Clan "Inmortales"

domingo, 25 de abril de 2010

Capítulo 10-Amigos

-¡Liz, no!, ¡no, no tranquila!
Mi primer impulsó fue retroceder a toda velocidad y de pronto sentí un golpe, era como si me hubiese golpeado la cabeza contra la pared que había justo al lado del arco, antes de perder el conocimiento vi que era Brandom el que gritaba como loco para que no retrocediera impidiendo que me golpease, sentí algo frio debajo de mí y mi mente se sumergió en un sueño profundo.
Me vi a mi misma cayendo en un agujero negro intentaba buscar las palpitaciones de mi corazón pero no las encontré, quería recordar lo que había sucedido o que era lo último que había hecho pero tampoco pude acordarme de nada.
En el sueño, mientras seguía cayendo en aquella oscuridad abría y cerraba los ojos intentando poder despertar, no había colores ni había más personas ni si quiera estaba Brandom, sólo yo en aquella oscura noche, ¿significaba que había muerto, en serio ya había llegado mi hora?...¿por qué tan pronto?, ni si quiera tuve la oportunidad de decir a Brandom lo mucho que lo amaba.
Ahora estaba empezando a recordar cosas mientras caía en esa oscura noche que me llevaba
al centro de aquel prado floreado, el claro…
Mary se encontraba mal, sus ojos eran muy raros y me gritaba pidiéndome que me marchara, entonces choqué con algo fuerte y frio, era mi salvador, yo fui tan estúpida que me asusté y retrocedí golpeándome la cabeza con la pared.
Nada hubiera podido salir peor, siempre tenia que ocurrir lo que menos esperaba, solo quería despertar para poder disculparme una vez más, entonces la luz del claro empezó a tomar color, el sol brillaba con mucha fuerza tanto, que me cegaba los ojos, yo estaba acostada boca arriba sin poder moverme, a mi lado estaba Brandom sentado sosteniendo mi mano, podía sentir su piel fría me hablaba pero no podía contestarle, tampoco podía oir que era lo que me estaba diciendo pero si que podía ver su rostro preocupado.
Acercó a mi rostro una margarita de pétalos tan blancos como su piel y me acarició la punta de la nariz mientras que yo intentaba sonreírle sin lograrlo, el desapareció de mi lado lo que me preocupó aun mas, volví a encontrarme sola no podía moverme para ir a buscarle solo podía estar allí mirando unas nubes de color gris que se movían con rapidez.
-¿Por qué has permitido que se quede Mary?, ha sido una imprudencia dejarla aquí.-Dijo Brandom.
Ahora podía escuchar que hablaba con Mary y que les podía oír mas cerca.
-Lo siento, no tenía ni idea de que esto podría ocurrir.-Contestó Mary con un hilo de voz.
-¿Te encuentras mejor?, ¿puedes quedarte un segundo con ella sin que la mates?.-Preguntó Brandom con voz fría.
-No te preocupes, estará bien.-Dijo Mary con su voz de sirena.
Moví mis párpados intentando abrir los ojos, sentí como poco a poco tenia movilidad en mi cuerpo lo cual me alivió bastante, aun sentía su mano fría en la mía e intente moverme un poco mas no quería que el volviera a irse de nuevo.
-Brandom…-Logré decir en un susurro, tan bajo que ni yo misma me escuche.
Me apretó la mano con fuerza mientras que con la otra me acariciaba la mejilla.
-Ha hablado, ve a buscar un médico Brandom.-Dijo Mary dando un suspiro de alivio.
Abrí mis ojos poco a poco intentando buscar aquel rostro hermoso, estaba segura de que si le volviera a ver me encontraría mucho mejor, lo ultimo que quería era que se marchase de nuevo ya me resultaba la espera del dia anterior lo bastante larga como para que se fuera otra vez.
-No…no te vayas.-Dije aun con la voz débil.
Su rostro cobro forma, tenia el ceño fruncido y su mano no dejo la mía ni un momento, sonreí pero él no me devolvió la suya, estaba sentado delante de mí bastante cerca, tenia su melena oscura recogida en una coleta y varios mechones le caían en la cara, sus ojos miel me miraban entrecerrados y sus labios estaban fuertemente apretados como evitando decir algo que no quería decir.
Parpadeé varias veces antes de apartar los ojos de mi salvador para dirigirme a Mary, carraspeé
y la sonreí.
-¿Cómo te encuentras Mary?.-Pregunté muy bajito.
Brandom se echo a reír y Mary le dio un codazo para hacerle callar, intentaba buscar cual era la parte divertida pero mi cabeza no daba para mucho mas en esos momentos.
-Hay que ver Liz, tu fuiste la que perdiste el conocimiento y estas preguntando como esta mi hermana.-Dijo Brandom sonriendo entre dientes enterrando mi mano con las suyas.
