Clan "Inmortales"

sábado, 10 de abril de 2010

Capítulo 9-Advertencia

Anochecía en la ciudad de Londres, no dejaba de dar vueltas en mi cama pensando en Brandom, en su prima Estefi herida en el bosque, en mi amiga Karisma maltratada por su novio y en los rumores de los asesinatos en la ciudad.
Mi padre tenía por costumbre antes de comer leer un poco el periódico y luego esconderlo debajo de su plato, al retirarlo esa noche cuando terminamos de cenar me lo llevé a mi habitación sólo por echar un vistazo, en él había un articulo que llamó mi atención y me dispuse a leerlo a toda velocidad.

Nueva desaparición en la ciudad de Londres

"Debido a los asesinatos ocurridos recientemente en Londres,debemos comunicar una nueva desaparición, se trata de un estudiante de diecisiete años.
Su nombre es Mike Collins, fue visto por última vez en la avenida Hernan Hills que comunica con el centro de la ciudad.
La familia pide colaboración ciudadana, a continuación adjuntamos una fotografía
del desaparecido para facilitar la búsqueda.
Quien tenga información o creen que le hayan podido ver les rogamos que se pongan en
contacto con el departamento de policía de Londres.”


Otro nudo se me creó en la garganta cuando recordé aquella noticia que había leído momentos antes y tuve que luchar con mi respiración cuando intenté calmarla.
Me tapé hasta la cabeza y me encogí abrazándome a mi misma.
A ese monstruo le daba igual las edades de sus víctimas, sólo quería matar, probablemente el chico que buscan ya esté muerto.
Un escalofrío recorrió mi espalda haciendo vibrar todo mi cuerpo al pensar que mi hermana Amelia
podría estar en ese periódico, pude experimentar un dolor profundo en mi pecho al imaginarlo y la agonía de mis padres por su perdida.
Intenté sacar ese pensamiento horrible sin conseguirlo, me incorporé en la oscuridad y puse mis pies descalzos sobre el frío suelo,fuí de puntillas hasta la puerta y la abrí con suavidad, me detuve en el descansillo de la escalera apoyando mis manos sobre la barandilla y me incliné para ver la parte baja de la casa, no se escuchaba nada mas que los grillos que canturreaban afuera y el tic tac del reloj.
El salón tenía una luz azulada resplandeciente gracias a la luna que se colaba por las ventanas, me incliné un poco más para poder ver la puerta de la habitación de mis padres que estaba cerrada.
Di un respingo cuando el péndulo del reloj avisó de que era medianoche, lo fulminé con la mirada por tan tremendo susto.
Suspiré y crucé el descansillo de la escalera para atravesar el pasillo que conducía a la habitación de mi hermana, mi mano seguía la barandilla de madera mientras que con la otra sostenía en un puño parte de mi blanco camisón.
La puerta de Amelia siempre estaba entreabierta puesto que le daba miedo la oscuridad, mordí mi labio inferior y la abrí un poco más para poder entrar.
Su cama estaba situada en frente, al lado tenía una pequeña mesita auxiliar con un jarrón de cristal lleno de flores silvestres, detrás del cabecero había una amplia ventana adornada con unas cortinas de color blanco con bordados de flores.
En los pies de su cama había un baúl de madera que siempre estaba lleno de juguetes, tuve que esquivarlo para llegar hasta el cabecero donde la luz de la luna de un azul intenso iluminaba prácticamente toda la habitación.
Me puse de rodillas a la altura de la cabeza de mi hermana pequeña y dejé mis brazos descansar sobre el borde de la cama, apoyé mi barbilla en ellos y me limité a mirarla.
Su rostro era inocente, abrazaba con fuerza un viejo peluche de color marrón que se movía con su respiración tranquilizadora, sonreí y le aparté un tirabuzón dejando libre su rostro.
-Nunca te dejaré sola, no permitiré que te pase nada malo.-Dije en un susurro.
Volví a dejar mi barbilla sobre mis brazos y arrodillada a los pies de su cama me quedé dormida.
