Clan "Inmortales"

domingo, 4 de abril de 2010

Capítulo 7-Lágrimas

La mañana entró por mi ventana con rayos de luz que iluminaba la puerta de mi habitación, me incorporé en la cama y sonreí con ganas al volver a recordar a Brandom.
Pasé una mano por mi rostro con la intención de apartar los mechones de mi pelo mientras miraba la ventana con los ojos entrecerrados.
La puerta chirrió al abrirse y me apresuré a taparme con la manta ocultando la fina camisa de hombre que llevaba puesta, dí un suspiro de alivio al ver que no eran mis padres.
-Amy por favor, llama a la puerta antes de entrar. –Dije mirando por debajo de la manta.
-No creo que tengas algo que yo no tenga Liz. –Contestó sentándose en la cama de un golpe haciéndola mover.
-Por fin es fin de semana… ¿qué escondes?.-Dijo intentando mirar por encima de la gruesa manta.
-Nada. ¿Puedes salir un momento?, tengo que cambiarme. –Dije llevando la manta hasta mi cuello.
Amelia puso los ojos en blanco y se levantó de la cama de un salto, se dirigió a la puerta y me echó una última mirada antes de cerrarla tras ella.
Me levanté de un brinco y fui hasta un armario que estaba situado al lado de la mesa de estudio, lo abrí y me apresuré para quitarme la camisa, sonreí mientras aspiré una vez más su delicioso olor antes de guardarla bajo una montaña de ropa de cama.
Escogí de entre mis vestidos, uno de color caramelo y lo dejé sobre mi cama, me quité mis ropas dejándolas tiradas a un lado de la habitación, y momentos después me apresuré a vestirme.
-¿Cielo, quieres que te ayude? –Dijo mi madre asomando la cabeza por la puerta.
-Si por favor, no puedo atarme yo sola el corsé, te agradecería que lo hicieras mamá. –Contesté con ojos suplicantes.
Penetró en la habitación y cerró la puerta, aún no sabia si se habían dado cuenta de mi ausencia la noche anterior, entrelacé mis manos mientras miraba nerviosamente mi falda.
-Liz…sé que estás disgustada con tu padre por que no aceptó la invitación de los Akerman. –Dijo atando los lazos de mi corsé cuidadosamente.
Tenía los nervios a flor de piel, imaginé que ahora llegaría la parte de mi escapada.
-Ya sabes que no le gusta mezclarse con la aristocracia, piensa que son arrogantes y derrochadores.
-No estoy disgustada con papá, pero no creo que sean cómo el piensa. –Dije aguantando la respiración.
Mi madre me dio la vuelta cogiéndome por los brazos y sonrió, luego bajó las manos hasta mi falda pasando las palmas por ella para alisarla, alzó su rostro para mirarme y sonreí despreocupada.
Me quedé pensativa por unos instantes, era cierto que mi padre pensaba así de los aristócratas pero creo que aquél comentario del señor Akerman sobre que le llegaría para comprarme un vestido y poder usarlo esa noche, le molestó.
No pensé mas en ello, y baje las escaleras junto con mi madre para desayunar.
Mi padre y Amelia estaban situados en la mesa desayunando, Amy me hizo burla cuando me senté a su lado y mi madre se acomodó junto a mi padre.
Me miró de reojo y cuando le devolví la mirada desvió sus ojos hasta su tazón de leche caliente.
-¿Aún estas molesta conmigo?. _Preguntó después de aclararse la garganta.
-No papá, puedes estar tranquilo. –Contesté ensanchando mi sonrisa.
Mi madre desvió la mirada y mi padre se encontró con ella con el rostro confuso, poco después sonrió y se dedicó a tomar la leche de su taza.
Salí al porche acompañada de Amelia, hacía un dia hermoso fuera, los árboles tenían un aspecto grandioso, los pajaros cantaban todos a la misma vez entonando un cántico que no me cansaba de oir una y otra vez, las hojas se movían alegremente con el cálido viento que las mecía, y el cielo se mostraba de un azul-rosa entre nubes perfectas de color blanco. Puede que fuera mi imaginación, pero lo veía todo de otro color, todo me parecía bonito ese día.
Amelia corrió en mi dirección sonriendo, sus tirabuzones se movían como si fueran pequeños muelles saltarines lo cuál me hizo reir al imaginarlo, se acercó y me cogió de la mano tirando de mí con fuerza para hacerme caminar.