Sonreí al ver su sonrisa, siempre me contagiaba cuando lo hacia, Mary dejó de mirar a su hermano para encontrarse conmigo, me acarició el pelo con cariño mientras que torció su sonrisa.
-Estoy bien Liz, siento haberte preocupado, pero la que importa eres tú, ¿cómo te sientes cielo, necesitas algo?.-Preguntó con ansiedad.
Negué con la cabeza y me llevé una mano hasta ella cuando sentí un pinchazo violento.
-Auh…-Me quejé.
-Avisaré a un médico.-Dijo Brandom liberando mi mano dejándola descansar a mi lado.
-No, no, estoy bien Brandom.-Mentí, la cabeza me seguía doliendo pero no quería que se marchara.
Torció su sonrisa sin levantarse del asiento entrelazo los dedos de sus manos apoyando
su perfecta barbilla y los codos los tenia sobre sus piernas, giró el rostro mirando a su hermana, Mary asintió una sola vez y cruzó por una puerta delicada de color cerezo, la cerró tras ella y Brandom se volvió para mirarme aun con la barbilla apoyada en sus manos.
-¿A dónde va?.-Pregunté con el ceño fruncido.
-No tengo la menor idea…-Dijo.
Mientras me estudiaba el rostro me dediqué a mirar a mi alrededor, estaba en una sala diferente, al mirar hacia arriba me encontré con una fina tela transparente de color blanco, alrededor de donde me encontraba acostada también estaba esa tela, giré mis ojos a la izquierda y había un enorme ventanal con forma de arco, a los lados cortinas transparentes de color blanco, pude ver una amplia estantería que cubría media pared llena de libros.
Las paredes estaban adornadas de candelabros dorados y mas cuadros, estos eran hermosos trataban de bosques y de las calles de Londres.
Un color brillante me cegó los ojos, era aun piano oscuro como el de aquella sala en la que estuve con Mary, la tapadera de este estaba abierta y unas cuantas hojas estaban encima de él, supuse que sería notas para tocar.
Miré hacia la parte de mis pies y no me había percatado de que estaba en una cama, miré hacia arriba y pude distinguir un cabecero familiar, uno de los cabeceros que mi padre hizo
en su taller esa tarde.
Fruncí el ceño y mis mejillas delataron mi vergüenza.
-¿Dónde…estoy?.-Pregunte tan bajo que volvi a repetirlo temiendo de que no me
hubiera escuchado.
Brandom torció su sonrisa y desvió la mirada para clavarla en sus zapatos oscuros, negó con la cabeza, y pareció cosa de mi imaginación pero vi cierta timidez en él, alzó sus ojos profundos y un brillo hermoso cruzó por ellos sin dejar de sonreír.
-En mi habitación.-Dijo carraspeando después.
-Oh…-Dije con las mejillas aún coloradas.
Sonrió y a los pocos segundos volvió a desviar su mirada hacia otro lado.
-Odio tener que preguntar esto en estos momentos pero…¿por qué has venido Liz?.-Preguntó.
Aclaré mi garganta e intenté incorporarme lo cual Brandom me impidió que lo hiciera volviéndome a dejar como estaba.
-Lo siento, solo quería comprobar como se encontraba Estefi, yo no quería…-Dije con un hilo
de voz.
-Está bien, no hables más, descansa.-Me interrumpió.
-No,-dije ahora incorporándome sentada sobre la cama- ¿por qué te molesta tanto? ,quiero saber porque, dime la verdad.-Dije intentando sonar lo mas fuerte posible.
-No me fio de mi Liz.-Dijo amargamente.
Se levantó de una preciosa silla de madera con bordes dorados, ocultó sus pálidas manos dentro de los bolsillos de sus pantalones oscuros y se dirigió a la ventana mirando el exterior.-No es algo que tenga que ver contigo.-Añadió.
-¿Es por esa persona especial?.-Pregunté agarrando mi corazón para cuando contestara calmarlo de alguna manera, como si eso se pudiera hacer…
Aspiró aire profundamente y su pecho pareció hincharse cuando hizo ese gesto, giró su cabeza para mirar mi rostro expectante de saber su respuesta.
-Sí…-Contestó tan bajo que me pareció que no hubiera dicho nada.
Tomé aire mientras sentí como mi corazón se iba haciendo pedazos, ahora podía entenderlo, no se fiaba de el mismo temiendo de que ocurriera algo entre nosotros estando enamorado de esa persona especial, yo no quería ser un estorbo solo deseaba su felicidad.
Ahora tenía que ser fuerte, me había confirmado lo que necesitaba saber, puede que antes quisiera decir lo mismo pero no lo veía tan claro como ahora, me incorporé aun mas y me senté en el borde de la cama intentando ponerme en pié.