Pasado un largo rato sentí como la cama se movía, estaba tan cansada que no pude abrir mis ojos para ver si todo iba bien, entonces una mano cálida me sacudió el brazo con suavidad.
-Liz, ¿qué haces en el suelo?.-Preguntó Amelia incorporándose en la cama con ojos soñolientos.
-¿Has tenido una pesadilla?, puedes dormir conmigo si quieres.-Se ofreció.
Levanté mi cabeza y me froté los ojos con una mano, sonreí y me puse en pié para meterme dentro de la cama. Amelia cogió mi mano y sonrió, le devolví la mía y juntas nos quedamos dormidas.
La mañana del Domingo entró por la ventana con un sol cegador, abrí mis ojos con dificultad y lo primero que vi fue la cálida mano de mi hermana sobre la mía, sonreí y con mi otra mano sacudí suavemente su hombro.
-Despierta perezosa, ya ha salido el sol.-Dije con una voz tan baja que ni yo me escuché.
Amelia estiró su pequeño cuerpo sin abrir los ojos y frunció el ceño al notar los rayos de sol a través de la ventana, cogió la manta a tientas y se la llevó hasta la cabeza ocultando también la mía.
-No…es domingo.-Se quejó.
Me incorporé y tire de las mantas hacia la parte de los pies destapándola por completo, Amelia se quejó pataleando encima de la cama con el ceño fruncido mientras que yo carcajeaba.
La puerta que estaba entreabierta, se abrió de repente y mi madre irrumpió en la habitación llevándose la mano al pecho.
-Por dios.-Dijo dando un suspiro de alivio.-Estas aquí, no sabes el susto que me ha dado cuando e ido a tu habitación y no te e encontrado allí.
Amelia se incorporó en la cama y frotó sus parpados quejándose por la luz.
-Tuvo una pesadilla y vino a dormir conmigo.-Dijo mi hermana mirando a mi madre con un ojo cerrado y el otro abierto, luego se dirigió a mi para mirarme.-¿No se supone que tengo que ir yo a la tuya llorando por que e tenido un mal sueño?.
Torcí la cabeza haciendo un mohín y mi madre sonrió.
-Vale chicas, arreglaros y bajad a desayunar.
Asentí con la cabeza y mi hermana se quedo allí sentada sobre la cama intentando acostumbrar sus ojos castaños a la luz, parpadeó un par de veces y saltó de la cama para ir a un armario de color cerezo.
-Cuando te fuiste a acompañar a tu amiga, papá dijo que ayer por la mañana los Akerman ya se llevaron el encargo que le hicieron.-Dijo seleccionando un par de vestidos.
Me senté sobre la cama y cruzé mis pies cuando pronunció aquel apellido, de nuevo estaba distraída pensando en aquel ángel que me hacia suspirar desde que lo conocí, pero también pensaba en todo lo relacionado con él.
Su rechazo continuo me dolía ahora mucho más que el dia anterior y no tenia derecho a sentirme así, me dijo claramente que tenia a alguien especial pero aún así me dolía y eso era injusto, debería de alegrarme por él pues en eso consiste el verdadero amor.
Un pensamiento fugaz atravesó mi mente, un recuerdo sobre Estefi, ¿se encontraría bien?, tal vez sería mejor que lo comprobara acercándome hasta la mansión de los Akerman aunque mi presencia le desagradara a Brandom.
Cualquiera que escuchara mis pensamientos en voz alta diría que pretendía acercarme allí para poder verle de nuevo, y en cierto modo es cierto, pero no era de Brandom de quien se trataba si no de su prima, estaba herida y es algo natural querer preguntar cómo se encuentra.
Me mordí el labio mientras que dudaba, una parte de mi me decía que no lo hiciera, ser rechazaba por Brandom en su casa y delante de su familia ya fue lo bastante doloroso como para repetirlo, pero por otra, tenia que saber cómo se encontraba Estefi, ese hecho era muy humano y por lo tanto no tenía que ser tan malo acercarme hasta allí solo para preguntar.
