Clan "Inmortales"


miércoles, 31 de marzo de 2010

Capítulo 6-Tensión

Alguien se acercaba, levante el rostro y una silueta iba avanzando hacia la verja, parecía que sostenía algo entre sus brazos. Entrecerré los ojos para poder ver mejor, y cuando las luces de los faroles de la entrada iluminaron un rostro sonreí aliviada. Era una chica con el pelo ondulado de un color rojo fuego, le llegaba hasta la cintura igual que a Mary. Sus ojos eran de un color muy extraño, jamás vi unos ojos así, eran del color del fuego, rojo oscuro, La piel blanca y perfecta brillaba bajo la luz de los faroles y su vestido era azul marino con bordados en los bajos .
-Hola, vengo a traerte este chal, ten.
Alargué mi brazo para alcanzar la tela y noté cierta tensión al tirar de ella, la miré los ojos, y una sombra negra le paso por el fondo.
-Tranquila puedes quedártelo.-Dijo sonriendo.
-Gracias.
-¿Qué haces por aquí?.
Preguntó mientras vio como pasaba el chal por encima de mis hombros, llevé un mechón de pelo detrás de la oreja y torcí la sonrisa.
-Me…me invito tu padre a que me…
-¿Mi padre?. -Me interrumpió.
-Sí, el señor Akerman.
-No es mi padre, es mi tio, pero..sí, digamos que ha sido como un padre para mí.
Puso las manos en su cintura de forma “chulesca”, y frunció el ceño.
-¿Te he preguntado ya que haces aquí?.
Tragué saliva al ver su expresión, me daba la sensación de que para ella no era bien recibida.
-Tu…tío me invitó a que me quedara a cenar.
Ella chasqueó la lengua y pude ver otra sombra negra cruzar en sus ojos.
-Por supuesto, ya te abro, por cierto soy Estefi, pero me llaman “flaca”.
Enarqué las cejas y sonreí, sus manos se movieron rápidamente para abrir la verja de forja, era increíble la fuerza que tenia para empujar aquella fortaleza que había entre la casa y las afueras de ésta.
-¿Flaca?..¿por qué flaca?.-Pregunté con curiosidad, atravesé la verja y esperé a que ella la volviera a cerrar, se dio la vuelta y encogió los hombros.
-No lo sé. Pregúntaselo a mi marido.
Sonreí y se acercó hasta mi posición haciendo un gesto con la cabeza, dejé que fuera delante mientras yo la seguía de cerca.
-¿Y tú cómo te llamas?.-Preguntó volviendo la cabeza hacia atrás.
-Liz.-Dije con la mirada cabizbaja.
Al llegar a la gran puerta de la entrada a la mansión, volví a escuchar esa melodía, parecía como si alguien estuviera contratado especialmente para tocar el piano. Con una sola mano, Estefi abrió la puerta y esa corriente de aire me sacudió todo el cuerpo. Se quedó a un lado de la entrada, y con una ancha sonrisa me invito a entrar.
-Por aquí. Dijo conduciéndome a una sala que no había visto antes.
Esta estancia estaba mas iluminada, ahora con luces de vela. Sus ventanales vestían cortinas de color blanco haciendo juego con la alfombra de pelo que había justo debajo de una espaciosa mesa alargada de madera con candelabros dorados, y seis sillas alrededor de ésta.
Habían más cuadros, cómo ya había visto anteriormente, todavía no terminaba de entender el significado de estas pinturas, me acerqué un poco mas para observar y pude ver una diminuta firma que decía Picasso, ese nombre era desconocido para mí.
Unas copas delicadas de cristal brillaban a través de las vitrinas, y hacia un lado había una chimenea algo más pequeña que la que vi en la otra sala, como la anterior también estaba apagada. Hubiera agradecido mucho que estuviera encendida, pues aún no había entrado en calor.
-Enseguida vuelvo, avisaré a mi familia de tu presencia.-Dijo Estefi chasqueando la lengua.