-Vamos Liz, vayamos al bosque quiero coger flores para mi.-Dijo repetidas veces.
Miré hacia atrás cuando la puerta del interior de la casa se abrió, supuse que habían oído a mi hermana pequeña haciéndome esa petición.
-Podéis iros, pero no regreséis muy tarde para comer.-Dijo mi padre pasando un brazo alrededor de mi madre.
Sonreí y ellos me la devolvieron, era como si mi padre quisiera compensarme
por la decepción de la noche anterior, miré a mi hermana y solté su mano cálida.
-Te echo una carrera hasta el claro del bosque. –Dije retándola.
Amelia abrió los ojos y se puso en posición, mis padres carcajearon a nuestras espaldas al ver como cogió su vestido con los puños, pero hizo trampa…cuando llegue a la de “dos” ya había salido disparada camino abajo atajando por la derecha directa hacía el bosque.
Dí un suspiro largo y me puse a seguirla, pero tan pronto cómo salió tuvo que detenerse
para subir colina arriba.
-¿Le vistes ayer?.-Preguntó Amelia.
Me detuve en seco cuando hizo aquella pregunta, me pregunté si ella se habría
dado cuenta de que me fugué la noche pasada, seguí subiendo la colina detrás de ella fingiendo no saber lo que me había preguntado.
-Liz. ¿Vistes ayer a ese Akerman en su mansión?.
-No sé de que me hablas Amy.-Contesté pasando una mano por mi frente.
-Ayer por la tarde te fuiste con papá a la mansión y…
-Ah, no le vi, una lástima, quería darle las gracias otra vez. _Me apresuré a decir.
Amelia se detuvo y se dio la vuelta viendo cómo me iba acercando con la respiración agitada al subir aquella colina, pasé por su lado y continué subiendo.
No noté que me siguiera y me di la vuelta aclarándome la garganta, intenté controlar la respiración cuando me encontré con su rostro inexpresivo.
-¿Qué pasa?-Pregunté indiferente.
-Nada, que es una pena. Por lo menos ya sabes donde vive para dárselas otro día.
-Claro.-Conseguí decir.
Me dí la vuelta para continuar subiendo, me sumergí en mis pensamientos recordando
que no era bien recibida allí…por parte de Brandom.
Un golpeteo constante atravesaba mi corazón, me dolia pensar que él mismo fue quien me echó de su casa pero…después estando a solas, fue tan amable conmigo, tan diferente…
-Hemos llegado.-Anuncié sentándome para reponer el aliento perdido en el camino.
Amy tenía las mejillas coloradas, era la prueba de su esfuerzo al subir aquella pendiente, dí
unas palmadas en la fresca hierba para que se sentara a descansar un rato antes de dirigirnos hasta el claro.
-Papá iba abrir hoy la tienda.-Dijo Amelia mientras estudiaba donde iba a sentarse.
No recordé que esa mañana irían a recoger el pedido que le encargaron a mi padre hasta que Amelia lo mencionó, si lo hubiera sabido antes le habría acompañado esa mañana,
aunque seria imposible que él mismo fuera a recogerlo, para eso estaba el servicio de la mansión.
-Debería de haberle acompañado. –Dije mientras miraba las nubes.
Amelia puso su rostro delante de mí tapándome la visión con el ceño fruncido.
-¿Y no vendrías conmigo acompañarme a por mis flores?.
-Era una broma.-Mentí.
Amy ensanchó su sonrisa y me extendió la mano para hacerme poner en pié.
Llegando al claro vimos que alguien se encontraba allí sentado y nos daba la espalda, noté como Amelia se escondía detrás de mí y avanzábamos con pasos cautelosos.
A medida que nos íbamos acercando se podía ver que se trataba de una mujer de pelo oscuro abrazaba a sus rodillas y movía sus hombros al compás de unos sollozos.
Amy y yo la íbamos rodeando hasta situarnos enfrente de ella a una distancia prudencial, aparté a mi hermana suavemente y me fui despegando de ella para acercarme un poco más.
El rostro de esta chica se alzó para verme y note como mi garganta se hacía un nudo al verla, más lagrimas resbalaban por sus mejillas al contemplarme.
-Karisma, ¿qué a pasado?.-Pregunté con un hilo de voz hincando mis rodillas en el suelo.
Amelia agarró su vestido y se mordió el labio acercándose un poco más.