Alcé la vista y mi hermana parecía seguir hablando pero no pude escuchar nada, estaba sumergida en mis dudas intentando averiguar que debía hacer y solo pude ver sus labios moverse a toda velocidad mientras se ponía un vestido de color verde oscuro.
-¿Liz puedes abrocharme?.-Dijo dejando su pequeña espalda en mi rostro.
Con cuidado fui abrochando aquellos corchetes ajustando el vestido a su espalda, cuando acabé mi hermana se retiró para dar unas vueltas agarrando parte de su vestido verdoso.-¿Cómo estoy?.-Preguntó con una amplia sonrisa.
-Preciosa, como siempre Amy.-Dije aun distraída.
-¿Has escuchado lo que te dije de los Akerman?.-Preguntó al ver mi rostro pensativo.
-Sí, que recogieron el pedido que le encargaron a papá.-Contesté.
-Sí, eso también, me refiero a que le han encargado más cosas.-Dijo poniendo los ojos en blanco. Mi rostro cambió de preocupado a sorprendido.
-Eso es estupendo, significa que les ha gustado el trabajo de papá.-Contesté.
Mi hermana asintió y me cogió de la mano haciéndome levantar de la cama, me puso de espaldas y apoyó sus manos en ella empujándome hacia la puerta.
-Venga arréglate ya Liz.-Añadió con unan sonrisa burlona.
Fui a mi habitación y antes de abrir la puerta respiré profundamente como si estuviera decidiendo si entrar o no hacerlo, en realidad pensaba si debía ir a la mansión o no.
Cuando solté todo el aire de mis pulmones lo vi claro, estaba decidida a volver allí, abrí la puerta y me dirigí al armario para buscar algún vestido que ponerme, buscando entre ellos mis dedos dieron con una tela suave como el pétalo de una margarita, sonreí y liberé la sedosa camisa de Brandom.
Me quedé por unos momentos inmóvil con la camisa entre las manos, mi sonrisa se iba desvaneciendo y una tristeza profunda me iba inundando por dentro, una vez mas la acerqué a mi rostro intentando obtener su dulce olor pero la madera crujió en el descansillo de la escalera en ese mismo momento, me apresuré en dejar la camisa donde estaba y saqué del interior del armario un vestido anaranjado con bordados blancos en las mangas.
-Liz te espero abajo.-Dijo mi hermana detrás de la puerta.
-Bien, no tardaré mucho.-Contesté pasando el vestido por encima de la cabeza.
Cuando acabé de vestirme bajé las escaleras y me incorporé en la mesa frente a mi hermana, mis padres estaban fuera en el porche regando las plantas que adornaban la entrada, aún no sabia que iba a decirles para que me dejaran ir a la mansión, tenia que inventar algo.
Estaba claro que mi padre no me dejaría ir y tampoco a mi madre le haría mucha gracia el echo de irme sola con todo lo que estaba ocurriendo en la ciudad, pero necesitaba saber como se encontraba Estefi.
Tomé mi tazón de leche apresuradamente y acto seguido lo llevé a la cocina, Amelia me miraba con el rostro confuso, normalmente me tomaba mi tiempo para comer lo cual hacia enfadar a mi madre y casi siempre estaba pendiente de que me lo terminaba todo.
-¿Por qué tienes tanta prisa hoy?.-Preguntó.
-Tengo que hacer algo Amelia, espero que no te enfades conmigo porque me ausente un rato.-Dije lo más calmada posible sin levantar sospechas.
-Creí que hoy vendrías conmigo al claro.-Dijo con rostro decepcionado.
Me acerque a ella con media sonrisa y arrastré una silla para ponerme a su lado.
-Te prometo que cuando vuelva iremos juntas, es mas, podríamos ir a la plaza del pueblo para ver el desfile de caballos ¿que te parece?.-Dije con intención de animarla.
-¿Un desfile de caballos?.-Preguntó con el ceño fruncido sin dejar de tener esa expresión triste.
-Todos los años hay un desfile de caballos, se trata de un concurso, quien posea el caballo mas bonito e inteligente es el ganador, merece la pena verlo. ¿Qué me dices?.-Insistí.