Asentí con la cabeza y dibuje una línea en mis labios imitando algo parecido a una sonrisa, mi corazón se aceleró tanto que lo notó.
En cuanto ella se fue otro escalofrío violento sacudió todo mi cuerpo, no terminaba de creer que volviera a estar allí, otro torrente de dudas volvían a colapsar mi mente, ya no había marcha atrás, tenía que afrontar la situación según como se presentara. Caminé nerviosamente de un lado para otro intentando pensar en que decir cuando me vieran allí y sola, pero no conseguí pensar en otra cosa que no fuera en él…desde que lo vi por vez primera no había nada más que ocupara mis pensamientos, siempre él…
Un eco me hizo estremecer, era señal de que ya se estaban acercando, respiré profundamente y encuadré mis hombros dejando el rostro lo mas sereno posible.
El señor Akerman fue el primero que entró por la puerta, en su rostro había una expresión dura, muy diferente de cuando lo vi esa misma tarde. Detrás de él entro Estefi acompañada de un hombre alto, me pareció enorme. Su pelo lo tenía echado hacia atrás de un color oscuro, su tez era pálida como todos los miembros que había visto hasta ahora. Sus ojos eran tan oscuros como sus cabellos y dejaba ver sus dientes por debajo de una sonrisa mientras me miraba.
Su traje, azul oscuro complementaba con el de Estefi, cuando se acomodaron en dos de las sillas le susurró algo al oído y él carcajeó con ganas.
Mary debió de entrar después de ellos, pero no pude verla, cuando miré hacia la amplia mesa ya estaba allí tarareando con sus dedos la delicada madera.
El corazón bajó hasta mi estomago mientras miraba la entrada, un chico de media melena color cobrizo cruzó la puerta y me miraba con sus ojos del mismo color, parecían desorbitados, no dejaban de mirarme de arriba abajo con descaro. Bajé la mirada hasta mis zapatos avergonzada y el señor Akerman carcajeó.
-No esperaba que vinieras Liz.-Dijo llevándose la mano al mentón.
Se escucho un chirrido cuando el chico de cabello cobrizo ajusto su asiento hasta la mesa.
-E venido yo sola, por favor no le diga nada a mi padre. No quería..rechazar su invitación a sido tan generoso..
-Está bien, esta bien. Toma asiento.-Dijo amablemente.
Me dirigí con la cabeza cabizbaja hasta la única silla que estaba vacia, debía de ser la suya…
Me senté al lado del muchacho de ojos rojizos que no dejaban de mirarme con descaro, alcé la vista y me encontré con la de el señor Akerman.
-Enseguida estará tu cena Liz.-Dijo.
-Y…¿ustedes ya han cenado?.-Dije nerviosamente, me avergoncé de mi misma, por una vez que me invitaban a cenar llegaba tarde, nada podía salir peor.
-Sí, dentro de un rato nos servirán el postre.-Dijo el chico que estaba a mi lado peligrosamente cerca.
-¿Qué hace ella aquí?.-Preguntó esa voz cálida.
Alcé la vista y allí estaba plantado en el umbral de la puerta, mi corazón dio un brinco y latió con violencia, su pelo negro y sus ojos del color de la miel eran inconfundibles, allí estaba, todo lo que esperaba ver.
Estaba con el rostro duro y frunciendo el ceño, ambas manos apretadas en un puño, parecían dos rocas blancas, y las aletas de su nariz se hincharon cuando dirigió la mirada para encontrarse conmigo.
Sonreí pero el no me devolvió la suya, apartó la vista de mi para mirar a los miembros de su familia, sus ojos despedían furia, entonces me di cuenta en ese momento de que no era bien recibida.
-He hecho una pregunta, qué- diablos hace- ella aquí.-Dijo entre dientes y pausadamente para que los demás lo entendieran.
Bajé la vista hasta mi regazo y entrelacé los dedos de mis manos, sentí como cinco pares de ojos me miraban cómo dándole una respuesta a su pregunta, me armé de valor para mirar al joven Akerman.
-Estoy aquí porque tu padre me invitó a cenar, siento que no te agrade mi presencia.-Dije.
El me miró con sus ojos profundos sin dejar de tener esa expresión de disgusto.
-Has acertado, no me agrada tu presencia, te voy a pedir que te levantes, yo mismo te llevaré a tu casa.-Sus manos aún estaban cerradas y su cuerpo estaba tenso. Sentí como mi corazón se iba haciendo pedazos, no tenía nada que hacer allí, había sido una estupidez escaparme.
El señor Akerman se puso en pié mirando con fiereza a su hijo, puso las manos en la mesa y se dirigió a mí ahora con un rostro más tranquilizador.
-Liz, ya que estás aquí, permíteme que te presente a mi familia. A Mary ya la conoces.
