.
-Eres un desagradecido, y aparte de eso, engreído.-Dijo con la voz fría como el hielo.
-¿En serio?.-Contesté a su crítica muy indiferente.
-Near tiene razón, ¡esa maldita humana te está echando a perder!.-Gritó.
En un segundo tenía mi mano aferrada con fuerza a su pálido brazo apretándola y mis colmillos se dejaron ver muy de cerca, Estefi tenía sus ojos desorbitados y en ellos se podía ver la fascinación y la lujuria que mi fuerza la hacía sentir.
Poco a poco dejé de fruncir el ceño haciendo que mi rostro volviera a estar sereno, mi mano liberó su delgado brazo y Estefi se acarició maravillada.
-Eso es, ahora sí eres tú…me alegro de que estés bien.-Dijo dando pasos hacia atrás buscando la puerta para salir por ella.-Te traeré esta noche algo bueno para cenar.-Dijo finalmente antes de desaparecer.
Eso era lo que pretendían, que no renunciara a mi naturaleza asesina, era normal y corriente que fuera violento, depende de que situación, en defensa de los humanos no debería enfrentarme a mi familia...
Volví a mirar por el ventanal y Mary ya no se encontraba en la fuente, sonreí mirando hacia la puerta y me dejé caer sobre la cama.
-Brandom, ¿puedo entrar?.-Preguntó Mary desde el otro lado de la puerta.
-Sí, te estaba esperando.-Dije mirando el cajón de la mesita de noche.
-E oído todo, lo que ocurrió con Near y hace pocos segundos con Estefi.-Dijo casi en un susurro.
-Lo sé Mary, estoy harto de que me digan que debo y no debo hacer, me dieron ganas de demostrarle de lo que soy capaz a ese engreído de Near.-Dije llevando mis manos a la cabeza y moviendo mi pierna como si tuviera un tic nervioso.
Mary se acercó hasta la cama donde se dejó caer con suavidad, retiró la cola de su amplio vestido de color verde y me pasó un brazo alrededor del cuello donde comenzó a frotar mi espalda con cariño.
-Te entiendo, dales tiempo, no es muy común que haya vampiros haciendo amistades humanas.
-Dijo Mary con un tono de voz maternal, a pesar de que yo era un año mayor que ella.
-Exacto, tu lo has dicho, no es muy común Mary.-Añadí poniéndome en pié nerviosamente.-¿Qué me está pasando?.-Pregunté casi enfurecido.
Mary puso las manos en su regazo y entrelazó los dedos lentamente mientras me miraba con sus ojos profundos.
-Los humanos lo llaman amor, eso es lo que has sentido desde que la conociste, tal vez te confunda el deseo de su sangre por…
-No.-La interrumpí antes de que dijera algo que me hiciera enfurecer.-La amo Mary, y esto supone ir en contra de lo que soy, esto supone ir en contra de mi familia, de ti, de todo.-Dije sin apenas aliento.-Quiero tenerla para mí, siento que quiero protegerla a cada momento, muero de celos cuando a Near se le cruza por la mente querer matarla, incluso e llegado a pensar que yo mismo quisiera hacerlo antes que nadie.
Mary se aclaró la garganta cuando pude ver en su mente el accidente que sufrió Liz unas horas antes, negó con la cabeza y clavó sus ojos en los míos como pidiendo disculpas por recordarlo inconscientemente.
-Es difícil, pero decidas lo que decidas, yo estaré siempre a tu lado Brandom.-Dijo torciendo su sonrisa angelical.
Asentí con la cabeza y volví a sentarme a su lado, al hacerlo la cama crujió con mi peso y miré a mi hermana forzando una sonrisa.
Miré de nuevo hacia el cajón de la mesita de noche y lo abrí, del interior saqué un pañuelo de color beige manchado de sangre seca, sonreí irónico cuando recordé de nuevo cómo conocí a Liz.
-¿Es…sangre, de donde lo has sacado?.-Preguntó Mary con las pupilas dilatadas.
-Es de Liz, cuando la rescaté del accidente, y yo me fui a buscar a un doctor que la pudiera atender, dejó este pañuelo de seda atado a un banco de forja donde la atendió el doctor.-Dije, sonreí para mis adentros y continué casi en un susurro.-Poco después se la llevaron a su casa, vi que se le había olvidado, y no he podido entregárselo, de todas maneras nunca he querido hacerlo, es la única manera que me permite estar en contacto con ella de alguna forma. –Dije finalmente con un hilo de voz.
-Brandom, ¿Cómo puedes soportar el olor que despide a sangre?, créeme a mí me está costando respirar.-Dijo Mary cubriéndose la nariz y la boca con la palma de su mano blanquecina.
-Ni yo mismo lo sé, tal vez, el amor sea más poderoso que el deseo de beber, ¿no crees?.-Pregunté volviendo a guardar aquel pañuelo de mi joven amada.
Mi hermana recuperó su respiración calmada y frunció el ceño cuando se percató de mi mano, la tomo entre las suyas y la estudio cuidadosamente.
-¿Qué le ha ocurrido a tu mano?.-Preguntó observando mis nudillos más de cerca.
-Golpeé el espejo de la impotencia.-Contesté librándome de sus pálidas manos.
Mary resopló y se puso en píe alisando su largo vestido, clavó sus ojos en los míos y dibujó una línea en sus labios rosados.
-Debes controlarte un poco, todo saldrá bien.-Dijo ampliando su sonrisa.