-Le he dejado. –Contestó entre sollozos.
-A tu…-Dudé.
-Si.-Dijo.
-¿Se ha enterado tu padre de que os veíais a escondidas?.-Pregunté sentándome frente a ella con mis manos en sus rodillas.
-No…
Karisma estiró sus brazos y tuve que apartarme al ver semejante brutalidad.
Cuando parpadeé unas cuantas veces volví acercarme y poder ver de cerca los moretones de color oscuro que tenían sus brazos, unas marcas de dedos se apreciaba en su garganta cuando ésta estiró su cuello para mostrarlo, tragué saliva y volví a mirar sus ojos rasgados de dolor.
-Amelia, ve a por tus flores pero no te alejes demasiado, quédate donde pueda verte.-Dije mirando el rostro aterrorizado de mi hermana.
Ella asintió sin decir palabra y se apresuró hacía el centro del claro dejándose caer
para coger flores de color rosa, volví el rostro hacia Karisma y ésta lo hundió entre
sus rodillas sin dejar de sollozar.
-¿Él…te a echo esto?.-Pregunté cogiéndola suavemente por el mentón para que alzara su rostro.
Ella asintió lentamente cerrando sus rasgados ojos y aspiró aire profundamente.
-Llevaba unos días muy extraño, le pregunté que era lo que le ocurría pero no me
miraba a la cara, y cuando lo hacía tenía una mirada aterradora como si quisiera matarme de la noche a la mañana…-Cogió más aire pero sus sollozos se lo interrumpieron.-Sus ojos…si hubieras visto sus ojos Liz…eran rojos…cuando le pregunté de nuevo que era lo que le pasaba, enfureció
y me estuvo golpeando pidiéndome a gritos que sangrara por él si lo amaba.-Dijo estremeciéndose.
Negué con la cabeza aterrada de tanta brutalidad e intentando ponerme en su situación, lo que había hecho con ella no tenia perdón de dios, no podía creer que aquella tarde Karisma me contó lo especial que era y que de la noche al dia fuera completamente distinto.
-¿Lo sabe tu padre?.-Pregunté frotándole las rodillas.
-No, le dije que me tiró un caballo.
Karisma se limpió las lagrimas y volvió a tomar aire, sus sollozos iban desapareciendo y me dedicó una sonrisa torcida.
-Recordé lo de tu incidente con el carruaje y fue lo primero que se me
ocurrió en ese momento.-Dijo volviendo a sonreir amargamente.
-¿Necesitas algo?.-Me ofrecí a decir.
-Estoy bien, gracias Liz, me has sido de gran ayuda al poderlo contar.
Sonreí y acaricié su mejilla cuando vi resbalar por ella una lágrima solitaria que brillaba con los rayos del sol.
Me senté a su lado y froté su brazo cariñosamente, poco a poco Karisma iba encontrándose mejor lo cual me alegraba saberlo, me alegré de verla en aquel claro, hubiera sido terrible que estuviera allí sola con todo ese dolor.
-¿Sabes algo nuevo del chico que te gusta?. –Pregunto con la sonrisa torcida.
Llené de aire mis pulmones y lo solté despacio mientras miraba sus ojos exageradamente hinchados de tanto llorar.
-No creo que sea buen momento para hablar de eso Karisma.-Contesté.
-Cuéntamelo, por favor.-Suplicó.-Me hará bien hablar de otras cosas.
La miré una vez más antes de bajar mi rostro hasta la falda, y sin levantar la vista de ésta
empezé a contarle lo que ocurrió la noche anterior.
Mi amiga abria los ojos a cada momento y mostró estar interesada, aunque por una parte no podía dejar de pensar por lo que estaba pasando, me sentí egoísta de hablar de mi misma cuando ella era en realidad la que necesitaba desahogarse, aunque insistia una y otra vez de que ya estaba mejor.
-Es genial Liz…lo que no entiendo es por qué te sacó de su casa si fuiste invitada por su propio padre.-Dijo echando gran parte de sus mechones hacia atrás.
Asentí encogiéndome de hombros con el rostro confuso al igual que el de ella, en ese momento Amelia se acercó con pasos cautelosos, en su mano había un manojo de flores rosas y alguna que otra de color amarillo.
-Hola Amelia. –Saludó Karisma con una sonrisa.
-Hola.-Contestó mi hermana tímidamente.