Mary estaba justo delante de mi y me dedicó una sonrisa torcida a la que intenté imitar cómo pude.
-El que está a tu lado es mi hijo mayor, Near, y aquí mi sobrina Estefi y Atila, su esposo.
Dijo señalándolos con la mano.
-Un placer conoceros.-Dije con un hilo de voz.
Volví la mirada hacia él y éste la apartó de inmediato, el señor Akerman suspiro frustrado y se dirigió hasta él con pasos cautelosos. Le paso un brazo alrededor y le sacudió suavemente.
-Y este testarudo, es mi hijo Brandom.-Dijo sonriendo.
No imaginaba un nombre mejor para él, intente sonreír pero lo único que me pudo salir fue una línea en mis labios, él pareció no inmutarse por el gesto de cortesía.
-Imagino que Brandom fue el que te libró de ser aplastada por unos caballos.
El señor Akerman carcajeo y dejó caer su brazo regresando a su asiento. Miré al rostro angelical de Brandom y sentí como la sangre huía de mi rostro.
-Sí señor Akerman, doy gracias por ello.
Near, el chico de ojos rojizos, acercó una de sus manos pálidas y frías hacia un mechón de mi pelo. Lo tenía hacia delante y con delicadeza lo pasó hacia atrás dejando mi cuello libre, me aparté un poco de él, nadie me había tocado de esa manera y me sentí un poco incomoda con tal gesto.
En ese momento, Brandom dió un paso hacia delante, las aletas de su nariz se hincharon aún más, miraba a su hermano mayor con ira, Near sonrió y le miró de reojo sin dejar de hacerlo mientras se acercaba a mi aún más.
-Levántate Liz, te llevaré a tu casa.-Dijo Brandom.
Por un momento me sentí aliviada de que alguien interrumpiese aquel acercamiento tan incómodo, me levanté de mi asiento y se acercó a mi con el rostro furioso. Los miembros de su familia chirriaron sus sillas poniéndose en pié, miraban a Brandom con ojos desorbitados y sombras oscuras cruzaban por ellos.
Pude llegar a escuchar un gruñido que venia desde el otro lado de la mesa, me pareció que procedía de la garganta de Estefi.
Brandom cogió mi muñeca con fuerza y dio un tirón de ella para sacarme de la sala, mientras tiraba de mí giré la cabeza y vi como la expresión de los Akerman era de disgusto, intente disculparme con un “lo siento”, pero dudaba mucho que lo pudieran oir.
Mientras me llevaba por el largo pasillo, solo podía mirar su mano agarrando mi muñeca, su piel la recordaba fría, pero esta vez parecía estarlo aún más..tanto, que me daban escalofríos.
Atravesamos el jardín, y me llevó a la parte trasera de la mansíon, en la oscuridad pude ver mas jardines y el sonido de los grillos entonando canciones en la oscura noche.
Una fuente redonda de piedra estaba en el centro y a su alrededor unos bancos de madera rodeándola, no puse ninguna resistencia mientras tiraba de mí, eso era lo que quería, estar con él aunque no de la manera en la que estaba ocurriendo.
Llegamos hasta un pequeño cobertizo situado en la parte trasera de la mansión, fuera de los amplios jardines, se detuvo frente a la puerta y se dio la vuelta sin dejar de agarrarme la muñeca.
-Ni se te ocurra moverte de aquí, voy por mi caballo. Dijo fríamente.
Asentí con la cabeza mientras me aclaraba la garganta, su rostro perfecto me dio miedo en ese momento. Liberó mi muñeca y abrió la puerta de aquel cobertizo tan bien cuidado, perdiéndose en el interior. Bajé la vista hasta la muñeca y con la otra mano la llevé allí para poder calentar esa zona. Era cómo si hubiera metido todo el brazo en un arroyo helado y no encontrara la forma de recuperar la temperatura ideal.
Un sonido sordo me hizo sobresaltar, di la vuelta y miré la enorme mansión, en el interior parecía escucharse una batalla, sonidos de copas estrelladas contra el suelo. Di un suspiro largo mientras volví para mirar el cobertizo, no pude evitar dar un pequeño grito ahogado cuando vi a Brandom delante de mi sujetando con una mano las riendas de su caballo oscuro.
-Lo siento, me has asustado. Dije con media sonrisa.
-Vamos, sube. Dijo alzándome en el aire rápidamente.
Me dejó subida encima de su caballo mientras él lo guiaba con las riendas hasta la enorme verja,
no podía dejar de mirarle, todo él era hermoso, no sabria decir que me atraía más de Brandom, me lleve la mano al pecho para agarrar con fuerza mi corazón y me pareció escucharle reír.
-Tranquila, estarás bien.-Dijo con un tono de voz dulce, era muy diferente ahora.