Brandom estuvo frente a mi en un abrir y cerrar de ojos, impidiendo que me pusiera en pié, era obvio que aun no estaba bien pues me tambaleaba de un lado para otro.
-Debo irme a casa, volví a escaparme y no tengo ganas de escuchar una reprimenda.-Dije intentando luchar con sus brazos evitando mirar la miel de sus ojos.
-Aún no te encuentras bien Liz, recuéstate no seas niña.-Dijo con un tono de voz dulce.
Vencí sus brazos y tomé de una mesita auxiliar el libro que Mary me había prestado, no podía quedarme allí ni un segundo mas, ya había causado bastantes problemas y lo peor de todo era que mis ojos iban a echar lágrimas de un momento a otro.
Brandom no dejaba de mirar cuando avanzaba hasta la puerta de color cerezo, puse mi mano sobre el pomo y me giré torciendo mi sonrisa.-Por favor Liz, no te vayas aún.-Suplicó.
-Siento haberos causado molestias, por otra parte gracias por todo, despide a Mary de mi parte y dile que lo siento. Adiós Brandom.-Dije amargamente.
-Por favor…-Volvió a suplicar con voz temblorosa.
Giré el pomo de la puerta y salí por ella cerrándola detrás de mi, me quedé unos segundos con la espalda apoyada intentando controlar las lágrimas que caían sin cesar por mis mejillas, sentí la tentación de abrir la puerta y darle un abrazo fuerte como despedida final, pero no tenía derecho de hacer algo así.
Llené de aire mis pulmones y agarré mis vestidos dirigiéndome a la puerta principal, según me iba acercando vi a Mary acompañada de un señor que me resultaba muy familiar, era el mismo médico que me atendió cuando me di el golpe en la rodilla.
Mary tenía en ceño fruncido cuando me vio correr apresuradamente hacia la puerta y aquel señor me miraba con ojos confusos.
-Lo siento Mary, adiós.-Me despedí ocultando parte de mi rostro.
-Espera Liz, tiene que verte un médico.-Dijo Mary poniendo su pálida mano sobre mi hombro.
Hice caso omiso y volé hasta la puerta que estaba abierta y sin mirar atrás corrí hacia la verja donde me esperaba un mundo sombrío sin él…
No tenia derecho a sentirme así, mientras corría por aquel camino cada segundo que pasaba me daba cuenta de que todo había sido un error, mi comportamiento estuvo mal había sido sincero conmigo y en lugar de agradecérselo reaccioné como una estúpida.
No, era lo mejor que pude a ver echo, no podíamos seguir viéndonos puesto que eso me haría daño, por otra parte deseaba tener su amistad pero a cambio de que…lo único que conseguiría con eso es hacerme daño solo por el echo de verle y tenerle como un amigo.
Negué con la cabeza y aceleré mi paso aún mas rápido, le prometí a Amelia que la llevaría hoy a ver aquel concurso de caballos así me distraería un poco y con una pizca de suerte olvidaba pronto todo lo que me había sucedido desde que le conocí aunque eso sería matar una parte de mí.
Cuando estaba cerca de casa detuve mi paso acelerado y respire varias veces, un pinchazo violento sentí en el dedo pulgar de mi mano fruncí el ceño por tan horrible dolor y lo estudié con detenimiento, entonces recordé el ataque que había sufrido Mary, recordé unos ojos rojos de un brillante exagerado…¿qué le pudo a ver ocurrido?, eran tantas preguntas las que me estaba planteando ahora que era mejor no pensar en ellas.
No había rastro de sangre, solo quedó una fina grieta atravesada en el dedo, tuve que dejar
de mirar cuando comencé a sentir náuseas, al cruzar el porche Amelia estaba sentada en
las escaleras que llevaban a la puerta principal, jugueteaba con su peonza haciéndola rodar por
la madera desgastada de los peldaños.
Al notar mi presencia la dejó caer y se incorporó con una ancha sonrisa que me parecía que
le llegaba de oreja a oreja, le devolví la mía y en ese momento ví a mi madre asomar la cabeza por la ventana de la cocina mirando a través del cristal.
-Hola Amy, ¿estas lista para irnos a ver ese desfile?.-Pregunté sin dejar de sonreir.
-Llevo esperándote un buen rato, me muero de ganas de ir Liz.-Contestó ansiosa.
Volví a sonreír y subí los peldaños dirigiéndome a la puerta.-¿A dónde vas ahora?.-Preguntó mi hermana con el ceño fruncido.
-Solo voy a decirles a papá y mamá que ya llegué, dejó este libro en mi habitación y nos vamos, ¿de acuerdo?.-Dije al ver como se impacientaba.