Hice un gesto para que se sentara junto a nosotras y se dejó caer con el ramo de flores descansando en su regazo, tenía el rostro preocupado y desviaba la mirada hacia Karisma cuando ésta no la miraba.
Mi amiga se percató y la sonrió.
-Perdona Amelia, ¿te e asustado verdad?.
Mi hermana negó con la cabeza y volvió a morderse el labio nerviosamente.
-No pasa nada, me caí de un caballo y me a dejado como un trapo, ya estoy bién.
Miré a Karisma por unos momentos y me pareció increíble su manera de tranquilizar a las personas, cosa que le agradecí al recordar la cara de terror de mi hermana pequeña, Amelia sonrió y separó una flor de color rosa para dársela a Karisma.
-Para ti.-Dijo sonriendo alargando su brazo.
-Oh, gracias jovencita, ¿cómo sabias que me gustan las rosas silvestres?.
Karisma aspiró el olor que desprendía la rosa mientras miraba a mi hermana
con una ancha sonrisa, Amelia encogió sus hombros y la respondió igualmente.
Era un alivio ver como poco a poco se reponía no quería ni imaginar lo duro que tuvo que ser para ella romper con la persona que amaba, pero mas duro aún que esa persona que amaba se hubiera convertido en un monstruo.
-Será mejor que me vaya.-Dijo mientras se ponía en pié.
Alisó su falda de color verde oscuro con una mano y se dirigió hacia a mí,
tomó una gran cantidad de aire mientras cerraba sus rasgados ojos y sonrió cuando lo soltó.
-¿Por qué no vienes a casa con nosotras y te quedas a comer?.-Me ofrecí con la esperanza
de que dijera que sí.
Karisma parpadeó y después dirigió la mirada a mi hermana que la miraba con ojos suplicantes.
-¿En serio?.- Preguntó volviendo a encontrarse conmigo.
Me incorporé y puse mis manos descansando sobre sus hombros.
-Si, deberías venir, luego si quieres te acompañaré a tu casa.
Bajó la mirada hasta mi falda y se quedó pensativa durante unos segundos, comenzó a dar vueltas al tallo de la rosa nerviosamente y se detuvo cuando alzo la mirada con una ancha sonrisa.
-Esta bién, iré.
Se acomodó el chal que estaba sobre sus hombros cuando bajé mis brazos, le pasé los mechones del cabello oscuro hacia la espalda dejando libre su rostro y lo peiné con mis dedos cuidadosamente.
Nada de lo que yo pudiera hacer la reconfortaría de eso estaba completamente segura, pero al menos intentaba que se sintiera un poco mejor dentro de su pena profunda.
Amelia iba justo delante de nosotras, de vez en cuando se detenía para mirar los insectos que acampaban a sus anchas por el bosque, tuve que regañarla cuando vino corriendo para mostrarnos un enorme saltamontes que se había encontrado descansando en un árbol, a Karisma le hacía carcajear lo despierta que era mi hermana pequeña, y a mí me hacia feliz verla sonreir.
-Es una casa preciosa.-Anunció a medida que nos íbamos acercando al porche.
Mi madre salió fuera cuando Amelia gritó nuestra llegada, fue corriendo hasta la entrada
y paso sus brazos alrededor de su cintura para besar su cálida mejilla, pude ver cómo se puso de puntillas y le susurraba algo al oído, mi madre nos dedicó a mi amiga y a mí una mirada
junto con una línea en sus labios.
-Hola mamá.-Dije.-Te presento a Karisma, una amiga.
Mi amiga estiró su brazo ocultando gran parte de el con su chal ocultando los moretones que se marcaban en su piel, mi madre hizo lo mismo y se dieron un cariñoso apretón de manos.
-Es un placer Karisma, soy Clementine.-Contestó con una sonrisa dejando ver sus resplandecientes dientes.
-Mamá, ¿puede quedarse a comer con nosotros?.
-Por supuesto, pasad, está listo el estofado.-Dijo abriendo la puerta.
Papá se hallaba en su silla habitual con un periódico en la mano, y lo soltó cuando nos vió aparecer escondiéndolo bajo su plato vacio.
-Hola chicas, ¿lo habeis pasado bien?.-Preguntó colocando el cuello de su camisa.
Amelia fue hasta el enseñando orgullosa la variedad de flores que había recogido en el claro
y la ayudó a ponerlas en un jarrón lleno de agua para refrescarlas.