Mi hermana se quedó pensativa mirando hacia su tazón de leche y sonrió cuando se cruzó con mis ojos suplicantes.
-Vale, pero no tardes mucho.-Contestó con una sonrisa que contagió la mia.
-Te lo prometo.-Dije levantándome de la silla para ponerla de nuevo en su lugar.
Me dirigí al porche donde mis padres estaban refrescando las macetas llenas de flores de colores, y tome una buena parte de aire antes de expulsarlo lentamente mientras me dirigía hacia ellos.
-Buenos días cariño.-Dijo mi madre muy sonriente.
-Buenos días jovencita, ¿Qué tal has dormido?.-Pregunto mi padre dejando una vieja regadera en el suelo.
-Buenos días,-dije- dormir con Amy es un poco arriesgado por que da patadas en sueños.-Sonreí.
Mi padre levantó una ceja y mi madre sonrió al ver su expresión.
-Tu hija tuvo una pesadilla y durmió con Amelia.-Dijo mi madre.
-Ah, eso lo explica todo.-Añadió mi padre carcajeando.
En realidad no fue ninguna pesadilla, simplemente sentía la necesidad de ver que Amelia se encontraba bien, aunque era un poco vergonzoso que dijeran que tuve un mal sueño y me fui a refugiar a mi hermana.
Tome aire llenando mis pulmones e intente dibujar una sonrisa para unirme a las risas de mi padre, entrelacé los dedos de las manos y me mordí el labio, era el momento de pedir permiso para marcharme.
-Esto…papá, ¿puedo ir a casa de Yuls?.-Pregunté.-El Viernes olvidé pedirle que me prestara un libro de literatura.
Era lo único que se me ocurrió en ese momento, intente sonar lo más creíble posible y creo que funciono porque segundos después mi madre sonrió y le hizo un gesto a mi padre.
-Está bien, no tardes demasiado.-Dijo dando un suspiro.
Me acerqué a mi padre para darle un beso cariñoso en la mejilla y seguidamente a mi madre.
Salí del porche andando tranquilamente y avancé hasta la barandilla de madera, cuando crucé por ella eché una última mirada hacia la casa para comprobar si seguían mirando pero pude ver que seguían entretenidos con su labor.
El sol brillaba con debilidad debido a las nubes que lo ocultaban, eché una mirada al cielo y me pregunté si llovería en algún momento aunque lo dudaba por que el viento era de lo mas agradable…cálido.
Cuando estuve lo suficientemente alejada, eché a correr por el camino polvoriento agarrando mis vestidos con las manos, el corazón latía apresuradamente era como si le gustase lo prohibido y quisiera hacerme notar que era eso lo que le atraía, no me gustaba la idea de mentir a mis padres pero no me quedaba otra opción, de a ver dicho la verdad probablemente no me hubieran dejado marchar pero tampoco tuve el valor de preguntarlo.
Eso no importaba ahora, ya había mentido, y ya estaba dirigiéndome a la mansión, tuve que apartarme del camino para dejar pasar un carruaje de color cerezo con dos caballos oscuros, el señor alto y delgado con un bigote delicadamente cortado me miro por encima del hombro cuando me disculpe con la mirada y eché a correr de nuevo.
Tuve que detenerme en dos ocasiones para poder recuperar el aliento y calmar los latidos violentos de mi corazón ahora aterrado, llegando a la gran verja mis pasos eran inseguros, estando allí me pregunte si no seria un error.
Agarre uno de los barrotes con las respiración entrecortada intentando ver a través de las rejas si había alguien por allí cerca para poder preguntar sobre el estado de Estefi, entonces pude divisar a Mary sentada en la gran fuente de piedra.
Su vestido largo era de color tierra, su melena larga y rubia tenia esta vez un recogido con unos mechones ondulados que le caían ligeramente por la parte de la nuca, en sus manos sostenía algo parecido a un periódico y parecía estar muy entretenida leyendo con el ceño fruncido.
El aire cálido sacudió las hojas del sauce llorón que se encontraba en el centro de la fuente y Mary detuvo su lectura para husmear el aire con su nariz perfecta, de pronto su rostro se dirigió a la verja donde se encontró conmigo y una fina línea dibujaron sus labios carnosos.