Atravesó la verja y tiró de las riendas para que su caballo hiciera lo mismo, dio la vuelta en mi dirección e hizo un gesto con la mano indicando de que fuera hacia la parte trasera.
Con cuidado me eché hacia atrás y el dio un salto rápido acomodándose en la parte delantera del caballo, acarició el pelaje del animal y enrollo las riendas en una de sus manos, la derecha, que es la que le quedaba libre la dejó descansar en su pierna.
Dió un pequeño golpe con el talón derecho en el lomo del animal y éste enseguida se puso a caminar, dando pasos cortos y firmes.
-Será mejor que te agarres a mí, estos animales son dóciles, pero nunca sabes lo
que puede ocurrir.
Dijo mientras echaba su cabeza hacia un lado intentando mirar mi rostro.
Asentí y pase mis brazos alrededor de su cintura apretándome junto a él, mi corazón acelerado rebotaba contra su espalda, seguía pareciéndome frio aunque llevara una fina camisa oscura.
Hice caso omiso al frio pués estaba justo donde quería estar…
-¿Vas a decirme que hacias allí?. Preguntó sin mirar hacia atrás.
Pestañeé y tragué saliva, el recuerdo de ser expulsada de allí por él, parecía dolerme ahora.
-Tu padre invitó a mi familia a cenar. -Dije sin dejar de apoyar el rostro en su ancha espalda.
El tomó aire y dejó el cuerpo relajado después de estar unos minutos sin hablar.
-¿Por qué?. Preguntó.
-Supongo que estaba agradecido por que yo y mi padre acabamos el pedido que nos
encargasteis, sólo estaba siendo gentil con nosotros, cosa que le agradezco.
-No sabes lo que dices.-Dijo fríamente, aparté mi rostro de su espalda mirando su cabello
oscuro y di un suspiro amargo.
-Brandom, quiero darte las gracias otra vez por lo del otro día.
-No se merece, cualquiera lo pudo aver hecho.-Contestó mirando hacia atrás.
-Me alegro de que hayas sido tú.-Dije con un hilo de voz mientras escalofríos hacían vibrar todo mi cuerpo.
Detuvo el caballo tirando suavemente de las riendas deteniéndose al momento, giró la cabeza y sus ojos color miel volvieron a aparecer, la sonrisa que me regaló esta vez era dulce, tomó mi rostro con su mano fría sin dejar de sonreir.
-Liz, estás helada, ¿tienes frio?.
Negué con la cabeza, y en ese momento no podría decir si eran los nervios pero, mis dientes comenzaron a chocar unos con otros.
Brandom rió entre dientes, esa sonrisa perfecta derritió mi corazón, retiró su mano de mi rostro,
el contacto de su piel era una delicia para mí, se giró y desabrochó los botones de su fina camisa dejando su espalda blanquecina desnuda.
-¿Qué haces?..No…pasarás frio.-Dije mientras quitaba mis brazos de su cintura. El carcajeó y volvió a darse la vuelta con la camisa en la mano, pasé mis brazos por las mangas sin dejar de mirar aquellos profundos ojos.
-No te abrigará, pero te protegerá del frio.-Dijo con una sonrisa.
Se quedó por un momento mirando mis ojos y su sonrisa se desvaneció, su rostro era igual de calmado, me miraba de manera diferente, era la mirada con la que yo le miraba a él.
-Agárrate a mí. Pasé mis brazos de nuevo cubriendo su cintura, apoyé el rostro en su espalda, parecía como si la estuviera apoyando en una roca helada, inhalé profundamente intentando quedarme con su dulce olor.
Giré el rostro y mis labios calientes rozaron su espalda de mármol, le apreté aún más con fuerza,
quería que el tiempo se detuviera para poder estar así con él, me resultaba reconfortante a pesar del frio de la noche y del que desprendía su cuerpo perfecto. Dejé que mi frente descansara en su espalda desnuda, cerré los ojos y sonreí para mis adentros.
-Hemos llegado.-Dijo cuando detuvo su caballo oscuro.
Levanté la cabeza mirando por encima de sus anchos hombros, y la luz de la luna dejaba ver la casa. Fruncí el ceño preguntándome a mi misma cómo había averiguado donde vivía, Brandom se dejó caer de un salto y guió a su caballo hacia un árbol cercano, atando las riendas a éste.
Se dirigió hacia a mí y sus manos abrazaron mi cintura para bajarme con suavidad, estando frente a él mis ojos bajaron tímidamente hasta su pecho desnudo y fuerte.
-¿Cómo sabes donde vivo?.-Pregunté sin dejar de mirar aquel cuerpo perfecto que brillaba con la luz de la luna. Brandom sonrió y aparto sus manos dejándolas caer.
–En esta ciudad todo se sabe. Alzé mis ojos para encontrarme con los suyos y de nuevo su sonrisa se esfumó como el aire que revolvía su cabello negro.