Amelia resopló y un tirabuzón voló en el aire cuando hizo aquel gesto, crucé por la puerta anunciando mi llegada y mi madre salió de la cocina con un paño en las manos, mi padre estaba sentado en su sofá con su periódico habitual y le hice un gesto para que viera que tenia el libro en mi poder, asintió torciendo su sonrisa.
-¿Cómo esta la madre de Yuls?, tengo ganas de ir un día a visitarla.-Dijo mi madre.
Aquella pregunta me sonó un tanto sospechosa, era como si mi madre y la madre de Yuls se hubieran encontrado ese día y hubiera preguntado por mi, carraspeé e intente sonar lo mas
creíble posible.
-Supongo que está bien, no la he visto mamá,-dije-me encontré con Yuls de camino a su casa, el libro se lo prestó a Ingrid y tuvimos que ir a su casa a recogerlo, por eso e tardado en volver.-Menti.
Mi madre asintió y escuche como mi padre pasaba la página del periódico, me daba miedo
mirarles a los ojos pues seguramente descubrirían que mentía, lo hacia tan mal…
-Amelia nos a dicho que la llevaras al desfile de caballos, no tardéis mucho en regresar.-Dijo mi padre sin dejar de mirar el periódico.
Asentí torciendo mi sonrisa y subí poco a poco las escaleras que conducían a mi habitación, me detuve en el descansillo de la escalera cuando mi madre se puso hablar con mi padre.
-¿Mañana vas al taller pronto?.-Preguntó.
-Si, los Akerman volvieron a encargarme más muebles, y por lo visto también han ido a la joyería de mi hermano.-Contestó.
A si que los Akerman eran clientes fijos de mi padre y de mi tío Zack, sabía que los Akerman volvieron a encargar más cosas en la tienda de mi padre pero desconocía que también le encargaran cosas a mi tio.
Zack tenia una joyería en el centro de la ciudad, no era gran cosa pero tenia cosas maravillosas, desde relojes de oro de bolsillo hasta finas cadenas doradas, no tenia mucha clientela al igual que mi padre pero si destacaban por su exquisito trabajo.
Mi tio Zack era viudo, no tenía hijos su mujer fallecío cuando yo tenia poco mas de siete años, era mayor que mi padre y la muerte de su mujer parecía haberlo envejecido de la noche a la mañana, tenía el pelo canoso y su bigote le daba un aspecto mucho mas mayor de lo que aparentaba, era un hombre robusto, a mi hermana siempre le hacia reír su panza redondeada era el único rato que le hacía sentir mucho mas joven.
-Eso es estupendo Jeremy.-Dijo mi madre entusiasmada.
Cerré la puerta de la habitación detrás de mi y fui hasta mi escritorio dejando el libro sobre la mesa, di un suspiro ahogado y me lleve la mano al pecho para calmarlo, no podía liberarme de su recuerdo ni siquiera en mi propia casa, me estaba engañando a mi misma no me resultaría tan fácil poder olvidarle y continuar con mi inexistente vida, se me creó un nudo en la garganta y tuve que luchar contra mis lágrimas.
-Liz, tu hermana se está impacientando, marchaos ya.-Dijo mi madre desde el salón.
Aspire aire una vez más controlando mi respiración y me aclaré la garganta, abrí la puerta de la habitación cerrándola después y baje las escaleras a toda prisa, al pasar frente a mi madre sonreí y acto seguido desvié la mirada hacia mi padre que me miraba por encima del periódico.
-No tardéis.-Advirtió levantando el dedo índice.
-Tranquilo papá, volveremos pronto.-Contesté despidiéndome con la mano.
Amelia estaba sentada en uno de los bancos del porche balanceando sus pies en el aire, dio un salto de este cuando me vio aparecer.
-¿Podemos irnos ya?.-Preguntó abriendo sus ojos castaños.
Asentí sonriendo y se puso a charlar y bailotear a mi alrededor mientras íbamos caminando hacia la plaza del pueblo.
Tuve que hacer un esfuerzo por entender lo que estaba hablando por el camino, pero para que engañarme eso era imposible, no podía escuchar los sonidos de mi alrededor solo un silencio vacio que provenía desde lo hondo de mi corazón.
-Liz, qué te pasa, ¿no estás contenta de que vayamos a ver el concurso?.-Pregunto Amelia con rostro preocupado.
Parpadeé y me dirigí a mi hermana con una sonrisa torcida.
-Claro que estoy contenta, a ver…¿por qué razón no iba a estarlo?, seguro que lo pasamos genial.
Amelia torció su cabeza para estudiar mi rostro y volví a sonreír falsamente.
-No lo sé, pero estas diferente, ¿te ha regañado papá?.-Preguntó.