Dejó el periódico en la fuente de piedra y se levanto con un movimiento muy señorial, tomó una parte de su vestido con el puño y lo llevo hacia atrás cuando avanzaba hacia la verja con unos pasos muy femeninos.
-Hola Mary, que suerte que te encuentro cerca.-Dije con una sonrisa cuando se acercó lo suficiente para que pudiera oírme.
-Que alegría verte de nuevo Liz, ¿qué te trae por aquí?.-Preguntó con su dulce voz de sirena.
-Me acerqué para preguntar cómo se encuentra Estefi.-Contesté.
Mary se llevo una de sus manos pálidas a la barbilla con gesto pensativo.
-Perdóname Liz, pero no entiendo lo que quieres decir.-Dijo encogiéndose de hombros.
-Ayer vi a Estefi en el bosque, estaba herida y no pude preguntarle en ese momento.-Dije.
No me parecía buena idea decirle que estaba con su hermano y que no fuimos a socorrerla porque el mismo no quiso.
Mary miró la parte baja de su largo vestido y acto seguido se frotó los brazos, pasó la lengua por sus labios para humedecérselos y me miró con la cabeza hincada en el suelo, suspiro y la alzó para mirarme directamente a los ojos.
-Si está bien, tuvo un pequeño incidente pero se encuentra perfectamente, gracias por preguntar Liz.-Dijo con una sonrisa torcida.-¿Quieres pasar y tomarte un té?.-Ofreció entrelazando sus manos blanquecinas.
Parpadeé un par de veces antes de reaccionar y decir algo, era la única Akerman que me había vuelto a invitar después de la noche que su hermano me expulso de allí, tragué saliva y despegue mis labios para poder contestar cuando me vino aquél recuerdo.
-No creo que sea buena idea Mary, a Brandom no le…
-Olvida a mi hermano, además están de viaje, en la mansión estamos la servidumbre y yo.-Me interrumpió.
Abrió la verja con una sola mano y me invitó a entrar con una ancha sonrisa dejando ver sus brillantes dientes, al cruzar por su lado note como inhalaba el aire y lo expulsaba con dificultad.
Un ruido sordo se escucho en el jardín cuando Mary cerró la verja mientras que yo observaba la inmensa vegetación que poseían, era un jardín de ensueño.
-¿Te gusta nuestro jardín?.-Preguntó cuando pasó por mi lado.
-Es increíble, pero os falta la variedad de rosas silvestres.-Dije echando una ojeada rápida.
Cuando volví a mirar los ojos de color miel de Mary noté que su dulce rostro se transformó a uno intranquilo, era como si mi comentario la hubiese ofendido.-Oh, lo…siento es solo que…
-Intenté disculparme.
Su sonrisa se torció y volvió a coger parte de su vestido cuando se puso a caminar.
-Tranquila Liz, eres muy observadora tengo que admitirlo, si no las tenemos es porque…bueno, siempre hay algo que se pasa por alto, ¿no crees?.-Dijo volviendo a sonreír.
Asentí con la cabeza devolviendo aquella esplendida sonrisa y la seguí hasta la entrada principal de la mansión, a la luz del día no me parecía tan retorcida como cuando me escapé aquella noche, tenia un aspecto extraordinario rebosaba un autentico esplendor.
En sus enormes ventanales rebotaba la luz débil del sol haciéndolas brillar y por mucho que me esforzara ver desde fuera que había detrás de ellas era imposible divisar.
-¿Dónde fueron todos?.-Pregunté cuando cruzamos la puerta de la entrada.
Avanzábamos por el largo pasillo de la entrada y la mujer bajita que debía de ser el ama de llaves hizo un inclinamiento de cabeza cuando Mary pasó por su lado, se volvió para mirarme frunciendo el ceño sin borrar aquella sonrisa.
-A visitar a unos familiares.-Dijo sin volver la vista hacia atrás.
-Perdona que te pregunte pero, ¿tú por que no has ido?.-Pregunté avergonzada.