-¿Cómo estas Karisma?.-Preguntó cuando volvió a su asiento.
-Bien señor Jenzen, Liz me a invitado a comer, espero no molestarles.-Dijo tímidamente.
-Por favor, claro que no, sé bienvenida a esta casa, toma asiento.
Di una palmada suave en su espalda y la conduje hasta una de las sillas situadas en la mesa, Amelia se apresuró para sentarse a su lado y se inclinó hacia un lado para susurrarle algo
a mi padre en el oído.
-¿En serio, te tiró un caballo?-Preguntó mi padre con el ceño fruncido.
Karisma se aferró a su chal cuando me miró con ojos de preocupación, y miré a
mi hermana fulminándola con la mirada.
Mi amiga se aclaró la garganta y mantuvo una expresión serena en todo momento, viéndola asi parecía como si no le hubiera pasado nada de lo que me conto momentos antes.
-Así es, me arrastró varios metros, pero ya me encuentro mucho mejor.-Contestó muy calmada.
Mi padre sonrió y se levantó de nuevo para ayudar a mi madre a servir los platos mientras que
yo buscaba una silla más para mí.
Cuando todo estaba listo, me puse entre mi madre y Karisma, apoyamos los codos sobre la mesa entrelazando nuestras manos y mi madre comenzó con las oraciones antes de comer.
Miré a Karisma de reojo y esta los tenia cerrados, sus labios mostraban una sonrisa tan perfecta que contagió la mia, abrió sus ojos rasgados para encontrarse con los mios volviendo a sonreir entre dientes.
-Amén.-Contestamos todos a la vez.
Nos pusimos a comer, y cada minuto que pasaba podía ver a Karisma mucho mejor, mis padres le hacían preguntas sobre su familia, donde vivian, a que se dedicaban a lo que contesto que
su padre era un joyero de Winfork, carcajeó incluso cuando Amelia le preguntó por qué tenía los ojos rasgados.
-Será porque soy japonesa. _Contestó aún entre risas.
No había caído en eso antes, ahora que la miraba mas detenidamente tenia unos rasgos típicos
de los japoneses, era de cara era ovalada, su frente despejada, unos labios un poco gruesos
y sus ojos profundos rasgados…para mí era como una muñeca de porcelana cada vez
que la miraba.
-¿Eres japonesa?.-Preguntó mi madre.
Karisma se limpió las comisuras de los labios y sonrió.
-Mi padre es japonés y mi madre era inglesa, supongo que e heredado más de mi padre.-Contestó encogiéndose de hombros en la ultima frase.
-En mi opinión creo que eres muy bonita Karisma.-Dijo mi madre sirviendo un poco de agua a mi hermana pequeña.
-Gracias señora Jenzen.-Contestó a la vez que sus mejillas tomaban un color rojizo.
De una conversación nos llevaba a otras más durante la comida, con Karisma siempre provocaba hablar de cualquier cosa, cuando no eran mis padres los que preguntaban, ella se ofrecía
para entablar cualquier tipo de conversación, era una maravilla oírla hablar.
Tras terminar la comida Karisma nos ayudó a recoger los platos vacios de la mesa añadiendo
que todo estaba delicioso, les había preguntado a mis padres si podía acompañarla hasta su
casa a lo que contestaron con un “si claro que puedes”.
-Gracias por tu compañía Karisma, ven cuando quieras.-Dijo mi padre amablemente.
-Gracias a ustedes.-Contestó con una sonrisa.
Mi madre nos despidió en la puerta de la entrada cuando salimos por ella, y Karima me agarró
por el brazo cuando íbamos caminando por la carrertera polvorienta.
-¿Te encuentras mejor?.-Pregunté cuando ya nos habíamos alejado lo suficiente de mi casa.
Miré a su rostro para estudiarlo, y sin decir ninguna palabra asintió dos veces con la cabeza,
pero cuando me fijé en sus ojos castaños estaban llenos de lágrimas,me detuve en
ese instante y puse mis manos sobre sus hombros para ponerla frente a mí.
-Karisma no puedes dejar que salga impune de todo lo que te ha hecho, tienes
que decírselo a las autoridades.-Dije llena de ira.
Ella levantó la vista limpiando las lágrimas que caían hasta su garganta y me dedicó
una sonrisa amarga.