Negué con la cabeza y tomé su cálida mano con cariño.
-Mira, ya ha empezado.-Dije señalando con la cabeza la multitud de personas que se agrupaban en la plaza principal de la ciudad.
Amelia comenzó a dar saltos de alegría mientras que yo aferraba su mano con fuerza para no perderla de vista.
Poco a poco intenté abrir paso en la multitud para que pudiéramos ver el espectáculo un poco mas de cerca, resulto un poco difícil pues habían personas que ponían cara de enfado y se quejaban.
-Desde aquí se ve mejor.-Dije sonriendo a mi hermana.
La plaza estaba adornada con banderas de colores y luces que poco brillaban con la luz del día, montaron un escenario enorme donde se podía ver los caballos mas hermosos e inteligentes de la ciudad junto con sus respectivos dueños.
El alcalde de Londres comenzó a dar un discurso de agradecimiento a los participantes y a los espectadores antes de iniciar el concurso, el premio para el ganador era un saco de monedas de oro. La gente de alrededor murmuraba y se lamentaban por no presentar sus caballos a tiempo, el premio era lo que mas interesaba.
El primer participante era un señor de mediana edad, presentó al público a “Veloz”, un caballo de color marrón con unas herraduras preciosas en las patas que brillaban como monedas de plata, según su dueño, destacaba por su energía para correr pero no podía demostrarlo allí mismo.
La gente se miraban unos a otros posiblemente pensando que lo que decía su dueño era falso, a si que dieron pasó al siguiente candidato.
-La siguiente concursante es la señorita Halley, Karisma Halley, con una preciosa hembra llamada Bianca.
Di un salto cuando escuche el nombre de mi amiga en intenté divisar si en realidad se trataba de ella, no sabía nada desde que nos despedimos en la entrada de su casa, con todo lo que había pasado olvide por completo a mi amiga.
-¡Mira Liz, es Karisma!.-Gritó Amelia haciéndome reaccionar.
Sonreí con ganas al verla, llevaba un precioso vestido de color cereza que caía hasta sus pies como una cascada rosácea, su pelo liso lo llevaba suelto dándole un aspecto exquisitamente bello.
Su mano tiraba de las riendas de un caballo de color blanco con pequeñas manchas amarronadas, sonrió al publico mientras se acercaba al alcalde con cierta timidez.
Mi hermana aplaudía al mismo tiempo que la multitud de personas, levanté mi mano para intentar captar la atención de mi amiga pero sus rasgados ojos no parecieron verme, entonces me uní a los sonoros aplausos mientras la observaba.
-¿Podría decirnos, o mostrarnos que tiene de especial Bianca, señorita Halley?.-Preguntó el alcalde con una ancha sonrisa.
Los aplausos cesaron cuando Karisma comenzó hablar con un tono de voz dulce.
-Prefiero mostrar lo que es capaz de hacer.-Contestó mirando al público tímidamente.
-Adelante.-Dijo el alcalde dando unos pasos hacia atrás.
Karisma tomó aire y acarició la frente del animal con suavidad, la gente pareció quedar muda de repente y miraban a mi amiga con ojos expectantes, hizo un gesto con la mano y su caballo se arrodilló al momento, la gente murmuraba asombrada, mi hermana dio un tirón varias veces a mi vestido con cara preocupada.
-¿Qué ocurre Amy?.-Pregunté.
-¿No será el caballo que la tiró el otro día verdad?.-Preguntó preocupada.
Miré por un segundo a mi amiga recordando aquella amarga tarde en el prado e intente sonreír a mi hermana cuando me dirigí a ella.
-No Amelia, el caballo que tiró a Karisma se lo llevo su padre a otro lugar, no tienes por que preocuparte.-Dije intentando tranquilizar su rostro.-¿Te parece Bianca peligrosa?.-Pregunté sonriendo.
Amelia miró de nuevo el espectáculo de mi amiga con su hermoso caballo, torció su cabeza y una sonrisa cruzó por su rostro, volvió a mirarme y negó con la cabeza.
-Tienes razón, parece buena, pero…¡mira Liz, mira como se levanta!.-Grito sorprendida.
Cuando volví la mirada, el caballo de mi amiga estaba a dos patas y el público estallo en aplausos,
la gente gritaba asombrada y satisfecha por el número que Karisma les había dado.
Mi amiga acarició a Bianca con suavidad para tranquilizarla y sujetó con fuerza las riendas, el alcalde camino hacia ella con aplausos y cuando llego hasta ella pidió silencio a los espectadores.
-Realmente es sorprendente, muchas gracias señorita Halley.-Dijo el alcalde despidiendo a Karisma para dar paso al siguiente candidato.