-No me apetecía salir de la ciudad.-Sonrió.
Asentí devolviendo aquella dulce sonrisa mientras me llevaba por el largo pasillo pisando aquella preciosa alfombra de color blanco, no pude evitar mirar la parte trasera de su largo vestido color tierra barriendo la alfombra.
Cruzamos un amplio arco de piedra para entrar en una sala muy acogedora, lo primero que llamó mi atención fue aquel piano de color oscuro, un estremecimiento me sacudió el cuerpo cuando recordé la primera vez que visité la mansión.
El asiento del piano era de terciopelo de un color rojizo que hacia juego con unas amplias cortinas que cubrían los laterales de las ventanas, la tapadera que cubría las teclas estaba cerrada y brillaba todo el piano con una luz cegadora que atravesaban los ventanales, parecía como si nunca lo hubieran usado.
Me volvieron a impresionar los cuadros que habían en la sala eran realmente una maravilla y complementaba con todo lo que había.
Hacia el otro lado había un caballete donde alguien debía de a ver estado pintando algo, solo pude ver unos garabatos de colores y no pude distinguir que era exactamente. Mary me condujo hasta un amplio sofá de color blanco con los reposabrazos de color dorado y me hizo sentar, acto seguido cogió parte de su vestido y con un movimiento señorial se sentó a mi lado sonriendo.
La señora bajita cruzo el arco en ese momento con sus manos puestas en su resplandeciente delantal y sonrió.
-¿Se le ofrece alguna cosa señorita Akerman?.-Preguntó muy educadamente.
-Si Dorothy, trae un té para nuestra invitada.-Dijo inclinando su cabeza.
La señora asintió con la cabeza y cruzo el arco nuevamente para desaparecer de la sala, Mary sonrió al ver como mis ojos se iban de un lado para otro estudiando cada de talle de la estancia.
-Es impresionante, me gustan todos estos cuadros aunque no sepa de quien son.-Dije avergonzada de mi ignorancia.
-Son de Picasso, no es muy conocido pero a mí personalmente me encanta, de hecho cuando quiero desconectar de todo me pongo a pintar.-Dijo llevando una mano a sus labios intentando ocultar su risita.
Parpadeé sorprendida y sonreí.
-¿En serio?.-Pregunté.-¿Pintas cuadros Mary?.
-Sí, es…-desvió la mirada y se volvió para sonreír antes de continuar.-Es una manera de liberar tensiones.
Asentí aunque sin comprender que era exactamente a lo que se refería no quería volver a preguntar para no resultar un poco pesada, no me imaginaba que alguien de la aristocracia tuviera algún tipo de tensión, mas que nada por que lo tenían todo, o a lo mejor estaba confundida y creía que a si era por lo que mi padre decía de ellos.
La señora irrumpió en la sala y Mary tomó aire profundamente intentando sonreir.
-Aquí tiene.-Dijo la mujer dejando una taza de porcelana encima de una delicada mesa de madera.
-Muchas gracias, Dorothy.-Dije sonriendo.
-¿Desean alguna cosa más?.-Preguntó volviendo sus manos a su blanco delantal.
Mary sonrió y negó con la cabeza, la mujer volvió a cruzar el arco desapareciendo por el largo pasillo y miró la taza de té que estaba sobre la mesa echando un humo blanquecino.
-Siento no acompañarte tomándome un té contigo, pero tomé uno antes de que tu aparecieras.
-Dijo disculpándose con una sonrisa torcida.
Di un sorbo y pasé la lengua por los labios para calmar la quemadura que me había producido en ellos, deje la taza sobre la mesa y sonreí.
-No importa Mary, siempre llego tarde.-Dije soltando una risilla nerviosa.
Mary se llevo las manos a los labios para ocultar sus sonoras carcajadas, sabia perfectamente por que hice aquel comentario, la noche que me escape de casa para cenar con su familia y llegué tarde, me uní a sus carcajadas que retumbaban parte de la mansión, pasaron unos segundos y poco apoco nos íbamos tranquilizando.
-Liz eres muy graciosa, jamás había conocido a una persona así.-Dijo aun entre risas.-No me extraña que mi hermano me hable de ti.