Hablar con mi hermana me resultaba reconfortante, llenaba mi mente de tranquilidad y eso que no era nada fácil, me levanté de la cama y extendió sus brazos como una madre dando consuelo a su pequeño.-Voy a la biblioteca, si necesitas algo, estaré allí para escucharte cuando lo desees.-Se ofreció amablemente.
-Gracias Mary, hablar contigo me ha ayudado.-Le agradecí desde lo más hondo.
Mi hermana liberó mi espalda ancha y colocó aquellos mechones oscuros de mi cabello que me cubrían el rostro, sonrió, y se dirigió hacia la puerta cerrándola tras ella.
Di un suspiro largo y placentero y eché una mirada al piano que relucía con unos pequeños rayos de sol que se colaban en el dormitorio, fruncí el ceño y caminé hacia las cortinas de color tierra para cubrir el ventanal impidiendo que el sol penetrara.
Sabía perfectamente a qué horas y que días debía evitar la luz natural, un solo rayo en mi delicada piel de hielo podría causar un efecto devastador, sería como el polvo de una vieja carretera.
Sin embargo, los días en los que las nubes eclipsan el sol no debía ser un problema, podría salir perfectamente por las calles de Londres y pasearme a mi antojo, hoy, tocaba uno de esos días soleados que tanto les gusta a los humanos.
De nuevo me dirigí hacia el piano y me deje caer sobre el asiento que estaba situado delante de éste, entrelacé los dedos de las manos intentando recordar como continuar aquella melodía que momentos antes había tocado.
Tomé aire y lo dejé salir lentamente, mis hombros volvieron a relajarse y apoyé los dedos de las manos sobre las teclas que comenzaron a sonar en todo el dormitorio.
Podía escuchar el murmullo de Estefi y Near, hablaban sobre nuestra pequeña discusión y el motivo que la generó, tuve que subir las notas del piano para evitar escuchar la palabra “humana”,cosa que me resultaba imposible de no oír.
Lo que menos me apetecía era tener otro enfrentamiento con Near, probablemente no saldría tan airoso esta vez, cogería su cabeza entre mis manos y la partiría como quien parte una nuez, sonreí para mis adentros maravillado cuando pude contemplar en mi mente esa imagen.
Mis dedos dejaron de acariciar las teclas cuando escuche unos pasos al otro lado de la puerta, volé hasta ella y cogí aire antes de abrirla.
-Hola padre, cuantas visitas a mi dormitorio en un solo día.-Dije abriendo aún más la puerta invitándole a entrar.
Mi padre tenía el rostro duro, en él se apreciaba una línea curvada imitando una sonrisa, y sus ojos azules estaban entrecerrados clavados en los míos.
-Hijo, ven conmigo a la bodega.-Dijo dándome la espalda sin borrar aquella sonrisa.
Me aclaré la garganta y cerré la puerta detrás de mí, me dispuse a seguirle por el largo corredor clavando mis ojos en sus pálidas manos que las tenía detrás de su espalda, esta vez me concentré en su dedo anular, jugueteaba con su sello de oro en la que había una piedra preciosa de un color rojo oscuro.
Me llamaba mucho la atención ese anillo, pues siempre que lo contemplaba me daba la sensación de haberlo visto en otra persona, y no sabía porque, pero me inquietaba.
-¿Brandom, qué os a ocurrido a tu hermano y a ti?.-Preguntó deteniéndose.
Alcé la vista y cuando me encontré con sus ojos entrecerrados apreté mi mandíbula para evitar que viera el origen del enfrentamiento, mi padre alisó su chaqueta oscura con las manos y esbozó una sonrisa.
-¿Qué importa eso?.-Pregunté frunciendo el ceño y cerrando mi mano en un puño.
Su sonrisa de desvaneció como el humo de una vieja pipa y alzó la barbilla a la vez que sus ojos mostraban sombras oscuras tapando ese color azulado, dio un paso hacia delante y lentamente su mano llegó hasta mi nuca acercando mi rostro a el suyo.
-Hijo, si llegaras a traicionarme, seré yo mismo quien acabe contigo.-Dijo con tono amenazador.

5 comentarios:

  1. joderr no veas commo esta la cosa pobrecillo yo no sabria que hacer la verdad y mas sabiendo que todos pueden saber lo que el siente sin decir el nada. ajajajjaa estefi tan chula como de costumbre ajajajjajajja.

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  2. vaya! hoy encontre tu historia y realmente me encato enserio! me gustaria que la siguieras lo antes posible! =)

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  3. ¿Por qué su padre defiende a su hermano y se pone en contra de él?. no lo entiendo, pero en fi, es lo k hay, jejeje.

    Sigo leyendo!!!

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  4. Al fin se hace "publico" el que es vampiro jaja me da pena el guarada el pañuelo de su amada hay que mono...me da pena por lo de su padre...pero en fin no todos son buenos en las historias. besos:Naty

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  5. "CUANTO AMOR Y SIN AMAR, QUE IRÓNICO". Simplifica este capitulo.

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