Sonreí con ganas al ver el rostro de mi amiga, tenía mucho mejor aspecto que la última vez que la había visto, eso me aliviaba, por otra parte me sentí culpable por dejarla aquella tarde y olvidarme por completo de ella.
El alcalde tomó en sus manos unas hojas y se aclaró la garganta antes de hablar, la gente seguía murmurando sobre el espectáculo que acababan de ver momentos antes, todo lo que escuchaba eran halagos para mi amiga lo cual me sentí muy orgullosa de ella.
Karisma bajó de aquel escenario tirando de su hermoso caballo con suavidad, con la que le quedaba libre agarraba en un puño sus vestidos de una manera muy elegante, el cálido viento le azotaba su larga melena ocultando una tímida sonrisa que regaló al público.
-Ahora vamos a dar paso a nuestra orquesta.-Anunció el alcalde mientras unos músicos inundaban el escenario colocándose todos en posición horizontal detrás de él.-Les invito a que se queden con nosotros y en breve seguiremos con el concurso, disfruten del festival, muchas gracias.-Dijo.
Me puse de puntillas intentando averiguar dónde se encontraba Karisma pero no pude verla entre tanto gentío como se estaba acumulando allí, multitud de personas y curiosos se acercaban cuando empezaron a sonar los tambores y los instrumentos entonando una música alegre y comenzaban a bailotear de manera exagerada.
De repente noté mi mano vacía y me alarmé, Amelia no estaba a mi lado, giré sobre mi misma pero no pude verla, la llamé repetidas veces y cuando me quise dar cuenta estaba gritando su nombre, tanto, que me hice daño en mis propios oidos.
-¡Aquí estoy Liz!.-Gritó.
Di un suspiro de alivio y de enfado cuando la vi acercarse abriéndose paso entre la gente.
-¡¿Qué demonios te pasa Amelia?!, no vuelvas a irte sin decirme nada, me has asustado tonta.
-Dije con las mejillas encendidas.
Detrás de ella, sobre sus hombros, se veían unas pequeñas manos y su rostro intentaba mirar por el encima de hombro de mi hermana, fruncí el ceño e intenté calmar mi respiración agitada.
-Jo, no me regañes, es que Jessica me dijo que había venido con sus padres y fuimos a verlos.-Se disculpó con la mirada cabizbaja.
-No te enfades con ella Liz, fue por mi culpa.-Dijo Jessica.
-Vale, vale, pero no volváis hacerlo, están ocurriendo cosas malas en la ciudad y siempre hay que dejar saber donde vais. -Dije ahora mas calmada.
El rostro de mi hermana se iluminó y cogió mi mano muy sonriente.
-Sí. Liz, -¿puedo ir con Jessica a los puestos por favor?, te prometo que no me separaré de
ella.-Dijo.
Puse los ojos en blanco y resoplé, aquello que acababa de decirles no había sido muy buena idea y si ahora me negaba estarían más confundidas que antes.
-Está bien, vosotras ganáis, pero no tardéis demasiado, el concurso volverá a empezar en un
rato.-Les advertí.
Amelia y Jessica se marcharon dando saltos de alegría, negué con la cabeza a la vez que dibuje una sonrisa torcida en mis labios.
Me volví a poner de puntillas para poder ver el escenario, debajo de él se encontraba un grupo de gente que bailaba al compás de aquella música pegadiza, solté una risotada a la vez que más personas cuando me percaté de un señor que bailaba tambaleante y le pisó el pié a su acompañante, y está enfureció de tal manera que le dio un empujón y se marchó.
Un delicioso olor a hierbabuena paralizó mis carcajadas, me quedé quieta intentando no acordarme de algo que seria doloroso para mí pero que era irremediable no pensar en ello.
Un soplo de aire frio me recorrió la nuca haciéndome estremecer, negué con la cabeza para sacudir un pensamiento que estaba a punto de aparecer e intenté concentrarme en la gente que bailaba volviendo a sonreír, esta vez para evitar lo inevitable.
-¿Disfrutando del festival?.-Preguntó una dulce voz.
Me mordí el labio a la vez que cerré mis ojos con fuerza intentando que desapareciera aquella voz que realmente no estaba allí, tomé aire y lo dejé salir lentamente mientras abrí mis ojos volviendo a mirar a los bailarines aunque no pude prestarles mucha atención.
La duda se iba apoderando de mí a medida que pasaban los segundos y seguía sintiendo ese frio en mi nuca, agarré mis vestidos con fuerza y me mordí el labio inferior, entonces giré mi rostro violentamente hacia atrás y una sonrisa dibujaron los labios de Brandom.
Mis labios se despegaron, tome una gran cantidad de aire y por alguna razón quería que permanecieran en mis pulmones y no dejarlo salir jamás. Las mariposas de mi estómago volaban de un lado para otro cuando le pude contemplar sin pestañear, era tan hermoso que parecía irreal.