En ese momento estaba dando un sorbo a mi té cuando se me fue por el otro lado de la garganta al escuchar tan inesperadas palabras, dejé la taza sobre la mesa y me llevé la mano a la garganta poniéndome colorada, no sabia si era del atragantamiento o de sus palabras pero el caso era que me faltaba la respiración.
Me pareció en ese momento que Mary se puso más pálida de lo que ya estaba y su rostro era preocupado, me daba palmadas en la espalda mientras me miraba con sus ojos color miel.
-¿Liz, te encuentras bien?.-Pregunto varias veces con el rostro preocupado.
Aspiré aire profundamente mientras seguía dándome las palmadas en la espalda e intenté calmarme, la miré con ojos llorosos y poco a poco iba tranquilizando mi respiración.
-Sí, lo siento, ya estoy mejor.-Dije con un hilo de voz.
Mary resopló aliviada y torció su sonrisa.
-Casi te atragantas Liz, vaya susto que me has dado, eso nos pasa por reírnos tanto.-Dijo mientras pasaba las manos por su largo vestido intentando alisar aquellas arrugas invisibles.
Carraspeé y volví mi rostro para mirarla con el ceño fruncido.
-Brandom te…¿habla de mí?. –Pregunté con mis mejillas al rojo vivo.
Mary me devolvió su mirada y una sonrisa dejo ver sus dientes brillantes, se levantó del sofá con su movimiento delicado y caminó hacia el ventanal que estaba justo al lado, me dio la espalda mientras miraba a través del cristal transparente y luego volvió su rostro hacia el mío.
-Sí, lo hace, y te diré algo más Liz, te he mentido.-Dijo volviendo a mirar tras el cristal.
Fruncí el ceño intentado quedarme con aquellas palabras, me gustó la primera parte, la que hablaba con su hermana de mí pero no sabia que era de lo que habían hablado, me daba miedo preguntar pues temía de que fuera algo que no me fuera a gustar.
Por otra parte me preocupaba de lo que dijo, que me había mentido, no podía imaginar que aquella palabra encajara con Mary me parecía bastante sincera.
-¿Qué quieres decir con que me has mentido Mary?.-Pregunté limpiando los párpados que aún estaban humedecidos.
Seguía dándome la espalda y miraba a través del cristal con el ceño fruncido, me pareció en ese momento que estaba viendo algo pues estaba muy tensa.
Se dio la vuelta y entrelazó los dedos de sus manos mientras intentaba aparentar una sonrisa.
-No se marcharon todos, mi hermano Brandom está a punto de llegar a casa.-Dijo.
En ese momento me levante de un brinco y pudo ver en mis ojos la preocupación, si él me encontrara allí se iba a enfadar, aunque recordando en el claro, me dijo que solo bromeaba cuando dijo que no le gustaba que la gente entrara en su casa solo porque querían quedarse.
-Será mejor que me vaya Mary, no le quiero disgustar.-Anuncié apresuradamente.
Recordé lo que les había dicho a mis padres, que iba a casa de Yuls a por un libro de literatura, si no volvía con él podrían descubrir que les había mentido.-¿Podrías prestarme un libro de literatura, te lo devolveré en cuanto pueda?.-Pregunté.
Mary fue hasta una pequeña estantería de madera y pasó su dedo acariciando a toda velocidad todas las tapas, y sacó de entre ellos un libro con la solapa de color marrón, lo abrió y echó un vistazo rápido las paginas, lo cerró y sonrió cuando me lo entregó.
-Puedes quedártelo Liz.-Dijo pasando sus manos por detrás de la cintura.
Pestañeé un par de veces cuando lo abrí y comprobé que se trataba de un libro sobre literatura, me pareció sorprendente aquella velocidad cuando lo buscaba, en los cantos de todos aquellos libros no había ninguna inscripción que dijeran de que se trataba cada uno de ellos.
Al pasar de hoja, la página me corto el pulgar y un pequeño punto de sangre manchó parte de ella,
me llevé el dedo a los labios para limpiar aquella sangre mientras fruncia el ceño intentando calmar el pinchazo.