-Será mejor que entres.-Dijo conduciéndome con una mano en mi espalda.
-Prefiero entrar por la ventana, me escapé y…
Carcajeó y desvió sus pasos hacia la izquierda de la casa mientras miraba la ventana de mi dormitorio.
-¿Es esa de ahí?. –Preguntó.
Asentí, y me tomó en sus brazos pasando los mios alrededor de su cuello.
Flexionó sus rodillas sin dejar de mirar la ventana, y con un impulso voló hasta aterrizar en el borde de ésta.
Mis labios se despegaron y tuve que hacer un esfuerzo para no gritar.
-¿Cómo…cómo has hecho...?. -Tartamudeé.
Brandom me empujó con suavidad al interior de la habitación haciendo un gesto con su dedo para que no alzara la voz, se quedó allí en el borde de mi ventana con el rostro preocupado.
-¿Volveré a verte?. Pregunté con la respiración agitada.
-Me lo planteareé.-Contesto con una sonrisa, parpadeé por un segundo y ya había desaparecido, corrí hacia la ventana intentando verle por última vez pero no se encontraba allí, sonreí maravillada mientras controlaba los latidos de mi corazón.
-Increible.-Dije para mis adentros.
Cerré la ventana sin apartar la vista del exterior, me quedé allí plantada
cómo si mis pies se negaran a moverse del sitio, sentí cómo si se hubiera llevado mi alma con él.
La incertidumbre se apoderó de mí, no sabía cuando iba a volver a ver a mi salvador
pero de una cosa estaba segura, y era de que lo amaba y que si no volvería a verle, iría a buscarle aunque tuviera que viajar al fin del mundo para poder verle una vez más.
Dí la espalda a la ventana y me abrazé a mi misma, fue en ese momento cuando me di cuenta
de que aún tenia su camisa cubriendo mi cuerpo, me abrazé más fuerte e inhale profundamente su olor maravillada. Fui hasta mi cama y esta chirrió cuando notó mi peso, había estado recordando paso a paso toda la noche, me estremecí cuando recordé la aparición de Brandom en aquella sala, la tensión que había en el ambiente me sacudía todo el cuerpo.
Otra vez estaba sumergida en un mar de dudas, tenía muchas preguntas preparadas en mi mente para decirle, pero una vez más su presencia me descolocó, supongo que no me importó en ese momento en el que estaba con él, tan cerca…Me dejé caer de lado en la cama y me cubrí con la manta que había en ella, cerré mis ojos respirando el dulce olor que desprendía su camisa e intenté concentrarme en el último momento que compartí con él.
Me hallaba de nuevo en ese bosque tenebroso cubierto por la niebla, corría por un camino polvoriento huyendo de alguien que me seguía de cerca. Al llegar al claro iluminado por la misma luna una figura pasó rápidamente ante mí, intenté correr en dirección contraria y unas garras alcanzaron mi garganta. Lágrimas caían por mi rostro, sentí cómo agonizaba bajo aquellas garras que presionaban con fuerza, miré al oscuro bosque con los ojos borrosos y pude distinguir un caballo oscuro acercándose con rapidez.
En él, estaba Brandom empuñando un hacha afilado que brillaba con la luz intensa de la luna y con ojos llenos de furia, pasó cerca de mí con rapidez sin dejar de mirarme y apreté mis ojos bañados en lágrimas con fuerza.
Un golpe ensordecedor procedía de la garganta de mi atacante, me dejó libre y otro golpe sacudió todo el suelo haciéndolo vibrar bajo mis pies descalzos. En ese momento recuperé el aliento, pero lo volví a perder cuando ví que en el suelo no estaba mi agresor decapitado, si no
el dulce Brandom con la cabeza separada de su cuerpo perfecto.
Desperté dando un grito ensordecedor e incorporándome en la cama rápidamente, mi respiracíon acelerada iba tan rápida cómo mi palpitante corazón asustado, me llevé la mano al pecho para calmarlo y note una fina tela que me hizo tranquilizarme casi al momento.
-“Te quiero”.-Dije en un susurro.
Unos pasos se acercaron y volví a tumbarme cubriéndome con la manta.
-Liz, ¿estás bien?.-Dijo mi madre irrumpiendo en la habitación.
-Una pesadilla mamá, estoy bién.-Contesté imitando estar adormilada.
Mi madre sonrió y cerró la puerta tras ella, pasados pocos minutos volví a quedarme dormida, esta vez soñando con algo más agradable, nuestro paseo nocturno a caballo. Nos detuvimos en un bosque cubierto de flores de colores, y me ayudó a bajar delicadamente hasta el fresco suelo.
-“Yo también te quiero”. –Me dijo al oído, mientras paseábamos cerca de un arroyo.