Estaba tan cerca de mí que pude notar su fresca temperatura, tenía sus pálidas manos escondidas en los bolsillos de sus pantalones oscuros que hacia juego con la sedosa camisa, y su pelo de un oscuro brillante se balanceaba al compás del viento.
Tuve que desviar mis ojos cuando encontré los suyos, la miel de sus ojos deslumbraban tanto que si mirase al sol no tendría el mismo efecto cegador, estaba encorvado haciendo que mi rostro y el suyo estuvieran frente a frente haciendo que mis mejillas se encendieran.
-Sí, es….de lo más interesante.-Dije al fin mirando hacia delante.
Brandom se disculpó con un señor que estaba cerca de mí para ponerse a mi lado sin dejar de sonreír.
-Hola.-Dijo dándome un delicado empujón con su hombro.
-Hola.-Contesté con una sonrisa torcida.
Desvié mi mirada de la suya e intenté calmar mi respiración, el corazón me latía violentamente, lo último que había pensado era encontrarme con él entre tanta gente, y no esperaba encontrarle después de lo que había ocurrido en su casa, me sentí fatal por mi comportamiento.
Me estaba engañando, si que quería tenerle cerca de mí, aunque fuese como un amigo más, así que, ¿porqué no actuar como tal?, sería lo mejor.
-¿Tú también has venido a ver el concurso?.-Pregunté interesada.
-No exactamente, he venido para preguntarte como estas.-Contestó volviendo a sonreír.
-Bien, ¿por qué no iba a estarlo?.-Pregunté extrañada.
Me daba miedo que notase que en el fondo no era así, el rostro de Brandom cambió y desvió
su mirada al escenario donde tocaba la orquesta.
-Bueno, porque te diste un buen golpe en la cabeza.-Dijo.
Me lleve la mano hasta ella intentando buscar algo y noté un pequeño bultito, fruncí el ceño
al recordarlo y Brandom carcajeó.-A eso me refería.-Volvió a reír.
-Estoy bien.-Dije devolviendo la sonrisa aquél rostro angelical. -Brandom, quiero disculparme por mi comportamiento, no debí marcharme así, yo…-Se me quebró la voz.
Sus ojos bañados en miel volvieron a encontrarse con los míos y una sonrisa fugaz iluminó su
bello rostro.
-No tienes por que disculparte Liz, entiendo por qué lo hicistes,-dijo apartando su mirada hacia otro lado, -te escapaste de nuevo y no querías que tus padres te echaran una reprimenda, es normal que tuvieras que irte.-Dijo dando un suspiro largo al final.-Lo que no estoy de acuerdo, es que te marcharas sin que antes te viera un médico.
Y tenía toda la razón, me habia comportado como una niña, no se había dado cuenta por qué me fui al juzgar por sus palabras, lo cual agradecí para mis adentros, torcí mi sonrisa y me armé de valor para mirarle.
-Aún así, lo siento, cuando me fui vi a Mary acompañada de un señor.-Dije avergonzada.
-Si, él era el médico que iba a examinarte.-Dijo sin mirarme.
Noté como la sangre huía de mi rostro, se preocupaba por mí, y en lugar de agradecérselo desprecié su hospitalidad inconscientemente.
Brandom se percató de mi arrepentimiento y se giró para estudiarme el rostro, le miré tímidamente cuando me encontré con sus ojos y sonrió.-Por eso estoy yo aquí, para asegurarme de que estás bien, me sentía responsable de lo que te ocurrió.-Dijo volviendo a su posición.
Parpadeé varias veces, esas palabras rebotaban en mi cabeza como gotas de agua sobre la hierba, recordé el ataque violento de Mary y mi reacción cuando vi…
-Brandom, tú no tuvístes la culpa, me asusté un poco cuando vi a Mary tan mal, qué…¿qué la ocurrió?.-Pregunté preocupada al recordarlo todo.
Sacó una de sus manos del interior del bolsillo del pantalón y la cerró en un puño con fuerza, su cuerpo estaba tenso podía ver su pecho hinchado y el ceño fruncido.
Pasado unos segundos su cuerpo se relajó, me daba miedo volver a preguntarle temiendo a su reacción, miré hacia otro lado intentando olvidar aquella pregunta, mostré interés cuando vi a más personas que se animaban a bailar en pareja y noté su mirada fija en mí.
-Mary está bien, sufre…-se detuvo para tomar aire y continuó-…sufre ataques de pánico cuando ve sangre, no es nada.-Dijo torciendo una sonrisa perfecta.
Desvié la mirada para asentir y devolver aquella irresistible sonrisa.