-No puedo hacer eso, tengo miedo Liz.-Se le quebró la voz al pronunciar la frase.
-Precisamente es por eso Karisma.
-Sólo quiero olvidar lo que pasó, sólo quiero….-Dijo entre sollozos.
Mi amiga rompió a llorar y otro nudo se me creó en la garganta, la abracé con fuerza
y pude sentir todo su dolor, pude sentir ese miedo y pude entender que quisiera olvidar
para siempre, no la presioné más en ese tema, sólo pude aceptar su decisión.
Cruzamos el claro y pude ver a lo lejos una casa de color tierra, las paredes
tenían enredaderas que trepaban por ellas como si estuvieran pintadas,
le daba un aspecto bellísimo cuando se retorcían alrededor de las dos
ventanas que había en la planta baja, alcé la vista y en la segunda planta había
una sola ventana, tenía una especie de tejado que le daba forma a una pequeña casita.
Me detuve en la entrada y Karisma hizo lo mismo, su rostro era mucho más calmado, tenía
la capacidad de transmitir tranquilidad a los demás con sus expresiones, sonreí y miré de nuevo a la casa que teníamos en frente.
-Si necesitas algo ya sabes dónde encontrarme.-Dije.
-¿No vas a entrar?.-Preguntó al ver que no tenía esa intención.
-Me da un poco de vergüenza, mejor en otro momento si no te importa.
Mi amiga sonrió y suspiró.
-Claro que no me importa Liz.-Dijo mientras me daba un cariñoso abrazo.-Gracias por tu amistad.
Cuando se apartó ajustó su chal sobre los hombros y se dirigió hacia la puerta de
su casa dónde se detuvo para despedirse con la mano, la contesté sacudiendo la mía y la puerta
se cerró tras ella.
Di un suspiro largo y eché un último vistazo a la casa antes de dirigirme a la mía.
De vuelta, me preguntaba si su padre se daría cuenta de lo que le había sucedido, me abracé a mi misma cuando recordé sus brazos amoratados y un estremecimiento me sacudió todo el cuerpo.
Llegué al claro cubierto de flores y me dejé caer para descansar, junté mis rodillas y las abracé apoyando mi rostro en ellas.
Mi cabeza tenía todo tipo de pensamientos, por una parte, no podía dejar que todo se quedara así, tenía que hacer algo para que Karisma se sintiera mejor aunque sería muy difícil conseguirlo, pero por otra…tenía que aceptar lo que ella pedía…olvidar.
Negué con la cabeza intentando buscar una solución pero no hallé ninguna, lo único que estaba consiguiendo era estar más confundida.
Un recuerdo fugaz hizo que mi corazón palpitara con furia, Brandom…
Me parecía increíble, no le había recordado en casi todo el día con lo que había pasado, me pregunté si él me había recordado en algún momento…cosa que dudé pero existía
la posibilidad, no todos los días se escapan jovencitas de su casa para visitar su mansión..¿no?.
Di un suspiro amargo mientras me puse en pié, el cuerpo me pesaba horrores, tuve que hacer un esfuerzo para no arrastrar mis pies, entonces algo me hizo detener en ese preciso instante..
-Por supuesto que he pensado en ti.-Dijo una voz dulce y cálida.
Mi corazón dio un vuelco violento, me mordí el labio inferior con tal fuerza que ni siquiera pude sentir el dolor que estaba empezando aparecer, ahora mi cuerpo estaba tenso y me aterraba tener que darme la vuelta para encontrarme con ese rostro hermoso que hacia vibrar todas las fibras de mi ser.

5 comentarios:

  1. diosss que lastima pobre karissmaa.uyy y lo interesante que se quedo ajjajaajajja

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  2. dios pobre que pena karisma,para lo que e leido asta ahora esta muy bien voy a seguir que me e enganchado

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  3. Buenos días!, ya toy aquí de nuevo!. K penita lo de su amiga... M da a mi k su novio o ex novio ha sido convertido o algo así, o sino no tendría los ojos rojos, no?. En fin... El final m ha encantado, como Brandom le lee la mente y le responde en voz alta produciendole con ello esa reaccion, k la hizo parar en seco, jijiji. Voy a leer +!.

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  4. Me ha encantado!! es precioso como acaba este capi, aunque me ha dado pena karisma, me da que su ex ha sido convertido por lo de los ojos y lo de que queria que sangrara por ella.un beso!ATT:NATY

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