9 comentarios:

  1. Sé el primero en publicar un comentario, gracias!

    ResponderEliminar
  2. WOWOWOWOW!!!
    Por que Brandom no quería a Liz con su familia?
    uf! me encanto el capítulo
    Como se tiene que abrazar a él
    me encanta
    Y me preguntó que esconde Brandom
    (:

    ResponderEliminar
  3. ¿ahh? tendras ke continuar leyendo xDD. Asias x tu comentario muakaa!!

    ResponderEliminar
  4. :O Vanessaaaaa!!! concuerdoo con Nightt definitivamentee me encantoo!! y Brandom sprr misteriosoo y sexyy! jajaja seguiree leyendooo xD°!

    ResponderEliminar
  5. jajaja...sobre todo esas dos cosas...misterioso y sexy....jajaja gracias x comentar wapa!!

    ResponderEliminar
  6. esta muy bien.. me ha gustao el sueño.. BRANDON DECAPITAO.. molaXD

    ResponderEliminar
  7. ufffff no veas que bonito diossss me encanta que forma de espresasrse dios se te pone el bello de punta de veras e ejejjee )IRA Q FLAMENKITA LA ESTEFI AJAJAJAJAJ CON SUS CHASQUIDOS CON LA LENGUA AJAJJAJAJA

    ResponderEliminar
  8. K bonito final... Yo también te quiero... Jejeje, kién sabe?, a lo mejor realmente se lo dijo él mientras ella dormia... Bueno guapa, mañana seguiré leyéndote un pokito más, buenas noxes, xao!!!

    ResponderEliminar
  9. Estoy de acuerdo con Dulce con respectoa eso, me ha encantado no tengo palabras!Un beso ATT:NATY

    ResponderEliminar

¿Qué te ha parecido el capítulo?