-Es algo de lo más normal, a mi hermana le ocurre lo mismo.-Dije mientras estudiaba el corte de
mi dedo.-Pobre Mary, lo siento de verdad.-Me disculpé ocultando mis manos en mis vestidos.
Le miré tímidamente pero su mirada no se apartaba de la gente que bailaba, su ceño estaba fruncido y el viento revolvió sus cabellos ocultando parte de su rostro hermoso.
-Fue un accidente, no es culpa de nadie Liz.-Dijo.
Cerró sus ojos por un momento y los abrió para encontrarse con los míos dedicándome una sonrisa.-Tengo que irme.-Dijo con el rostro preocupado.
-¿Tan pronto?, ¿no te quedas a ver el concurso?.-Pregunté angustiada.
No quería que se marchase, me angustiaba la idea de que aquello fuera una despedida final, que solo había venido a comprobar que me encontraba bien porque se sentía culpable, el corazón me dolía horriblemente, no sabía cómo reaccionar en ese momento, no sabia como retenerle…
Se giró dándome la espalda y en ese momento mi mano se cerró alrededor de su brazo, se detuvo en ese momento, paralizado, noté como se estremeció y su cuerpo se envaró.
Clavé mis ojos en su espalda y el viento revolvió sus cabellos acariciando mi rostro, mi corazón ya le estaba echando de menos no podía permitir que todo acabara así, no quería perderle.
-Espera por favor.-Dije con un hilo de voz.-Siento todo lo que e causado, me siento mal por mi comportamiento, solo quiero…-me aclaré la garganta y apreté su brazo con fuerza.-No quiero perderte Brandom, ¿podemos ser amigos?...por favor…
Su espalda se iba volviendo borrosa y miré mi mano sujetando con fuerza su brazo, ésta también estaba desapareciendo, la culpa fueron mis ojos inundados en lágrimas.
-No tienes por que llorar Liz, no lo hagas.-Dijo sin mirar hacia atrás.
Liberó una de sus manos de los bolsillos y la volvió a cerrar en un puño con fuerza, relajó su cuerpo y giró su rostro, en él lo acompañó una sonrisa amarga.- Seremos amigos.-Dijo.
Sacó su mano del bolsillo para tomar la mía, se giró poniéndose frente a mí clavando sus ojos en los míos, su rostro mostraba cierta tristeza al contemplar el mío, o tal vez sería el reflejo de mi propia cara y lo podía ver en él.
Apretó con delicadeza mi mano podía notar la suya helada como el hielo, con la que le quedaba libre limpió aquellas lágrimas que paseaban por mi rostro y cuando terminó de hacerlo intentó calmar mis labios temblorosos acariciándolos con los dedos.
Enterró mi cálida mano entre las suyas y sin dejar de mirar mis ojos se la llevo hasta los labios donde la dio un beso, mi corazón de desbocó cuando hizo tal gesto, intenté sonreír y me devolvió aquella sonrisa amarga.
Era como si quisiera que me sintiera mejor, y lo consiguió, en realidad prefería tener su amistad a no tenerle ni verle nunca más. Acarició la base de mi mano con mucha delicadeza y esta vez mostró una sonrisa mas hermosa.-No llores más.-Añadió.
Asentí y sonreí con ganas, liberó mi mano y tomé aire profundamente dejando que saliera después lentamente.-Disfruta del festival, hasta pronto.-Dijo despidiéndose.
Contemplé como se marchaba de mi lado llevando la mano hasta mi corazón, me dolía mucho menos que antes, estaba completamente segura de que tal vez sería duro tenerle como a un amigo y no poder decirle cuanto lo amaba, pero mas doloroso sería no tenerle cerca de mí sintiendo lo que sentía.

4 comentarios:

  1. OMFG!!!!!
    Brandom o.o!
    Me encantó aunque preferiría
    Que Liz se diera cuenta de que
    Su persona especial era ella
    En fin me encantó aunque me dieron
    Ganas de llorar por Liz... pobrecita
    (:
    u.u

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  2. ooo me encanntoo pobrecilla lo que sufrio al pensar que el tenia algo especial que estuviera enamorado de otra persona eso duele,pero despues valio la pena sobre todo en el encuentro en el festival cuando el la trankiliza para que ella no sufra momento tierno cuando la acaricia el labio ufff eso parece como que se siente ajajajjaj.besos primis de tu primica la flaka ajajajaj muaksss

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  3. Me encanta!, sólo puedo decirte eso... kiero más!!!, sigo leyendoteeeee....jejejje

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  4. No tenego palabras para describir lo que he sentido al leerlo!! si te digo que para mi PRECIOSO se queda corto... mi parte preferida fue el final como cabe de esperar cuando le acaricia y le dice que no vuelva a llorar...uff...casi me derrrito jaja voy a por el prox un besoo!!ATT:NATY

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