Un gruñido provino desde la garganta de Mary, dio unos pasos hacia atrás sin quitarme los ojos de encima, sombras oscuras pasaron por sus ojos de color miel, su respiración era entrecortada y las aletas de su nariz se hincharon mientras que con una mano ocultaba su nariz y su boca.
-Maldición, me he cortado.-Dije intentando parar aquella sangre que parecía que no iba a cortarse nunca.-Lo siento Mary he manchado tu libro.-Intenté disculparme mientras que Mary seguía retrocediendo.-¿También te marea la sangre?.-Pregunte cuando vi que aun tenia su mano ocultando su perfecta nariz.
Seguía caminando hacia atrás y tropezó con un mueble que tenia dos candelabros dorados, se llevó una mano al estómago cuando cayeron estampándose contra el suelo, apoyó una mano en aquella mesa y sus uñas estaban arañando la madera, caminé hacia ella pasando la lengua por mis dientes cuando oí el chirrido y Mary me detuvo alzando una mano en el aire sin mirarme.
-No te acerques, vete Liz, vete de aquí ahora mismo, mi hermano esta a punto de llegar.-Advirtió.
Su voz de sirena sonaba ahora muy diferente, muy dura, entendía que quisiera que me fuese de allí, su hermano podría discutir con ella por mi culpa y no estaba dispuesta a que eso ocurriera, pero estaba preocupada por ella, camine con pasos cortos en su dirección, los mechones ondulados de su nuca de mármol le caían sobre la cara, sus parpados estaba fuertemente apretados y su boca abierta entraba y salía el aire.
-No te acerques más Liz, estoy bien vete de aquí por favor.-Dijo intentando mirar hacia otro lado.
-Pero Mary, te encuentras mal, ¿llamo a un medico?.-Pregunté muy preocupada.
Mi mano apretó su hombro con cariño y me aparté cuando giró su rostro para mirarme a los ojos con fiereza, su expresión era fría, sus ojos no eran de color miel, eran de un rojo sangre fruncÍa el ceño y apretaba sus blancos dientes con fuerza.
-¡MARCHATE, VETE DE AQUÍ AHORA MISMO!.-Advirtió con voz amenazante.
Me quedé de piedra al ver aquellos ojos, escalofríos me sacudieron todo el cuerpo, era un hecho de que no se encontraba bien, retrocedí en dirección al arco para salir de la estancia sin dejar de mirarla, Mary no me miraba se limitaba a controlar su respiración con sus manos apoyadas en aquella mesa dejando caer todo su peso, su cuerpo se agitaba y se estremecía con violencia era como si le estuviera dando una especie de ataque.
Seguí retrocediendo sin apartar mis ojos de ella, quería ayudarla pero no me daba la oportunidad de hacerlo, tampoco es que pudiera hacer mucho pero llamar a un medico para que la examinara era la mejor opción.
Me giré para cruzar aquel arco por completo y salir corriendo en busca de ayuda, pero choqué con algo fuerte, duro y frio que me hizo gritar en ese momento.

5 comentarios:

  1. WOWOWOWOWOW!!!!
    Liz chocó con Brandom??!
    je!
    Me encantó el capitulo
    Como todos... Es muy prometedor
    Y sabes dejarnos en suspenso (:

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  2. uy lo que falto que la mordieraa mare mia que pasara la pillara brandom alli o que uyuyyuy se quedo super interesanteee ... besoss flaka

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  3. me encanta me encantaaaa, esta muy emocionante

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  4. Si, si y si. Apuesto lo k sea k el cuerpo con el k ha tropezado es el d Brandom, fijo!. Voy ha averigüarlo ahora mismo!!!.

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  5. hola! soy Naty otra vez:para empezar la parte de que se corta con el papal el dedo no se parece n poco con la de la saga Crepusculo? buenobueno da = ;) estoy de acuerdo con las demas el seguramente es Brandon! me hubiese qustado que la mordiera y el se la encontrara desangrandose nose jaaja un besito ATTT:NATY

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